Mauerpark: el parque que nació en la franja de la muerte

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Atraviesa la entrada de la Bernauer Straße y deja que se abra ante ti una gran pradera, con una ladera de hierba a la derecha, gente tumbada al sol, bicicletas, perros y algún músico afinando la guitarra. Bienvenido al Mauerpark, el Parque del Muro.

Key Facts

PlaceMauerpark: el parque que nació en la franja de la muerte
AddressBernauer Straße 63-64, 13355 Berlin, Germany
Geo Coordinates52.54130, 13.40200
Part of WalkEl Muro de Berlín en la Bernauer Straße: saltos, túneles y el Mauerpark
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Atraviesa la entrada de la Bernauer Straße y deja que se abra ante ti una gran pradera, con una ladera de hierba a la derecha, gente tumbada al sol, bicicletas, perros y algún músico afinando la guitarra. Bienvenido al Mauerpark, el Parque del Muro.

Antes de la guerra, todo esto era una enorme superficie de vías y almacenes del ferrocarril, parte de las instalaciones de la línea del norte. Luego llegó la frontera: aquí se tocaban el barrio de Wedding, en el sector francés, y Prenzlauer Berg, en el Este. El terreno se convirtió en franja de la muerte, ancha, desnuda, iluminada día y noche. Durante casi tres décadas, este fue uno de los lugares más vacíos y vigilados de la ciudad.

Cuando cayó el Muro, los vecinos de ambos lados empezaron a usar el descampado como si fuera suyo. Y lo consiguieron: en 1994 se inauguró el parque, y su nombre lo dice todo. Durante años fue el gran patio trasero del Berlín alternativo, con barbacoas, malabaristas, conciertos improvisados y partidos de fútbol sin reglas. Una franja que había sido de nadie se convirtió, de golpe, en de todos.

Muchos domingos, el anfiteatro de piedra de la ladera se transforma en un karaoke al aire libre: cualquiera puede subir y cantar ante cientos de desconocidos, que aplauden con la misma generosidad a una diva que a alguien que desafina sin remedio. Al lado se monta un enorme mercadillo de pulgas, con discos viejos, bicicletas y lámparas de la RDA. Que el lugar más vigilado de la ciudad sea hoy el más ruidoso y libre tiene algo de justicia poética.

Pero el Mauerpark todavía guarda un trozo auténtico de su pasado. Sube por la ladera hacia el norte, siguiendo el lado este del parque, y busca un largo muro cubierto de grafitis. No es un decorado.

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