Palazzo Spini Feroni: el banquero de los negros

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Delante de ti se alza, almenado y enorme, el Palazzo Spini Feroni, uno de los palacios privados más grandes de la Florencia medieval, con un costado sobre la plaza de Santa Trinita y otro sobre el Arno. Lo mandó construir en 1289 Geri Spini, y con él cerramos el círculo.

Key Facts

PlacePalazzo Spini Feroni: el banquero de los negros
AddressVia de' Tornabuoni 2, 50123 Firenze FI, Italy
Geo Coordinates43.76970, 11.25090
Part of WalkLa Florencia de Dante: güelfos, gibelinos y casas-torre medievales
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Delante de ti se alza, almenado y enorme, el Palazzo Spini Feroni, uno de los palacios privados más grandes de la Florencia medieval, con un costado sobre la plaza de Santa Trinita y otro sobre el Arno. Lo mandó construir en 1289 Geri Spini, y con él cerramos el círculo.

Geri Spini no era un banquero cualquiera: su compañía manejaba dinero del papa Bonifacio VIII, y él fue uno de los cabecillas de los güelfos negros. Es decir, del bando que, con el apoyo de ese mismo papa, se hizo con Florencia en noviembre de 1301. Boccaccio lo convirtió en personaje: en el Decamerón, Geri Spini aparece en el cuento del panadero Cisti, y su esposa protagoniza otro, el de Madonna Oretta.

¿Y Dante? Según la tradición, en aquel otoño de 1301 estaba en Roma, como embajador ante Bonifacio, intentando defender a su ciudad. Mientras tanto Carlos de Valois entraba en Florencia y los negros tomaban el poder. En enero de 1302 lo condenaron por corrupción, una acusación política, y en marzo a morir quemado si volvía. Nunca volvió. Murió en Rávena en 1321 y allí sigue enterrado; Florencia le dedicó siglos más tarde una tumba vacía, y en 2008 el ayuntamiento revocó simbólicamente su condena.

El palacio tuvo después muchas vidas: residencia de familias nobles y, cuando Florencia fue capital de Italia, sede del ayuntamiento. En 1938 lo compró el zapatero Salvatore Ferragamo, y hoy alberga su casa de moda y un museo dedicado a su trabajo. De banquero del papa a zapatero de las estrellas: Florencia siempre ha sabido reinventar sus piedras.

Asómate al pretil del Arno y mira correr el río. Dante no volvió a verlo nunca, pero lo llevó consigo en cada verso. Has caminado desde la tumba de su maestro hasta el palacio de su enemigo, pasando por la casa de su infancia, la iglesia de su amada y las torres de quienes lo desterraron. La ciudad que lo expulsó hoy vive, en buena parte, de su nombre... y esa es quizá la última ironía de la Florencia de Dante.

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