La Sevilla de la Macarena: murallas, conventos y hermandades
Del Gran Poder a la Esperanza Macarena: la Alameda de Hércules, el palacio donde nació Machado, monjas que hacen mermelada, iglesias mudéjares, la muralla almohade y un hospital convertido en Parlamento
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1. Plaza de San Lorenzo y Basílica del Gran Poder
Plaza de San Lorenzo 13, 41002 Sevilla, Spain
Fíjate en la gente que cruza la Plaza de San Lorenzo sin turistear: señoras con la bolsa de la compra, hombres con corbata, chavales con mochila, y todos entran un momento en ese templo de fachada clásica, al lado de la vieja parroquia. Van a ver al Señor. Así, sin más. En Sevilla, cuando alguien dice el Señor, todo el mundo sabe que habla del Gran Poder.
La talla de Jesús del Gran Poder la hizo Juan de Mesa en 1620, un escultor cordobés discípulo de Martínez Montañés que murió joven, con poco más de cuarenta años. Es un Cristo que camina cargado con la cruz, con la zancada larga y la cara de un hombre agotado que, sin embargo, no se detiene. Cuatro siglos después, sigue siendo la imagen ante la que más sevillanos se arrodillan.
La basílica que lo guarda es mucho más reciente de lo que parece: se construyó entre 1959 y 1965, obra de los arquitectos Antonio Delgado Roig y Alberto Balbontín. Antes, el Señor vivía en la iglesia de San Lorenzo, aquí al lado, un templo gótico-mudéjar que sigue en pie y que merece su propia visita.
La noche de la Madrugá, el Gran Poder sale a la calle con sus nazarenos de túnica negra, muchos cargando cruces, en un silencio que impresiona incluso a quien no cree en nada. No hay música delante del paso de Cristo. Solo el roce de las sandalias, el olor a cera y, de vez en cuando, una saeta que rompe la noche desde un balcón. Los costaleros lo llevan con un paso tan particular que parece que el Señor va andando de verdad.
Y al día siguiente, la vida vuelve a la plaza como si nada: niños jugando, bares abiertos y el Señor esperando dentro a los fieles que entran a rezarle cada día. Así es la religiosidad sevillana, muy cerca de lo cotidiano. Sal de la plaza hacia el este y en un par de minutos desembocas en la Alameda de Hércules.
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2. Alameda de Hércules: las columnas de Hércules y César
Alameda de Hércules, 41002 Sevilla, Spain
Ponte al pie de esas dos columnas altísimas, de mármol gris, con una estatua en lo alto de cada una: a un lado Hércules, al otro Julio César. Son columnas romanas de verdad, y llevan aquí más de cuatrocientos años vigilando la Alameda.
Este paseo nació de un problema. Aquí había una laguna, una zona baja donde se encharcaba el agua de las crecidas del río y que olía como te puedes imaginar. En 1574, el conde de Barajas, que gobernaba la ciudad como asistente del rey, la mandó desecar y plantar de álamos. De ahí viene el nombre: alameda, lugar de álamos. Dicen que es uno de los primeros paseos públicos arbolados de Europa.
Para presidirlo trajeron tres columnas de un templo romano que había en la actual calle Mármoles, en el centro. Cuentan que una se rompió por el camino; las otras dos acabaron aquí, coronadas por Hércules y César. No los pusieron por casualidad. La tradición decía que Hércules fundó Sevilla y que Julio César la rodeó de murallas, y en la vieja Puerta de Jerez se leía: Hércules me edificó, Julio César me cercó de muros y torres altas, el Rey Santo me ganó. Guárdate esa frase, porque en este paseo vamos a seguir esas murallas.
La Alameda ha tenido mil vidas. Fue paseo de nobles, luego barrio de tabernas, de flamenco y de mala fama, y hoy es el salón de la Sevilla más alternativa, con terrazas, bares y niños jugando en la arena. Por eso al otro extremo del paseo tiene su estatua la cantaora Pastora Pavón, la Niña de los Peines, sevillana de 1890 y una de las voces más grandes que ha dado el flamenco.
Lo bonito es que en la Alameda conviven sin pelearse una Sevilla que reza y otra que trasnocha, y a veces son las mismas personas. Cruza ahora el paseo hacia el este y sube por las calles estrechas hacia la calle Feria. Buscamos una torre mudéjar que lleva en pie desde poco después de la Reconquista.
