El Muro de Berlín en la Bernauer Straße: saltos, túneles y el Mauerpark

La calle donde el Muro partió Berlín por el borde de la acera: un cementerio cortado, una iglesia volada, el túnel de los 57, las ventanas de 1961 y el parque nacido en la franja de la muerte

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  1. 1. Sophienfriedhof: un cementerio partido por la frontera

    Bergstraße 29, 10115 Berlin, Germany

    Cruza la verja de la Bergstraße y deja que el ruido de la ciudad se apague a tu espalda: castaños enormes, hiedra trepando por las lápidas, algún mirlo rebuscando entre las hojas secas. Es uno de esos rincones de Berlín donde el tiempo parece ir más despacio... y precisamente por eso empezamos aquí, en silencio.

    Estás en el segundo cementerio de la parroquia de Santa Sofía, la Sophiengemeinde, abierto en el siglo XIX cuando el viejo camposanto del barrio se quedó pequeño. Berlín crecía a un ritmo frenético, y también necesitaba sitio para sus muertos. Entre estas tumbas descansa Albert Lortzing, autor de óperas cómicas que llenaban los teatros de media Alemania, y que murió en 1851 pobre y casi olvidado. Muy cerca, en el viejo camposanto junto a la iglesia de Santa Sofía, descansa el historiador Leopold von Ranke, el hombre que pedía contar el pasado «tal como realmente fue». Guárdate esa frase, porque hoy la vas a necesitar.

    En agosto de 1961 la frontera cayó justo sobre el límite norte de este cementerio. La acera de la Bernauer Straße pertenecía al Berlín occidental, al sector francés, pero las casas y las tumbas de este lado quedaban en el Este. Con los años, la RDA fue ensanchando la franja de la muerte, y una parte del cementerio desapareció bajo arena rastrillada, focos y caminos de patrulla. Hubo tumbas que se trasladaron, y familias que de un día para otro ya no podían acercarse al lugar donde lloraban a los suyos.

    Piénsalo un momento: durante casi tres décadas se siguió enterrando a gente aquí, con el Muro como telón de fondo. Los cortejos fúnebres avanzaban despacio entre las lápidas mientras, a pocos metros, un guardia los observaba desde su torre. Un lugar que por definición debería ser de paz convertido en zona militar... Es una imagen que resume muy bien lo absurdo de aquella frontera, que no respetaba ni a los vivos ni a los muertos.

    Hoy, donde estuvo la franja, crece otra vez la hierba, y la memoria ha ocupado el sitio de las alambradas. Sal hacia la Bernauer Straße y camina hacia el noroeste, por el borde del antiguo cementerio. Allí te espera una larga pared de acero oxidado llena de rostros que te miran.

  2. 2. Ventana del Recuerdo: los rostros de las víctimas del Muro

    Bernauer Straße / Ackerstraße, 10115 Berlin, Germany

    Acércate a esta larga pared de acero oxidado y verás que está hecha de pequeñas ventanas. En cada hueco hay una fotografía, un nombre y dos fechas. Algunas caras sonríen como en una foto de carné; en otros huecos no hay rostro, porque nadie conservó una imagen de esa persona.

    Es la Ventana del Recuerdo, el Fenster des Gedenkens, inaugurada en 2010 como parte del memorial de la Bernauer Straße. Recuerda a quienes perdieron la vida en el Muro de Berlín entre 1961 y 1989. La investigación del propio memorial ha documentado al menos 140 muertes: personas que intentaban huir, pero también guardias fronterizos, y gente que no tenía ninguna intención de cruzar y murió por un disparo perdido o por un error.

    Fíjate en las fechas de nacimiento. Hay adolescentes que apenas habían salido del colegio, hay jubilados, hay padres de familia. Entre ellos hay incluso un bebé de poco más de un año, que murió asfixiado durante la huida de sus padres, escondido en un vehículo. Y hay nombres que volverás a oír en este paseo, porque murieron a pocos metros de donde estás ahora.

