La Florencia de Dante: güelfos, gibelinos y casas-torre medievales
De la tumba de su maestro al palacio de su enemigo: Beatriz, los Donati, el crimen del Ponte Vecchio y las torres que vigilaban la Florencia del siglo XIII
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1. Santa Maria Maggiore: la tumba del maestro de Dante
Vicolo di Santa Maria Maggiore 1, 50123 Firenze FI, Italy
Busca en el campanario, a media altura, una cabeza de mujer esculpida en piedra que asoma de la pared como si espiara a los que pasan. Los florentinos la llaman la Berta, y la iglesia que la lleva es Santa Maria Maggiore, una de las más antiguas de Florencia... y una de las menos miradas, porque la catedral queda a un minuto y lo eclipsa todo.
Sobre la Berta circulan varias leyendas, y ninguna se puede comprobar. La más tierna cuenta que era una verdulera del barrio que dejó sus ahorros para pagar una campana, y que la ciudad le dio las gracias colgando su cara en la torre. Otra, más oscura, habla de una mujer que se burló de un condenado camino del patíbulo y quedó convertida en piedra. Elige la que prefieras... los florentinos llevan siglos haciendo exactamente eso.
Pero el verdadero motivo para detenerte aquí es un hombre. En esta iglesia está enterrado Brunetto Latini, notario, diplomático y sabio, que murió en 1294. Cuando los güelfos florentinos fueron derrotados en Montaperti, en 1260, tuvo que exiliarse en Francia, y allí escribió en francés una enciclopedia enorme, el Livre dou Tresor, el libro del tesoro. De vuelta en Florencia se convirtió en una especie de mentor para toda una generación de jóvenes con ambición... y entre ellos había un muchacho llamado Dante Alighieri.
Y aquí empieza la paradoja que define todo este paseo. En el canto XV del Infierno, Dante se encuentra a su viejo maestro entre los condenados por sodomía, caminando bajo una lluvia de fuego. Y sin embargo es una de las escenas más tiernas del poema: lo llama la querida y buena imagen paterna, y le agradece haberle enseñado cómo el hombre se hace eterno. Lo condena y lo abraza en el mismo verso.
Así de complicada era la ciudad que vas a recorrer: no una postal, sino una red de familias, deudas, parroquias y rencores, vigilada desde lo alto de cientos de torres. Sal hacia Via de' Cerretani, bordea la plaza de la catedral sin detenerte y baja por las callejuelas que hay a espaldas de Via de' Calzaiuoli. En la pequeña Piazza di Sant'Elisabetta te espera una torre que no se parece a ninguna otra.
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2. Torre della Pagliazza: la torre más antigua
Piazza di Sant'Elisabetta 3, 50122 Firenze FI, Italy
Fíjate en esta torre: no es cuadrada, como casi todas las de Florencia, sino redondeada, maciza, de piedra gruesa, encajada entre las casas como un viejo que se niega a levantarse de su banco. Es la Torre della Pagliazza, y probablemente sea lo más antiguo que vas a ver en todo el paseo.
Sus cimientos se apoyan en restos de unas termas romanas, y muchos historiadores creen que nació en la Alta Edad Media, quizá en época bizantina, cuando Florencia era una ciudad pequeña y asustada tras sus murallas. Más tarde se usó como cárcel de mujeres. El nombre, dicen, viene de la paja, la paglia, sobre la que dormían las presas. Hoy forma parte de un hotel, y durante su restauración aparecieron restos de la Florencia romana bajo el suelo.
Ahora imagina este barrio en tiempos de Dante. Florencia estaba erizada de torres: decenas y decenas, levantadas por las familias nobles no tanto para vivir como para defenderse y presumir. Una torre era a la vez fortaleza, almacén y mensaje. Las familias aliadas unían las suyas con pasarelas de madera, y en las peleas callejeras se lanzaban piedras y flechas de una a otra por encima de la calle. Quien llegaba de lejos veía un bosque de piedra.
Hacia 1250, el gobierno del llamado Primer Pueblo, el de los mercaderes y los artesanos, decidió talar ese bosque: ninguna torre privada podía superar los cincuenta brazos, unos veintinueve metros. Muchas fueron desmochadas. Fue una revolución silenciosa: la ciudad les decía a los nobles que la altura ya no se heredaba, que el cielo era de todos. Por eso, cuando camines hoy, verás tantas torres truncadas, como dientes partidos en una sonrisa vieja.
