La Roma española: de la plaza de España a los Borgia

Embajadas, papas valencianos, santos vascos y el rescate de Cervantes: un paseo por Roma tras las huellas de España, de la Barcaccia al Tempietto que pagaron los Reyes Católicos

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  1. 1. Columna de la Inmaculada: la Virgen que coronan los bomberos

    Piazza Mignanelli, 00187 Roma RM, Italy

    Ponte al pie de esta columna altísima de mármol veteado, en la pequeña piazza Mignanelli, y sigue con la vista hasta arriba del todo: allí, una Virgen de bronce pisa una serpiente y extiende los brazos sobre Roma. A unos pasos tienes el palacio de la embajada de España ante la Santa Sede. Y esta columna, aunque parezca puramente romana, tiene mucho de española.

    El 8 de diciembre de 1854, el papa Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción: la Virgen concebida sin pecado original. Para celebrarlo se levantó este monumento, inaugurado tres años después, en 1857. ¿Y por qué precisamente aquí? Porque pocas monarquías habían defendido esa idea con tanta pasión como la española. Universidades, cofradías y reyes de España llevaban siglos jurando defenderla, y desde 1760 la Inmaculada es patrona de España. Colocarla junto a la embajada tenía todo el sentido.

    La columna en sí es muchísimo más vieja que el dogma. Es un fuste antiguo de mármol cipolino, el mármol cebolla, llamado así por sus vetas verdosas en capas, que apareció en 1777 bajo un convento del Campo de Marte. Pasó décadas tumbado esperando destino. A sus pies hay cuatro profetas de mármol: Moisés, David, Isaías y Ezequiel. Y levantarla no fue sencillo... según la tradición, hicieron falta unos doscientos veinte bomberos de Roma tirando de cuerdas y cabrestantes.

    De ahí nace una de las costumbres más bonitas de la ciudad. Cada 8 de diciembre, desde 1923, una escalera de los bomberos sube hasta la estatua y un bombero cuelga una corona de flores del brazo de la Virgen. Después llega el papa, reza aquí delante, y los romanos llenan la base de ramos. Si pasas por aquí esos días, verás la columna literalmente sepultada en flores.

    Fíjate también en el gran palacio que cierra la plaza por el sur: es el de Propaganda Fide, desde donde la Iglesia organizaba sus misiones por todo el mundo, incluida la América española. Su fachada principal es de Bernini, y la lateral, de Borromini... los dos genios rivales, pegados en el mismo edificio. Ahora camina unos pasos hacia la escalinata y la fuente con forma de barca: el corazón de la plaza de España.

  2. 2. Palacio de España y la Barcaccia: la embajada que bautizó una plaza

    Piazza di Spagna 57, 00187 Roma RM, Italy

    Busca en la plaza el palacio donde ondea la bandera de España: es el Palacio de España, sede de la embajada española ante la Santa Sede. Delante tienes la fuente de la barca medio hundida, y detrás sube la escalinata más fotografiada de Europa. Pues bien, la plaza entera, con todo su glamour, lleva el nombre de ese edificio tan discreto.

    España compró este palacio en 1647, y desde entonces no se ha movido de aquí. La diplomacia española presume de que su representación ante el papa es la embajada permanente más antigua del mundo, con raíces en tiempos de los Reyes Católicos. En el siglo XVII el embajador ejercía su propia jurisdicción sobre las calles de alrededor, y los romanos lo sabían muy bien: cuenta la leyenda que quien se perdía de noche por el barrio de los españoles podía despertarse alistado a la fuerza en los tercios.

    Y ahora, la gran paradoja. La escalinata que todo el mundo llama española la pagaron... los franceses. Arriba está la iglesia de la Trinità dei Monti, protegida por los reyes de Francia, y un diplomático francés, Étienne Gueffier, dejó en su testamento el dinero para unirla con la plaza. Se construyó entre 1723 y 1726, con ciento treinta y cinco escalones. Francia arriba, España abajo, y en medio una escalera que hoy es de todos.

    A sus pies, la Barcaccia. La esculpió Pietro Bernini, probablemente con la ayuda de su hijo, un tal Gian Lorenzo, entre 1627 y 1629, para el papa Urbano VIII: busca en la proa las abejas y los soles de los Barberini. Está medio hundida en el suelo por pura ingeniería: el acueducto del Agua Virgen llega aquí con muy poca presión, y la única forma de que hubiera chorro era bajar la fuente. La leyenda, más poética, dice que una barca quedó varada aquí tras la gran inundación del Tíber de 1598.

