Venecia judía y secreta: el Gueto y los rincones de Cannaregio
Del primer gueto del mundo a la casa de Tintoretto y la corte de Marco Polo: sinagogas escondidas, la memoria de los sefardíes expulsados de España y el barrio donde Venecia sigue siendo de los venecianos
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1. San Giobbe y el canal de Cannaregio
Campo San Giobbe, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
Estás en un campo tranquilo, casi de pueblo, frente a una iglesia de fachada sobria con un portal tallado con una delicadeza que no esperas en un rincón tan apartado. A pocos pasos corre el canal de Cannaregio, ancho y recto como una avenida de agua. Aquí apenas llegan turistas... y precisamente por eso empezamos aquí.
Antes de que en 1846 se tendiera el puente del ferrocarril sobre la laguna, este canal era la gran entrada a Venecia desde tierra firme: por aquí llegaban las barcas con harina, leña, viajeros y noticias. Sobre el nombre del barrio, los venecianos todavía discuten. Unos dicen que viene de canal regio, el canal real; otros, de las cañas, le canne, que crecían en estas orillas cuando todo era marisma. Ninguna de las dos versiones ha ganado, y a nadie parece importarle.
La iglesia de San Giobbe, dedicada a Job, el santo de la paciencia, fue una de las primeras de la ciudad en hablar el idioma del Renacimiento. La empezó Antonio Gambello a mediados del siglo quince y la terminó Pietro Lombardo, que trajo a Venecia la serenidad de las proporciones toscanas. Buena parte de la obra la pagó el dux Cristoforo Moro, y aquí quiso ser enterrado: su losa está en el suelo de la iglesia, para que la pisaran los fieles. Un dux que pide humildad... en Venecia, eso ya es noticia.
Dentro, busca la capilla de los Martini, una familia de mercaderes de la seda llegada de Toscana. Su pequeña cúpula está revestida de terracota vidriada, azul y blanca, salida del taller florentino de los Della Robbia. Es un pedacito de Florencia escondido en la Venecia más callada, y casi nadie entra a verlo.
Justo al lado se levanta el antiguo matadero municipal, construido en 1843, que hoy alberga la facultad de economía de la Universidad Ca' Foscari. Donde antes se oía a los animales, ahora se oye a estudiantes discutiendo de mercados y de inflación. Así es Cannaregio: un barrio que se reinventa sin hacer ruido. Sigue la fondamenta junto al canal, hacia el sureste, hasta el puente de piedra custodiado por cuatro obeliscos.
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2. Ponte delle Guglie y la Lista di Spagna
Ponte delle Guglie, Fondamenta di Cannaregio, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
Sube a lo alto del puente y apóyate en la balaustrada: en cada esquina se alza un pequeño obelisco de piedra, y en la clave del arco te observan unas caras grotescas, medio hombre, medio monstruo. Debajo, el tráfico del canal no para: barcas de reparto, vaporetti, alguna góndola despistada.
Esos obeliscos, guglie en veneciano, le dan nombre al puente. Hubo primero uno de madera, y en 1580 se reconstruyó en piedra; la balaustrada que tocas se añadió en una restauración de 1777. Durante siglos fue el umbral de la ciudad para quien llegaba por agua desde el norte, el primer saludo de Venecia.
Ahora mira hacia la estación. Esa calle llena de maletas con ruedas se llama Lista di Spagna, y el nombre es para ti. Allí tuvo su residencia el embajador del rey de España, y la lista era la franja de calle frente a una embajada donde regían privilegios especiales, una especie de pequeña frontera invisible. Durante generaciones, quien caminaba por aquí sabía que pisaba un trozo de influencia española en plena República.
Pero la historia que nos trae a este puente es otra. A pocos metros, en la orilla de enfrente, se abre un pasaje oscuro bajo las casas, un sotoportego. Es la entrada al Ghetto Vecchio, y durante casi tres siglos tuvo puertas que se cerraban cada noche. Muchos de los que vivieron detrás de ellas hablaban castellano, o algo muy parecido: eran descendientes de los judíos expulsados de España en 1492.