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3. Iglesia de Omnium Sanctorum y la calle Feria
Calle Peris Mencheta, 41002 Sevilla, Spain
Mira la torre de ladrillo de Omnium Sanctorum, con ese dibujo de rombos entrelazados en la parte alta: si te recuerda a la Giralda, vas bien. Ese motivo se llama sebka, y es la firma almohade que los alarifes musulmanes siguieron usando cuando ya trabajaban para los reyes cristianos.
Cuando Fernando III conquistó Sevilla en 1248, repartió la ciudad en collaciones, barrios organizados alrededor de una parroquia. Omnium Sanctorum, la de Todos los Santos, es una de aquellas parroquias originales, y la iglesia que ves se fue levantando en el siglo XIV en estilo gótico-mudéjar: arcos apuntados cristianos, ladrillo y decoración de raíz islámica. Esa mezcla es la marca de las iglesias de esta parte de la ciudad.
La calle Feria, en la que estás, es la arteria del barrio, y cada jueves por la mañana se llena con el Jueves, un mercadillo de cosas viejas que se celebra aquí desde la Edad Media. Cuadros, llaves, discos, muebles cojos... los sevillanos dicen que en el Jueves se encuentra de todo, incluso lo que te robaron la semana anterior.
Pero esta iglesia guarda una cicatriz. En julio de 1936, tras el golpe militar, los barrios obreros del norte de Sevilla resistieron unos días a las tropas de Queipo de Llano, y en esos días ardieron varias iglesias, entre ellas esta. Se perdieron retablos e imágenes. Y cuando los barrios cayeron, la represión fue durísima, con fusilamientos que duraron meses. Las dos memorias, la del templo quemado y la de los vecinos fusilados, conviven en estas mismas calles.
Omnium Sanctorum se reconstruyó, y hoy es sede de la hermandad de los Javieres, que sale el Martes Santo. Fíjate en el ladrillo de la fachada: aún se notan las restauraciones. Ahora baja por la calle Feria hacia el sur y luego desvíate hacia el este buscando la calle Dueñas, donde, entre limoneros, nació un poeta.
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4. Palacio de las Dueñas: el patio de Machado
Calle Dueñas 5, 41003 Sevilla, Spain
Asómate a la portada del Palacio de las Dueñas y deja que la vista se te vaya hacia dentro: un arco, un jardín, una buganvilla que se derrama por la pared. Detrás hay patios mudéjares, fuentes, naranjos y limoneros. Y en la fachada, una placa recuerda que aquí nació, el 26 de julio de 1875, Antonio Machado.
¿Por qué Dueñas? Por las monjas. Junto al palacio estaba el monasterio de Santa María de las Dueñas, y en castellano antiguo dueña era una señora de cierta posición, en este caso las religiosas. El convento se derribó en 1868, en los años revueltos de la Gloriosa, pero el nombre se quedó pegado a la casa como si fuera suyo.
El palacio se levantó a finales del siglo XV, y a partir de 1496 fue de Catalina de Ribera, una mujer clave en esta historia: fundó el hospital que veremos al final del paseo, el de las Cinco Llagas. Desde 1612 pertenece a la Casa de Alba, y aquí vivió y murió en 2014 Cayetana Fitz-James Stuart, la duquesa más famosa de España, que lo adoraba por encima de todos sus palacios.
El padre de Machado alquiló una de las viviendas del recinto, y el niño vivió aquí sus primeros años antes de que la familia se mudara a Madrid. De aquel patio sale uno de los versos más conocidos de la poesía española: mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero. Cuando leas ese verso, ya sabrás de qué limonero hablaba.
Es curioso: un poeta laico, republicano, que murió en el exilio en 1939, nacido en un palacio con nombre de monjas en el barrio más cofrade de Sevilla. Machado escribió también sobre la saeta y sobre el Cristo de los gitanos, con una mezcla de respeto y distancia muy suya. Sigue ahora por la calle Dueñas y luego hacia el norte, hasta la plaza de San Marcos y su torre mudéjar.
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5. Iglesia de San Marcos: la torre hermana de la Giralda
Plaza de San Marcos, 41003 Sevilla, Spain
Rodea la iglesia de San Marcos hasta que tengas delante su torre, y mírala de abajo arriba: ladrillo, ventanas de arco, y arriba esa red de rombos que ya reconoces. Muchos sevillanos la llaman la hermana pequeña de la Giralda, y no es una exageración.
La iglesia se construyó en el siglo XIV, en el gótico-mudéjar típico de esta parte de la ciudad. La portada principal es gótica, con sus arquivoltas de piedra y sus imágenes, mientras que la torre tiene el lenguaje decorativo de los almohades. Algunos historiadores creen que su parte baja pudo aprovechar un alminar de una mezquita anterior; otros piensan que es obra cristiana que imitó ese estilo. Sea como sea, es una torre que reza en dos idiomas.