    A la derecha de la escalinata está la casita donde murió el poeta inglés John Keats en 1821, con solo veinticinco años. Y si te apetece sentarte en los escalones, mejor no: desde 2019 está prohibido, y la policía municipal multa a quien lo hace. Ahora toma la calle recta que sale de la plaza justo enfrente de la escalinata: la Via Condotti.

  3. 3. Via Condotti y la Trinidad de los Españoles: los frailes que rescataron a Cervantes

    Via dei Condotti 41, 00187 Roma RM, Italy

    Camina despacio por la Via Condotti, entre escaparates de las grandes firmas de moda, y busca, pasada la mitad de la calle, una fachada curva de iglesia que parece haberse colado entre las boutiques. Es la Santísima Trinidad de los Españoles, y casi nadie se para a mirarla. Tú sí, porque esconde uno de los lazos más bonitos entre Roma y la literatura española.

    La iglesia se levantó a mediados del siglo XVIII, entre 1741 y 1746, para los trinitarios españoles, y la proyectó un arquitecto portugués, Emanuel Rodrigues dos Santos. Los trinitarios eran una orden muy particular: nacieron a finales del siglo XII con una misión concreta, liberar a los cristianos cautivos en el norte de África. Pedían limosna por los pueblos, cruzaban el Mediterráneo y negociaban, moneda a moneda, la libertad de los presos.

    Y aquí viene lo mejor. En 1580, en Argel, dos frailes trinitarios, fray Juan Gil y fray Antonio de la Bella, pagaron el rescate de un soldado que llevaba cinco años cautivo. Se llamaba Miguel de Cervantes. Sin aquellos frailes, quizá nunca habría existido el Quijote. Y Cervantes conocía bien Roma: había llegado aquí muy joven, en 1569, al servicio del cardenal Giulio Acquaviva, antes de alistarse y quedar con la mano izquierda inutilizada en Lepanto.

    Al principio de la calle, a dos pasos de la plaza, habrás dejado atrás el Antico Caffè Greco, abierto en 1760, el café más antiguo de Roma. En sus salitas de terciopelo rojo, llenas de cuadros, se sentaron Goethe, Stendhal o Gógol, y generaciones de artistas de toda Europa que venían a Roma a aprender de los maestros. Muchos vivían a dos calles, en los estudios de la Via Margutta. Imagina las tertulias: pintores pobres, poetas exiliados y algún príncipe, discutiendo de arte con un café en la mano.

    El nombre de la calle tampoco es casual. Condotti son las conducciones, las tuberías del acueducto del Agua Virgen, el mismo que alimenta la Barcaccia y, un poco más allá, la Fontana de Trevi. Es un acueducto romano que, con reparaciones, nunca ha dejado de llevar agua a la ciudad. Sigue la Via Condotti hasta el final, y en la Via del Corso gira a la izquierda hasta la plaza de la gran columna con relieves.

  4. 4. Columna de Marco Aurelio: el emperador de raíces cordobesas

    Piazza Colonna, 00187 Roma RM, Italy

    Llegas a la piazza Colonna y en el centro se alza una columna de mármol envuelta en una espiral de relieves, con un santo de bronce en lo alto. A un lado, el Palazzo Chigi, sede del gobierno italiano, con sus guardias en la puerta. Los romanos pasan a su lado con prisa... y sin embargo esta columna cuenta una guerra entera, viñeta a viñeta.

    Se levantó a finales del siglo II en honor de Marco Aurelio, el emperador filósofo, el de las Meditaciones, el anciano sabio de la película Gladiator. Mide cien pies romanos, unos treinta metros, igual que su modelo, la columna de Trajano. Y aquí entra España: la familia paterna de Marco Aurelio procedía de Ucubi, una pequeña ciudad de la Bética, la actual Espejo, en la provincia de Córdoba. Con Trajano y Adriano, ligados a Itálica, la Hispania romana dio a Roma algunos de sus mejores emperadores.

    Sigue la espiral con la mirada. Son las guerras contra marcomanos, cuados y sármatas en la frontera del Danubio, donde Marco Aurelio pasó sus últimos años y donde murió en el año 180. Hay una escena famosa, el milagro de la lluvia: un ejército romano sediento y rodeado, y de pronto una tormenta representada como un gigante alado del que chorrea el agua. Los paganos la atribuyeron a sus dioses; algunos autores cristianos, a las oraciones de los soldados cristianos de una legión.

