Edimburgo: del Castillo a Holyrood por la Royal Mile
De Greyfriars Bobby y la muralla de Flodden a la roca volcánica, y luego una milla cuesta abajo hasta el palacio de María Estuardo: brujas, reformadores, deudores y economistas
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1. Greyfriars Bobby: el perro más fiel de Edimburgo
Candlemaker Row, Edinburgh EH1 2QE, UK
Busca, en la esquina donde la calle empieza a bajar, una fuente de granito con un perrito de bronce encima: un terrier de Skye, sentado, con las orejas atentas y el hocico brillante de tanto que lo han frotado. Es Greyfriars Bobby, y probablemente es el vecino más querido que ha tenido Edimburgo.
La historia que todo el mundo cuenta es esta. Bobby era el perro de John Gray, un vigilante nocturno de la policía de la ciudad que murió en 1858 y fue enterrado en el cementerio de Greyfriars, justo detrás de ti. Desde entonces, dice la historia, el perro se negó a separarse de la tumba y pasó junto a ella catorce años, hasta su propia muerte en 1872. Los vecinos le daban de comer, y se cuenta que a la una, cuando sonaba el cañón del castillo, salía a buscar su ración a una taberna cercana.
En 1867 una nueva ley obligó a pagar licencia por los perros, y los que no tenían dueño podían ser sacrificados. Entonces intervino el alcalde, William Chambers, que pagó la licencia de Bobby y le regaló un collar con su nombre. Ese collar se conserva hoy en el Museo de Edimburgo, en el Canongate. Al año de morir el perro, la filántropa Angela Burdett-Coutts pagó esta fuente, que se inauguró en 1873.
Ahora bien, algunos historiadores sospechan que la leyenda creció un poco con los años, y que quizá hubo más de un Bobby, o que al perro lo mantenían cerca de la tumba porque atraía visitantes. Sea como sea, la ciudad decidió creer. Y un consejo: no le frotes el hocico. Lo han frotado tantas manos para tener suerte que el bronce se ha desgastado, y los restauradores han tenido que retocarlo más de una vez.
Detrás, en ese mismo cementerio, empezó en 1638 la firma del National Covenant, el pacto con el que los presbiterianos escoceses desafiaron al rey Carlos I. Volverás a oír hablar de ellos en el Grassmarket. Ahora camina hacia el sur por Forrest Road, gira a la derecha por Lauriston Place y, a los pocos minutos, busca a la derecha unas escaleras que bajan junto a una muralla vieja. Son unos cuatrocientos metros.
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2. El Vennel y la muralla de Flodden
Vennel, Edinburgh EH1 2HU, UK
Asómate a lo alto de estas escaleras y mira de frente: por encima de los tejados del Grassmarket se levanta la roca del castillo, con sus murallas recortadas contra el cielo. Es una de las vistas más fotografiadas de Edimburgo, y a tu lado tienes algo que casi nadie fotografía: un muro de piedra gris con una torre cuadrada. Es la muralla de Flodden.
Su nombre viene de un desastre. El 9 de septiembre de 1513, el rey Jacobo IV invadió Inglaterra y se enfrentó a un ejército inglés en Flodden, cerca de la frontera. Fue la peor derrota de la historia escocesa: murieron el propio rey, buena parte de la nobleza y miles de soldados. Durante generaciones se cantó en Escocia un lamento por los jóvenes que no volvieron, The Flowers of the Forest, que todavía suena en los funerales.
Edimburgo, convencida de que los ingleses llegarían en cualquier momento, empezó a levantar un muro nuevo alrededor de la ciudad. Los ingleses no vinieron entonces, y el muro tardó décadas en terminarse. Pero tuvo un efecto que nadie había previsto: durante más de dos siglos la ciudad apenas se extendió fuera de él. Y si no puedes crecer hacia fuera, creces hacia arriba. Por eso verás en la Royal Mile casas de seis, ocho y más plantas.