    El lugar no es casual. La ventana se levanta sobre terrenos del antiguo cementerio de Santa Sofía, justo donde corría la franja de la muerte. Bajo tus pies hubo arena rastrillada para delatar cualquier huella, cables de alarma y un camino por el que patrullaban los guardias con perros. Las excavaciones del memorial sacaron a la luz restos de aquellas instalaciones, y en el suelo verás marcas que indican dónde estaban. Todo lo que ves alrededor, la hierba, los senderos, los paneles, está pensado para que leas el terreno como un documento.

    Tómate tu tiempo. Lee dos o tres nombres en voz baja, como hace mucha gente que pasa por aquí. Después cruza al otro lado de la calle, al lado que fue occidental. Allí, un edificio con una torre de observación te permitirá ver la frontera desde arriba, tal como la veían los berlineses del Oeste.

  3. 3. Centro de Documentación: la frontera vista desde arriba

    Bernauer Straße 111, 13355 Berlin, Germany

    Sube a la torre de observación del Centro de Documentación y asómate a la barandilla. A tus pies tienes uno de los pocos tramos de Berlín donde la frontera se conserva con todas sus capas, de un muro a otro, como un corte geológico de la Guerra Fría.

    Léela de lado a lado, como si fuera un libro. Primero, el muro exterior, el que daba al Oeste, hecho de grandes piezas de hormigón. Después, la franja de la muerte: arena, el camino de patrulla, farolas que lo iluminaban todo de noche y una torre de vigilancia. Más allá, una valla con sensores que avisaba a los guardias, y al fondo el muro interior, que impedía a los propios vecinos del Este acercarse siquiera. Lo que en las postales se llama «el Muro» era en realidad un sistema entero.

    Este tramo es un monumento desde 1998, cerrado en sus extremos por dos altas paredes de acero que reflejan el paisaje como un espejo. Un año después, en 1999, abrió el centro de documentación en la antigua casa parroquial de la iglesia de la Reconciliación, y en 2003 se añadió esta torre. Hoy el memorial se extiende a lo largo de unos 1,4 kilómetros de la Bernauer Straße, y es el gran lugar central de recuerdo del Muro en Alemania.

    Lo increíble es que la frontera pasara justo por aquí, y no por un descampado. La Bernauer Straße era una calle corriente, con tiendas, portales y vecinos que se conocían de toda la vida. El 13 de agosto de 1961 la gente se despertó y descubrió que la acera pertenecía al sector francés del Oeste, mientras que las fachadas de las casas eran del Este. Bastaba con salir del portal para cambiar de mundo... hasta que el portal se tapió.

    En los años ochenta, desde plataformas de observación levantadas en el lado occidental, los berlineses del Oeste miraban al otro lado y saludaban con la mano a parientes que no podían abrazar. Baja ahora a la calle y camina unos pasos hacia el este. Verás un pequeño edificio ovalado de color tierra, que ocupa el lugar de una iglesia que el régimen hizo saltar por los aires.

  4. 4. Capilla de la Reconciliación: la iglesia volada en 1985

    Bernauer Straße 4, 10115 Berlin, Germany

    Fíjate en este edificio ovalado, envuelto en listones de madera, con paredes de un color tierra cálido y rugoso. No es una cabaña de diseño: es una iglesia. Y su material esconde una historia que puedes tocar con la mano.

    Aquí se levantaba la iglesia de la Reconciliación, la Versöhnungskirche, un templo neogótico de ladrillo inaugurado en 1894, con una torre altísima que se veía desde todo el barrio. En 1961 el Muro la dejó atrapada en plena franja de la muerte. Los feligreses del Oeste ya no podían entrar, y los del Este tampoco: la iglesia quedó cerrada, vacía, convertida en una pieza más del paisaje fronterizo. Una iglesia llamada Reconciliación, en medio de la frontera más hostil de Europa... la ironía no se le escapaba a nadie.

