Praga en un vaso y un plato: cerveza, tabernas y cocina checa

De un café forrado de azulejos a cervecerías de quinientos años, de los mercados medievales al muelle del Moldava: la Praga que se come y se bebe

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  1. 1. Café Imperial: el café de los azulejos

    Na Poříčí 1072/15, 110 00 Praha 1, Czechia

    Empuja la puerta y deja que los ojos se acostumbren: paredes, columnas y techo cubiertos de azulejos color marfil, con relieves de animales, guirnaldas y figuras que parecen sacadas de un templo lejano. Estás en un café, pero parece una casa de baños diseñada por un joyero.

    El Café Imperial abrió en 1914, en la planta baja de un hotel recién construido, justo cuando el viejo imperio de los Habsburgo estaba a punto de lanzarse a la guerra. Lo asombroso es que este interior haya sobrevivido casi intacto a dos guerras mundiales, a la ocupación y a cuarenta años de comunismo. Hoy está protegido como monumento cultural, y con razón: cada pieza de cerámica fue pensada para este salón.

    Pero la historia del café en Praga empezó mucho antes, y con un forastero. La tradición cuenta que hacia 1714 un armenio llamado Deodatus Damajan empezó a servir la bebida de los turcos en una casa de la calle Karlova, la casa de la Serpiente de Oro. Hasta entonces, muchos praguenses desayunaban sopa de cerveza... sí, cerveza caliente con pan, huevo y un poco de comino. De pronto había otra manera de despertarse.

    En el siglo diecinueve el café se convirtió en la sala de estar de la ciudad. Aquí se leían periódicos colgados de varillas de madera, se escribían versos y se discutía de política durante horas por el precio de una taza. Y en la época socialista nació un clásico muy checo, el turek: café molido muy fino, agua casi hirviendo vertida directamente encima, en el mismo vaso. Esperas a que el poso baje al fondo y bebes despacio... si tienes prisa, te llevas la arena entre los dientes.

    Fíjate en el techo una última vez, porque en esta ruta vas a ver que en Praga comer y beber siempre ha sido también una forma de conversar. Sal a la calle Na Poříčí y camina hacia el oeste, pasa sin detenerte junto a la torre de la Pólvora, y busca en la calle Celetná una casa de esquina con una virgen negra dentro de una jaula dorada.

  2. 2. Casa de la Virgen Negra: dulces en un café cubista

    Ovocný trh 569/19, 110 00 Praha 1, Czechia

    Busca en la esquina, a la altura del primer piso, una pequeña estatua barroca de la Virgen con el Niño, oscura, encerrada en una jaula dorada. Ella le da nombre a la casa, la casa de la Virgen Negra. Ahora fíjate en el edificio que la rodea: ventanas que parecen cristales tallados, aristas, planos que se quiebran como si alguien hubiera doblado la fachada con las manos.

    Es cubismo, pero no en un lienzo de Picasso, sino en hormigón. El arquitecto Josef Gočár la levantó en 1911 y 1912, y Praga se convirtió en casi el único lugar del mundo donde el cubismo salió de los cuadros a la calle: casas, farolas, sillas, tazas. En el primer piso abrió el Grand Café Orient, con lámparas, perchas y mesas cubistas. Cerró al cabo de pocos años, pasó casi un siglo convertido en otra cosa, y en 2005 se reconstruyó a partir de fotografías y dibujos.

    Sube y pide algo dulce, porque la repostería checa es un secreto mal guardado. Está el věneček, una rosquilla de masa choux rellena de crema; la laskonka, dos discos de merengue de nuez con crema de mantequilla; y sobre todo el koláč, una torta redonda de masa de levadura con un centro de requesón, semillas de amapola o ciruela. Las abuelas checas discuten sobre el koláč como los españoles sobre la tortilla.

    Y un detalle para endulzar el café: el terrón de azúcar es un invento de estas tierras. En 1843 Jakub Kryštof Rad, director de una refinería en la ciudad bohemia de Dačice, patentó una prensa para hacer azúcar en cubos. Se cuenta que lo hizo después de que su mujer se cortara rompiendo los grandes panes de azúcar de la época.

    Al salir, recuerda que pisas el Ovocný trh, el Mercado de la Fruta: en Praga las plazas llevan todavía el nombre de lo que se vendía en ellas. Camina hacia el sur hasta la calle Na Příkopě, síguela hacia la derecha hasta el cruce de Můstek y entra en la pequeña plaza Jungmannovo náměstí, donde una taberna presume de haber traído la cerveza dorada a Praga.