Fíjate en el tramo que sigue hacia el sur desde la torre: es un añadido del siglo XVII, la muralla de Telfer, que amplió el recinto para encerrar unos terrenos nuevos. Y la palabra vennel viene del francés venelle, callejuela, uno de los muchos rastros de la vieja alianza entre Escocia y Francia contra Inglaterra, la Auld Alliance, que también se oye en otras palabras escocesas.
Ahora baja las escaleras con calma, que son largas y empinadas, y al llegar abajo gira a la derecha hacia el extremo este del Grassmarket. Busca en el suelo, a unos doscientos metros, un círculo de piedra rodeado de bancos y terrazas.
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3. Grassmarket: el mercado bajo la roca
Grassmarket, Edinburgh EH1 2JU, UK
Estás en una plaza alargada y empedrada, y si levantas la vista hacia el oeste verás algo que pocas capitales de Europa pueden ofrecerte: una fortaleza encaramada sobre un acantilado de roca oscura, justo encima de las terrazas de los pubs. Esto es el Grassmarket, y durante siglos fue el mercado de ganado de Edimburgo... y también su patíbulo.
Busca en el suelo, cerca del extremo este de la plaza, un círculo de piedra con una cruz de San Andrés. Marca el lugar donde se alzaba la horca. Aquí murieron ladrones, contrabandistas y, en el siglo XVII, muchos covenanters, presbiterianos que se negaron a aceptar que el rey mandara sobre su iglesia. La tradición habla de un centenar largo de mártires. Y los vecinos alquilaban las ventanas de alrededor para ver las ejecuciones, como quien hoy reserva un palco.
En 1736 esta plaza vivió uno de los motines más célebres de Escocia. Durante el ahorcamiento de un contrabandista, Andrew Wilson, el capitán de la guardia de la ciudad, John Porteous, mandó disparar contra la multitud, y murieron varias personas. Lo condenaron a muerte, pero desde Londres llegó un aplazamiento. La ciudad no lo aceptó: una noche de septiembre, una muchedumbre sorprendentemente organizada asaltó la cárcel, lo sacó a rastras y lo colgó aquí mismo, de un poste de tintorero. Nadie fue condenado jamás. Walter Scott convertiría aquella noche en el corazón de una de sus novelas.
Ahora mira hacia el rincón noreste de la plaza, donde arranca la curva de West Bow. Allí vivió en el siglo XVII el mayor Thomas Weir, un presbiteriano tan devoto que la gente acudía a oírle rezar. En 1670, ya anciano, confesó de repente una lista de pecados espantosos, brujería incluida. Lo ejecutaron, y su hermana Grizel fue ahorcada aquí, en el Grassmarket. Su casa quedó vacía durante más de un siglo: nadie quería vivir en ella, y los vecinos juraban ver luces y oír ruidos por la noche.
Camina hacia el oeste por el Grassmarket y busca a la derecha las escaleras de Castle Wynd. Son empinadas, te aviso: la roca no regala nada. Al llegar arriba, cruza la gran explanada hasta la puerta del castillo. A la pequeña fuente de bronce de la esquina volveremos a la salida.
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4. Castillo de Edimburgo: la fortaleza sobre el volcán
Castlehill, Edinburgh EH1 2NG, UK
Delante de ti se abre la puerta del Castillo de Edimburgo, y a cada lado te vigilan dos guerreros de bronce: William Wallace y Robert the Bruce, los héroes de las guerras de independencia contra Inglaterra. Llevan ahí desde 1929, montando guardia sobre una roca que lleva allí muchísimo más tiempo.
Porque todo esto se asienta sobre la chimenea de un volcán apagado hace unos 350 millones de años. Los glaciares rasparon después la tierra blanda de alrededor y dejaron en pie la roca dura, con tres caras casi verticales. Era imposible no construir un castillo aquí. Dentro, el edificio más antiguo de toda la ciudad es una capillita minúscula, la de Santa Margarita, levantada hacia 1130 por el rey David I en memoria de su madre. Ha sobrevivido a asedios, bombardeos y a una larga temporada como almacén de pólvora.
