La Roma de los césares: Coliseo, Foro Romano y Palatino
Gladiadores, vestales, emperadores nacidos en Hispania y la columna de Trajano: un paseo por la Roma antigua, del Coliseo al Capitolio y los Foros Imperiales
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1. El Coliseo: el anfiteatro Flavio por dentro y por fuera
Piazza del Colosseo, 00184 Roma RM, Italy
Colócate frente al Coliseo, en el lado donde el anillo exterior se conserva entero, y simplemente mira. Ochenta arcos por planta, tres pisos de arcadas con columnas de órdenes distintos y un ático encima, todo en travertino traído de las canteras de Tívoli. Fíjate también en los miles de agujeros que salpican la fachada, como si alguien la hubiera ametrallado: enseguida te cuento de dónde salen.
Lo empezó Vespasiano hacia el año 70, en el lugar del lago artificial del palacio de Nerón, la Domus Aurea. Era un gesto político: devolver al pueblo el terreno que el tirano se había quedado para él. Su hijo Tito lo inauguró en el año 80 con cien días de juegos. Su nombre real es anfiteatro Flavio; lo de Coliseo llegó siglos después, probablemente por la estatua colosal de Nerón, de más de treinta metros, que se alzaba al lado.
Aquí cabían, según los cálculos actuales, entre cincuenta mil y setenta mil espectadores, y las ochenta entradas numeradas permitían llenarlo y vaciarlo con una rapidez asombrosa. Para protegerlos del sol había un toldo gigantesco, el velarium, que manejaban marineros de la flota de Miseno, expertos en velas y cuerdas. Y bajo la arena se escondía el hipogeo: un laberinto de pasillos, jaulas y montacargas que hacían aparecer de golpe fieras y decorados en mitad del espectáculo.
¿Y los agujeros? En la Edad Media el Coliseo fue fortaleza, cantera y hasta vivienda. Se arrancaron las grapas de hierro y bronce que unían los bloques para fundirlas, y quedaron esas cicatrices. Terremotos como el de 1349 derribaron parte del anillo exterior, y sus piedras acabaron en palacios e iglesias de toda la ciudad. Lo que ves es lo que sobrevivió al saqueo.
Y un detalle que te va a gustar: quien mejor contó aquellos juegos inaugurales fue un hispano. Marco Valerio Marcial, poeta nacido en Bilbilis, junto a la actual Calatayud, escribió el Libro de los espectáculos, y en su primer epigrama proclama que las pirámides de Egipto y las demás maravillas del mundo deben inclinarse ante este anfiteatro. Ahora rodea el Coliseo por el lado este, hacia la Via di San Giovanni in Laterano: a pocos pasos está la escuela donde se entrenaban sus estrellas.
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2. Ludus Magnus: la gran escuela de gladiadores
Via di San Giovanni in Laterano, 00184 Roma RM, Italy
Asómate a la barandilla y mira hacia abajo: entre los edificios aparece media elipse de ladrillo, con restos de gradas y pequeñas habitaciones alrededor. Parece un Coliseo en miniatura que alguien hubiera enterrado. Y es casi eso: un anfiteatro de entrenamiento, el Ludus Magnus, la mayor escuela de gladiadores de Roma.
La mandó construir Domiciano, el hermano menor de Tito, y se reformó en tiempos de Trajano. Alrededor de la pista había un patio con pórticos y, en varios pisos, las celdas donde dormían los gladiadores. Desde las gradas, unos pocos privilegiados podían ver los entrenamientos, como quien hoy va a ver entrenar a su equipo. Y un pasadizo subterráneo comunicaba la escuela con el Coliseo: los luchadores llegaban a la arena sin pisar la calle.
¿Quiénes eran? Muchos eran esclavos, prisioneros de guerra o condenados. Pero también había hombres libres que firmaban un contrato con el lanista, el empresario de la escuela, a cambio de una paga y de la posibilidad de gloria. Al hacerlo renunciaban a casi todo: juraban dejarse quemar, encadenar, azotar y matar a espada. Y aun así algunos se convirtieron en auténticos ídolos, con admiradores que escribían sus nombres en las paredes, como sabemos por los grafitos de Pompeya.
Ahora, un mito que conviene desmontar: la mayoría de los combates no terminaban con la muerte. Un gladiador bien entrenado era una inversión carísima, y el organizador que quería sangre tenía que compensar al lanista por cada luchador perdido. Las lápidas nos hablan de hombres con decenas de combates a sus espaldas. Y el famoso pulgar hacia abajo... en realidad ni siquiera sabemos con certeza qué gesto pedía la muerte.
