Santi Apostoli: las piedras del Santo Sepulcro
Why is it significant?
Entra en esta placita recogida y fíjate en la fachada sencilla, casi desnuda, de Santi Apostoli, una de las iglesias más antiguas de Florencia. La plaza se llama del Limbo porque, según la tradición, aquí se enterraba a los niños que morían sin bautismo.
Key Facts
| Place | Santi Apostoli: las piedras del Santo Sepulcro |
|---|---|
| Address | Piazza del Limbo 1, 50123 Firenze FI, Italy |
| Geo Coordinates | 43.76920, 11.25210 |
| Part of Walk | La Florencia de Dante: güelfos, gibelinos y casas-torre medievales |
| Generated | Generated |
Entra en esta placita recogida y fíjate en la fachada sencilla, casi desnuda, de Santi Apostoli, una de las iglesias más antiguas de Florencia. La plaza se llama del Limbo porque, según la tradición, aquí se enterraba a los niños que morían sin bautismo.
Junto a la puerta hay una lápida que asegura que la iglesia la fundó Carlomagno. Es pura leyenda: el edificio que ves es románico, de hacia el siglo XI. Pero es tan limpio y tan proporcionado, con sus columnas y sus arcos de medio punto, que muchos historiadores creen que Brunelleschi lo estudió con atención antes de diseñar sus propias iglesias. El Renacimiento, en cierto modo, ensayó aquí.
Pero el tesoro de esta iglesia son unas piedras. Cuenta la tradición que en 1099, durante la Primera Cruzada, un florentino llamado Pazzino de' Pazzi fue de los primeros en escalar las murallas de Jerusalén, y que como premio recibió unas lascas de piedra del Santo Sepulcro. Las trajo a Florencia, y desde hace siglos se guardan aquí, en Santi Apostoli.
Y todavía trabajan. En Semana Santa se frotan como pedernal para encender el fuego nuevo, y el Domingo de Pascua esa llama viaja en procesión hasta la catedral, donde espera un enorme carro de madera cargado de cohetes. Durante la misa, una paloma mecánica, la colombina, sale disparada desde el altar a lo largo de un cable, prende el carro y todo estalla en humo y estruendo: es el Scoppio del Carro. Si la paloma vuela bien, dicen los florentinos, el año será bueno para las cosechas.
Fíjate en la paradoja: en una ciudad que se desangraba en guerras de familias, su fiesta más popular nació del orgullo de una familia. Ahora sigue por Borgo Santi Apostoli hacia el oeste hasta el final. Allí, entre la plaza de Santa Trinita y el río, se levanta un palacio enorme y almenado: la casa de un banquero que ayudó a mandar a Dante al exilio.