Y la roca no siempre ganó. En 1314, cuenta el poeta John Barbour, un puñado de hombres del bando de Bruce trepó de noche por la cara norte, guiados por un soldado que de joven bajaba por ahí a escondidas para ver a su amada en la ciudad. Sorprendieron a la guarnición inglesa y tomaron el castillo. Bruce mandó derribar sus defensas para que nadie pudiera volver a usarlas contra él.
Ahí dentro se guardan las joyas de la corona escocesa, las más antiguas de las islas británicas: corona, cetro y espada. Tras la unión con Inglaterra, en 1707, las encerraron en un cofre, y la gente acabó creyendo que se habían perdido. En 1818 Walter Scott consiguió permiso para abrirlo... y allí seguían. A su lado estuvo, hasta 2024, la Piedra del Destino, sobre la que se coronaban los reyes escoceses. Eduardo I se la llevó a Londres en 1296, cuatro estudiantes escoceses la sacaron de la abadía de Westminster en la Navidad de 1950, volvió oficialmente a Escocia en 1996, y desde 2024 se expone en el nuevo museo de Perth, muy cerca de Scone, donde empezó su historia.
Si estás aquí a la una del mediodía, cualquier día menos el domingo, prepárate: desde 1861 un cañón dispara desde las murallas para que los barcos pudieran poner en hora sus relojes. Ahora date la vuelta y desanda la explanada, cuesta abajo, hasta la esquina donde empieza la calle. Busca una fuentecilla de bronce pegada al muro.
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5. Witches' Well y la Cámara Oscura
Castlehill, Edinburgh EH1 2ND, UK
Agáchate un poco frente a esta fuente diminuta de bronce, pegada al muro en la esquina de la explanada. Verás dos cabezas de mujer, una serena y otra torva, una serpiente enroscada y unas flores de dedalera. Es el Witches' Well, el Pozo de las Brujas, uno de los pocos rincones de Edimburgo que recuerdan a las personas que la ciudad quemó.
La placa dice que cerca de aquí muchas brujas murieron en la hoguera. Detrás de esa frase hay una de las persecuciones más feroces de Europa. Entre 1563 y 1736, mientras estuvo vigente la ley escocesa contra la brujería, casi cuatro mil personas fueron acusadas, en su inmensa mayoría mujeres. Se calcula que unas dos terceras partes acabaron ejecutadas: primero estranguladas y después quemadas. Muchas confesaron tras días y noches sin dejarlas dormir.
Hasta un rey se metió en el asunto. En 1590 Jacobo VI se convenció de que unas brujas de North Berwick habían levantado tormentas contra el barco en que volvía de Dinamarca con su esposa. Interrogó él mismo a algunas acusadas, y años después escribió un tratado, la Daemonologie, para demostrar que el diablo andaba suelto por Escocia. El artista John Duncan diseñó esta fuente en 1894 con una idea más sabia: algunas de aquellas mujeres usaban su saber para curar, otras quizá para dañar, y la serpiente y la dedalera, que es medicina y veneno a la vez, representan las dos caras. En 2022 el gobierno escocés pidió perdón oficialmente a todas las víctimas.
Muy cerca, al principio de la calle, verás una torre rematada por una cúpula blanca. Desde 1853 alberga una cámara oscura: un espejo y una lente proyectan sobre una mesa la ciudad en directo, con la gente caminando en miniatura. La instaló Maria Short, una mujer que se ganaba la vida enseñando ciencia como espectáculo. Y ese edificio de cuento, con tejados rojos y balcones, que asoma junto a la explanada, es Ramsay Garden, que el urbanista Patrick Geddes levantó en la década de 1890 para devolver la vida al casco viejo.
Sigue cuesta abajo por Castlehill, que enseguida pasa a llamarse Lawnmarket. Fíjate en lo altas que son las casas, apretadas como libros en una estantería. Unos doscientos metros más abajo, a la izquierda, verás una fachada estrecha con arcos en la planta baja. Ahí nos paramos.