    En enero de 1985 el régimen de la RDA la hizo volar con explosivos: primero la nave y, unos días después, la torre. Las imágenes de la aguja desplomándose entre una nube de polvo dieron la vuelta al mundo. La justificación oficial fue mejorar la seguridad de la frontera. Nadie podía imaginar que, menos de cinco años después, el propio Muro también iba a caer.

    Y ahora viene lo bonito. Tras la reunificación, la comunidad no quiso reconstruir la iglesia antigua, sino levantar esta capilla, consagrada en el año 2000. Sus paredes son de tierra apisonada, una técnica antiquísima, y en esa tierra se mezclaron fragmentos de ladrillo de la iglesia dinamitada. Es decir, los escombros de la destrucción forman parte de los nuevos muros. Junto a la capilla cuelgan las campanas de la iglesia original, que se salvaron, y dentro se conserva el antiguo retablo, con las cicatrices de su historia.

    En esta capilla se celebra con regularidad una breve oración en la que se cuenta la vida de una víctima del Muro, una a una, con su nombre y su historia. Es una forma muy sencilla de devolverles lo que la frontera les quitó. Sal y sigue hacia el este, hasta la Strelitzer Straße: en un patio de ese lado, el oriental, terminó uno de los túneles de fuga más famosos de la Guerra Fría.

  5. 5. Tunnel 57: la gran fuga bajo la Bernauer Straße

    Strelitzer Straße 55, 10115 Berlin, Germany

    Detente junto a la esquina de la Strelitzer Straße y mira el suelo del memorial. Unas marcas de metal señalan el trazado de varios túneles de fuga que pasaban por debajo de esta calle, a muchos metros de profundidad. Uno de ellos terminaba justo en un patio de este lado.

    Durante meses, un grupo de jóvenes, muchos de ellos estudiantes que ya habían huido al Oeste, cavó desde el sótano de una panadería abandonada en el número 97 de la Bernauer Straße, en el lado occidental. Excavaban tumbados, a mano, a unos doce metros bajo tierra, con el agua filtrándose por las paredes y el miedo a que todo se derrumbara. El objetivo era un viejo retrete en el patio de la Strelitzer Straße 55, al otro lado de la frontera.

    En las noches del 3 y el 4 de octubre de 1964, la contraseña corrió en voz baja entre los que querían huir. Uno tras otro bajaron por aquel retrete, se arrastraron unos 145 metros bajo la franja de la muerte y salieron en el Oeste, cubiertos de barro. Fueron 57 personas, y por eso el túnel pasó a la historia como Tunnel 57: una de las mayores fugas colectivas en la historia del Muro.

    Pero la segunda noche, unos agentes de la Stasi se presentaron haciéndose pasar por fugitivos y dieron la alarma. Hubo un tiroteo en el patio, y un joven guardia fronterizo de 21 años, Egon Schultz, murió. La RDA lo convirtió en mártir y culpó a los «agentes del Oeste». Solo tras la caída del Muro los archivos revelaron que la bala mortal había salido del fusil de un compañero suyo, aunque antes le había herido un disparo de uno de los ayudantes de la fuga. Una tragedia en la que nadie salió indemne.

    Aquí entiendes por qué la Bernauer Straße fue la calle de los túneles: el subsuelo arenoso de Berlín se dejaba excavar, y el Oeste estaba literalmente al otro lado de la acera. Sigue por la Bernauer Straße hacia el este, hasta el cruce con la Brunnenstraße, donde todo empezó con unas ventanas abiertas.

  6. 6. Brunnenstraße e Ida Siekmann: las ventanas de 1961

    Bernauer Straße / Brunnenstraße, 10115 Berlin, Germany

    Colócate en la esquina donde la Bernauer Straße se cruza con la Brunnenstraße e imagina, a lo largo de la acera, una hilera de bloques de pisos de cuatro y cinco plantas. Sus fachadas daban al Oeste. Sus portales, sus escaleras y sus inquilinos estaban en el Este.