Dante nació apenas quince años después, en una Florencia donde los rencores seguían pasando de torre en torre. Toma Via dello Studio hacia la catedral y, desde la plaza, sigue por Via Bufalini hacia el este. Al final se abre una plaza tranquila con un largo pórtico: el hospital que fundó el padre de Beatriz.
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3. Santa Maria Nuova: el hospital del padre de Beatriz
Piazza di Santa Maria Nuova 1, 50122 Firenze FI, Italy
Delante de ti se abre una plaza tranquila, cerrada por un largo pórtico renacentista: es la fachada del hospital de Santa Maria Nuova. Y sí, todavía es un hospital. Ambulancias, batas blancas, familias esperando noticias en los bancos... desde hace más de siete siglos, sin interrupción.
Lo fundó en 1288 Folco Portinari, un rico banquero florentino. La tradición cuenta que lo empujó a hacerlo una sirvienta de la familia, Monna Tessa, que cuidaba enfermos por su cuenta y le convenció de abrir unas pocas camas para los pobres. Lo que Folco no podía imaginar es que la posteridad lo recordaría por otro motivo: era el padre de Beatrice Portinari, la Beatriz de Dante.
Dante cuenta en la Vita Nuova que la vio por primera vez cuando los dos tenían nueve años, ella vestida de un rojo intenso. Y que nueve años después ella lo saludó por la calle, y aquel saludo le cambió la vida. Eso es casi todo lo que pasó entre ellos. Beatrice se casó con Simone de' Bardi, de una poderosa familia de banqueros, y murió en 1290, con unos veinticuatro años. Él no dejó de escribir sobre ella nunca... y en el Paraíso la convirtió en su guía hasta Dios.
El hospital creció hasta ser uno de los más importantes de Europa. Aquí, a comienzos del siglo XVI, Leonardo da Vinci diseccionó el cuerpo de un anciano que acababa de morir, y anotó que el hombre, pocas horas antes, le había dicho que tenía más de cien años. Y en la iglesia de Sant'Egidio, dentro del propio complejo, está enterrado Folco Portinari.
Piensa en la ironía: el padre de la mujer más idealizada de la literatura dejó a su ciudad algo nada etéreo, camas, sábanas y sopa para los enfermos. Ahora toma Via Sant'Egidio hacia el este y baja después por Borgo Pinti. Al fondo te espera un gran arco de piedra que no conduce a ninguna parte.
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4. San Pier Maggiore: el barrio de Corso Donati
Piazza di San Pier Maggiore, 50122 Firenze FI, Italy
Pasa bajo el gran arco de piedra que cierra la plaza y fíjate en que no lleva a ninguna parte: es el pórtico de una iglesia que ya no existe. San Pier Maggiore fue una de las parroquias más importantes de Florencia; la derribaron a finales del siglo XVIII porque amenazaba ruina, y solo quedó esta puerta, como un marco sin cuadro.
En tiempos de Dante este era territorio de los Donati, una de las familias nobles más antiguas y orgullosas de la ciudad, con casas y torres repartidas desde aquí hasta Via del Corso. Y Dante estaba muy ligado a ellos. Su amigo de juventud era Forese Donati, con quien cruzó sonetos llenos de insultos en broma. Y con una Donati, Gemma, se casó: el contrato de boda se firmó cuando él tenía unos doce años, como era costumbre entre familias.
Pero el Donati más temido era el hermano de Forese, Corso, al que llamaban el Barón. Valiente, arrogante y violento, encabezaba a los güelfos negros, la facción que en 1301 se apoderó de Florencia y mandó al destierro a los blancos... entre ellos, a Dante. Corso fue también quien sacó por la fuerza a su hermana Piccarda de un convento de clarisas para casarla con un aliado. Dante la colocó en el Paraíso, en el cielo de la Luna, con una dulzura que suena a reproche contra su hermano.
El final de Corso parece escrito por un poeta vengativo. En 1308, acusado de querer hacerse señor de la ciudad, huyó a caballo, cayó y lo mataron los soldados que lo perseguían, cerca de la abadía de San Salvi, a las afueras. En el Purgatorio, Dante pone en boca de Forese una profecía: verá a su hermano arrastrado por la cola de una bestia hacia el valle donde nunca se perdona. Una profecía, claro, escrita cuando Corso ya estaba muerto.