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6. Gladstone's Land: una casa de la Royal Mile
477B Lawnmarket, Edinburgh EH1 2NT, UK
Fíjate en esta casa alta y estrecha: seis plantas de piedra, ventanas pequeñas y, a pie de calle, dos arcos que forman un soportal. Así era una casa de la Royal Mile a principios del siglo XVII, y es casi un milagro que haya llegado entera hasta ti.
En 1617 la compró un comerciante llamado Thomas Gledstanes, que no se conformó con lo que tenía. Como el suelo dentro de las murallas era carísimo, hizo lo que hacía todo el mundo: crecer. Amplió la casa hacia arriba y también hacia delante, ganándole unos metros a la calle con una fachada nueva, y en la planta baja instaló tiendas tras esos arcos. Arriba, en los techos de madera, mandó pintar flores, frutas y motivos de colores que todavía se conservan.
Lo fascinante de estas casas, que aquí llaman lands, es que eran una ciudad vertical. En el mismo edificio vivían todas las clases sociales, una encima de otra: abajo los comercios, en las plantas del medio las familias acomodadas, y arriba, bajo los tejados, los más pobres. Un juez podía cruzarse cada mañana en la escalera con un deshollinador. Algunas casas de la Royal Mile llegaron a superar las diez plantas, y Edimburgo fue durante mucho tiempo una de las ciudades más abarrotadas de Europa.
Y no había alcantarillas. Por la noche, los vecinos vaciaban los cubos por la ventana gritando gardyloo, una deformación del francés gardez l'eau, cuidado con el agua. El que pasaba por debajo respondía, si le daba tiempo, haud yer hand, aguanta la mano. Por el humo de miles de chimeneas, a la ciudad la apodaron Auld Reekie, la vieja humeante... y lo que flotaba en el aire no era solo humo.
En la década de 1930 esta casa estuvo a punto de ser derribada por insalubre. La salvó el National Trust for Scotland, que la compró en 1934, y en la restauración salieron a la luz aquellos techos pintados. Sigue bajando por la Royal Mile unos ciento cincuenta metros, hasta la gran iglesia con la torre en forma de corona, y busca un corazón dibujado en el empedrado.
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7. Catedral de St Giles' y el Corazón de Midlothian
High Street, Edinburgh EH1 1RE, UK
Busca en el suelo, junto a la puerta oeste de la catedral, un corazón dibujado con adoquines. Es el Heart of Midlothian, el Corazón de Midlothian, y no te extrañes si ves a alguien escupir encima: es una costumbre de la ciudad, y no precisamente de cariño.
Aquí se alzaba el Old Tolbooth, el antiguo edificio municipal que acabó siendo la cárcel más temida de Edimburgo, con ejecuciones ante su puerta. Escupir sobre ella era la forma de despreciar lo que allí ocurría. Lo derribaron en 1817, y un año después Walter Scott tituló El corazón de Midlothian a la novela que gira en torno al motín de Porteous que imaginaste en el Grassmarket. Hoy el corazón es además el nombre y el escudo de uno de los dos grandes equipos de fútbol de la ciudad, los Hearts.
Ahora levanta la vista hacia la torre. Esa corona de piedra, con arbotantes que se cruzan en el aire, se terminó hacia 1500, y es el perfil más reconocible de la Royal Mile. St Giles' tiene raíces en el siglo XII, pero su gran momento llegó en 1559, cuando John Knox se convirtió en su ministro y desde el púlpito empujó a Escocia hacia la Reforma protestante. Curiosamente, aunque todo el mundo la llama catedral, desde 1689 no tiene obispo.
La leyenda más querida es la de Jenny Geddes. En 1637 el rey Carlos I quiso imponer un libro de oraciones al estilo anglicano, y cuando el deán empezó a leerlo, cuenta la historia, una vendedora del mercado le arrojó su taburete a la cabeza. Si existió o no, nadie lo sabe, pero el tumulto fue real y desembocó en la firma del National Covenant y en guerra. Dentro, en la capilla del Cardo, de 1911, busca un ángel tocando la gaita. Y en septiembre de 2022, miles de personas hicieron cola toda la noche para despedirse aquí del féretro de la reina Isabel II.