Fíjate en el silencio de la plaza, rodeada de conventos. Enfrente tienes el de Santa Isabel, uno de los muchos que hacen de este barrio un laberinto de muros altos y celosías. En la Sevilla del siglo XVII, una de cada pocas casas de esta zona era un convento, y detrás de esas tapias vivían cientos de monjas que casi nunca pisaban la calle.
San Marcos también ardió en julio de 1936, como Omnium Sanctorum, y perdió buena parte de su patrimonio interior: retablos, imágenes, archivos. Por eso su interior es hoy sorprendentemente desnudo, y deja ver la arquitectura en toda su honradez: naves de ladrillo, arcos apuntados y armaduras de madera. A veces una pérdida descubre la belleza que el adorno tapaba.
Y aun así la parroquia sigue viva, con bautizos, bodas de barrio y vecinas que se sientan en la puerta a ver pasar la tarde. Las piedras quemadas no se llevaron la costumbre de venir. Ahora sigue hacia el este por la calle Santa Paula. A pocos pasos, detrás de una portada de cerámica deslumbrante, unas monjas de clausura llevan más de cinco siglos rezando... y cociendo mermelada.
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6. Convento de Santa Paula: cerámica, clausura y mermelada
Plaza de Santa Paula 11, 41003 Sevilla, Spain
Cruza el compás del convento y planta los pies delante de la portada de la iglesia: ladrillo rojo, arcos y, sobre todo, cerámica. Medallones, figuras, cintas de azulejo vidriado en azul, verde y blanco que brillan contra el ladrillo. Es la portada de Santa Paula, y es una de las joyas escondidas de Sevilla.
El monasterio lo fundó en 1475 doña Ana de Santillán, una viuda noble que se retiró del mundo y quiso un convento para monjas jerónimas. La portada se terminó en 1504 y en ella trabajó Niculoso Pisano, el ceramista italiano que enseñó a Sevilla a pintar sobre azulejo como sobre un lienzo. Las esculturas se atribuyen a Pedro Millán, uno de los grandes de aquel momento.
Detrás de estos muros viven monjas de clausura, que no salen a la calle. Pero tienen una ventana al mundo: el torno, ese cilindro de madera que gira en la pared. Tú dejas el dinero, giras, y al otro lado una voz sin cara te devuelve un tarro. En Santa Paula son famosas sus mermeladas, de naranja amarga, de cidra, de membrillo, y muchos sevillanos vienen aquí antes de Navidad como quien va a la mejor confitería.
La iglesia guarda además un tesoro inesperado: retablos con imágenes de los dos santos Juanes que se atribuyen a Juan Martínez Montañés, el maestro del que aprendieron Juan de Mesa y medio barroco andaluz. Y el monasterio tiene un pequeño museo con pinturas y piezas que durante siglos solo vieron las monjas.
Los conventos de clausura de Sevilla viven hoy un momento difícil: faltan vocaciones, muchas comunidades son muy mayores, y algunos monasterios han cerrado. Cada tarro que sale del torno ayuda a mantener en pie edificios de quinientos años, y con ellos una forma de vida que Sevilla ha conocido desde la Edad Media. Sal ahora hacia el noroeste, por la calle Santa Paula y luego hacia la calle San Luis, donde una cúpula barroca te dejará con la boca abierta.
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7. Iglesia de San Luis de los Franceses
Calle San Luis 37, 41003 Sevilla, Spain
Planta los pies frente a la fachada de San Luis de los Franceses y mírala bien: piedra, ladrillo, azulejo, dos torres que la enmarcan, y detrás una cúpula que desde la acera solo se intuye. Entra si puedes, porque dentro te espera el mejor barroco de Sevilla.
Lo levantó Leonardo de Figueroa entre 1699 y 1731 como iglesia del noviciado de los jesuitas. La planta es centralizada, y al entrar la vista sube sola hacia la cúpula, pintada por Lucas Valdés, el hijo del pintor Valdés Leal. Los retablos, dorados hasta el último centímetro, son de Pedro Duque Cornejo, y tienen espejos incrustados que multiplican la luz de las velas. Era un decorado pensado para que un muchacho de dieciséis años entrara novicio y saliera convencido. Los jesuitas sabían de sobra que la fe también entra por los ojos, y aquí no dejaron ni un rincón sin dorar.