Así funcionaba la Florencia de Dante: tu cuñado podía ser tu peor enemigo político. Ahora toma Borgo degli Albizi hacia el oeste, la vieja calle de los palacios, y sigue recto por Via del Corso. En pocos minutos llegarás a un rincón donde, en cincuenta pasos, se cruzan la casa de Dante, la torre de su mujer y la iglesia de su amada.
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5. Casa di Dante, Santa Margherita de' Cerchi y la Torre dei Donati
Via Santa Margherita 1, 50122 Firenze FI, Italy
Párate en la esquina de Via Santa Margherita y gira despacio sobre ti mismo: en un radio de cincuenta pasos tienes la casa de Dante, la torre de la familia de su esposa y la iglesita ligada a la mujer que amó. Pocas veces una biografía entera cabe en un callejón.
Empecemos por la casa, la de la bandera y el busto. Te lo confieso: no es la casa original. El edificio que ves se levantó a principios del siglo XX, en estilo medieval, en la zona donde estaban las casas de los Alighieri, y alberga un museo dedicado al poeta. Dante nació en este barrio en 1265, en una familia de pequeña nobleza venida a menos, y su parroquia era San Martino del Vescovo, la capillita que tienes a un paso.
Ahora asómate, si está abierta, a Santa Margherita de' Cerchi, una iglesia diminuta y en penumbra. Aquí tenían sepultura los Portinari, y una tradición muy querida dice que Beatrice descansa en ella, y que aquí Dante se casó con Gemma Donati. Ningún documento lo confirma. Da igual: junto a una lápida verás una cesta llena de cartas que enamorados de medio mundo le dejan a Beatriz, pidiéndole ayuda con sus amores. La leyenda puede más que el archivo.
Y levanta la vista hacia la torre de los Donati, en la placita que lleva su nombre. La iglesia se llama de' Cerchi por la familia que la patrocinaba, los rivales directos de los Donati. Los Cerchi eran ricos nuevos, banqueros llegados del campo; los Donati, nobleza antigua y endeudada. Vecinos de calle, se detestaban. El primero de mayo de 1300, durante una fiesta, sus jóvenes se enzarzaron a caballo y a uno de los Cerchi le cortaron la nariz. Aquella herida incendió la guerra entre blancos y negros que acabaría mandando a Dante al exilio.
Y fíjate en la ironía final: Dante, casado con una Donati, terminó en el bando de los Cerchi. Ahora baja por Via Dante Alighieri hasta Via del Proconsolo, donde un campanario esbelto de seis lados lleva siglos marcando las horas del barrio.
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6. Badia Fiorentina: Boccaccio lee a Dante
Via del Proconsolo, 50122 Firenze FI, Italy
Levanta la mirada hacia ese campanario esbelto, de seis lados, que asoma entre los tejados frente al Bargello: es el de la Badia Fiorentina, la abadía benedictina más antigua de la ciudad. La fundó en 978 una noble, Willa, madre de Ugo, marqués de Toscana, y dentro todavía se conserva la tumba de Ugo.
En tiempos de Dante, la vida de este barrio se ordenaba al ritmo de estas campanas. En el Paraíso, su antepasado Cacciaguida recuerda la Florencia antigua, sobria y pacífica, encerrada en su primer cinturón de murallas, de donde todavía toma tercia y nona: las horas canónicas que, según los comentaristas, tocaba precisamente la Badia. Dante creció escuchándolas, a menos de cien metros de su casa.
Pero la escena que quiero contarte ocurrió medio siglo después de su muerte. En 1373, la misma Comuna de Florencia que lo había condenado a la hoguera decidió pagar lecturas públicas de la Comedia. Y eligió para darlas a Giovanni Boccaccio, el autor del Decamerón, admirador devoto de Dante. En octubre de ese año empezó a explicar el poema canto a canto en Santo Stefano di Badia, la iglesita pegada a esta abadía, ante un público de florentinos de todas las clases.
No llegó muy lejos. Viejo y enfermo, tuvo que interrumpir las lecturas en el canto XVII del Infierno, y murió en 1375. Pero algo había cambiado para siempre: un poema escrito en la lengua de la calle, el florentino que hablaban los tenderos, recibía el mismo comentario solemne que Virgilio. Y fue Boccaccio quien empezó a llamar divina a la Comedia, un adjetivo que acabaría pegado al título.