  3. 3. U Pinkasů: la cerveza dorada llega a Praga

    Jungmannovo nám. 16/15, 110 00 Praha 1, Czechia

    Estás en una placita tranquila, a la sombra de la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, y en la esquina ves una taberna con el nombre U Pinkasů pintado sobre la puerta. Parece modesta. Pero según su propia historia, aquí empezó una revolución.

    Para entenderla hay que viajar a Plzeň, unos noventa kilómetros al oeste. En 1838 la cerveza de la ciudad era tan mala que sus vecinos vaciaron treinta y seis barriles delante del ayuntamiento, en señal de protesta. Los ciudadanos con derecho a fabricar cerveza decidieron unirse y construir una fábrica nueva, y contrataron a un maestro cervecero bávaro, Josef Groll.

    En octubre de 1842 Groll hizo algo nuevo. Usó el agua muy blanda de Plzeň, una malta clara y el lúpulo aromático de la región de Žatec, y fermentó en frío, al estilo bávaro. El resultado fue una cerveza transparente, dorada, con espuma blanca y un amargor limpio. Se sirvió por primera vez en noviembre de ese año, y el mundo nunca volvió a ser el mismo: hoy la mayor parte de la cerveza que se bebe en el planeta es, de algún modo, hija de aquella.

    Y aquí entra Jakub Pinkas, un sastre que, según cuenta la casa, en 1843 empezó a traer barriles de Plzeň en carro y a servirlos a sus clientes. La taberna presume de haber sido la primera de Praga en tirar la cerveza de Plzeň, y desde entonces no ha dejado de hacerlo. Por aquí pasaron políticos, escritores y generaciones de vecinos que venían a por su jarra antes de cenar.

    Antes de seguir, asómate al jardín de los franciscanos, a pocos pasos: un oasis de rosales escondido entre fachadas. Luego sal a la calle 28. října, cruza hacia la calle Na Můstku y síguela hacia el norte hasta la calle Havelská, donde los puestos de un mercado de ochocientos años te esperan junto a los soportales.

  4. 4. Havelské tržiště: carpas, jamón de Praga y ocho siglos de mercado

    Havelská, 110 00 Praha 1, Czechia

    Camina entre los puestos de toldos verdes que llenan el centro de la calle Havelská: frutas, flores, miel, marionetas de madera y algún recuerdo de dudoso gusto. Y fíjate en la forma de la calle, ancha de repente, con soportales a un lado. No es una calle: es una plaza de mercado estirada.

    En el siglo trece, junto a la Ciudad Vieja, se trazó un barrio nuevo para comerciantes alemanes, la Ciudad de San Galo, Havelské Město, y su eje fue este mercado. Desde entonces aquí se ha comprado y vendido casi sin interrupción durante unos ocho siglos. Las casas de los soportales son más antiguas de lo que parecen: muchas esconden sótanos góticos y románicos, porque la ciudad elevó su suelo varios metros para protegerse de las crecidas del Moldava.

    Si vienes en diciembre, verás aquí y por toda Praga una escena que deja boquiabiertos a los extranjeros: grandes tinas de agua llenas de carpas vivas. La carpa frita con ensalada de patata es la cena de Nochebuena de casi todos los checos, y muchas familias compran el pez vivo y lo tienen un par de días nadando en la bañera de casa. Los niños le ponen nombre... y luego llega la cena.

    Hablemos ahora del jamón, porque aquí hay trampa. En la plaza de la Ciudad Vieja verás enormes patas de cerdo girando en espetones sobre el fuego. Eso es un espectáculo para turistas, no una tradición. El verdadero jamón de Praga, la pražská šunka, es otra cosa: un jamón deshuesado, curado en salmuera, cocido y ligeramente ahumado, que en el siglo diecinueve se hizo famoso en Viena, París y Londres como Prager Schinken. Se come frío, en lonchas finas, con rábano picante.

    Compra una manzana o un puñado de cerezas si es temporada, y sigue hacia el oeste por la calle Skořepka hasta la calle Husova. Gira a la derecha: allí, detrás de una fachada sin pretensiones, te espera la taberna favorita de un escritor y de dos presidentes.

  5. 5. U Zlatého tygra: el tigre de Hrabal

    Husova 228/17, 110 00 Praha 1, Czechia

    Mira el cartel con un tigre dorado sobre la puerta de la calle Husova. Si entras a primera hora de la tarde, probablemente encontrarás todas las mesas ocupadas por hombres que no tienen ninguna intención de dejarte sitio. No es mala educación. Es una institución.