    La Brunnenstraße, la calle de la Fuente, debe su nombre a un manantial: llevaba hacia el Gesundbrunnen, un pequeño balneario de aguas minerales que en el siglo XVIII atraía a los berlineses al norte de la ciudad. Con la industrialización se convirtió en una gran arteria obrera, llena de talleres y tranvías. En 1961 el Muro la cortó en seco aquí mismo, en este cruce.

    En los primeros días de la frontera, los portales de estas casas se tapiaron, pero las ventanas seguían dando al Oeste. Y la gente empezó a saltar. Desde los pisos bajos y desde los altos, con colchones, con cuerdas hechas de sábanas anudadas. Los bomberos de Berlín occidental desplegaban lonas de salto en la acera, mientras los policías del Este intentaban sujetar a los fugitivos desde dentro, tirándoles de los brazos. Más de una escena terminó en un forcejeo literal entre dos mundos.

    El 22 de agosto de 1961, Ida Siekmann, enfermera, que vivía en el número 48, tiró primero su ropa de cama a la calle y luego saltó desde su piso. No esperó a los bomberos. Se hirió de gravedad y murió camino del hospital. Era la víspera de su cumpleaños número 59, y se convirtió en la primera víctima mortal del Muro de Berlín. Una piedra junto a la acera la recuerda, y casi siempre hay flores frescas sobre ella.

    En septiembre las autoridades desalojaron a los vecinos y tapiaron también las ventanas; años después, las casas fueron demolidas, y solo quedaron algunas fachadas como parte del muro. Desde aquí, sigue la Bernauer Straße unos minutos más hacia el este, hasta la esquina de la Ruppiner Straße. Allí, un policía de 19 años protagonizó una de las fotos más famosas de la Guerra Fría.

  7. 7. Conrad Schumann: el salto sobre el alambre

    Bernauer Straße / Ruppiner Straße, 10115 Berlin, Germany

    Quédate en esta esquina y busca en tu memoria una imagen que conoces aunque no sepas de dónde viene: un joven de uniforme y casco de acero, suspendido en el aire por encima de un rollo de alambre de espino, con el fusil todavía al hombro.

    Se llamaba Conrad Schumann, tenía 19 años y servía en la policía de alerta de la RDA. El 15 de agosto de 1961, apenas dos días después de que empezara el cierre de la frontera, le tocó vigilar este cruce, donde por entonces solo había una alambrada baja. Al otro lado, en la acera occidental, se juntó una pequeña multitud que lo animaba a cruzar. Él iba y venía, miraba el alambre, miraba a sus compañeros...

    Y entonces corrió. Un salto, el alambre bajo las botas, y aterrizó en el Oeste. Un coche de la policía occidental lo esperaba y se lo llevó en cuestión de segundos. El fotógrafo Peter Leibing apretó el disparador justo en el instante del salto, y esa foto dio la vuelta al mundo como símbolo de la huida hacia la libertad. En pocas horas, un desconocido de diecinueve años se había convertido en un icono.

    La historia no terminó como en las películas. Schumann rehízo su vida en Baviera, se casó y trabajó durante años en una fábrica, pero aquella foto lo persiguió siempre, y vivió con el temor de que la Stasi lo vigilara. En 1998, casi una década después de la caída del Muro, se quitó la vida. Detrás de cada imagen famosa hay una persona de carne y hueso, y no siempre la libertad basta para curar las heridas.

    Hoy, en esta esquina, un panel del memorial cuenta su salto, y unas varillas de acero oxidado siguen en el suelo el trazado del Muro, para que veas por dónde iba sin necesidad de reconstruirlo. Ahora deja la Bernauer Straße y adéntrate en lo que fue el Este, hacia el sur, hasta la Arkonaplatz: una placita que vivió la división desde el otro lado.

  8. 8. Arkonaplatz: la vida a dos manzanas del Muro

    Arkonaplatz, 10435 Berlin, Germany

    Entra en la Arkonaplatz, una plaza pequeña rodeada de edificios de finales del siglo XIX, con árboles altos, juegos infantiles y bancos donde los vecinos leen al sol. Parece el lugar más tranquilo del mundo... y lo es. Pero mira hacia el norte: la frontera estaba a dos manzanas.

