Abadía de Holyrood: el ciervo y la cruz
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Mira hacia arriba y verás el cielo donde debería haber un tejado: arcos góticos, ventanales vacíos y columnas que sostienen el aire. Son los restos de la abadía de Holyrood, y aunque hoy estén en ruinas, aquí se casaron y se coronaron reyes. La leyenda de su fundación tiene mucho de cuento.
Key Facts
| Place | Abadía de Holyrood: el ciervo y la cruz |
|---|---|
| Address | Palace of Holyroodhouse, Canongate, Edinburgh EH8 8DX, UK |
| Geo Coordinates | 55.95320, -3.17130 |
| Part of Walk | Edimburgo: del Castillo a Holyrood por la Royal Mile |
| Generated | Generated |
Mira hacia arriba y verás el cielo donde debería haber un tejado: arcos góticos, ventanales vacíos y columnas que sostienen el aire. Son los restos de la abadía de Holyrood, y aunque hoy estén en ruinas, aquí se casaron y se coronaron reyes.
La leyenda de su fundación tiene mucho de cuento. En 1128 el rey David I salió de caza el día de la Exaltación de la Santa Cruz, aunque sus consejeros le pedían que se quedara a rezar. En el bosque, un ciervo enorme lo derribó del caballo y se le echó encima. El rey levantó las manos para protegerse y entre ellas, o entre los cuernos del animal, según quién lo cuente, apareció una cruz, y el ciervo huyó. Agradecido, David fundó aquí una abadía dedicada a la Santa Cruz, la Holy Rood. Ahora ya sabes de dónde salen los cuernos y la cruz de la iglesia del Canongate.
Durante siglos fue escenario de la gran historia. Aquí se casó Jacobo IV con Margarita Tudor en 1503, una boda que un siglo después llevaría a un rey escocés al trono de Inglaterra. Aquí fue coronado Carlos I como rey de Escocia en 1633, con una pompa que a muchos escoceses les pareció sospechosamente católica. Y en la capilla real de Holyrood, María Estuardo se casó con Darnley en 1565, sin imaginar cómo acabaría todo.
El final de la abadía llegó por un exceso de ambición. En el siglo XVIII se sustituyó el viejo tejado por uno de losas de piedra, demasiado pesado para estos muros, y en 1768 se vino abajo. Nadie lo volvió a levantar. Sesenta años después, en 1829, un joven compositor alemán de veinte años, Felix Mendelssohn, entró en estas ruinas al atardecer y escribió en una carta que allí había encontrado el comienzo de su Sinfonía escocesa. Tardó más de una década en terminarla, pero la semilla nació entre estas columnas.
Al salir, al otro lado de la calle, verás el edificio del Parlamento escocés, con sus tejados como barcas del revés, obra del arquitecto barcelonés Enric Miralles. Y piensa en el camino que acabas de hacer: desde un perro fiel y una muralla nacida del miedo, subiendo a un castillo sobre un volcán y bajando hasta las ruinas de una abadía, entre reinas, brujas, reformadores, deudores y economistas, en poco más de una milla. Esa es la Royal Mile. Aquí termina el paseo... y las colinas que ves detrás te esperan para otro día.