Lo que ves es solo una parte: el resto de la escuela sigue bajo los edificios y la calzada, y apareció en los años treinta del siglo pasado, durante unas obras. Hispania también vivía con pasión los juegos: en Itálica, la ciudad de Trajano, se construyó uno de los mayores anfiteatros del Imperio. Vuelve ahora hacia el Coliseo y rodéalo por el sur hasta el gran arco de tres vanos.
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3. Arco de Constantino y Meta Sudans: un arco hecho de otros monumentos
Via di San Gregorio, 00184 Roma RM, Italy
Ponte frente al Arco de Constantino, el mayor arco de triunfo que se conserva en Roma, con sus tres pasos y su cuerpo superior cubierto de inscripciones y relieves. Pero antes de mirar hacia arriba, mira al suelo, entre el arco y el Coliseo: verás los restos circulares de unos cimientos de ladrillo. Ahí estaba la Meta Sudans.
La Meta Sudans era una fuente monumental de época flavia, un alto cono de ladrillo revestido de mármol por el que el agua resbalaba como si la piedra sudara: de ahí su nombre, la meta que suda. Marcaba un punto clave de la ciudad, donde confluían varias regiones y por donde pasaban los desfiles triunfales. Sobrevivió, ya en ruinas, durante siglos... hasta que en los años treinta el régimen de Mussolini la arrasó para despejar el tráfico alrededor del Coliseo.
Ahora sí, el arco. El Senado lo dedicó en el año 315 a Constantino, que tres años antes había derrotado a su rival Majencio en el puente Milvio. Pero mira con atención: muchas de sus esculturas son bastante más antiguas. Los relieves de batallas vienen de un monumento de Trajano; los ocho medallones redondos, con escenas de caza y sacrificios, son de la época de Adriano; los paneles rectangulares de arriba proceden de un monumento de Marco Aurelio. A los emperadores originales les retallaron la cabeza para convertirlos en Constantino.
Así que, sin saberlo, tienes delante una pequeña antología de los emperadores ligados a Hispania: Trajano, nacido en Itálica, y Adriano, de familia italicense, reaparecen en piedra en el monumento de otro emperador. Las estatuas de prisioneros dacios del piso superior también vienen de la época de Trajano. Los historiadores discuten si fue por prisa, por falta de escultores o por un mensaje político: Constantino presentándose como heredero de los buenos emperadores.
Lee la inscripción central, si te atreves con el latín: dice que Constantino venció instinctu divinitatis, por inspiración de la divinidad. Una fórmula deliberadamente ambigua, que podía leer a gusto tanto un pagano como un cristiano, en un imperio que estaba cambiando de dioses. Ahora sube por la antigua Vía Sacra, la cuesta empedrada que va del Coliseo hacia el Foro, hasta otro arco más pequeño y más antiguo.
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4. Arco de Tito y Vía Sacra: la menorá de Jerusalén
Via Sacra, 00186 Roma RM, Italy
Estás en la parte alta de la Vía Sacra, sobre la pequeña colina de la Velia, y delante tienes un arco de un solo vano, elegante, de mármol blanco. Es el Arco de Tito, el más antiguo de los arcos de triunfo que siguen en pie en Roma. Colócate bajo la bóveda y mira los dos grandes relieves de los lados: uno de ellos marcó la historia de un pueblo.
En un lado, soldados coronados de laurel llevan a hombros el botín del Templo de Jerusalén, destruido por las legiones de Tito en el año 70: las trompetas de plata, la mesa de los panes y, sobre todo, el gran candelabro de siete brazos, la menorá. Es una de las poquísimas imágenes antiguas de la menorá del Templo. En el otro lado, Tito avanza triunfal en su cuadriga, mientras una Victoria lo corona.
Durante siglos, los judíos de Roma evitaron pasar bajo este arco, símbolo de la derrota y del exilio. Se cuenta que en 1948, al nacer el Estado de Israel, miembros de la comunidad judía romana lo atravesaron en sentido contrario, como cerrando una herida. Y el emblema oficial de Israel lleva una menorá inspirada precisamente en este relieve. Una piedra romana acabó siendo el símbolo de un país moderno.