    Pero fíjate bien en los relieves: son más duros que los de Trajano. Hay aldeas incendiadas, prisioneros ejecutados, mujeres y niños arrastrados. Muchos historiadores ven aquí el final de una época: la guerra ya no aparece como una epopeya ordenada, sino como una carnicería. El mismo emperador que escribía sobre la serenidad del alma dejó en piedra esta crónica brutal.

    ¿Y el santo de arriba? Es San Pablo. En 1589 el papa Sixto V lo mandó colocar donde había estado la estatua del emperador, igual que dos años antes había puesto a San Pedro sobre la columna de Trajano. Así, los dos apóstoles vigilan Roma desde lo alto de las dos columnas imperiales. Ahora camina hacia el sur por las callejuelas, pasa junto a las columnas del templo de Adriano en la piazza di Pietra, y sigue hasta una plaza que parece un decorado de teatro.

  5. 5. San Ignacio de Loyola: cuatro españoles y un santo

    Via del Caravita 8a, 00186 Roma RM, Italy

    Detente en la piazza di Sant'Ignazio y date la vuelta un momento: los edificios curvos de enfrente parecen las bambalinas de un escenario, y en cierto modo lo son, un decorado rococó de Filippo Raguzzini pensado para que la iglesia fuera la gran protagonista. Ahora gírate hacia la fachada enorme de San Ignacio. Dentro hay una cúpula... que no existe.

    Pero empecemos por el santo. Íñigo López de Loyola era un caballero vasco al que una bala de cañón destrozó la pierna en Pamplona en 1521. Durante la larga convalecencia pidió novelas de caballerías, y en casa solo había vidas de santos y de Cristo. Aquellas lecturas le cambiaron la vida. Acabó fundando en Roma la Compañía de Jesús, aprobada por el papa en 1540, y aquí al lado, en 1551, abrió el Colegio Romano, la semilla de la actual Universidad Gregoriana.

    El 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV canonizó a la vez a cinco santos. Cuatro eran españoles: Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús e Isidro Labrador, el patrón de Madrid. El quinto era Felipe Neri, un florentino que se había vuelto romano de corazón. Y cuentan que los romanos, con su humor de siempre, comentaron que el papa había canonizado a cuatro españoles... y a un santo. La iglesia se empezó poco después, en 1626, pagada por el cardenal Ludovico Ludovisi, sobrino de aquel papa.

    Si entras, busca en el centro de la nave un disco de mármol en el suelo. Desde ahí, el techo de Andrea Pozzo, jesuita y pintor, se abre al cielo: arquitectura pintada, San Ignacio subiendo entre nubes y los cuatro continentes alrededor. Camina luego hacia el crucero y mira la cúpula. Es plana. Es un lienzo pintado en 1685 con una perspectiva tan perfecta que parece hueca. La cúpula de verdad nunca se construyó: se dice que faltó dinero, y también que los vecinos dominicos protestaron porque les quitaría la luz.

    Ignacio no está enterrado aquí, sino en la iglesia del Gesù, a pocas manzanas. Pero en esta plaza todavía se respira aquella Roma de la Contrarreforma en la que un vasco cojo, sin un real, llegó a tener más influencia que muchos príncipes. Sal de la plaza y camina hacia el oeste, en dirección al Panteón: antes de llegar a él encontrarás un elefante de piedra.

  6. 6. Santa María sopra Minerva: el cardenal Torquemada que daba dotes

    Piazza della Minerva 42, 00186 Roma RM, Italy

    Tienes delante un pequeño elefante de mármol que carga a la espalda un obelisco egipcio: lo diseñó Bernini y se colocó en 1667. Los romanos lo llaman con cariño el pulcino, el pollito. Fíjate en su trasero: apunta hacia el convento dominico de al lado, y hay quien dice que no es casualidad... que Bernini tenía sus cuentas pendientes con los frailes.

    Detrás, una fachada sencilla, casi pobre, esconde la única gran iglesia gótica de Roma, con bóvedas azules sembradas de estrellas doradas. Se levantó sobre lo que se creía un templo de Minerva, de ahí su nombre. Dentro descansan Santa Catalina de Siena y el pintor Fra Angelico, y hay un Cristo de Miguel Ángel. Y en el convento de al lado, en 1633, Galileo se arrodilló para abjurar de la idea de que la Tierra gira alrededor del Sol.