Fíjate también en la vida de la calle al otro lado del puente, el Rio Terà San Leonardo: fruterías, panaderías, vecinos con el carrito de la compra. Es una de las pocas arterias de Venecia donde todavía manda la vida cotidiana. Cruza el puente, gira a la izquierda por la Fondamenta di Cannaregio y entra por el sotoportego del Ghetto Vecchio... camina despacio, que el pasadizo es estrecho y la historia, larga.
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3. Las sinagogas Spagnola y Levantina
Campiello delle Scuole, Ghetto Vecchio, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
Has llegado a una placita estrecha, el Campiello delle Scuole, y a ambos lados tienes dos edificios que, a primera vista, parecen casas un poco más solemnes que las demás. Solo las ventanas altas y alargadas te dan una pista. Detrás de esas paredes hay dos de las sinagogas más bellas de Europa.
En Venecia no se dice sinagoga, se dice scola, escuela, porque eran a la vez lugar de oración y de estudio. Una de ellas es la Scola Levantina, de los mercaderes judíos llegados del Imperio otomano; en 1541 la República les cedió este Ghetto Vecchio, la segunda isla del gueto. La otra es la Scola Spagnola, la más grande de la ciudad, y todavía hoy se reza en ella.
Spagnola, sí. La fundaron los ponentini, los judíos de poniente: familias expulsadas de España en 1492 y de Portugal pocos años después. Muchos habían vivido como conversos, rezando a escondidas, y llegaron a Venecia buscando un lugar donde ser judíos sin miedo. En 1589 la República les concedió un estatuto propio, porque sus redes comerciales, del Mediterráneo a Ámsterdam, valían oro.
Por fuera, nada; por dentro, maderas doradas, mármoles y una tribuna elíptica para las mujeres. La reconstrucción del siglo diecisiete se suele relacionar con el círculo de Baldassare Longhena, el arquitecto de la Salute. En este barrio vivió también Sara Copio Sullam, poeta judía que en el siglo diecisiete reunía en su casa a escritores cristianos y judíos, un salón literario dentro de un recinto cerrado con llave.
Durante siglos, en estas calles se oyó una lengua que tú entenderías casi entera: el judeoespañol de los sefardíes, el castellano que sus abuelos se llevaron en 1492. Pasa bajo el pasaje que tienes delante y cruza el puentecito de madera y piedra: al otro lado está el corazón del gueto.
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4. Campo del Ghetto Nuovo: el primer gueto
Campo del Ghetto Nuovo, Cannaregio 2902, 30121 Venezia VE, Italy
Sales a una plaza amplia, casi redonda, rodeada por todas partes de agua y de casas inusualmente altas, de siete u ocho pisos, con ventanas apretadas unas sobre otras. Tres brocales de pozo, unos árboles, niños con bicicleta. Parece un rincón apacible... y es el lugar donde nació una palabra que el mundo entero conoce.
El 29 de marzo de 1516, el Senado de Venecia decretó que todos los judíos de la ciudad vivieran en esta isla. Aquí había funcionado una fundición, un getto, de gettare, verter el metal. Los judíos llegados de Alemania lo pronunciaban con la g dura, ghetto, y así la palabra salió de este campo hacia todas las lenguas. Dos puertas se cerraban al anochecer, y los guardias cristianos que las vigilaban los pagaba la propia comunidad.
Como el espacio no crecía y la gente sí, la ciudad creció hacia arriba: por eso estas casas son de las más altas de Venecia. Mira arriba: en los últimos pisos, discretas, se esconden tres sinagogas, la Tedesca, la Canton y la Italiana. Estaban en lo alto para que nada se interpusiera entre la oración y el cielo. En la planta baja funcionaban los bancos de préstamo, uno de los pocos oficios que se les permitían.
Las puertas ardieron en julio de 1797, cuando llegaron las tropas de Napoleón. Pero la historia no terminó ahí. En la pared de ladrillo junto a la residencia de ancianos verás unos relieves de bronce del escultor Arbit Blatas y unas tablillas con nombres. Recuerdan a los judíos de Venecia deportados en 1943 y 1944. Doscientas cuarenta y seis personas; volvieron ocho.
