Praga en libertad: la plaza de Wenceslao y la Revolución de Terciopelo
De la cruz de Jan Palach al balcón de Melantrich, de las manos desnudas de Národní třída a la cripta de los paracaidistas: seis siglos de rebeldía en la Ciudad Nueva de Praga
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1. Museo Nacional: la cabecera de la plaza
Václavské nám. 1700/68, 110 00 Praha 1, Czechia
Sube hasta la rampa del Museo Nacional, date la vuelta y mira hacia abajo: delante tienes la plaza de Wenceslao entera, un bulevar de unos setecientos cincuenta metros que baja suavemente hacia la Ciudad Vieja. Desde aquí entiendes por qué cada vez que Praga ha tenido algo que decir, ha venido a decirlo a este lugar.
Para empezar, esto nunca fue una plaza señorial. Carlos IV la trazó en 1348, al fundar la Ciudad Nueva, como mercado de caballos, y así se llamó durante siglos. Solo en 1848, en plena primavera de las revoluciones, los patriotas checos la rebautizaron con el nombre de su santo patrón. El museo que tienes detrás se fundó en 1818, y este palacio coronado por una gran cúpula, obra de Josef Schulz, se terminó en 1891 como un templo laico de la nación checa.
Ahora fíjate en las columnas de la fachada. El 21 de agosto de 1968, cuando los tanques del Pacto de Varsovia entraron en Praga para aplastar la Primavera de Praga, los soldados soviéticos dispararon contra el edificio. Los impactos se rellenaron con piedra más clara, y durante décadas los praguenses pudieron señalar esas manchas pálidas como cicatrices.
El museo cerró en 2011 para una gran renovación y volvió a abrir en 2018, justo para el centenario de Checoslovaquia. Y mira el edificio moderno a tu izquierda, unido al museo por un pasadizo subterráneo: fue la Bolsa de Praga, luego la sede de la Asamblea Federal comunista, y después de 1989, durante más de una década, la casa de Radio Europa Libre, la emisora que durante la Guerra Fría hablaba a los checos desde Múnich. La historia, a veces, tiene sentido del humor.
A tus pies, en el empedrado, empieza la historia más dura de esta plaza. Baja la rampa hacia la estatua ecuestre: justo delante de ella, en el suelo, hay una cruz de bronce que parece levantada por la tierra. Ve hacia allí.
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2. San Wenceslao y la cruz de Jan Palach y Jan Zajíc
Václavské nám., 110 00 Praha 1, Czechia
Antes de mirar la estatua, mira el suelo. Delante del caballo de bronce verás una cruz de bronce que se levanta del empedrado, como si la tierra la empujara hacia arriba, y dos nombres con dos fechas: Jan Palach, Jan Zajíc, 1969.
El 16 de enero de 1969, Jan Palach, estudiante de Filosofía de veinte años, se roció con gasolina y se prendió fuego aquí arriba, frente al museo. Su gesto quería sacudir a un país que, cinco meses después de la invasión soviética, empezaba a resignarse. Murió tres días después. El 25 de febrero, otro estudiante de dieciocho años, Jan Zajíc, hizo lo mismo en un portal de esta misma plaza. Al funeral de Palach acudieron decenas de miles de personas en silencio.
Ahora levanta la vista. San Wenceslao, a caballo, con lanza y bandera, es obra del escultor Josef Václav Myslbek, que trabajó en el monumento durante décadas; a su alrededor velan otros cuatro santos de Bohemia, entre ellos su abuela Ludmila y la princesa Inés. Wenceslao fue un duque del siglo X asesinado por su propio hermano, y se convirtió en el patrón eterno de los checos. La leyenda dice que, cuando la nación esté en su peor peligro, saldrá del monte Blaník con un ejército de caballeros dormidos para salvarla.
Por eso esta estatua es el punto de encuentro de Praga: los praguenses quedan pod koněm, debajo del caballo. Aquí se celebró la independencia en octubre de 1918, y aquí volvieron miles de jóvenes en enero de 1989, en el vigésimo aniversario de la muerte de Palach. La policía los dispersó con agua y porras durante una semana entera, y detuvo a un dramaturgo llamado Václav Havel. Fue el primer temblor de lo que estaba por llegar.
Diez meses más tarde, el régimen ya no estaría. Ahora baja por la acera izquierda de la plaza, gira a la izquierda por la calle Štěpánská y entra en el gran pasaje del Palacio Lucerna. Bajo su cúpula te espera otro San Wenceslao, muy distinto.