    Pero hoy venimos por un español. En una capilla de la nave derecha está la tumba del cardenal Juan de Torquemada, un dominico nacido en Valladolid, gran teólogo del siglo XV. Sí, el apellido te suena: era tío de Tomás de Torquemada, el temido inquisidor general. Y sin embargo el tío ha pasado a la memoria de Roma por algo muy distinto: fundó una cofradía que daba dotes a muchachas pobres para que pudieran casarse.

    En esa capilla hay una Anunciación de Antoniazzo Romano: la Virgen entrega bolsitas de dinero a unas jóvenes vestidas de blanco, que le presenta el propio cardenal, arrodillado. Durante siglos, cada 25 de marzo, fiesta de la Anunciación, aquí se celebraba una ceremonia solemne en la que las muchachas recibían su dote. Y otro dato que pocos conocen: en 1467 se imprimieron en Roma las Meditaciones de Torquemada, ilustradas con grabados inspirados en los frescos del claustro de este convento. Fue el primer libro ilustrado impreso en Italia.

    Así de caprichosa es la historia: un mismo apellido puede evocar hogueras en Castilla y vestidos de novia en Roma. Ahora deja atrás el elefante y camina hacia el oeste, por las callejuelas que pasan junto a Sant'Eustachio, hasta el Corso del Rinascimento. Al otro lado de esa calle está la plaza Navona, y en ella una iglesia que fue de los españoles durante cuatro siglos.

  7. 7. Santiago de los Españoles en plaza Navona: la iglesia que España dejó atrás

    Piazza Navona, 00186 Roma RM, Italy

    Entra en la plaza Navona y, en su lado este, busca entre los palacios la fachada blanca de una iglesia que hoy se llama Nuestra Señora del Sagrado Corazón. Frente a las fuentes de Bernini pasa casi desapercibida. Pero durante siglos aquí se rezaba y se discutía en castellano: era Santiago de los Españoles, la iglesia nacional de Castilla en Roma.

    La fundó en 1450, año de jubileo, un obispo castellano, Alfonso de Paradinas, para atender a los peregrinos y a los muchos españoles que vivían en la ciudad. Tenía hospital, cofradía y una influencia enorme. Aquí se celebraban con toda solemnidad los acontecimientos de la monarquía, y en más de una ocasión la plaza entera se engalanó para fiestas españolas, con arquitecturas efímeras, música y fuegos artificiales.

    Recuerda, además, dónde estás. La plaza conserva exactamente la forma del estadio de Domiciano, del siglo I, donde se celebraban competiciones atléticas al estilo griego. Las casas se construyeron sobre las antiguas gradas, y por eso la plaza es tan alargada y tiene un extremo redondeado. En el lado norte, bajo el nivel de la calle, todavía se ven arcos del estadio original.

    En el siglo XIX la iglesia estaba muy deteriorada, y España decidió reunirlo todo en su otra iglesia nacional, la de Montserrat, que verás enseguida. Allí se llevaron sepulcros y obras de arte, y este edificio acabó, a finales de siglo, en manos de una congregación de origen francés, que lo dedicó al Sagrado Corazón. Lo más sorprendente viajó aún más lejos: los frescos de Annibale Carracci y su taller en una de sus capillas se arrancaron de la pared, y hoy están repartidos entre el Museo del Prado y el Museo Nacional de Arte de Cataluña.

    Antes de irte, mira la fuente de los Cuatro Ríos de Bernini, en el centro de la plaza: el Danubio, el Ganges, el Nilo y el Río de la Plata. Sí, un río americano, de aquel mundo unido entonces a la corona española, representado con un brazo en alto y un montón de monedas a su lado. Ahora sal por el extremo sur de la plaza, gira a la derecha por el Corso Vittorio Emanuele y síguelo hacia el oeste: vamos a la casa de un cardenal de Xàtiva que llegaría a papa.

  8. 8. Palacio Sforza Cesarini: la casa romana de Rodrigo Borgia

    Corso Vittorio Emanuele II, 00186 Roma RM, Italy

    Párate ante este palacio grande y algo severo, con su fachada del siglo XIX hacia el Corso Vittorio Emanuele. Parece uno más de los muchos palacios nobles de Roma. Pero rodéalo hacia la Via dei Banchi Vecchi y los muros cambian de época: allí asoma el edificio del siglo XV que construyó un joven cardenal de Xàtiva llamado Rodrigo de Borja.

