San Ignacio de Loyola: cuatro españoles y un santo

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Detente en la piazza di Sant'Ignazio y date la vuelta un momento: los edificios curvos de enfrente parecen las bambalinas de un escenario, y en cierto modo lo son, un decorado rococó de Filippo Raguzzini pensado para que la iglesia fuera la gran protagonista.

Key Facts

PlaceSan Ignacio de Loyola: cuatro españoles y un santo
AddressVia del Caravita 8a, 00186 Roma RM, Italy
Geo Coordinates41.89880, 12.47980
Part of WalkLa Roma española: de la plaza de España a los Borgia
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Detente en la piazza di Sant'Ignazio y date la vuelta un momento: los edificios curvos de enfrente parecen las bambalinas de un escenario, y en cierto modo lo son, un decorado rococó de Filippo Raguzzini pensado para que la iglesia fuera la gran protagonista. Ahora gírate hacia la fachada enorme de San Ignacio. Dentro hay una cúpula... que no existe.

Pero empecemos por el santo. Íñigo López de Loyola era un caballero vasco al que una bala de cañón destrozó la pierna en Pamplona en 1521. Durante la larga convalecencia pidió novelas de caballerías, y en casa solo había vidas de santos y de Cristo. Aquellas lecturas le cambiaron la vida. Acabó fundando en Roma la Compañía de Jesús, aprobada por el papa en 1540, y aquí al lado, en 1551, abrió el Colegio Romano, la semilla de la actual Universidad Gregoriana.

El 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV canonizó a la vez a cinco santos. Cuatro eran españoles: Ignacio de Loyola, Francisco Javier, Teresa de Jesús e Isidro Labrador, el patrón de Madrid. El quinto era Felipe Neri, un florentino que se había vuelto romano de corazón. Y cuentan que los romanos, con su humor de siempre, comentaron que el papa había canonizado a cuatro españoles... y a un santo. La iglesia se empezó poco después, en 1626, pagada por el cardenal Ludovico Ludovisi, sobrino de aquel papa.

Si entras, busca en el centro de la nave un disco de mármol en el suelo. Desde ahí, el techo de Andrea Pozzo, jesuita y pintor, se abre al cielo: arquitectura pintada, San Ignacio subiendo entre nubes y los cuatro continentes alrededor. Camina luego hacia el crucero y mira la cúpula. Es plana. Es un lienzo pintado en 1685 con una perspectiva tan perfecta que parece hueca. La cúpula de verdad nunca se construyó: se dice que faltó dinero, y también que los vecinos dominicos protestaron porque les quitaría la luz.

Ignacio no está enterrado aquí, sino en la iglesia del Gesù, a pocas manzanas. Pero en esta plaza todavía se respira aquella Roma de la Contrarreforma en la que un vasco cojo, sin un real, llegó a tener más influencia que muchos príncipes. Sal de la plaza y camina hacia el oeste, en dirección al Panteón: antes de llegar a él encontrarás un elefante de piedra.

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