    U Zlatého tygra, el Tigre de Oro, es una de las últimas tabernas de Praga donde manda el štamgast, el parroquiano fijo. Los habituales tienen su mesa, su silla y su jarra, y el camarero les sirve la siguiente antes de que la pidan. Aquí no hay carta de cócteles: hay una sola cerveza, de Plzeň, y una regla no escrita... cuando dejas el posavasos encima del vaso, significa que ya no quieres más.

    Su cliente más famoso fue el escritor Bohumil Hrabal, autor de Trenes rigurosamente vigilados y de Una soledad demasiado ruidosa. Durante décadas se sentó aquí casi a diario, escuchando historias que luego acababan en sus libros. Y en enero de 1994 ocurrió una escena increíble: el presidente Václav Havel trajo a Bill Clinton a esta taberna para tomar cerveza con Hrabal. Un dramaturgo que había estado en la cárcel, un presidente estadounidense y un viejo escritor, en la misma mesa de madera.

    Aprovecha para aprender el idioma secreto de los grifos checos. Una hladinka es la cerveza clásica, con una capa de espuma densa de tres dedos. Un šnyt es medio vaso de cerveza y medio de espuma, para quien quiere solo un trago. Y un mlíko, la leche, es un vaso lleno casi solo de espuma cremosa, que se bebe de golpe. En Chequia la espuma no es aire: protege la cerveza y es parte del sabor.

    Hrabal murió en 1997 y su recuerdo sigue en las paredes, en fotos y en la mesa de los habituales. Sal de nuevo a la calle Husova y camina hacia el sur, hasta donde se convierte en la calle Na Perštýně: allí te espera un oso.

  6. 6. U Medvídků: el oso, los sótanos y el lúpulo de Bohemia

    Na Perštýně 345/7, 110 00 Praha 1, Czechia

    Busca los ositos sobre la entrada de la calle Na Perštýně: U Medvídků significa en los ositos. Detrás de la puerta se abre una sucesión de salas abovedadas, largas mesas de madera y un murmullo constante de conversación en checo. Aquí se huele a malta antes de ver un solo vaso.

    La casa reivindica una tradición cervecera que se remonta a 1466, y no es una pretensión extraña en esta ciudad. En la Edad Media, en Praga el derecho a fabricar cerveza pertenecía a muchas casas de burgueses: era un privilegio ligado al edificio, que se heredaba y se vendía con él. Las calles olían a cereal cocido, y cada barrio tenía sus propias calderas.

    Ahora piensa en lo que hay debajo de tus pies. En el siglo trece, harta de las inundaciones del Moldava, la Ciudad Vieja elevó el nivel de sus calles entre dos y tres metros. Las plantas bajas de las casas románicas quedaron enterradas y se convirtieron en sótanos. Por eso en esta zona hay salas de piedra de hace ochocientos años bajo las tabernas, frescas todo el año... el lugar perfecto para guardar barriles.

    Y hablemos del alma verde de la cerveza checa, el lúpulo. El de la región de Žatec, al noroeste de Praga, es uno de los más apreciados del mundo, y los cerveceros lo conocen por su nombre alemán, Saaz. Se cuenta que en la Edad Media sacar esquejes de lúpulo fuera del reino estaba castigado con penas durísimas. Tómalo como leyenda, pero dice mucho de lo que valía aquella planta trepadora.

    Los checos beben más cerveza por persona que nadie en el mundo, desde hace décadas, bastante más de cien litros al año, y aquí entiendes por qué no lo viven como un exceso, sino como un rito de mesa y de charla. Sigue ahora hacia el sur, cruza la avenida Národní y adéntrate por las callejuelas de la Ciudad Nueva hasta la calle Křemencova: allí está la cervecería más antigua de la ciudad.

  7. 7. U Fleků: quinientos años de cerveza negra

    Křemencova 1651/11, 110 00 Praha 1, Czechia

    Ponte frente al gran reloj que cuelga sobre la calle Křemencova y mira la fachada larga, con el nombre U Fleků en letras antiguas. Dentro hay salones con vigas de madera, un patio con castaños y mesas corridas donde nadie se sienta solo mucho tiempo.

    En esta casa se fabrica cerveza desde 1499. Ese año la compró un cervecero llamado Vít Skřemenec, y desde entonces sus calderas apenas han dejado de trabajar: la casa presume de ser la cervecería con más años de producción continua de Europa Central. El nombre llegó mucho después, en 1762, cuando la adquirió Jakub Flekovský. Los praguenses empezaron a decir simplemente: vamos a casa de los Flek.