Mira ahora al centro de la bóveda: Tito sube al cielo llevado por un águila. Cuando se terminó el arco ya había muerto y había sido divinizado; lo levantó su hermano Domiciano. En la Edad Media el monumento quedó atrapado dentro de una fortaleza de la familia Frangipane, y cuando a comienzos del siglo XIX el arquitecto Giuseppe Valadier lo liberó, completó las partes perdidas con travertino en lugar de mármol, para que se distinguiera lo antiguo de lo nuevo. Fíjate en la diferencia de color.
A tu izquierda, si miras hacia el Coliseo, se levantan las columnas y los ábsides del templo de Venus y Roma, el mayor templo de la ciudad, diseñado por el propio Adriano. El historiador Dion Casio cuenta que el gran arquitecto Apolodoro de Damasco se burló del proyecto: si las diosas sentadas se levantaran, dijo, se darían con la cabeza en el techo. Y que el emperador nunca se lo perdonó. Ahora toma la cuesta del Clivo Palatino y sube hacia el Palatino, la colina donde nació Roma.
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5. Palatino: el palacio de Domiciano y la cuna de Rómulo
Via di San Gregorio 30, 00184 Roma RM, Italy
Llegas a lo alto del Palatino y te rodean muros de ladrillo gigantescos, restos de salas cuyas bóvedas subían a alturas de vértigo. Estás pisando el palacio de Domiciano, la Domus Flavia. Desde los bordes de la colina ves, por un lado, el Foro, y por el otro el inmenso valle del Circo Máximo. Durante siglos, este fue el centro del poder del mundo conocido.
Una palabra antes que nada: palacio. Viene de aquí, de Palatium, el nombre latino de esta colina. Los emperadores vivieron tanto tiempo en el Palatino que su nombre acabó designando cualquier residencia real, en español, en italiano o en inglés. Domiciano encargó este complejo a su arquitecto Rabirio y lo inauguró hacia el año 92: salones de audiencia, comedores con fuentes, jardines y hasta un estadio privado.
Domiciano vivía obsesionado con las conspiraciones. Suetonio cuenta que mandó revestir las paredes de sus pórticos con una piedra brillante y pulida, la fengita, para ver reflejado a quien se le acercara por la espalda. No le sirvió de nada: en el año 96 lo apuñalaron en su propio palacio. El Senado eligió entonces al anciano Nerva, y Nerva adoptó como sucesor a un general nacido en Hispania: Trajano. Así empezó el siglo más próspero del Imperio.
Pero el Palatino era sagrado mucho antes de los palacios. La leyenda dice que la loba amamantó a Rómulo y Remo en una cueva al pie de esta colina, el Lupercal, y que Rómulo fundó aquí la ciudad el 21 de abril del año 753 antes de Cristo. Lo asombroso es que los arqueólogos han encontrado en la esquina suroeste las huellas de cabañas de la Edad del Hierro, de aquella misma época. Y los romanos del Imperio conservaban allí una choza que llamaban la casa de Rómulo, y la reconstruían cada vez que se estropeaba.
Muy cerca de esas cabañas, Augusto eligió vivir en una casa relativamente modesta, comunicada con el templo de Apolo. Quería parecer un ciudadano más, y sin embargo fue él quien empezó la costumbre de que el emperador habitara el Palatino. Ahora busca el camino que baja hacia el Foro entre los jardines de los Farnesio, y desciende hasta un pequeño templo redondo.
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6. Casa de las Vestales y Templo de César: el fuego sagrado y la pira del dictador
Via Sacra, Foro Romano, 00186 Roma RM, Italy
Al pie del Palatino encontrarás un patio alargado con estanques rectangulares y una hilera de estatuas de mujeres envueltas en túnicas, algunas sin cabeza. Junto a él, los restos de un templo redondo, reconstruido en parte. Estás en el Atrio de Vesta, la casa de las seis mujeres más poderosas y, a la vez, más vigiladas de Roma: las vestales.
Las vestales eran sacerdotisas elegidas de niñas, entre los seis y los diez años, en familias de buena posición. Servían treinta años: diez aprendiendo, diez ejerciendo y diez enseñando. Su misión principal era que nunca se apagara el fuego sagrado de Vesta, el hogar de la ciudad. A cambio tenían privilegios increíbles para una mujer romana: administraban sus propios bienes, ocupaban asientos de honor en los espectáculos, y si por casualidad se cruzaban con un condenado camino de la ejecución, podían salvarle la vida.
