Pasaje Lucerna: el palacio de los Havel
Why is it significant?
Camina por el pasaje hasta la cúpula central y levanta la cabeza. Colgado del techo hay un San Wenceslao montado... sobre la tripa de un caballo muerto, boca arriba, con las patas al aire y la lengua fuera.
Key Facts
| Place | Pasaje Lucerna: el palacio de los Havel |
|---|---|
| Address | Vodičkova 704/36, 110 00 Praha 1, Czechia |
| Geo Coordinates | 50.08140, 14.42530 |
| Part of Walk | Praga en libertad: la plaza de Wenceslao y la Revolución de Terciopelo |
| Generated | Generated |
Camina por el pasaje hasta la cúpula central y levanta la cabeza. Colgado del techo hay un San Wenceslao montado... sobre la tripa de un caballo muerto, boca arriba, con las patas al aire y la lengua fuera. Es la respuesta del escultor David Černý a la estatua solemne que acabas de dejar en la plaza.
Černý es el gran provocador del arte checo, y este caballo es una de sus obras más queridas por los praguenses. Cada uno la interpreta a su manera: una burla del nacionalismo, una imagen de un país que no sabe hacia dónde cabalga, o simplemente una broma muy checa sobre los héroes de bronce.
El edificio que te rodea, el Palacio Lucerna, lo construyó a principios del siglo XX un arquitecto y empresario llamado Vácslav Havel, el abuelo de Václav Havel. Fue de los primeros edificios de Praga levantados en hormigón armado, con galería comercial, salón de baile, cafés y un cine que funciona desde 1909, uno de los más antiguos de Europa en activo. En su gran sala tocó Louis Armstrong en 1965.
Después de 1948, los comunistas nacionalizaron el palacio y la familia Havel lo perdió todo. El joven Václav, por ser hijo de burgueses, ni siquiera pudo estudiar lo que quería: trabajó como técnico de laboratorio y tramoyista antes de convertirse en dramaturgo. Tras 1989 el edificio volvió a la familia. Hay algo poético en que el nieto del constructor de estos pasillos acabara hablando a la nación desde un balcón a pocos metros de aquí.
Fíjate también en las vidrieras y en los viejos letreros de neón: la Lucerna conserva el aire de la Praga de entreguerras mejor que casi ningún otro rincón. Ahora sigue los pasajes que desembocan en la plaza de Wenceslao, cruza al otro lado y busca un hotel amarillo con dorados y mosaicos. Ponte delante y mira hacia la acera de enfrente.