    Aquí no te van a preguntar qué cerveza quieres, porque solo hay una: una lager oscura, casi negra, de trece grados, como se dice en checo para medir el extracto del mosto, no el alcohol. Tiene notas de caramelo y pan tostado, y se fabrica solo para estas mesas. Los camareros pasan con bandejas llenas de vasos y, en cuanto el tuyo baja, aparece otro. A veces llegan también con chupitos de licor de hierbas que nadie ha pedido... y que, ojo, sí que se cobran.

    Para acompañar, la cocina de taberna checa: utopenci, que significa ahogados, salchichas en vinagre con cebolla; hermelín en aceite, un queso de corteza blanca marinado con pimienta y ajo; y pan de centeno con comino. Son platos pensados para dar sed, y nadie lo disimula.

    En los salones del fondo hubo cabaré, música de acordeón y bailes durante generaciones, y la casa sobrevivió a guerras, a la nacionalización comunista y a la avalancha turística de los noventa. Al salir, sigue la calle Křemencova hacia el sur y gira a la izquierda: en pocos minutos llegarás a una plaza enorme que fue el mercado de ganado de un emperador.

  8. 8. Karlovo náměstí: el mercado de ganado de Carlos IV

    Karlovo náměstí, 120 00 Praha 2, Czechia

    Entra en el parque y camina bajo los árboles: estás en una plaza tan grande que hoy cabe en ella un jardín entero, con fuentes, estatuas y bancos. Cuesta imaginar que aquí, hace casi setecientos años, se oía mugir a miles de vacas.

    En 1348 el emperador Carlos IV fundó la Ciudad Nueva de Praga, uno de los proyectos urbanos más ambiciosos de la Europa medieval, y trazó tres grandes mercados. Uno para los caballos, que hoy es la plaza de Wenceslao; otro para el heno; y este, el Mercado de Ganado, Dobytčí trh. Con unas ocho hectáreas, fue una de las plazas más grandes de la Europa de su tiempo. Solo en 1848, al cumplir quinientos años, recibió el nombre de su fundador.

    El ganado que se vendía aquí acababa en la mesa, así que hablemos de comida en serio. El plato rey es la svíčková: lomo de ternera asado con una salsa cremosa de verduras y nata, servido con arándanos, una rodaja de limón y nata montada. Luego está el vepřo knedlo zelo, cerdo asado, knedlíky y chucrut, tan popular que se dice de un tirón, como si fuera una sola palabra.

    Los knedlíky merecen un capítulo propio. Son pan de masa cocido al vapor en forma de rulo, y en las casas checas no se cortan con cuchillo, sino con un hilo, para que no se aplasten. Su misión es empapar la salsa hasta la última gota. Y no olvides que el mismo Carlos IV mandó plantar viñas en las colinas alrededor de Praga: por eso un barrio entero de la ciudad se llama todavía Vinohrady, los viñedos.

    Antes de irte, mira las calles que salen de la plaza hacia el este: dos de ellas, Ječná y Žitná, llevan nombres de cereales, cebada y centeno. Ahora cruza el parque hacia el oeste y baja por la calle Resslova hasta el río. Al llegar a la orilla, gira a la izquierda: el Moldava también tiene cosas que contar sobre la cerveza.

  9. 9. La orilla de Podskalí: hielo del Moldava para la cerveza

    Rašínovo nábřeží, 120 00 Praha 2, Czechia

    Baja las escaleras hasta el muelle de piedra, al nivel del agua. Tienes el Moldava a un paso, los cisnes, las barcas amarradas, y a tu espalda, un poco más arriba, el edificio torcido de la Casa Danzante. Ahora borra de tu cabeza todo eso e imagina un pueblo de casitas bajas, troncos apilados y hombres con botas altas.

    Esto era Podskalí, el barrio bajo la roca, un pueblo de almadieros y pescadores al pie de Vyšehrad. Durante siglos, la madera de los bosques del sur de Bohemia bajaba por el río atada en enormes balsas, y aquí se desmontaba y se vendía. La palabra náplavka viene de ahí: el lugar donde el río deja su carga.

    Pero el oficio que nos interesa es otro: el de los hieleros. Recuerda que la cerveza de Groll en Plzeň fermentaba en frío. Antes de que existieran las máquinas de refrigeración, ese frío venía del invierno. Cuando el Moldava se congelaba, los hombres de Podskalí cortaban bloques de hielo con sierras, los sacaban con garfios y los cargaban en carros hacia las bodegas de hielo de las cervecerías y las carnicerías de la ciudad. Con ese hielo se mantenía fría la cerveza hasta bien entrado el verano.