En septiembre de 1943, Giuseppe Jona, presidente de la comunidad, destruyó la lista de nombres que le exigían y se quitó la vida para no entregarla. Al año siguiente se llevaron incluso a los ancianos de la residencia, con su rabino. Quédate un momento en silencio delante de esos nombres. Luego cruza el puente del lado norte, hacia la Fondamenta degli Ormesini, y sigue hacia el norte hasta una iglesia blanca junto al agua.
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5. Sant'Alvise y los pequeños Carpaccio
Campo di Sant'Alvise, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
Delante tienes una iglesia de ladrillo, sencilla, casi monacal, con una estatua del santo sobre el portal y un campo amplio donde a veces solo se oye a las gaviotas. Estás en el borde norte de Venecia: unos pasos más y empieza la laguna abierta.
Sant'Alvise es el nombre veneciano de san Luis de Tolosa. Cuenta la tradición que en 1388 una noble, Antonia Venier, vio en sueños al santo, que le pedía una iglesia y un convento en este rincón. Y ella lo construyó. Durante siglos fue un convento de monjas de clausura, y dentro todavía cuelga el barco, una tribuna con celosías desde la que las religiosas seguían la misa sin ser vistas.
Pero el asombro está en las paredes. Giambattista Tiepolo pintó aquí, hacia 1740, una Subida al Calvario enorme, con Cristo caído bajo la cruz entre soldados, caballos y estandartes, y dos lienzos más con escenas de la Pasión. Es Tiepolo antes de la fama internacional, antes de los palacios de media Europa, y ya pinta como quien dirige una ópera.
Y luego está la historia de los baby Carpaccios. En el siglo diecinueve, el crítico inglés John Ruskin, autor de Las piedras de Venecia y enamorado de cada piedra de esta ciudad, se encaprichó de ocho pequeñas tablas de escenas bíblicas que se conservan aquí, ingenuas y llenas de detalles, y decidió que eran obra de Vittore Carpaccio... cuando era niño. Los estudiosos de hoy se las atribuyen a otro pintor, pero el apodo de Ruskin se quedó pegado a ellas para siempre.
Este es el Cannaregio que casi nadie visita: ropa tendida, barcas amarradas, el olor de la laguna cuando cambia la marea. Camina ahora hacia el este, siguiendo el agua por la Fondamenta della Sensa y luego hacia el norte, hasta una fachada gótica de ladrillo rojo con una fila de apóstoles en lo alto.
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6. Madonna dell'Orto, la iglesia de Tintoretto
Campo della Madonna dell'Orto, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
Frente a ti se levanta una de las fachadas góticas más hermosas de Venecia: ladrillo rojo, mármol blanco, un gran rosetón y, en lo alto, una procesión de apóstoles de piedra en sus hornacinas. Al lado, un campanile con una cúpula en forma de cebolla, casi oriental.
La iglesia nació en el siglo catorce dedicada a san Cristóbal, el patrón de los barqueros. Pero la tradición cuenta que en un huerto cercano, un orto, apareció una estatua de la Virgen a la que pronto se atribuyeron milagros. La estatua se trajo a la iglesia, los fieles empezaron a llegar en masa y el nombre cambió para siempre: la Virgen del Huerto.
Este fue el templo de Jacopo Robusti, Tintoretto, que vivía a dos pasos. En el presbiterio pintó dos lienzos de unos catorce metros de alto, el Juicio Final y la Adoración del becerro de oro, tan inmensos que tienes que echar la cabeza atrás para abarcarlos. Se cuenta que se ofreció a pintarlos casi por el coste de los materiales, solo para tener esas paredes. Y en un lateral está su Presentación de la Virgen, con una escalinata que parece moverse.
Tintoretto murió en 1594 y está enterrado aquí, en una capilla junto al altar mayor, con su hija Marietta, que pintaba a su lado y murió joven, y con su hijo Domenico. La iglesia guardaba también una Virgen con el Niño de Giovanni Bellini. En 1993 la robaron, y nunca se ha recuperado.