Si la iglesia está abierta, entra a ver la Aparición de la Virgen a San Bernardo de Filippino Lippi, y busca el claustro de los Naranjos, uno de los rincones más silenciosos del centro. Después baja por Via del Proconsolo hasta la Piazza San Firenze, toma Borgo dei Greci hacia el este y, antes de llegar a Santa Croce, gira a la derecha por Via de' Benci. Busca una torre con una pequeña logia a sus pies.
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7. Torre degli Alberti: anatomía de una casa-torre
Via de' Benci, 50122 Firenze FI, Italy
Aquí la calle se abre en un cruce y aparece una torre de piedra con una pequeña logia de columnas a sus pies: es la Torre degli Alberti, y en sus muros aún asoma el escudo de la familia, con sus cadenas. Es el mejor sitio del paseo para entender cómo funcionaba de verdad una casa-torre.
Fíjate en los agujeros cuadrados alineados en la piedra. No son decoración ni heridas de guerra: ahí encajaban las vigas de balcones, pasarelas y voladizos de madera. Una casa-torre medieval no era la fortaleza desnuda que imaginamos; iba vestida de madera, con galerías colgadas sobre la calle, tienda o almacén en la planta baja y vivienda arriba. Si estallaba una pelea, la madera se retiraba y la torre volvía a ser una caja de piedra con la puerta en alto.
Los Alberti eran mercaderes y banqueros güelfos, gente del comercio de la lana: la nueva aristocracia del dinero. Su poder llegó a inquietar tanto a las familias rivales que a finales del siglo XIV fueron expulsados de Florencia. Por eso el más famoso de todos ellos, Leon Battista Alberti, el arquitecto y teórico del Renacimiento, nació lejos, en Génova, en 1404, hijo de un exiliado. Destierro otra vez: en esta ciudad casi parecía un oficio familiar.
Este barrio guarda además otra memoria, más reciente. El 4 de noviembre de 1966, el Arno se desbordó y la zona de Santa Croce, una de las más bajas de Florencia, quedó bajo varios metros de agua y barro. Por estas calles verás pequeñas placas que marcan hasta dónde llegó el agua. Búscalas con la mirada: dan una idea muy física de lo que vivió la ciudad, y de los voluntarios que vinieron de todo el mundo a sacar libros y cuadros del lodo.
Las torres sobrevivieron a las guerras, a los decretos y a las inundaciones; las familias que las levantaron, no siempre. Ahora toma Via dei Neri hacia el oeste, una calle estrecha llena de olor a comida, y sigue recto pasando junto a los Uffizi. Detrás de la galería te espera una calle corta y silenciosa: Via dei Georgofili.
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8. Torre dei Pulci y Via dei Georgofili: la herida de 1993
Via dei Georgofili, 50122 Firenze FI, Italy
Entra en esta calle estrecha y callada, encajada detrás de los Uffizi, y detente ante la torre de piedra que la domina. Es la Torre dei Pulci, una vieja casa-torre medieval que desde hace mucho es la sede de la Accademia dei Georgofili, fundada en 1753 y dedicada a la agricultura: una de las academias agrarias más antiguas del mundo.
Esta calle hay que contarla en voz baja. En la madrugada del 27 de mayo de 1993, un coche cargado de explosivos estalló aquí, al pie de la torre. Fue un atentado de la Cosa Nostra siciliana, parte de la campaña de bombas con la que la mafia atacó al Estado italiano aquel año, golpeando también su patrimonio artístico. La torre se derrumbó en parte.
Murieron cinco personas. En la torre vivía la familia del custode de la Academia: Fabrizio Nencioni, su mujer Angela Fiume y sus dos hijas, Nadia, de nueve años, y Caterina, que tenía apenas cincuenta días. En un edificio cercano murió también un estudiante de arquitectura de veintidós años, Dario Capolicchio, atrapado por el fuego. Hubo decenas de heridos. Nadia escribía poesías, y uno de sus pequeños poemas, sobre el atardecer, se recuerda hoy junto a los nombres de las víctimas.
La explosión dañó también los Uffizi y su corredor: varias obras se perdieron y muchas más quedaron heridas. La ciudad respondió con una determinación casi testaruda: la galería volvió a abrir al cabo de pocas semanas y la torre fue reconstruida. Hoy una lápida recuerda a las víctimas, y cada 27 de mayo Florencia vuelve a esta calle para nombrarlas.
Dante sabía bien que la violencia política no es un capítulo cerrado de los libros, y esta calle lo confirma siete siglos después. Tómate un momento antes de seguir. Luego avanza por Via Lambertesca hasta Via Por Santa Maria, gira hacia el río y busca, casi a la entrada del Ponte Vecchio, una torre con dos cabezas de león.