¿Por qué de los Franceses? Está dedicada a San Luis, el rey Luis IX de Francia, canonizado y venerado por los jesuitas. Y bajo la iglesia hay una cripta donde se enterraba a los miembros de la comunidad, un espacio subterráneo que contrasta con el estallido de oro de arriba.
La historia de los jesuitas aquí fue corta. En 1767 Carlos III los expulsó de todos sus reinos y el noviciado quedó vacío. El edificio pasó por muchos usos y largas épocas de abandono, hasta que una restauración reciente lo devolvió a la ciudad como espacio cultural. Por eso hoy es más un monumento que una parroquia, y su belleza tiene algo de casa deshabitada.
Unos pasos más arriba verás la torre mudéjar de Santa Marina, otra iglesia que ardió en 1936 y donde reside la hermandad de la Resurrección, la que cierra la Semana Santa el Domingo de Pascua. Toma hacia el este por las calles que salen junto a Santa Marina y camina hasta encontrarte con la muralla, en la Puerta de Córdoba.
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8. Puerta de Córdoba y la iglesia de San Hermenegildo
Calle Puerta de Córdoba, 41003 Sevilla, Spain
Mira el arco de ladrillo que se abre en la muralla y la pequeña iglesia que parece incrustada en ella, como si la puerta hubiera echado raíces: es la Puerta de Córdoba, y la iglesia, la de San Hermenegildo. Por aquí salía el camino hacia Córdoba, de ahí el nombre.
De las muchas puertas que tuvo Sevilla, casi todas se derribaron en el siglo XIX, cuando las murallas se veían como un estorbo para el tráfico y la higiene. Esta es de las pocas que conservan buena parte de su fábrica almohade del siglo XII, y por eso, aunque parezca modesta, es uno de los documentos más valiosos de la Sevilla musulmana.
Y ahora la historia de Hermenegildo. Era hijo del rey visigodo Leovigildo, en el siglo VI, cuando los visigodos eran arrianos, una forma de cristianismo que negaba la plena divinidad de Cristo. Hermenegildo se convirtió al catolicismo, se rebeló contra su padre desde Sevilla y acabó vencido y ejecutado en el año 585. La tradición sevillana sostiene que estuvo preso aquí, en esta puerta, y por eso en el siglo XVII se levantó en ella la iglesia que lleva su nombre. Los historiadores sitúan su muerte en Tarragona, pero Sevilla nunca ha dejado que un documento le estropee una devoción.
Al otro lado de la ronda está el convento de los Capuchinos, para el que Murillo pintó en la década de 1660 una serie de lienzos extraordinaria, con las santas Justa y Rufina entre ellos. Hoy esos cuadros están en el Museo de Bellas Artes, pero se pintaron para estos frailes, a dos pasos de la muralla.
Detente un momento en el arco y piensa que por aquí entraban las caravanas, los soldados, las epidemias y las procesiones. Ahora camina hacia el oeste junto a la muralla, por su cara exterior. Vamos a recorrer el tramo mejor conservado de toda la ciudad.
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9. La muralla almohade de la Macarena
Calle Muñoz León, 41009 Sevilla, Spain
Camina a lo largo del lienzo de muralla, color de tierra tostada, con sus torres cuadradas a intervalos regulares y, delante, un muro más bajo que corre en paralelo. Así era Sevilla por fuera durante siglos: una ciudad cerrada, con el río por un lado y este cinturón de tapial por los demás.
Esta muralla la levantaron los almohades en el siglo XII, cuando Sevilla era una de las grandes capitales de al-Ándalus. Está hecha de tapial: tierra, cal y piedra apisonadas dentro de un encofrado de madera, capa a capa. Si te fijas bien, verás las marcas horizontales de cada tongada y los agujeros donde iban las vigas del encofrado. Parece barro, pero ha aguantado más de ochocientos años de sol, de lluvia y de guerras.
El muro bajo de delante se llama barbacana o antemuro, y obligaba a cualquier atacante a superar dos defensas seguidas. Por arriba corre el adarve, el camino de ronda por donde patrullaban los soldados. Y la muralla tenía otro enemigo además de los ejércitos: el río. Cuando el Guadalquivir se desbordaba, se cerraban las puertas y se tapaban con tablas y barro para que el agua no inundara la ciudad.
En 1248, después de más de un año de asedio, Sevilla se rindió a Fernando III. Los musulmanes tuvieron que abandonar la ciudad, y los nuevos pobladores castellanos se repartieron sus casas. La muralla cambió de dueño pero siguió protegiendo a la ciudad hasta el siglo XIX, cuando buena parte se demolió para abrir rondas y avenidas.
