Greyfriars Bobby: el perro más fiel de Edimburgo
Why is it significant?
Busca, en la esquina donde la calle empieza a bajar, una fuente de granito con un perrito de bronce encima: un terrier de Skye, sentado, con las orejas atentas y el hocico brillante de tanto que lo han frotado. Es Greyfriars Bobby, y probablemente es el vecino más querido que ha tenido Edimburgo.
Key Facts
| Place | Greyfriars Bobby: el perro más fiel de Edimburgo |
|---|---|
| Address | Candlemaker Row, Edinburgh EH1 2QE, UK |
| Geo Coordinates | 55.94690, -3.19130 |
| Part of Walk | Edimburgo: del Castillo a Holyrood por la Royal Mile |
| Generated | Generated |
Busca, en la esquina donde la calle empieza a bajar, una fuente de granito con un perrito de bronce encima: un terrier de Skye, sentado, con las orejas atentas y el hocico brillante de tanto que lo han frotado. Es Greyfriars Bobby, y probablemente es el vecino más querido que ha tenido Edimburgo.
La historia que todo el mundo cuenta es esta. Bobby era el perro de John Gray, un vigilante nocturno de la policía de la ciudad que murió en 1858 y fue enterrado en el cementerio de Greyfriars, justo detrás de ti. Desde entonces, dice la historia, el perro se negó a separarse de la tumba y pasó junto a ella catorce años, hasta su propia muerte en 1872. Los vecinos le daban de comer, y se cuenta que a la una, cuando sonaba el cañón del castillo, salía a buscar su ración a una taberna cercana.
En 1867 una nueva ley obligó a pagar licencia por los perros, y los que no tenían dueño podían ser sacrificados. Entonces intervino el alcalde, William Chambers, que pagó la licencia de Bobby y le regaló un collar con su nombre. Ese collar se conserva hoy en el Museo de Edimburgo, en el Canongate. Al año de morir el perro, la filántropa Angela Burdett-Coutts pagó esta fuente, que se inauguró en 1873.
Ahora bien, algunos historiadores sospechan que la leyenda creció un poco con los años, y que quizá hubo más de un Bobby, o que al perro lo mantenían cerca de la tumba porque atraía visitantes. Sea como sea, la ciudad decidió creer. Y un consejo: no le frotes el hocico. Lo han frotado tantas manos para tener suerte que el bronce se ha desgastado, y los restauradores han tenido que retocarlo más de una vez.
Detrás, en ese mismo cementerio, empezó en 1638 la firma del National Covenant, el pacto con el que los presbiterianos escoceses desafiaron al rey Carlos I. Volverás a oír hablar de ellos en el Grassmarket. Ahora camina hacia el sur por Forrest Road, gira a la derecha por Lauriston Place y, a los pocos minutos, busca a la derecha unas escaleras que bajan junto a una muralla vieja. Son unos cuatrocientos metros.