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9. Torre degli Amidei: el crimen de Pascua de 1216
Via Por Santa Maria, 50122 Firenze FI, Italy
Busca en esta torre de piedra oscura, a pocos pasos del Ponte Vecchio, dos cabezas de león que asoman de la fachada como guardianes cansados. Es la Torre degli Amidei, a la que los florentinos llaman la Bigonciola. Y es una superviviente... a medias.
En agosto de 1944, las tropas alemanas en retirada volaron todos los puentes de Florencia menos el Ponte Vecchio, y para cortar el acceso a este hicieron saltar los edificios de sus dos cabeceras. Esta calle quedó convertida en escombros. La torre resultó muy dañada y se reconstruyó después de la guerra, y casi todo lo que la rodea data de la posguerra.
Pero la historia que guarda es mucho más antigua. Hacia 1215, un joven noble, Buondelmonte dei Buondelmonti, estaba prometido con una muchacha de los Amidei. Cuentan los cronistas que una dama de los Donati le mostró a su propia hija, bellísima, y le reprochó haber elegido mal. Buondelmonte rompió el compromiso y se casó con la Donati. Para los Amidei y sus aliados aquello era una humillación que solo se lavaba con sangre.
Se reunieron para decidir qué hacer, y Mosca dei Lamberti cerró la discusión con una frase que se volvió proverbio: cosa fatta capo ha, lo hecho, hecho está. La mañana de Pascua, en 1216 según la fecha más aceptada, Buondelmonte cruzó el puente a caballo, vestido de blanco, y lo asesinaron al pie de una vieja estatua de Marte que se alzaba en la cabecera. Los cronistas florentinos vieron en ese crimen el comienzo de la guerra entre güelfos y gibelinos en la ciudad. Dante pone a Mosca en el Infierno, entre los sembradores de discordia, alzando los muñones de las manos cortadas.
Una boda rota, un puente y una frase: así empieza, según la leyenda, un siglo de sangre. Ahora sube unos pasos por Via Por Santa Maria y gira a la izquierda por Via delle Terme. Enseguida verás, a la derecha, una plazuela escondida dominada por un palacio con almenas: el cuartel general de los vencedores.
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10. Palazzo di Parte Guelfa: el cuartel de los vencedores
Piazza di Parte Guelfa 1, 50123 Firenze FI, Italy
Esta plazuela escondida, a un paso del bullicio del mercado, está dominada por un palacio de piedra severo, con almenas y ventanas góticas: el Palazzo di Parte Guelfa, la sede del partido que ganó la guerra civil de la Florencia medieval. Casi nadie se detiene aquí, y es una pena.
¿Güelfos y gibelinos? En teoría, los güelfos apoyaban al Papa y los gibelinos al Emperador. En la práctica, en Florencia eran dos redes de familias, alianzas y odios heredados, como el que estalló junto al Ponte Vecchio. Durante el siglo XIII las dos facciones se expulsaron mutuamente varias veces, y cada vez que una ganaba, derribaba las torres y las casas de la otra.
En 1260, en Montaperti, cerca de Siena, los gibelinos aplastaron a los güelfos florentinos. En la asamblea de Empoli que siguió, sus aliados propusieron arrasar Florencia, y un solo hombre se opuso con todas sus fuerzas: el gibelino Farinata degli Uberti. Salvó la ciudad... y aun así Dante lo puso en el Infierno, entre los herejes, erguido en su tumba ardiente, como si despreciara el infierno entero. Pocos años después los güelfos volvieron para quedarse, y las casas de los Uberti fueron arrasadas: sobre ese solar creció con el tiempo la Piazza della Signoria.
Este palacio, sede de los capitanes del partido, se convirtió en una máquina de poder: la Parte Guelfa podía declarar gibelino a cualquiera y apartarlo de los cargos públicos. En el siglo XV trabajó en su ampliación Filippo Brunelleschi, el genio de la cúpula de la catedral, que proyectó el gran salón de la planta alta. Un siglo de guerra civil, convertido en arquitectura de despacho.
Y aquí está la última vuelta de tuerca: Dante era güelfo, y lo desterraron otros güelfos, porque el partido vencedor acabó partiéndose en blancos y negros. Ahora vuelve a Via delle Terme, sigue hacia el oeste y entra en Borgo Santi Apostoli. A mitad de calle, a la izquierda, se abre una placita con un nombre extraño: Piazza del Limbo.