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3. Pasaje Lucerna: el palacio de los Havel
Vodičkova 704/36, 110 00 Praha 1, Czechia
Camina por el pasaje hasta la cúpula central y levanta la cabeza. Colgado del techo hay un San Wenceslao montado... sobre la tripa de un caballo muerto, boca arriba, con las patas al aire y la lengua fuera. Es la respuesta del escultor David Černý a la estatua solemne que acabas de dejar en la plaza.
Černý es el gran provocador del arte checo, y este caballo es una de sus obras más queridas por los praguenses. Cada uno la interpreta a su manera: una burla del nacionalismo, una imagen de un país que no sabe hacia dónde cabalga, o simplemente una broma muy checa sobre los héroes de bronce.
El edificio que te rodea, el Palacio Lucerna, lo construyó a principios del siglo XX un arquitecto y empresario llamado Vácslav Havel, el abuelo de Václav Havel. Fue de los primeros edificios de Praga levantados en hormigón armado, con galería comercial, salón de baile, cafés y un cine que funciona desde 1909, uno de los más antiguos de Europa en activo. En su gran sala tocó Louis Armstrong en 1965.
Después de 1948, los comunistas nacionalizaron el palacio y la familia Havel lo perdió todo. El joven Václav, por ser hijo de burgueses, ni siquiera pudo estudiar lo que quería: trabajó como técnico de laboratorio y tramoyista antes de convertirse en dramaturgo. Tras 1989 el edificio volvió a la familia. Hay algo poético en que el nieto del constructor de estos pasillos acabara hablando a la nación desde un balcón a pocos metros de aquí.
Fíjate también en las vidrieras y en los viejos letreros de neón: la Lucerna conserva el aire de la Praga de entreguerras mejor que casi ningún otro rincón. Ahora sigue los pasajes que desembocan en la plaza de Wenceslao, cruza al otro lado y busca un hotel amarillo con dorados y mosaicos. Ponte delante y mira hacia la acera de enfrente.
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4. El balcón de Melantrich y el Hotel Evropa
Václavské nám. 825/25, 110 00 Praha 1, Czechia
De espaldas al Hotel Evropa, mira la fachada de enfrente, el número 36, y busca un balcón alargado en el primer piso. Parece de lo más corriente. Pero si en noviembre de 1989 hubieras estado aquí, habrías tenido delante a varios cientos de miles de personas mirando hacia ese balcón.
El edificio era la sede de Melantrich, la editorial del diario Svobodné slovo, que pertenecía a uno de los pequeños partidos tolerados por el régimen. Cuando estallaron las protestas, la redacción se puso del lado de la calle y abrió su balcón a la oposición. Desde el 21 de noviembre, Václav Havel habló desde aquí a una plaza llena de punta a punta. La cantante Marta Kubišová, prohibida durante veinte años, volvió a cantar en público su Oración por Marta, y muchos en la plaza lloraron.
El 24 de noviembre apareció en este balcón Alexander Dubček, el rostro de la Primavera de Praga, que llevaba dos décadas apartado del poder, relegado a un modesto empleo en la administración forestal de Eslovaquia. Esa misma noche dimitió toda la cúpula del Partido Comunista. La gente agitaba las llaves en el aire: el tintineo de cientos de miles de llaveros quería decir algo así como se acabó, es hora de irse a casa.
Ahora date la vuelta: el edificio amarillo con dorados y mosaicos que tienes detrás es el Hotel Evropa, una joya del modernismo praguense de principios del siglo XX. Sus huéspedes de noviembre de 1989 vieron la historia desde las ventanas, con el balcón justo enfrente. En los últimos años ha pasado por una larga restauración, y su fachada sigue siendo una de las más fotografiadas de Praga.
Recuerda que todo aquello fue posible porque nadie disparó. El 27 de noviembre, una huelga general de dos horas paralizó el país entero, y el régimen comprendió que estaba solo. Ahora baja hasta el final de la plaza y gira a la izquierda hacia la plaza Jungmannovo náměstí, donde te espera un palacio de aire italiano.
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5. Palacio Adria y la Linterna Mágica
Jungmannova 36/31, 110 00 Praha 1, Czechia
Ponte en la esquina de la plaza Jungmannovo náměstí y mira el gran edificio de piedra con aire de fortaleza italiana: almenas, arcos y estatuas encaramadas en la fachada. Es el Palacio Adria, construido en los años veinte para una compañía de seguros de Trieste, en un estilo que solo existe en Praga: el rondocubismo.
Tras la independencia de 1918, los arquitectos checos quisieron inventar un estilo nacional, y mezclaron el cubismo con formas redondeadas y colores de la tradición popular. Duró poco, apenas unos años, y por eso estos edificios son tan raros. Ya que estás aquí, busca en un rincón de la plaza, junto a la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, una farola de piedra hecha de prismas: es la única farola cubista del mundo.