Al otro lado de la calle, bajo el edificio del ayuntamiento, se esconde Mary King's Close, un callejón habitado en el siglo XVII que quedó sepultado cuando encima se levantó la Royal Exchange, a partir de 1753. Sigue ahora la Royal Mile cuesta abajo unos cuatrocientos metros, pasando la cruz del mercado y la iglesia del Tron, hasta una casa que sobresale de la fila con galerías de madera.
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8. Casa de John Knox y la Netherbow Port
43-45 High Street, Edinburgh EH1 1SR, UK
Delante tienes la casa más pintoresca de la Royal Mile: se adelanta sobre la acera con galerías de madera, una escalera exterior y una fachada llena de inscripciones. Parte de sus muros se remonta al siglo XV, lo que la convierte en una de las viviendas más antiguas de la ciudad.
La llaman la casa de John Knox, y la tradición cuenta que el reformador vivió aquí sus últimos tiempos y murió entre estas paredes en 1572. Los historiadores, sin embargo, no han encontrado pruebas sólidas. Lo que sí está documentado es quién era el dueño: James Mossman, orfebre de la reina María Estuardo... es decir, un hombre de confianza de la reina católica a la que Knox atacaba sin piedad desde el púlpito.
Mossman fue fiel a María hasta el final. Cuando la reina perdió el trono y huyó a Inglaterra, un grupo de sus partidarios resistió en el castillo durante años. Mossman estaba con ellos, y se le acusó de acuñar moneda dentro de la fortaleza sitiada. En 1573 el castillo cayó y él fue ahorcado. Siglos después, a mediados del XIX, la casa iba a ser demolida, y la salvó precisamente el nombre de John Knox. Ironías de la historia: la casa de un leal a la reina la protegió la fama de su peor enemigo.
Unos pasos más abajo, mira el suelo: unas placas de latón dibujan en la calzada el contorno de la Netherbow Port, la puerta de la muralla que cerraba la ciudad por el este. La derribaron en 1764 para dejar pasar el tráfico. Para muchos vecinos que casi nunca salían de las murallas, aquí terminaba el mundo, y por eso el pub de la esquina se llama, con toda la razón, The World's End, el fin del mundo.
Al otro lado empezaba otra ciudad: el Canongate, el burgo de los canónigos de la abadía, que no se unió oficialmente a Edimburgo hasta 1856. Cruza la línea de latón y baja por el Canongate unos cuatrocientos metros. Verás a la izquierda una iglesia con un frontón curvo, de aire holandés, y unos cuernos de ciervo en lo alto.
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9. Canongate Kirk: la tumba de Adam Smith
153 Canongate, Edinburgh EH8 8BN, UK
Mira el frontón de esta iglesia: curvo, claro, con un aire más de Ámsterdam que de Escocia. En lo más alto, unos cuernos de ciervo sostienen una cruz. Es el emblema del Canongate, y en la parada de la abadía descubrirás de dónde viene.
La iglesia nació de un desalojo. En 1687 el rey Jacobo VII, católico, decidió que la nave de la abadía de Holyrood sería la capilla de la Orden del Cardo, con misa incluida. Los feligreses protestantes del Canongate se quedaron sin templo, y se les construyó este, con el dinero que un vecino, Thomas Moodie, había legado décadas antes para levantar una iglesia. Se terminó en 1691. Para entonces Jacobo ya había perdido la corona. La iglesia nacida de su capricho sobrevivió de largo a su reinado.
Entra en el cementerio y busca la tumba de Adam Smith. Sí, el padre de la economía moderna, el autor de La riqueza de las naciones, de 1776. Pasó sus últimos años a pocos metros de aquí, en Panmure House, trabajando, paradojas de la vida, como comisario de aduanas: el gran defensor del libre comercio cobrando aranceles. Murió en 1790 y descansa aquí, en una tumba bastante modesta para alguien cuyo rostro acabaría en los billetes.