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11. Santi Apostoli: las piedras del Santo Sepulcro
Piazza del Limbo 1, 50123 Firenze FI, Italy
Entra en esta placita recogida y fíjate en la fachada sencilla, casi desnuda, de Santi Apostoli, una de las iglesias más antiguas de Florencia. La plaza se llama del Limbo porque, según la tradición, aquí se enterraba a los niños que morían sin bautismo.
Junto a la puerta hay una lápida que asegura que la iglesia la fundó Carlomagno. Es pura leyenda: el edificio que ves es románico, de hacia el siglo XI. Pero es tan limpio y tan proporcionado, con sus columnas y sus arcos de medio punto, que muchos historiadores creen que Brunelleschi lo estudió con atención antes de diseñar sus propias iglesias. El Renacimiento, en cierto modo, ensayó aquí.
Pero el tesoro de esta iglesia son unas piedras. Cuenta la tradición que en 1099, durante la Primera Cruzada, un florentino llamado Pazzino de' Pazzi fue de los primeros en escalar las murallas de Jerusalén, y que como premio recibió unas lascas de piedra del Santo Sepulcro. Las trajo a Florencia, y desde hace siglos se guardan aquí, en Santi Apostoli.
Y todavía trabajan. En Semana Santa se frotan como pedernal para encender el fuego nuevo, y el Domingo de Pascua esa llama viaja en procesión hasta la catedral, donde espera un enorme carro de madera cargado de cohetes. Durante la misa, una paloma mecánica, la colombina, sale disparada desde el altar a lo largo de un cable, prende el carro y todo estalla en humo y estruendo: es el Scoppio del Carro. Si la paloma vuela bien, dicen los florentinos, el año será bueno para las cosechas.
Fíjate en la paradoja: en una ciudad que se desangraba en guerras de familias, su fiesta más popular nació del orgullo de una familia. Ahora sigue por Borgo Santi Apostoli hacia el oeste hasta el final. Allí, entre la plaza de Santa Trinita y el río, se levanta un palacio enorme y almenado: la casa de un banquero que ayudó a mandar a Dante al exilio.
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12. Palazzo Spini Feroni: el banquero de los negros
Via de' Tornabuoni 2, 50123 Firenze FI, Italy
Delante de ti se alza, almenado y enorme, el Palazzo Spini Feroni, uno de los palacios privados más grandes de la Florencia medieval, con un costado sobre la plaza de Santa Trinita y otro sobre el Arno. Lo mandó construir en 1289 Geri Spini, y con él cerramos el círculo.
Geri Spini no era un banquero cualquiera: su compañía manejaba dinero del papa Bonifacio VIII, y él fue uno de los cabecillas de los güelfos negros. Es decir, del bando que, con el apoyo de ese mismo papa, se hizo con Florencia en noviembre de 1301. Boccaccio lo convirtió en personaje: en el Decamerón, Geri Spini aparece en el cuento del panadero Cisti, y su esposa protagoniza otro, el de Madonna Oretta.
¿Y Dante? Según la tradición, en aquel otoño de 1301 estaba en Roma, como embajador ante Bonifacio, intentando defender a su ciudad. Mientras tanto Carlos de Valois entraba en Florencia y los negros tomaban el poder. En enero de 1302 lo condenaron por corrupción, una acusación política, y en marzo a morir quemado si volvía. Nunca volvió. Murió en Rávena en 1321 y allí sigue enterrado; Florencia le dedicó siglos más tarde una tumba vacía, y en 2008 el ayuntamiento revocó simbólicamente su condena.
El palacio tuvo después muchas vidas: residencia de familias nobles y, cuando Florencia fue capital de Italia, sede del ayuntamiento. En 1938 lo compró el zapatero Salvatore Ferragamo, y hoy alberga su casa de moda y un museo dedicado a su trabajo. De banquero del papa a zapatero de las estrellas: Florencia siempre ha sabido reinventar sus piedras.
Asómate al pretil del Arno y mira correr el río. Dante no volvió a verlo nunca, pero lo llevó consigo en cada verso. Has caminado desde la tumba de su maestro hasta el palacio de su enemigo, pasando por la casa de su infancia, la iglesia de su amada y las torres de quienes lo desterraron. La ciudad que lo expulsó hoy vive, en buena parte, de su nombre... y esa es quizá la última ironía de la Florencia de Dante.