    Rodrigo era sobrino de Alfonso de Borja, el primer papa valenciano, Calixto III. Su tío lo hizo cardenal con veinticinco años, y en 1457 lo nombró vicecanciller de la Iglesia, el cargo más lucrativo de la curia. Rodrigo lo conservó durante treinta y cinco años y se construyó aquí su residencia, que los romanos llamarían la Cancillería Vieja. Los visitantes hablaban de salones forrados de tapices, alfombras y vajillas de plata, una casa más lujosa que la de muchos reyes.

    Aquí vivió como cardenal, y no precisamente como un monje. Con Vannozza Cattanei, una romana que regentaba posadas en el barrio, tuvo cuatro hijos que la historia no ha olvidado: César, Juan, Lucrecia y Jofré. En familia, los Borja se escribían en valenciano, y en Roma los llamaban, con desprecio, los catalanes, como a todos los que venían de la Corona de Aragón.

    En agosto de 1492, el mismo mes en que Colón zarpaba de Palos, Rodrigo fue elegido papa con el nombre de Alejandro VI. Aquel cónclave fue de los más turbios de la historia, y las malas lenguas romanas contaron que varias mulas cargadas de plata salieron de este palacio hacia la casa del cardenal Ascanio Sforza, su gran rival convertido en aliado. Lo que sí es seguro es que Ascanio recibió la vicecancillería y este mismo palacio. Por eso hoy lleva el apellido Sforza.

    Y otra coincidencia de vértigo: al año siguiente, en 1493, aquel papa valenciano repartió con sus bulas las tierras recién descubiertas entre Castilla y Portugal. El hombre que trazó una raya sobre el océano había vivido durante décadas entre estas paredes. Ahora toma la Via dei Banchi Vecchi, la calle de los antiguos banqueros, y baja por las callejuelas hacia el río hasta la Via di Monserrato: allí te espera Alejandro VI en persona.

  9. 9. Santa María de Montserrat: donde descansan los dos papas Borja

    Via di Monserrato 115, 00186 Roma RM, Italy

    Estás en la Via di Monserrato, una de las calles más elegantes y silenciosas del centro, frente a una iglesia renacentista de fachada sobria. Su nombre lo dice todo: Santa María de Montserrat, por la montaña sagrada de Cataluña. Hoy es la iglesia nacional de España en Roma, y guarda a dos de los papas más famosos de la historia.

    Nació de una cofradía de la Corona de Aragón, catalanes, valencianos, aragoneses y mallorquines, que tenía aquí un hospital para sus peregrinos. La iglesia actual se empezó hacia 1518 con un proyecto de Antonio da Sangallo el Joven, el mismo arquitecto del palacio Farnesio, que está a dos pasos. Y cuando Castilla abandonó su iglesia de la plaza Navona, todo lo español de Roma acabó bajo este techo: castellanos y aragoneses, por fin, en la misma casa.

    Entra y busca, en una capilla de la derecha, un sepulcro sencillo con dos nombres. Allí están Calixto III y Alejandro VI, tío y sobrino, los dos papas Borja de tierras valencianas. Sus restos estuvieron en San Pedro hasta comienzos del siglo XVII, cuando los trasladaron aquí, y no recibieron un monumento digno hasta 1889. Durante mucho tiempo, Roma prefirió olvidar a Alejandro VI.

    El tío merece su propio recuerdo. Calixto III, elegido ya anciano en 1455, autorizó el proceso que en 1456 rehabilitó a Juana de Arco, quemada como hereje veinticinco años antes. Y circula sobre él una leyenda deliciosa: que, asustado por el paso del cometa Halley en 1456, el papa lo habría excomulgado. Es falsa, una invención de siglos posteriores, pero se sigue contando con gusto.

    En otra capilla de esta iglesia estuvo enterrado durante casi cuarenta años el rey Alfonso XIII, que murió en el exilio, aquí en Roma, en 1941. En 1980 sus restos viajaron al panteón de El Escorial. Así que estos muros han guardado a dos papas y a un rey de España. Sal ahora, baja por cualquiera de las callejuelas hacia el río hasta la Via Giulia, la calle más recta del Renacimiento, y síguela hasta el puente.

  10. 10. Via Giulia y Ponte Sisto: los Della Rovere, enemigos de los Borgia

    Ponte Sisto, 00186 Roma RM, Italy

    Sube al Ponte Sisto, el puente peatonal de piedra con un gran ojo redondo en el centro, y mira río arriba. A tu derecha corre, paralela al Tíber, la Via Giulia, recta como una regla durante casi un kilómetro. Este puente y esa calle llevan los nombres de los peores enemigos de los Borgia: un tío y un sobrino de la familia Della Rovere.