Muy cerca está la de Robert Fergusson, un poeta brillante que murió en 1774, con solo veinticuatro años, en el manicomio de la ciudad, y fue enterrado sin lápida. Años más tarde, un joven Robert Burns, que lo veneraba como maestro, vino a buscar su tumba, no la encontró y pagó de su bolsillo la piedra que hoy ves. Fuera, en la acera, una estatua de Fergusson camina a grandes zancadas, como si llegara tarde a una tertulia.
Esta es la parroquia del palacio de Holyrood, y aquí se casó en 2011 Zara Phillips, nieta de la reina Isabel II. Sigue bajando por el Canongate unos doscientos cincuenta metros. Poco antes del final de la calle, a la izquierda, un arco te lleva a un patio blanco con escaleras exteriores: es White Horse Close.
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10. White Horse Close y el santuario de los deudores
White Horse Close, Canongate, Edinburgh EH8 8BU, UK
Atraviesa el arco y entra en este patio encalado: escaleras de piedra que suben por fuera de las casas, frontones escalonados, tejados rojos y ventanas pequeñas. Parece un decorado, y en parte lo es: lo que ves es una restauración del siglo XX de un conjunto de casas del siglo XVII.
Aquí estuvo una de las posadas más conocidas de Edimburgo, la del Caballo Blanco. Según la tradición, de esta zona salían las diligencias hacia Londres, un viaje de muchos días por caminos infames. Imagina el patio lleno de caballos, baúles y viajeros despidiéndose como quien hoy se marcha a otro continente. Sobre el nombre, la leyenda prefiere algo más romántico: dicen que aquí estaba la cuadra del caballo blanco de la reina María Estuardo. Ninguna prueba lo sostiene, pero la historia sobrevive.
Lo realmente curioso está unos pasos más abajo. Cuando bajes hacia el palacio, mira el pavimento al final del Canongate: hay unas letras S de latón incrustadas en la calzada. Marcan el límite del santuario de la abadía de Holyrood. Durante siglos, quien cruzaba esa línea quedaba a salvo de sus acreedores, porque dentro del recinto nadie podía detenerle por deudas. Los refugiados eran tantos que los vecinos los llamaban, con sorna, los abbey lairds, los señores de la abadía.
Y había un detalle maravilloso: los domingos no se podía arrestar a nadie por deudas, así que ese día los deudores salían del santuario a pasear por la ciudad como caballeros, y antes de medianoche volvían a toda prisa a cruzar la línea. Entre los que se refugiaron aquí estuvo el escritor Thomas De Quincey, el de las Confesiones de un inglés comedor de opio, perseguido por sus deudas en la década de 1830. El privilegio perdió su sentido en 1880, cuando Escocia dejó de encarcelar a la gente por deber dinero.
Enfrente, al otro lado de la calle, asoma ya el muro curvo y moderno del Parlamento escocés. Sal de nuevo al Canongate y baja hasta el final. Ante ti se abrirán unas grandes verjas de hierro forjado y, detrás, un palacio con torres redondas en las esquinas. Son apenas doscientos metros.
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11. Palacio de Holyroodhouse: la casa de María Estuardo
Canongate, Edinburgh EH8 8DX, UK
Asómate a las verjas y mira la fachada del palacio de Holyroodhouse. Fíjate en las dos torres de las esquinas, con sus tejados cónicos: parecen gemelas, pero entre una y otra hay casi siglo y medio. La de la izquierda la levantó Jacobo V hacia 1530; la de la derecha es una copia que mandó construir Carlos II en la década de 1670 para que la fachada quedara simétrica.
Hoy es la residencia oficial del monarca británico en Escocia, y cada verano el rey pasa aquí una semana de recepciones y ceremonias. Pero el palacio se lo debe casi todo, en la memoria de la gente, a una mujer: María Estuardo, que llegó desde Francia en 1561 con dieciocho años, viuda de un rey francés, y vivió aquí los seis años más dramáticos de la historia escocesa.