    La plaza lleva el nombre del cabo Arkona, el acantilado que marca el extremo norte de la isla de Rügen, en el Báltico. Todo este barrio nació en el gran boom de la industrialización, con bloques de alquiler, patios interiores encadenados uno detrás de otro y familias obreras apiñadas en pisos diminutos. Era el Berlín de las Mietskasernen, los cuarteles de alquiler, donde el sol apenas llegaba al tercer patio.

    Durante la división, esta zona quedó en el Este, en un rincón pegado a la frontera. Las casas se fueron cayendo a pedazos: el régimen prefería levantar bloques nuevos en las afueras antes que restaurar edificios viejos. Muchos pisos quedaron vacíos y, en los años ochenta, jóvenes artistas e inconformistas se instalaban en ellos sin permiso. Un barrio en ruinas, sí, pero también un pequeño refugio para quien no encajaba en el molde.

    A pocos minutos al sur se alza la Zionskirche, donde el joven pastor Dietrich Bonhoeffer dio clases de catecismo a principios de los años treinta. En los bajos de su casa parroquial funcionó desde 1986 la Umweltbibliothek, la Biblioteca Ecológica, un rincón de la oposición donde se imprimían boletines clandestinos. En noviembre de 1987 la Stasi la asaltó de noche y detuvo a varios activistas. Lejos de silenciarlos, el registro provocó vigilias de protesta con velas, y dos años después el régimen entero se desmoronaba.

    Hoy la plaza se llena de familias, de cafés en las esquinas y de puestos de segunda mano, y casi nadie piensa en lo que fue. Sal por el lado norte, vuelve a la Bernauer Straße y síguela hacia el este, hasta la gran entrada del Mauerpark, el Parque del Muro.

  9. 9. Mauerpark: el parque que nació en la franja de la muerte

    Bernauer Straße 63-64, 13355 Berlin, Germany

    Atraviesa la entrada de la Bernauer Straße y deja que se abra ante ti una gran pradera, con una ladera de hierba a la derecha, gente tumbada al sol, bicicletas, perros y algún músico afinando la guitarra. Bienvenido al Mauerpark, el Parque del Muro.

    Antes de la guerra, todo esto era una enorme superficie de vías y almacenes del ferrocarril, parte de las instalaciones de la línea del norte. Luego llegó la frontera: aquí se tocaban el barrio de Wedding, en el sector francés, y Prenzlauer Berg, en el Este. El terreno se convirtió en franja de la muerte, ancha, desnuda, iluminada día y noche. Durante casi tres décadas, este fue uno de los lugares más vacíos y vigilados de la ciudad.

    Cuando cayó el Muro, los vecinos de ambos lados empezaron a usar el descampado como si fuera suyo. Y lo consiguieron: en 1994 se inauguró el parque, y su nombre lo dice todo. Durante años fue el gran patio trasero del Berlín alternativo, con barbacoas, malabaristas, conciertos improvisados y partidos de fútbol sin reglas. Una franja que había sido de nadie se convirtió, de golpe, en de todos.

    Muchos domingos, el anfiteatro de piedra de la ladera se transforma en un karaoke al aire libre: cualquiera puede subir y cantar ante cientos de desconocidos, que aplauden con la misma generosidad a una diva que a alguien que desafina sin remedio. Al lado se monta un enorme mercadillo de pulgas, con discos viejos, bicicletas y lámparas de la RDA. Que el lugar más vigilado de la ciudad sea hoy el más ruidoso y libre tiene algo de justicia poética.

    Pero el Mauerpark todavía guarda un trozo auténtico de su pasado. Sube por la ladera hacia el norte, siguiendo el lado este del parque, y busca un largo muro cubierto de grafitis. No es un decorado.