    Era un trabajo duro y peligroso: más de uno acabó bajo el agua helada. Y el propio barrio desapareció casi por completo a finales del siglo diecinueve y principios del veinte, cuando la ciudad construyó estos muelles altos de piedra para domar las crecidas. Las casitas de madera dieron paso a edificios de pisos, y el río dejó de entrar en las cocinas.

    Hoy, cuando hace calor, este muelle se llena de gente sentada en el borde con un vaso en la mano, como si el barrio quisiera recuperar su orilla. Camina ahora por el muelle hacia el sur, río arriba, hasta pasar bajo el puente Palackého: si es sábado por la mañana, vas a oler el mercado antes de verlo.

  10. 10. Mercado de Náplavka: comida de calle y el mito del trdelník

    Rašínovo nábřeží, 128 00 Praha 2, Czechia

    Mira la fila de puestos que se estira a lo largo del muelle: quesos de cabra, panes oscuros con comino, salchichas en la parrilla, sidra, flores, y gente de Praga haciendo la compra de la semana con el perro de la correa. Los sábados por la mañana esto es el mercado de productores de Náplavka, y aquí comen los praguenses, no los folletos.

    Aprovecha para desmontar un mito. En el centro habrás visto por todas partes el trdelník, una masa enrollada en un palo, asada sobre brasas y rebozada en azúcar y nueces, a veces rellena de helado. Te lo venden como dulce tradicional de Praga. No lo es. Es un dulce de la región de Skalica, hoy en Eslovaquia, con primos en Hungría y Transilvania, y en Praga se volvió omnipresente apenas en los años dos mil. En 2007 el Skalický trdelník recibió incluso la protección europea de indicación geográfica... eslovaca.

    Entonces, ¿qué comer aquí? Una klobása, salchicha gruesa a la parrilla con mostaza y pan. Un langoš, masa frita con ajo, queso y kétchup... de origen húngaro, eso sí, pero adoptado sin complejos. O un smažený sýr, queso empanado y frito con salsa tártara, el plato con el que crecieron generaciones de estudiantes checos.

    Y busca un chlebíček, el bocadillo abierto checo: pan blanco con ensalada de patata, jamón, huevo, pepinillo y queso, todo colocado con precisión de joyero. La tradición lo atribuye a Jan Paukert, un charcutero de la cercana avenida Národní, hacia principios del siglo veinte. En cualquier celebración checa, de una boda a una despedida en la oficina, aparece una bandeja de chlebíčky.

    Compra algo, siéntate en el borde del muelle y mira los barcos. Cuando termines, sigue río arriba por el mismo muelle, pasa bajo el puente del ferrocarril y busca una casita solitaria con tejado alto, al pie de la roca de Vyšehrad.

  11. 11. Výtoň: la aduana de los almadieros

    Rašínovo nábřeží 412, 128 00 Praha 2, Czechia

    Detente frente a esta casita blanca de tejado empinado, encajada entre las vías del tren, la carretera y la roca. Parece perdida, como si se hubiera quedado dormida mientras la ciudad crecía a su alrededor. Y de algún modo, es exactamente eso.

    Esta es Výtoň, la antigua aduana de Podskalí, uno de los pocos edificios que sobreviven del pueblo de almadieros que conociste en el muelle. Su nombre viene de un impuesto: la výtoň era la parte de la madera que las almadías debían entregar al llegar a Praga. Antes de vender un solo tronco en la ciudad, los almadieros pagaban aquí su peaje.

    Imagina la escena: las balsas atracando en la orilla, los almadieros empapados después de días de río, el recaudador contando troncos, y luego, inevitablemente, la taberna. Porque toda la historia que has recorrido hoy tiene la misma estructura: alguien trabaja, alguien comercia, y al final, todos se sientan alrededor de una mesa. Hoy la casa guarda un pequeño museo dedicado al viejo Podskalí, sus oficios y sus inundaciones.

    Piensa en el camino recorrido: un café de azulejos de 1914, una casa cubista con dulces, la taberna que trajo la cerveza dorada, un mercado de ocho siglos, el tigre de Hrabal, sótanos románicos, quinientos años de cerveza negra, un mercado de ganado imperial y un muelle donde se cortaba hielo. Praga se puede leer en sus iglesias y sus palacios, pero también en sus vasos y en sus platos.

    Así que, si te quedas con una sola palabra checa de este paseo, que sea esta: na zdraví, a tu salud. Se dice mirando a los ojos, chocando el vaso, y apoyándolo en la mesa antes de beber. Sobre tu cabeza se alzan las murallas de Vyšehrad, la colina de las leyendas, y a tu lado el río que lo trajo todo a Praga. Aquí termina el paseo... na zdraví.