Este tramo se salvó casi por casualidad, y hoy es uno de los mejores ejemplos de muralla almohade que quedan en España. Al otro lado de la calle, enfrente, ves un enorme edificio renacentista blanco con una gran fachada: era un hospital, y hoy es el Parlamento de Andalucía. Cruza la ronda con cuidado y acércate a su portada.
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10. Hospital de las Cinco Llagas: el Parlamento de Andalucía
Calle San Juan de Ribera s/n, 41009 Sevilla, Spain
Ponte frente a la fachada inmensa, blanca y ocre, con su portada de mármol en el centro y la vista perdiéndose a izquierda y derecha: el Hospital de las Cinco Llagas. Hoy dentro se hacen leyes, pero durante más de cuatro siglos aquí se curaba, y se moría, la Sevilla pobre.
¿Te acuerdas de Catalina de Ribera, la dueña del Palacio de las Dueñas? Ella fundó este hospital en 1500, en otro lugar de la ciudad. Su hijo, Fadrique Enríquez de Ribera, el mismo que dio su forma definitiva a la Casa de Pilatos, decidió darle un edificio a la altura del nombre, y en 1546 empezaron las obras aquí, fuera de las murallas, donde el aire se consideraba más sano.
Fue uno de los hospitales más grandes de Europa en su tiempo, con patios enormes para ventilar las salas. Lo empezó Martín de Gainza, y Hernán Ruiz el Joven, el arquitecto que coronó la Giralda con su campanario renacentista, levantó la iglesia. Las Cinco Llagas son las cinco heridas de Cristo en la cruz, y las verás talladas en el escudo de la portada.
El hospital funcionó hasta 1972. Después quedó vacío y se fue deteriorando durante años, hasta que se restauró para convertirlo en sede del Parlamento de Andalucía, que celebró aquí su primera sesión en 1992. Y aquí viene lo más bonito: el salón de plenos es la antigua iglesia de Hernán Ruiz. Los diputados debaten bajo las bóvedas donde antes se rezaba por los enfermos. Pocas veces un edificio ha cambiado tanto de uso sin cambiar apenas de forma.
Para muchos sevillanos mayores, este edificio no es el Parlamento: es el hospital donde nacieron ellos o sus hermanos. Esa memoria hospitalaria sigue viva en el barrio, enfrente mismo está el Hospital Virgen Macarena. Ahora vuelve hacia la muralla y camina hacia la izquierda, hasta el arco que da nombre a todo el barrio.
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11. Arco y Basílica de la Macarena
Calle Bécquer 1, 41002 Sevilla, Spain
Pasa bajo el Arco de la Macarena, pintado de amarillo albero y blanco, y date la vuelta para verlo desde dentro. Era una puerta de la muralla, y la tradición cuenta que por ella entraban los reyes en Sevilla, jurando respetar los privilegios de la ciudad. El aspecto que ves, tan barroco y tan alegre, es de la reforma de finales del siglo XVIII.
De dónde viene la palabra Macarena, nadie lo sabe con certeza. Unos hablan de un antiguo propietario romano o árabe de estas tierras; otros, de una princesa mora de leyenda. Lo que sí sabemos es que hoy esa palabra significa, sobre todo, una Virgen: la Esperanza Macarena.
Vive en la basílica de al lado, construida entre 1941 y 1949 por el arquitecto Aurelio Gómez Millán. Antes estaba en la vecina iglesia de San Gil, que ardió en julio de 1936; la imagen se salvó, pero la hermandad decidió levantarle una casa propia. La Esperanza es una dolorosa del siglo XVII, de autor desconocido, con cinco lágrimas en la cara y una expresión que parece cambiar según desde dónde la mires. Fue coronada canónicamente en 1964.
Lleva en el pecho unos broches de esmeralda, las mariquillas, regalo del torero Joselito el Gallo, que la adoraba. Cuando Joselito murió en la plaza de Talavera en 1920, la Macarena se vistió de luto, de negro, y cuentan que es la única vez que lo ha hecho. ¿Te acuerdas de Belmonte, su gran rival? Sevilla es así: hasta las rivalidades acaban rezando juntas.
La madrugada del Viernes Santo, la Macarena sale por este arco y no vuelve hasta pasado el mediodía, después de más de doce horas por la ciudad, entre piropos, saetas y lágrimas. Aquí termina el paseo: empezaste ante el Señor del Gran Poder y acabas ante la Esperanza, las dos devociones que se cruzan cada Madrugá. Entra a verla. Aunque no creas, entiende por qué media Sevilla le habla como a una madre.