Pero lo importante está bajo tus pies. En el sótano del palacio está el teatro de la Linterna Mágica, famoso por sus espectáculos de luz y proyecciones. En noviembre de 1989, el Foro Cívico, el movimiento de oposición fundado por Havel y sus amigos, se instaló en sus camerinos y en su escenario. Durante semanas, este teatro fue el verdadero centro del poder en Checoslovaquia.
Imagínalo: dramaturgos, actores, músicos de rock, sacerdotes, antiguos presos políticos y estudiantes discutiendo de noche entre decorados, humo de tabaco y teléfonos que no paraban. Desde aquí se negociaba con el gobierno, se redactaban los comunicados y se decidía quién hablaría en el balcón al día siguiente. Un historiador británico tituló su crónica de aquellos días precisamente así: la linterna mágica.
La revolución se dirigía desde un teatro, y no es casualidad: en la Checoslovaquia comunista, los teatros habían sido de los pocos lugares donde se podía decir algo entre líneas. Ahora sigue por la avenida Národní hacia el oeste, en dirección al río. A unos doscientos metros, bajo unos soportales, busca unas manos de bronce en la pared.
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6. Národní třída: las manos del 17 de noviembre
Národní 116/16, 110 00 Praha 1, Czechia
Entra bajo los soportales y busca en la pared una placa de bronce con varias manos abiertas, algunas haciendo la V de la victoria, y una fecha: 17.11.1989. Siempre hay velas y flores frescas debajo. Muchos praguenses, al pasar, tocan una de esas manos sin detenerse.
Aquella tarde, unos quince mil estudiantes se reunieron en el barrio de Albertov para recordar el 17 de noviembre de 1939, el día en que los nazis cerraron las universidades checas. Era una marcha autorizada. Pero de camino, los estudiantes se desviaron hacia el centro gritando consignas contra el régimen. Aquí, en Národní třída, la policía antidisturbios los encerró por delante y por detrás. Sin salida.
Los estudiantes se sentaron en el suelo. Encendieron velas, ofrecieron flores a los policías y levantaron las manos vacías gritando: tenemos las manos desnudas. La respuesta fueron las porras. Cientos de jóvenes resultaron heridos, muchos al ser obligados a pasar entre dos filas de agentes que los golpeaban. Esa misma noche corrió el rumor de que un estudiante había muerto. Era falso... pero la indignación que provocó fue completamente real.
Al día siguiente, los estudiantes declararon la huelga, y los actores de los teatros se unieron a ellos: en lugar de representar, leían manifiestos al público. En una semana, la plaza de Wenceslao estaba llena. En seis, el país tenía un presidente nuevo. Por eso esta avenida es, para los checos, el lugar donde empezó todo. Hoy el 17 de noviembre es fiesta nacional, el Día de la Lucha por la Libertad y la Democracia, que recuerda a la vez 1939 y 1989, y cada año estos soportales se llenan de velas.
En los portales vecinos están el club de jazz Reduta, donde en 1994 Bill Clinton tocó el saxofón ante Havel, y el Café Louvre, abierto en 1902, uno de los cafés históricos de la ciudad. Ahora sigue la avenida Národní hasta el final, hasta el río: verás un teatro con el tejado dorado.
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7. Teatro Nacional y Café Slavia
Národní 223/2, 110 00 Praha 1, Czechia
Detente frente al Teatro Nacional, con su tejado azul oscuro salpicado de estrellas doradas, mirando al Moldava y al castillo al otro lado del río. Es el edificio más querido por los checos, y no por su belleza, aunque la tiene, sino por cómo se pagó.
En el siglo XIX, en una Praga gobernada desde Viena y dominada por el alemán, los checos quisieron un gran teatro propio, para su lengua y su música. Lo pagaron con colectas populares: campesinos, criadas, estudiantes, cada uno lo que podía. Las primeras piedras se trajeron de montañas simbólicas de Bohemia y Moravia, y sobre el escenario se escribió el lema: Národ sobě, la nación a sí misma.
El teatro abrió en junio de 1881, y en agosto, apenas dos meses después, un incendio lo destruyó. La respuesta fue increíble: en pocas semanas la gente había vuelto a reunir el dinero para reconstruirlo. Reabrió en noviembre de 1883 con Libuše, la ópera de Bedřich Smetana sobre la princesa mítica que profetizó la gloria de Praga.