    El puente lo hizo construir Sixto IV, Francesco della Rovere, en la década de 1470, pensando en el jubileo de 1475. Era el primer puente nuevo que se levantaba en Roma desde la Antigüedad. Su sobrino, Giuliano della Rovere, fue durante años el gran rival de Rodrigo Borgia. Perdió contra él el cónclave de 1492, y desde entonces lo combatió con todas sus fuerzas: huyó a Francia y animó al rey Carlos VIII a invadir Italia y deponer al papa valenciano.

    Alejandro VI murió en agosto de 1503, probablemente de malaria, aunque toda Roma habló de veneno. Tras el brevísimo pontificado de Pío III, en noviembre Giuliano fue elegido papa con el nombre de Julio II, y su venganza fue implacable. Despojó a César Borgia de sus castillos y lo dejó a merced de sus enemigos. En Nápoles lo detuvo el Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, y lo envió preso a España. César escapó, y murió en 1507 en una emboscada cerca de Viana, en Navarra, donde hoy descansa.

    Julio II detestaba tanto la memoria de Alejandro VI que se negó a seguir viviendo en los apartamentos que los Borgia habían decorado en el Vaticano. Según su maestro de ceremonias, no soportaba ver a cada paso la imagen de su predecesor. Se mudó al piso de arriba, y para decorar esas salas llamó a un joven pintor de Urbino: Rafael. Las famosas Estancias de Rafael existen, en parte, gracias a un rencor.

    Y esa calle recta fue su gran proyecto urbanístico: Bramante la trazó hacia 1508, con un enorme palacio de tribunales que nunca se terminó. Ahora toca cambiar de orilla. Cruza el puente, pasa junto a la gran fuente de la piazza Trilussa, sigue por la Via di Santa Dorotea hasta la Porta Settimiana y sube por la Via Garibaldi, la cuesta que serpentea hacia lo alto del Janículo.

  11. 11. San Pietro in Montorio y el Tempietto: el regalo de los Reyes Católicos

    Piazza di San Pietro in Montorio 2, 00153 Roma RM, Italy

    Recupera el aliento en la explanada frente a la iglesia de San Pietro in Montorio y date la vuelta: Roma entera se extiende a tus pies, cúpulas, campanarios y tejados color teja hasta las colinas del horizonte. Es una de las mejores vistas de la ciudad. Y la estás disfrutando desde un rincón que, en cierto modo, es español desde hace más de quinientos años.

    Una antigua tradición situaba aquí, en lo alto del Janículo, el lugar donde San Pedro fue crucificado cabeza abajo. Hoy la mayoría de los historiadores lo sitúan en el circo del Vaticano, pero a finales del siglo XV la creencia era firme, y los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, pagaron la reconstrucción de la iglesia y del convento franciscano. Durante casi tres siglos, en su altar mayor estuvo nada menos que la Transfiguración de Rafael, hasta que las tropas de Napoleón se la llevaron.

    Pero la joya está en el patio del convento: el Tempietto de Bramante. Es un templete circular, pequeñísimo, rodeado de dieciséis columnas dóricas y coronado por una cúpula. También lo encargaron los Reyes Católicos, y una inscripción de 1502 los recuerda. Para muchos historiadores del arte es el edificio que inaugura el Alto Renacimiento: la Antigüedad recuperada en piedra, con unas proporciones perfectas. Poco después, Bramante empezaría a proyectar la nueva basílica de San Pedro.

    En ese mismo convento vive desde 1873 la Real Academia de España en Roma. Por aquí han pasado generaciones de pintores, escultores, arquitectos, músicos y escritores españoles becados para empaparse de Roma. Ramón del Valle-Inclán llegó a dirigirla en los años treinta, y todavía hoy jóvenes creadores viven y trabajan entre estos muros, con el Tempietto como vecino de patio.

    Mira una última vez el panorama. Empezaste junto a la embajada que dio nombre a la plaza de España y terminas en la academia que España mantiene en lo alto del Janículo. Entre medias, papas valencianos, santos vascos y castellanos, un cardenal de Valladolid, el rescate de Cervantes y la venganza de un Della Rovere. Roma no sería la misma sin los españoles... ni los españoles sin Roma. Si te quedan fuerzas, sigue subiendo por la Via Garibaldi hasta la Fontana dell'Acqua Paola, y deja que el agua ponga el punto final.