Fíjate en el silencio de este campo, adoquinado con espiga de ladrillo, uno de los pocos que lo conservan. Aquí no hay tiendas de recuerdos, solo un pintor que sigue mandando en sus paredes cuatro siglos después. Cruza el puente que tienes al sur: al otro lado te esperan tres hombres de piedra con turbante... y la casa donde vivía Tintoretto.
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7. Campo dei Mori y la casa de Tintoretto
Campo dei Mori, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
En las esquinas de este pequeño campo te miran unos hombres de piedra con turbante, toscos y gastados, embutidos en las paredes de las casas. Uno de ellos, el de la esquina con la fondamenta, tiene algo raro en la cara: la nariz es de hierro.
Según la tradición, son los hermanos Mastelli, Rioba, Sandi y Afani, mercaderes llegados de Morea, en el Peloponeso, en el siglo doce. Por eso los venecianos los llamaron mori, moros, aunque probablemente fueran griegos. Se hicieron riquísimos con el comercio de especias y seda, y su palacio, un poco más allá sobre el canal, todavía lleva en la fachada el relieve de un camello cargado.
La leyenda, claro, es menos amable. Cuentan que intentaron engañar a una mujer vendiéndole un paño de mala calidad, que ella invocó a Dios para que castigara al tramposo, y que los hermanos quedaron convertidos en piedra con las monedas aún en la mano. El de la nariz de hierro se llama Sior Antonio Rioba; la nariz original se perdió y en el siglo diecinueve le pusieron esta. Hoy la gente se la frota para tener suerte, y durante siglos se le colgaron versos satíricos contra los poderosos, como al Pasquino de Roma.
Ahora busca, a pocos pasos, sobre la Fondamenta dei Mori, una casa con una lápida en la fachada. Es la casa de Tintoretto. Vivió aquí desde 1574 hasta su muerte, con su mujer y sus hijos, y desde aquí iba cada día a su iglesia. Era hijo de un tintorero, tintor en veneciano: de ahí el apodo, el pequeño tintorero.
Era famoso por su velocidad y por su descaro: llegaba a regalar cuadros para quitarles encargos a sus rivales. Imagínatelo saliendo por esa puerta con un rollo de lienzo bajo el brazo y prisa por ganarle la partida a alguien. Ahora camina hacia el sur por las calles del barrio, hasta llegar a un canal ancho y animado: la Fondamenta della Misericordia.
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8. Fondamenta della Misericordia, la Venecia que cena
Fondamenta della Misericordia, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
Ante ti se extiende un canal recto y largo, con un paseo a cada lado, bancos de piedra, mesas al borde del agua y barcas privadas amarradas en fila. Si pasas a media tarde, oirás más veneciano que inglés, y eso, en esta ciudad, ya es un pequeño milagro.
Este es el Rio della Misericordia, y hacia el oeste su orilla cambia de nombre y se convierte en la Fondamenta degli Ormesini. Ormesini era un tejido de seda que, según se cuenta, llegaba de Ormuz, en el golfo Pérsico... un recuerdo de cuando las calles de Venecia llevaban nombres de mercancías venidas del otro lado del mundo.
Al caer la tarde, aquí se practica un ritual muy veneciano: el bacaro. Una barra pequeña, unos cicchetti, que son tapas venecianas, bacalao mantecado sobre pan, sardinas en saor con cebolla y pasas, y una ombra, un vasito de vino. La tradición dice que se llama ombra, sombra, porque los vendedores de vino de la Piazza movían sus puestos siguiendo la sombra del campanile para mantenerlo fresco.
Pero esta animación tiene algo de resistencia. En 1951 el centro histórico de Venecia tenía casi ciento setenta y cinco mil habitantes; en 2022 bajó de los cincuenta mil. Los alquileres turísticos, el precio de la vida y las inundaciones han ido vaciando las casas. Cannaregio es uno de los barrios que más aguantan, y en estas fondamente se nota: niños que vuelven del colegio, abuelos que se saludan por el nombre.
Cuando sube el agua, en las noches de acqua alta, este paseo es de los primeros en mojarse, y los vecinos sacan las botas altas sin dramatismo. Desde octubre de 2020, las compuertas del MOSE protegen la laguna en las mareas más fuertes. Sigue ahora la fondamenta hacia el este, hasta un edificio enorme de ladrillo desnudo, como si se le hubiera olvidado vestirse.