Pero el precio era terrible. Debían conservar la virginidad, y una vestal condenada por romper su voto era enterrada viva en una cámara subterránea junto a la puerta Colina, con un poco de pan, agua y una lámpara. Así nadie derramaba la sangre de una sacerdotisa. Fíjate en los pedestales: en uno de ellos el nombre de la vestal fue borrado a cincel. Hay quien piensa que fue castigada por convertirse al cristianismo, aunque nadie lo sabe con certeza.
Ahora gira hacia el centro del Foro: a pocos pasos verás un tejadillo moderno que protege un montón de piedras y, a menudo, flores frescas. Es el altar del templo del Divino Julio. Aquí, en marzo del año 44 antes de Cristo, después de los idus, el pueblo quemó el cuerpo de Julio César en una pira improvisada con bancos y muebles, tras el discurso de Marco Antonio. Augusto levantó después en este lugar un templo a su padre adoptivo, convertido en dios.
Y aquí también hay un hilo hispano: César había gobernado la Hispania Ulterior, y en Munda, en el año 45 antes de Cristo, ganó en tierras hispanas su última gran batalla de la guerra civil, apenas un año antes de morir. Cada 15 de marzo, los romanos todavía dejan flores en este altar. Sigue ahora la Vía Sacra hacia el oeste, pasa junto a la Curia, el alto edificio de ladrillo donde se reunía el Senado, y sal del Foro por el lado del Capitolio, hacia la cárcel más temida de Roma.
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7. Cárcel Mamertina: el pozo de Vercingétorix
Clivo Argentario 1, 00186 Roma RM, Italy
A los pies de la colina del Capitolio, bajo la pequeña iglesia de San Giuseppe dei Falegnami, la de los carpinteros, una puerta conduce a dos celdas de piedra, una encima de la otra. Desde fuera parece poca cosa. Pero durante siglos, bajar ahí era el último viaje de los enemigos de Roma.
La celda inferior, el Tullianum, fue en origen una cisterna o un manantial excavado en la roca. A los prisioneros importantes se les bajaba por un agujero en el techo... y muchos no volvían a subir. Aquí murió de hambre en el año 104 antes de Cristo Yugurta, el rey de Numidia; Plutarco cuenta que, al ser arrojado dentro, exclamó: qué frío es vuestro baño, romanos. Y aquí fue ejecutado Vercingétorix, el jefe galo, en el año 46 antes de Cristo, después de desfilar encadenado en el triunfo de César.
También aquí fueron estrangulados los cómplices de Catilina, en el año 63 antes de Cristo, por orden del cónsul Cicerón. Cuando salió a anunciarlo a la multitud que esperaba en el Foro, pronunció una sola palabra en latín: vixerunt, han vivido. Una manera elegante, y escalofriante, de decir que estaban muertos.
La tradición cristiana añade otra historia: que San Pedro y San Pablo estuvieron presos en esta mazmorra, y que Pedro hizo brotar un manantial para bautizar a sus carceleros. No hay pruebas históricas de ello, pero la leyenda convirtió la cárcel en lugar de peregrinación, y por eso se la conoce también como San Pietro in Carcere. Abajo todavía se muestra la columna a la que, según la tradición, estuvo atado el apóstol.
Piensa en el contraste. A pocos metros, en el Foro, el pueblo veía pasar los triunfos con oro, música, carros y animales exóticos. Y el desfile terminaba aquí, en un pozo sin luz donde el enemigo vencido desaparecía para siempre. El triunfo romano era fiesta y ejecución a la vez. Ahora sube por las escaleras hacia lo alto del Capitolio, la colina más sagrada de Roma.
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8. Campidoglio: Miguel Ángel, Marco Aurelio y el balcón sobre el Foro
Piazza del Campidoglio, 00186 Roma RM, Italy
Entra en la plaza del Campidoglio y deja que te envuelva su forma: un trapecio cerrado por tres palacios, una gran estrella dibujada en el pavimento y, en el centro, un emperador a caballo. Todo esto lo concibió Miguel Ángel por encargo del papa Pablo III, a partir de 1536. Se tardó más de un siglo en terminarlo, pero se siguieron sus ideas casi al pie de la letra.
El jinete es Marco Aurelio, y su supervivencia es casi un milagro. En la Edad Media se fundieron casi todas las estatuas de bronce de los emperadores paganos para aprovechar el metal. Esta se salvó gracias a un error: la creían una imagen de Constantino, el primer emperador cristiano. La que ves ahora es una copia; el original, restaurado, está protegido dentro de los Museos Capitolinos, considerados el museo público más antiguo del mundo, nacido en 1471 de una donación del papa Sixto IV.