La noche del 9 de marzo de 1566, la reina cenaba en una salita de sus aposentos, en esa torre vieja de la izquierda, con su secretario italiano, David Rizzio. Estaba embarazada de seis meses. De pronto, por una escalera privada, entraron su marido, lord Darnley, y un grupo de nobles armados. Rizzio se agarró a las faldas de la reina suplicando, pero lo arrastraron fuera y lo apuñalaron una y otra vez. La tradición habla de cincuenta y seis puñaladas, y durante siglos se enseñó a los visitantes una mancha en el suelo que, según decían, era su sangre.
Menos de un año después, Darnley apareció muerto en el jardín de una casa que había volado por los aires a las afueras de la ciudad. Tres meses más tarde, la reina se casó con el principal sospechoso, el conde de Bothwell. Fue el principio del fin: en 1567 María tuvo que abdicar en su hijo, el futuro Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra. Casi dos siglos después, en 1745, otro Estuardo, Carlos Eduardo, el famoso Bonnie Prince Charlie, ofreció aquí bailes durante unas semanas soñando con recuperar el trono de su familia.
Pegadas al costado norte del palacio, a la izquierda, se alzan las ruinas de una iglesia gótica sin tejado. Es lo que queda de la abadía que dio nombre a todo esto, y está a solo unos pasos.
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12. Abadía de Holyrood: el ciervo y la cruz
Palace of Holyroodhouse, Canongate, Edinburgh EH8 8DX, UK
Mira hacia arriba y verás el cielo donde debería haber un tejado: arcos góticos, ventanales vacíos y columnas que sostienen el aire. Son los restos de la abadía de Holyrood, y aunque hoy estén en ruinas, aquí se casaron y se coronaron reyes.
La leyenda de su fundación tiene mucho de cuento. En 1128 el rey David I salió de caza el día de la Exaltación de la Santa Cruz, aunque sus consejeros le pedían que se quedara a rezar. En el bosque, un ciervo enorme lo derribó del caballo y se le echó encima. El rey levantó las manos para protegerse y entre ellas, o entre los cuernos del animal, según quién lo cuente, apareció una cruz, y el ciervo huyó. Agradecido, David fundó aquí una abadía dedicada a la Santa Cruz, la Holy Rood. Ahora ya sabes de dónde salen los cuernos y la cruz de la iglesia del Canongate.
Durante siglos fue escenario de la gran historia. Aquí se casó Jacobo IV con Margarita Tudor en 1503, una boda que un siglo después llevaría a un rey escocés al trono de Inglaterra. Aquí fue coronado Carlos I como rey de Escocia en 1633, con una pompa que a muchos escoceses les pareció sospechosamente católica. Y en la capilla real de Holyrood, María Estuardo se casó con Darnley en 1565, sin imaginar cómo acabaría todo.
El final de la abadía llegó por un exceso de ambición. En el siglo XVIII se sustituyó el viejo tejado por uno de losas de piedra, demasiado pesado para estos muros, y en 1768 se vino abajo. Nadie lo volvió a levantar. Sesenta años después, en 1829, un joven compositor alemán de veinte años, Felix Mendelssohn, entró en estas ruinas al atardecer y escribió en una carta que allí había encontrado el comienzo de su Sinfonía escocesa. Tardó más de una década en terminarla, pero la semilla nació entre estas columnas.
Al salir, al otro lado de la calle, verás el edificio del Parlamento escocés, con sus tejados como barcas del revés, obra del arquitecto barcelonés Enric Miralles. Y piensa en el camino que acabas de hacer: desde un perro fiel y una muralla nacida del miedo, subiendo a un castillo sobre un volcán y bajando hasta las ruinas de una abadía, entre reinas, brujas, reformadores, deudores y economistas, en poco más de una milla. Esa es la Royal Mile. Aquí termina el paseo... y las colinas que ves detrás te esperan para otro día.