En 1989 los teatros volvieron a ser trinchera. Desde el 18 de noviembre, los actores se declararon en huelga y, en lugar de actuar, se subían al escenario a leer los comunicados de los estudiantes. Por toda Checoslovaquia, los teatros se convirtieron en asambleas donde la gente iba cada noche a enterarse de la verdad.
Ahora mira al otro lado de la calle, a la esquina con ventanales: el Café Slavia, abierto en 1884. Aquí se sentaban escritores como el poeta Jaroslav Seifert, premio Nobel, y en los años setenta y ochenta Václav Havel y sus amigos disidentes, a menudo vigilados por la policía secreta. Dentro cuelga un cuadro famoso de Viktor Oliva, El bebedor de absenta, con su hada verde. Ahora camina por el muelle hacia el sur, con el río a tu derecha, y cruza el puentecito hacia la isla con un palacete amarillo.
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8. Isla Eslava y el palacio Žofín: la revolución de 1848
Slovanský ostrov 226, 110 00 Praha 1, Czechia
Cruza el puentecito y pasea entre los castaños de la Isla Eslava, con el palacio amarillo de Žofín delante y el Moldava a los dos lados. Hoy es un lugar de bodas, conciertos y barcas de pedales. Pero su nombre esconde la primera gran revolución moderna de Praga.
En la primavera de 1848, toda Europa se levantó: París, Viena, Berlín, Milán... En junio de ese año, aquí, en el palacio de Žofín, se reunió el Congreso Eslavo: checos, polacos, eslovacos, croatas, serbios y otros pueblos del imperio de los Habsburgo, que reclamaban sus derechos y su lengua. Lo presidía el historiador František Palacký, al que los checos llaman el padre de la nación.
La fiesta duró poco. Mientras el congreso debatía, estallaron combates en las calles de Praga, y la gente levantó barricadas. El general Windischgrätz, comandante imperial, bombardeó la ciudad desde las alturas del otro lado del río; durante los disturbios, su propia esposa había muerto alcanzada por una bala perdida. En pocos días, la revolución de Praga quedó aplastada. Pero las ideas no se rinden tan fácilmente: Palacký siguió escribiendo la historia de su pueblo, y una generación después los checos levantaban con su propio dinero el Teatro Nacional que acabas de ver.
Por eso, cuando Checoslovaquia ya era independiente, la isla se rebautizó en 1925 como Isla Eslava, en recuerdo de aquel congreso. Fíjate en este patrón que se repite a lo largo de todo el paseo: 1848, aplastada; 1968, aplastada; y en 1989, por fin, una revolución que gana sin disparar. Los checos han aprendido a perder con paciencia... y a ganar con ironía.
En la isla verás también el monumento a Božena Němcová, la escritora de La abuela, la novela que todos los niños checos leen en el colegio. Ahora vuelve al muelle y sigue hacia el sur, con el río a tu derecha. Unos cientos de metros más allá, en la plaza Jiráskovo náměstí, te espera un edificio que parece estar bailando.
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9. La Casa Danzante: Fred y Ginger en el Moldava
Jiráskovo nám. 1981/6, 120 00 Praha 2, Czechia
Ponte en la esquina frente al río y mira este edificio que parece haber perdido el equilibrio: una torre de cristal que se estrecha por la cintura y se inclina hacia una torre de hormigón, como una pareja de baile. Los praguenses lo llaman Fred y Ginger, por Fred Astaire y Ginger Rogers. Fíjate en las ventanas de la torre de hormigón: no están alineadas, suben y bajan como si siguieran el compás. Y en lo alto, una cúpula de metal retorcido a la que llaman la Medusa.
La Casa Danzante la diseñaron el arquitecto checo Vlado Milunić y el canadiense-estadounidense Frank Gehry, en los mismos años en que este proyectaba el Guggenheim de Bilbao. Se terminó en 1996, y en una ciudad de tejados góticos y barrocos provocó un escándalo enorme. Muchos la vieron como una provocación. Hoy es una de las imágenes más reconocibles de la Praga moderna.
Pero, ¿por qué había un hueco aquí, en pleno muelle? El 14 de febrero de 1945, bombarderos estadounidenses que volvían de una misión sobre Alemania lanzaron por error sus bombas sobre Praga; durante años se dijo que los pilotos creían estar sobre Dresde. Murieron cientos de personas, y la casa que ocupaba esta esquina quedó destruida. El solar estuvo vacío casi medio siglo.
Y aquí vuelve Havel. Justo al lado, en el edificio del muelle que construyó su abuelo, vivió Václav Havel durante buena parte de su vida. Havel apoyó este proyecto desde el principio: quería que en el solar vacío naciera algo que mirara al futuro, y no una copia del pasado. El edificio que ves es, en cierto modo, la Praga libre que él imaginaba, convertida en hormigón y cristal.