Aquí arriba se alzaba el templo más importante de la Roma antigua, el de Júpiter Óptimo Máximo, al que subían los generales victoriosos al final del triunfo para dar las gracias. Esta colina era tan simbólica que su nombre viajó por el mundo: el Capitolio de Washington se llama así por ella. Dentro de los museos todavía se ven enormes bloques de los cimientos de aquel templo.
Ahora rodea el palacio del centro, el Senatorio, que hoy es el ayuntamiento de Roma, y asómate a las terrazas de la parte de atrás. Debajo del palacio está el Tabularium, el archivo del Estado de la República, del año 78 antes de Cristo, sobre cuyos muros se apoyó el edificio moderno. Y a tus pies se abre todo el Foro: el Arco de Septimio Severo, las columnas del templo de Saturno, la Curia, la tribuna de los Rostra desde donde hablaban los oradores, y al fondo el Coliseo.
Desde esos Rostra, Cicerón atacó a Marco Antonio con sus discursos más feroces, y cuando Antonio consiguió su muerte, mandó clavar allí mismo su cabeza y sus manos. Desde esta altura todo parece pequeño, ordenado, casi pacífico... y fue el escenario de las pasiones políticas más violentas de Roma. Ahora baja hacia la Via dei Fori Imperiali, la gran avenida que va hacia el Coliseo, y camina por ella hasta las columnas blancas que asoman a tu izquierda.
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9. Foros Imperiales: el Foro de Augusto y el templo de Marte Vengador
Via dei Fori Imperiali, 00186 Roma RM, Italy
Asómate a la barandilla y busca, al otro lado de la excavación, tres columnas corintias blancas sobre un alto podio, recortadas contra un muro gigantesco de piedra oscura. Es lo que queda del templo de Marte Vengador, el corazón del Foro de Augusto. Pero antes, mira bajo tus pies.
La avenida en la que estás la abrió Mussolini en 1932 con el nombre de Via dell'Impero, para unir en línea recta su balcón de la Piazza Venezia con el Coliseo y desfilar con sus tropas entre las ruinas. Para trazarla se derribó un barrio entero, el Alessandrino, y se desalojó a sus vecinos. Buena parte de los foros imperiales quedó enterrada bajo el asfalto, y lo que ves es lo que se excavó entonces y en las décadas siguientes.
Julio César había empezado la moda: como el viejo Foro se había quedado pequeño, se construyó uno propio, con un templo a Venus, de quien decía descender. Augusto lo siguió. Había prometido un templo a Marte Vengador si derrotaba a los asesinos de César en Filipos, en el año 42 antes de Cristo, y cumplió... aunque tardó cuarenta años: lo inauguró en el año 2 antes de Cristo. Fíjate en ese muro de más de treinta metros: era un cortafuegos que separaba el foro de la Suburra, el barrio popular, superpoblado y castigado por los incendios.
Y aquí Hispania vuelve a aparecer. Augusto vino en persona a la península a dirigir la guerra contra cántabros y astures, la última gran conquista de Hispania. Durante su reinado se fundaron o rebautizaron ciudades que aún llevan su nombre: Caesaraugusta, la actual Zaragoza; Emerita Augusta, Mérida, poblada con sus veteranos licenciados; Asturica Augusta, Astorga; y Bracara Augusta, Braga, ya en Portugal. Cada vez que dices Zaragoza, sin saberlo, estás pronunciando el nombre de este emperador.
Suetonio cuenta que Augusto presumía de haber encontrado una Roma de ladrillo y haberla dejado de mármol. Este foro era la prueba: en sus pórticos, estatuas de los grandes hombres de la historia de Roma, y en el centro, él mismo sobre una cuadriga. Sigue ahora hacia la Piazza Venezia y busca, en la ladera de la derecha, un gran semicírculo de ladrillo con ventanas y tiendas: los Mercados de Trajano.
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10. Mercados de Trajano: el gran proyecto del emperador de Itálica
Via Quattro Novembre 94, 00187 Roma RM, Italy
Delante tienes un gran hemiciclo de ladrillo rojo de varios pisos, encajado en la ladera del Quirinal, con arcos, ventanas y puertas de locales que se repiten una y otra vez. Tiene casi dos mil años y, sin embargo, podría pasar por un bloque de viviendas de cualquier ciudad mediterránea. Son los llamados Mercados de Trajano.
