El Coliseo: el anfiteatro Flavio por dentro y por fuera
Why is it significant?
Colócate frente al Coliseo, en el lado donde el anillo exterior se conserva entero, y simplemente mira. Ochenta arcos por planta, tres pisos de arcadas con columnas de órdenes distintos y un ático encima, todo en travertino traído de las canteras de Tívoli.
Key Facts
| Place | El Coliseo: el anfiteatro Flavio por dentro y por fuera |
|---|---|
| Address | Piazza del Colosseo, 00184 Roma RM, Italy |
| Geo Coordinates | 41.89080, 12.49190 |
| Part of Walk | La Roma de los césares: Coliseo, Foro Romano y Palatino |
| Generated | Generated |
Colócate frente al Coliseo, en el lado donde el anillo exterior se conserva entero, y simplemente mira. Ochenta arcos por planta, tres pisos de arcadas con columnas de órdenes distintos y un ático encima, todo en travertino traído de las canteras de Tívoli. Fíjate también en los miles de agujeros que salpican la fachada, como si alguien la hubiera ametrallado: enseguida te cuento de dónde salen.
Lo empezó Vespasiano hacia el año 70, en el lugar del lago artificial del palacio de Nerón, la Domus Aurea. Era un gesto político: devolver al pueblo el terreno que el tirano se había quedado para él. Su hijo Tito lo inauguró en el año 80 con cien días de juegos. Su nombre real es anfiteatro Flavio; lo de Coliseo llegó siglos después, probablemente por la estatua colosal de Nerón, de más de treinta metros, que se alzaba al lado.
Aquí cabían, según los cálculos actuales, entre cincuenta mil y setenta mil espectadores, y las ochenta entradas numeradas permitían llenarlo y vaciarlo con una rapidez asombrosa. Para protegerlos del sol había un toldo gigantesco, el velarium, que manejaban marineros de la flota de Miseno, expertos en velas y cuerdas. Y bajo la arena se escondía el hipogeo: un laberinto de pasillos, jaulas y montacargas que hacían aparecer de golpe fieras y decorados en mitad del espectáculo.
¿Y los agujeros? En la Edad Media el Coliseo fue fortaleza, cantera y hasta vivienda. Se arrancaron las grapas de hierro y bronce que unían los bloques para fundirlas, y quedaron esas cicatrices. Terremotos como el de 1349 derribaron parte del anillo exterior, y sus piedras acabaron en palacios e iglesias de toda la ciudad. Lo que ves es lo que sobrevivió al saqueo.
Y un detalle que te va a gustar: quien mejor contó aquellos juegos inaugurales fue un hispano. Marco Valerio Marcial, poeta nacido en Bilbilis, junto a la actual Calatayud, escribió el Libro de los espectáculos, y en su primer epigrama proclama que las pirámides de Egipto y las demás maravillas del mundo deben inclinarse ante este anfiteatro. Ahora rodea el Coliseo por el lado este, hacia la Via di San Giovanni in Laterano: a pocos pasos está la escuela donde se entrenaban sus estrellas.