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9. Scuola Grande della Misericordia
Fondamenta della Misericordia, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
Frente a ti se alza una mole de ladrillo desnudo, alta como una catedral, con huecos y salientes donde debería haber columnas y mármol. Parece una obra abandonada a mitad de camino... y, en cierto modo, lo es desde hace casi quinientos años.
Es la Scuola Grande della Misericordia, la sede de una de las grandes cofradías de Venecia. Las scuole grandi no eran escuelas, sino hermandades de laicos, artesanos, comerciantes, ciudadanos, que se ayudaban entre sí, daban dote a las hijas pobres, cuidaban a los enfermos y competían por tener la sede más espléndida. La de la Misericordia encargó el proyecto en 1532 nada menos que a Jacopo Sansovino, el arquitecto de la biblioteca de San Marcos.
El problema fue el dinero. La obra avanzó durante décadas, el interior se terminó a duras penas, y la fachada de piedra que Sansovino había imaginado nunca llegó. Mira enfrente, al otro lado del agua: la vieja sede de la cofradía, la Scuola Vecchia, gótica, pequeña y elegante, como una abuela observando lo que hizo su nieto ambicioso.
Y ahora lo inesperado. Tras la caída de la República y las supresiones napoleónicas, el edificio pasó por mil usos. En el siglo veinte, su gran sala se convirtió en el gimnasio de la Reyer, el equipo de baloncesto de Venecia: durante años se botó el balón bajo techos pensados para procesiones. Hay venecianos mayores que todavía recuerdan los partidos aquí dentro, con la grada pegada a los muros.
Hoy, restaurada, la sala alberga actos y exposiciones, y cuando se abre se ven restos de frescos antiguos asomando en las paredes. Es un buen resumen de Venecia: grandeza, ruina, ingenio y segunda vida. Cruza ahora el puente hacia el sur y atraviesa el barrio por las calles estrechas hasta un campo con la estatua de un fraile con capucha.
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10. Campo Santa Fosca y la Strada Nova
Campo Santa Fosca, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
En el centro del campo, sobre un pedestal, se alza un fraile delgado con hábito y mirada dura, como si siguiera discutiendo con alguien. Detrás, una iglesia pequeña, y a tu lado un puente sobre el canal por el que pasa media ciudad con prisa.
El fraile es Paolo Sarpi, servita, teólogo, científico aficionado y, sobre todo, el gran defensor de la República frente al papa. En 1606, Pablo V lanzó un interdicto contra Venecia: prohibía celebrar misas en todo su territorio. La Serenísima respondió que en sus asuntos mandaba ella, y Sarpi escribió los argumentos. Los curas venecianos siguieron diciendo misa, y el interdicto acabó retirándose al año siguiente.
Roma no olvidó. La noche del 5 de octubre de 1607, junto a este mismo puente, varios sicarios asaltaron a Sarpi y lo apuñalaron, dejando el estilete clavado en su cara. Sobrevivió. Y cuentan que, al ver el arma, dijo en latín una frase que todavía se repite: reconozco el estilo de la Curia romana. Estilo y estilete, el mismo juego de palabras. La estatua se levantó en 1892, cuando Italia ya era un reino laico y Sarpi un héroe de la libertad de pensamiento.
Ahora gira la vista hacia el este. Esa calle ancha, recta, llena de gente, es la Strada Nova. Para una ciudad de callejones, fue una revolución: se abrió en 1871, pocos años después de la unión de Venecia a Italia, derribando casas para acercar la estación a Rialto. Los venecianos todavía la llaman nueva, aunque ya tiene más de siglo y medio.
Es la única calle de la ciudad donde a veces tendrás que esquivar a la gente como en una avenida cualquiera. Pero mira hacia los lados: cada calle que sale de ella te devuelve al silencio en tres pasos. Sigue la Strada Nova hacia el este, sin desviarte, hasta un campo con un campanile coronado por una cúpula bulbosa.