Hablemos del hombre. Marco Ulpio Trajano nació en el año 53 en Itálica, junto a la actual Santiponce, a pocos kilómetros de Sevilla. Fue el primer emperador nacido fuera de Italia: un provincial, un hispano, al frente del Imperio. Soldado de carrera y muy querido por las legiones, el Senado lo llamó optimus princeps, el mejor de los príncipes. Y siglos después, cuando se aclamaba a un nuevo emperador, se le deseaba ser más afortunado que Augusto y mejor que Trajano.
Con Trajano el Imperio alcanzó su máxima extensión, del Atlántico hasta Mesopotamia, sobre todo tras conquistar la Dacia, la actual Rumanía. Con el oro de aquella conquista pagó aquí el foro más grande y lujoso de Roma, proyectado por Apolodoro de Damasco. Para hacerle sitio se cortó la ladera de la colina... y este hemiciclo la sujetaba: era a la vez muro de contención y conjunto de oficinas, almacenes y tiendas.
Dentro del complejo se conserva una calle romana auténtica, la Via Biberatica, con sus losas y las puertas de los locales a ambos lados. El nombre es medieval, y quizá venga de bibere, beber: alguien imaginó tabernas. Lo más probable es que aquí hubiera despachos de la administración imperial y espacios comerciales. Encima asoma la Torre de las Milicias, una torre medieval que una leyenda, falsa, señalaba como el lugar desde donde Nerón contempló el incendio de Roma.
Trajano murió en el año 117, lejos de Roma, en Asia Menor, cuando regresaba de su campaña contra los partos. Le sucedió Adriano, de familia de Itálica como él, pariente y protegido suyo, aunque la adopción llegó tan oportunamente que en Roma se sospechó que la había arreglado la emperatriz Plotina. Dos hombres de Itálica seguidos en el trono del mundo. Baja ahora hacia la columna que se alza solitaria entre las ruinas del foro: allí descansó Trajano.
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11. Columna de Trajano: un cómic de mármol para el emperador hispano
Via dei Fori Imperiali, 00187 Roma RM, Italy
Frente a ti, una columna de mármol blanco envuelta de abajo arriba en una cinta de relieves que da veintitrés vueltas, con un San Pedro de bronce en la cima. Es la Columna de Trajano, inaugurada en el año 113. Lleva casi diecinueve siglos en pie, entre terremotos, saqueos e incendios, sin haberse caído jamás.
El relieve es como un enorme cómic de unos doscientos metros de largo, con unas dos mil quinientas figuras, que narra las dos guerras de Trajano contra los dacios. Verás legionarios construyendo puentes y campamentos, al emperador arengando a sus tropas, el paso del Danubio con el dios del río asomando del agua, y, hacia el final, al rey dacio Decébalo quitándose la vida para no caer prisionero. Probablemente, en origen, estaba pintado con colores vivos.
¿Y cómo lo veían los romanos, si arriba los relieves se pierden de vista? La columna se alzaba entre dos bibliotecas, una griega y otra latina, y desde sus pisos superiores se podían contemplar los tramos altos. La inscripción de la base, además, plantea un pequeño enigma: dice que la columna muestra la altura del monte que se excavó para construir el foro. Cien pies romanos, unos treinta metros de tierra y roca removidas a mano.
Dentro, una escalera de caracol de ciento ochenta y cinco escalones sube hasta la cima, iluminada por pequeñas ventanas. Y en la base, en una cámara, se colocó una urna de oro con las cenizas de Trajano, y más tarde las de su esposa Plotina: un honor excepcional, porque estaba prohibido enterrar dentro de la ciudad. La urna desapareció hace muchos siglos. En 1587, el papa Sixto V sustituyó la estatua perdida del emperador por la del apóstol Pedro.
Las letras de esa inscripción son tan perfectas que, durante siglos, calígrafos y tipógrafos las han estudiado y copiado: muchas de las mayúsculas que lees cada día descienden de ellas. Y así termina este paseo. Empezaste en el anfiteatro que cantó el poeta hispano Marcial y acabas ante la tumba de un emperador nacido en Itálica. Roma conquistó Hispania... y Hispania, poco a poco, acabó gobernando Roma. La Piazza Venezia y su enorme monumento blanco están a solo unos pasos.