Lo que viene ahora es otra cosa. Sube por la calle Resslova, hacia el interior de la Ciudad Nueva, unos doscientos metros. A la derecha verás una iglesia barroca con una ventanita de cripta a ras de la acera, rodeada de agujeros de bala. Acércate en silencio.
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10. San Cirilo y Metodio: la cripta de los paracaidistas
Resslova 307/9a, 120 00 Praha 2, Czechia
Mira la pared de la iglesia a la altura de la acera: hay una ventanita estrecha, de ventilación, y alrededor la piedra está acribillada de agujeros de bala. Encima, placas con nombres, y casi siempre flores frescas. Esa ventana daba a la cripta, y detrás de ella se libró uno de los combates más desiguales de la Segunda Guerra Mundial.
El 27 de mayo de 1942, dos paracaidistas checoslovacos entrenados en Gran Bretaña, el eslovaco Jozef Gabčík y el checo Jan Kubiš, atacaron en una curva de Praga el coche de Reinhard Heydrich, protector del Reich en Bohemia y Moravia y uno de los principales organizadores del Holocausto. Heydrich murió ocho días después. Fue la Operación Antropoide, el único asesinato con éxito de un jerarca nazi de su rango durante la guerra.
Siete paracaidistas se escondieron aquí, en la cripta de esta iglesia ortodoxa, protegidos por el clero. Un compañero, Karel Čurda, los traicionó a cambio de la recompensa. El 18 de junio, cientos de soldados de las SS rodearon el edificio. Tres de los hombres cayeron en el coro tras horas de combate. Los otros cuatro resistieron en la cripta mientras los alemanes intentaban inundarla con mangueras de bomberos... y, cuando ya no quedaba esperanza, guardaron las últimas balas para sí mismos.
La venganza nazi fue terrible. El pueblo de Lidice fue arrasado: sus hombres fusilados, sus mujeres enviadas a campos de concentración, la mayoría de sus niños asesinados. Lo mismo ocurrió en Ležáky. El obispo ortodoxo Gorazd, que había protegido a los paracaidistas, fue ejecutado. La iglesia, barroca del siglo XVIII, había sido entregada a la Iglesia ortodoxa en los años treinta.
Hoy, en la cripta, un memorial cuenta su historia, y aún se ven las huellas de aquel día. Cuando salgas, sube por la calle Resslova hasta la gran plaza Karlovo náměstí, el antiguo mercado de ganado, y gira a la izquierda: al fondo verás una torre gótica con un reloj. Es la última parada.
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11. Ayuntamiento de la Ciudad Nueva: donde empezó todo en 1419
Karlovo nám. 1/23, 120 00 Praha 2, Czechia
Delante tienes el Ayuntamiento de la Ciudad Nueva, con su torre gótica de tejado puntiagudo asomando sobre la plaza Karlovo náměstí. Levanta la vista hacia las ventanas del primer piso. Por una de ellas, hace seis siglos, volaron por los aires los concejales de la ciudad.
Fue el 30 de julio de 1419. El predicador radical Jan Želivský salió de la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, junto a la plaza de Wenceslao, al frente de una procesión de seguidores de Jan Hus. Al llegar aquí exigieron la liberación de unos presos husitas. Desde el ayuntamiento alguien les lanzó una piedra. Según las crónicas, la multitud asaltó entonces el edificio y arrojó por las ventanas a varios concejales, que murieron abajo, a manos de la gente.
Es la primera defenestración de Praga, y fue el comienzo de las guerras husitas, unos quince años de conflicto en los que Bohemia se enfrentó a cruzadas enviadas desde toda Europa. Praga tiene esa costumbre singular: en 1618, otra defenestración, la del castillo, encendió la guerra de los Treinta Años. Los checos bromean diciendo que en su país la política se hace por la ventana.
La plaza que tienes alrededor también la trazó Carlos IV en 1348, como la plaza de Wenceslao, y es una de las plazas más grandes de Europa. Fue mercado de ganado, y hoy es un parque donde los estudiantes de medicina leen al sol. Hoy el ayuntamiento acoge bodas y exposiciones... y la gente sale de él, felizmente, por la puerta.
Y aquí termina este paseo. Empezaste frente al museo, donde la plaza recuerda a Palach, y has seguido el hilo de la rebeldía checa: 1419, 1848, 1942, 1968 y por fin 1989. Seis siglos de un pueblo pequeño que, una y otra vez, se negó a callar. La próxima vez que oigas tintinear un manojo de llaves en Praga, acuérdate de lo que significaba en noviembre de 1989.