El muro interior del Mauerpark
Why is it significant?
Pon la mano sobre este muro de hormigón, cubierto por capas y capas de pintura, firmas y dibujos que cambian casi cada semana. Parece una pared de grafiti cualquiera. En realidad, es un fragmento auténtico de la frontera de Berlín.
Key Facts
| Place | El muro interior del Mauerpark |
|---|---|
| Address | Mauerpark, Gleimstraße, 10437 Berlin, Germany |
| Geo Coordinates | 52.54480, 13.40280 |
| Part of Walk | El Muro de Berlín en la Bernauer Straße: saltos, túneles y el Mauerpark |
| Generated | Generated |
Pon la mano sobre este muro de hormigón, cubierto por capas y capas de pintura, firmas y dibujos que cambian casi cada semana. Parece una pared de grafiti cualquiera. En realidad, es un fragmento auténtico de la frontera de Berlín.
Pero no es el Muro que salía en las fotos de los periódicos occidentales. Este es el muro interior, el Hinterlandmauer, el que miraba hacia el Este. Su misión no era frenar a ningún enemigo de fuera: estaba ahí para que los propios ciudadanos de la RDA no pudieran ni siquiera acercarse a la franja. El muro exterior, el que daba al Oeste, corría más allá, al otro lado de la explanada.
Detrás de ti se extiende el estadio Friedrich-Ludwig-Jahn, uno de los grandes recintos deportivos del Berlín oriental, y más allá los bloques de Prenzlauer Berg. Quien vivía en esas calles podía oír el Oeste, ver sus luces por la noche, pero entre él y ellos había este muro, una valla de alarma, la arena rastrillada, los guardias y, al final, la pared exterior. Capa tras capa, como una cebolla de hormigón.
Hoy, este pedazo de muro es un lienzo: aquí se permite pintar, y artistas y aficionados de medio mundo vienen a dejar su huella con un bote de espray. Lo que se construyó para separar a la gente se ha convertido en un lugar donde se juntan desconocidos, se piden prestados colores y se fotografían unos a otros. Si vuelves dentro de un mes, no lo reconocerás. Y eso también es una victoria: un muro que ya no puede quedarse quieto.
Sigue el muro hacia el norte, con el estadio a tu derecha, hasta que el parque se estrecha y aparece una pasarela sobre las vías del tren. Es la última parada... y el mejor mirador para despedirte de la frontera.