  10. 10. El muro interior del Mauerpark

    Mauerpark, Gleimstraße, 10437 Berlin, Germany

    Pon la mano sobre este muro de hormigón, cubierto por capas y capas de pintura, firmas y dibujos que cambian casi cada semana. Parece una pared de grafiti cualquiera. En realidad, es un fragmento auténtico de la frontera de Berlín.

    Pero no es el Muro que salía en las fotos de los periódicos occidentales. Este es el muro interior, el Hinterlandmauer, el que miraba hacia el Este. Su misión no era frenar a ningún enemigo de fuera: estaba ahí para que los propios ciudadanos de la RDA no pudieran ni siquiera acercarse a la franja. El muro exterior, el que daba al Oeste, corría más allá, al otro lado de la explanada.

    Detrás de ti se extiende el estadio Friedrich-Ludwig-Jahn, uno de los grandes recintos deportivos del Berlín oriental, y más allá los bloques de Prenzlauer Berg. Quien vivía en esas calles podía oír el Oeste, ver sus luces por la noche, pero entre él y ellos había este muro, una valla de alarma, la arena rastrillada, los guardias y, al final, la pared exterior. Capa tras capa, como una cebolla de hormigón.

    Hoy, este pedazo de muro es un lienzo: aquí se permite pintar, y artistas y aficionados de medio mundo vienen a dejar su huella con un bote de espray. Lo que se construyó para separar a la gente se ha convertido en un lugar donde se juntan desconocidos, se piden prestados colores y se fotografían unos a otros. Si vuelves dentro de un mes, no lo reconocerás. Y eso también es una victoria: un muro que ya no puede quedarse quieto.

    Sigue el muro hacia el norte, con el estadio a tu derecha, hasta que el parque se estrecha y aparece una pasarela sobre las vías del tren. Es la última parada... y el mejor mirador para despedirte de la frontera.

  11. 11. Schwedter Steg: el puente sobre la antigua frontera

    Schwedter Steg, 10437 Berlin, Germany

    Sube a la pasarela del Schwedter Steg y asómate a la barandilla. Bajo tus pies corren las vías del tren en todas direcciones, y los convoyes del S-Bahn pasan rugiendo hacia la estación de Gesundbrunnen. A un lado, Wedding; al otro, Prenzlauer Berg; y tú estás justo encima de la línea que los separó.

    Esta pasarela para peatones y ciclistas es moderna, de después de la reunificación, y une barrios que durante casi tres décadas pertenecieron a dos países distintos. Un poco más al sur, la Gleimstraße pasa bajo las vías por un viejo túnel ferroviario, el Gleimtunnel. Entre 1961 y 1989 estuvo cerrado por la frontera: la calle se cortaba en seco, y al otro lado del túnel empezaba el Oeste.

    Y ahora mira hacia el nordeste. A poco más de un kilómetro, en la Bornholmer Straße, había uno de los pasos fronterizos de la ciudad. La noche del 9 de noviembre de 1989, después de una rueda de prensa confusa en la que un portavoz del régimen anunció que los viajes se permitían «de inmediato», miles de personas se agolparon allí. Hacia las once y media de la noche, el oficial al mando, desbordado, mandó abrir la barrera. Fue el primer paso fronterizo de Berlín que se abrió.

    Piensa en todo lo que has recorrido: un cementerio partido, una pared de rostros, una iglesia volada, un túnel, unas ventanas convertidas en trampolín, un salto sobre el alambre y un muro interior lleno de color. Todo en una sola calle y sus alrededores. Pocas calles del mundo concentran tanta historia en tan poco espacio como la Bernauer Straße.

    Leopold von Ranke, el historiador enterrado junto a la Sophienkirche, quería contar el pasado tal como fue. En la Bernauer Straße, Berlín decidió algo parecido: no borrarlo ni maquillarlo, sino dejar las cicatrices a la vista para que nadie las olvide. La estación de Gesundbrunnen queda muy cerca, hacia el oeste... y la ciudad entera, ya sin muros, te espera en cualquier dirección.