Via Condotti y la Trinidad de los Españoles: los frailes que rescataron a Cervantes

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Camina despacio por la Via Condotti, entre escaparates de las grandes firmas de moda, y busca, pasada la mitad de la calle, una fachada curva de iglesia que parece haberse colado entre las boutiques. Es la Santísima Trinidad de los Españoles, y casi nadie se para a mirarla.

Key Facts

PlaceVia Condotti y la Trinidad de los Españoles: los frailes que rescataron a Cervantes
AddressVia dei Condotti 41, 00187 Roma RM, Italy
Geo Coordinates41.90450, 12.47940
Part of WalkLa Roma española: de la plaza de España a los Borgia
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Camina despacio por la Via Condotti, entre escaparates de las grandes firmas de moda, y busca, pasada la mitad de la calle, una fachada curva de iglesia que parece haberse colado entre las boutiques. Es la Santísima Trinidad de los Españoles, y casi nadie se para a mirarla. Tú sí, porque esconde uno de los lazos más bonitos entre Roma y la literatura española.

La iglesia se levantó a mediados del siglo XVIII, entre 1741 y 1746, para los trinitarios españoles, y la proyectó un arquitecto portugués, Emanuel Rodrigues dos Santos. Los trinitarios eran una orden muy particular: nacieron a finales del siglo XII con una misión concreta, liberar a los cristianos cautivos en el norte de África. Pedían limosna por los pueblos, cruzaban el Mediterráneo y negociaban, moneda a moneda, la libertad de los presos.

Y aquí viene lo mejor. En 1580, en Argel, dos frailes trinitarios, fray Juan Gil y fray Antonio de la Bella, pagaron el rescate de un soldado que llevaba cinco años cautivo. Se llamaba Miguel de Cervantes. Sin aquellos frailes, quizá nunca habría existido el Quijote. Y Cervantes conocía bien Roma: había llegado aquí muy joven, en 1569, al servicio del cardenal Giulio Acquaviva, antes de alistarse y quedar con la mano izquierda inutilizada en Lepanto.

Al principio de la calle, a dos pasos de la plaza, habrás dejado atrás el Antico Caffè Greco, abierto en 1760, el café más antiguo de Roma. En sus salitas de terciopelo rojo, llenas de cuadros, se sentaron Goethe, Stendhal o Gógol, y generaciones de artistas de toda Europa que venían a Roma a aprender de los maestros. Muchos vivían a dos calles, en los estudios de la Via Margutta. Imagina las tertulias: pintores pobres, poetas exiliados y algún príncipe, discutiendo de arte con un café en la mano.

El nombre de la calle tampoco es casual. Condotti son las conducciones, las tuberías del acueducto del Agua Virgen, el mismo que alimenta la Barcaccia y, un poco más allá, la Fontana de Trevi. Es un acueducto romano que, con reparaciones, nunca ha dejado de llevar agua a la ciudad. Sigue la Via Condotti hasta el final, y en la Via del Corso gira a la izquierda hasta la plaza de la gran columna con relieves.

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