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11. Santi Apostoli y Ca' da Mosto
Campo Santi Apostoli, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
Este campo es un cruce de caminos: gente que va hacia Rialto, gente que vuelve a la estación, y en medio un campanile alto rematado por una cúpula en forma de bulbo, como un sombrero de cebolla. Siéntate un momento en el escalón de un pozo y mira el ir y venir.
La iglesia de los Santi Apostoli es de las más antiguas de la ciudad según la tradición, aunque el edificio que ves fue reconstruido en el siglo dieciséis, y el campanile se terminó en 1672. Dentro hay una joya anterior: la capilla de los Corner, una de las familias más poderosas de Venecia, con una Comunión de santa Lucía pintada por Giambattista Tiepolo hacia mediados del siglo dieciocho.
Los Corner tenían una hija ilustre: Caterina Cornaro, que se casó con el rey de Chipre y acabó siendo reina de la isla. Cuando enviudó, Venecia la convenció, por las buenas y por las malas, de que le cediera el reino en 1489, y a cambio le dio la señoría de Asolo, en las colinas, donde montó una corte de poetas. Su padre, Marco Corner, descansa en esta capilla.
Y a pocos metros, asomado al Gran Canal, está Ca' da Mosto, uno de los palacios más antiguos de la ciudad, de estilo veneto-bizantino. Allí nació Alvise Cadamosto, un veneciano que en el siglo quince navegó al servicio de Portugal, del infante Enrique el Navegante, por la costa de África, y llegó a las islas de Cabo Verde. Un vecino de Cannaregio abriendo rutas en el Atlántico, décadas antes de que Colón zarpara de Palos.
Las dos historias hablan de lo mismo: Venecia siempre miró lejos, hacia Oriente y hacia el océano, sin moverse de su laguna. Cruza ahora el puente hacia el sureste, sigue la calle hacia San Giovanni Grisostomo y busca el sotoportego del Milion, un pasaje que se mete bajo las casas: lleva a la corte donde vivía el viajero más famoso de todos.
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12. Corte del Milion: la casa de Marco Polo
Corte Seconda del Milion, Cannaregio, 30121 Venezia VE, Italy
Has salido del sotoportego a un patio pequeño y cerrado, con pozos de piedra, ropa tendida y, sobre una puerta, un arco antiguo decorado con motivos bizantinos, hojas y animales entrelazados. Pocos lo saben, pero estás en el patio de los Polo.
Aquí estaban las casas de la familia de Marco Polo. Se fue a Oriente siendo un muchacho, con su padre y su tío, y volvió en 1295, después de veinticuatro años en la corte de Kublai Kan. La leyenda cuenta que llegaron tan sucios y harapientos que ni sus parientes los reconocieron, hasta que descosieron los forros de sus ropas y empezaron a caer piedras preciosas sobre la mesa.
El nombre de este patio viene de su libro, Il Milione. Unos dicen que era el apodo de la familia; otros, que los venecianos se burlaban de Marco porque todo lo contaba por millones: millones de personas, millones de riquezas. Lo dictó en una cárcel de Génova, hacia 1298, a un compañero de celda, Rustichello de Pisa, escritor de novelas de caballerías. Y ese libro acabaría en manos de un tal Cristóbal Colón, que lo leyó y lo anotó en los márgenes: su ejemplar se conserva en Sevilla.
Detrás de estas casas, sobre el solar de los Polo, se construyó en 1678 un teatro que hoy se llama Malibran. Lleva el nombre de María Malibran, la gran soprano nacida en París en una familia sevillana, hija del tenor Manuel García. En 1835 cantó aquí y, según se cuenta, renunció a su paga para ayudar al teatro, que estaba en apuros. Murió al año siguiente, con solo veintiocho años, y el teatro tomó su nombre.
Así termina este paseo: empezaste junto a un canal por donde entraban las barcas, cruzaste las puertas del gueto, rezaste un momento ante unos nombres, saludaste a un moro con nariz de hierro y has llegado a la casa del hombre que contó Asia a Europa. El Rialto está a dos minutos. Pero quédate un poco más en este patio... aquí Venecia todavía susurra.