Notting Hill secreto: Portobello Road, el carnaval y la torre de Goldfinger en Londres
Una calle que lleva el nombre de una batalla en Panamá, el Mangrove, un cine de 1910, Orwell antes de España y un hipódromo fantasma: el Notting Hill de Londres que no sale en la postal
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1. Trellick Tower: el gigante brutalista de Goldfinger
Golborne Road, London W10 5PA, United Kingdom
Levanta la cabeza: ante ti se alza una torre de hormigón de treinta y un pisos y, a su lado, separada por una rendija de aire, otra torre estrecha que la acompaña como una columna vertebral, unida al bloque principal por pasarelas cada tres plantas. Arriba del todo, una especie de cabeza cuadrada con ranuras. Es la Trellick Tower, y la quieras o la odies, es imposible no mirarla.
La diseñó Ernő Goldfinger, un arquitecto húngaro afincado en Londres, y se terminó en 1972 como vivienda social. La torre estrecha concentra ascensores, escaleras y calderas, de modo que los ascensores solo paran cada tres pisos y los vecinos llegan a sus casas, muchas de ellas en dos niveles, por pasillos interiores. La idea era alejar el ruido de las viviendas y dar a cada familia luz por los dos lados.
Goldfinger tenía fama de genio difícil, y su apellido tiene historia propia. Se dice que a Ian Fleming, el autor de James Bond, le irritaban los edificios modernos que el arquitecto levantaba en Hampstead, y en 1959 bautizó con ese apellido a uno de los villanos más famosos de la saga. Cuenta la anécdota que Goldfinger amenazó con demandarlo, y que Fleming propuso cambiar el nombre por otro bastante más grosero. El arquitecto se lo pensó mejor.
Durante los años setenta y ochenta la torre se ganó una pésima reputación, con ascensores rotos y robos, y hubo quien la llamó la torre del terror. Pero la mirada cambió. En 1998 fue protegida como monumento histórico, y hoy sus pisos se buscan como joyas del brutalismo, mientras muchas familias siguen viviendo aquí en alquiler social. Es uno de esos raros edificios que pasaron de símbolo del fracaso a icono sin moverse un centímetro.
Date la vuelta y camina hacia el oeste por Golborne Road, la calle que pasa a los pies de la torre. Pronto olerá a café portugués y a té con menta: estás entrando en otro país.
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2. Golborne Road: la Pequeña Marruecos y la huella portuguesa y española
Golborne Road, London W10 5NR, United Kingdom
Esta calle corta y animada no se parece al Notting Hill de las postales. Hay puestos de fruta, cafés con pasteles de nata en el escaparate, tiendas con teteras marroquíes de latón y, los fines de semana, un mercadillo de muebles viejos y objetos de segunda mano. Golborne Road es el patio trasero del barrio, y quizá su rincón más auténtico.
A partir de los años sesenta llegaron aquí dos comunidades que la marcaron para siempre. Primero, los portugueses, muchos de ellos de Madeira, que vinieron a trabajar en hoteles, hospitales y limpieza. Después, los marroquíes, sobre todo del norte del país, hasta el punto de que a la zona la llaman la Pequeña Marruecos. Y no fueron los únicos: en el norte de Kensington se instalaron también muchos españoles, gallegos sobre todo, que llegaban para trabajar en la hostelería y los hospitales de Londres.
Esa huella española sigue viva a pocos minutos de aquí, en el tramo norte de Portobello Road, donde funciona el Instituto Español Vicente Cañada Blanch, el colegio público del Estado español en Londres. Allí estudian chicos de familias hispanohablantes de toda la ciudad. Así que si oyes hablar español por estas calles, no es solo cosa de turistas.
Golborne Road es también la frontera de un barrio de contrastes brutales. A un lado, casas victorianas que valen millones; al otro, bloques de vivienda social. En 2017, el incendio de la torre Grenfell, a poco más de un kilómetro al suroeste, mató a setenta y dos personas y mostró al mundo lo cerca que viven aquí la riqueza y la pobreza.
Por eso este barrio defiende con uñas y dientes lo que tiene: su mercadillo, sus cafés, su mezcla de idiomas. Camina hasta el final de Golborne Road y gira a la izquierda por Portobello Road, hacia el sur. En unos minutos oirás un rumor de tráfico sobre tu cabeza: una autopista que vuela por encima de las casas.
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3. Bajo la Westway: Portobello Green y el nacimiento del carnaval
281 Portobello Road, London W10 5TZ, United Kingdom
Sobre tu cabeza pasa la Westway, una autopista elevada de hormigón que cruza el barrio a la altura de los tejados. Abajo, en su sombra, hay un pequeño mercado cubierto, murales, pistas deportivas y un trozo de verde: Portobello Green. Es un lugar extraño y fascinante, donde la ciudad aprendió a vivir debajo de una herida.
La Westway se inauguró en 1970 para unir el oeste de Londres con el centro, y para construirla se derribaron cientos de casas. El día de la apertura, los vecinos de Acklam Road, que habían quedado a pocos metros del tráfico, colgaron una pancarta que se hizo famosa: sacadnos de este infierno, realojadnos ya. Acabaron realojados, y los terrenos bajo la autopista pasaron a una fundación vecinal que todavía los gestiona.
Pero el barrio guarda memoria de heridas más antiguas. En 1958, durante varias noches, bandas de jóvenes blancos atacaron a vecinos caribeños en los disturbios de Notting Hill. Como respuesta, la periodista y activista trinitense Claudia Jones organizó en enero de 1959 un carnaval caribeño bajo techo, en el ayuntamiento de St Pancras, para celebrar la cultura que algunos querían expulsar. En 1966, la trabajadora social Rhaune Laslett impulsó una fiesta callejera en estas calles, con niños, música y un desfile improvisado. De esas dos semillas nació el Carnaval de Notting Hill.
Hoy es uno de los mayores festivales callejeros de Europa: cada fin de semana festivo de finales de agosto, alrededor de un millón de personas llenan el barrio de soca, calipso, sound systems y comparsas con plumas. Ese fin de semana, este rincón bajo la autopista vibra como un altavoz gigante.
Claudia Jones murió en 1964 y está enterrada en el cementerio de Highgate, justo a la izquierda de la tumba de Karl Marx. Sal de debajo de la autopista y sigue por Portobello Road hacia el sur; poco después, desvíate a la izquierda hacia All Saints Road, una calle tranquila paralela a Portobello.
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4. All Saints Road: el Mangrove y los Nueve que ganaron
8 All Saints Road, London W11 1HH, United Kingdom
Esta calle tranquila de casas bajas no llama la atención. Pero en el número 8 de All Saints Road estuvo uno de los lugares más importantes de la historia negra de Gran Bretaña: el Mangrove, un restaurante caribeño que abrió en 1968 Frank Crichlow, un trinitense.
El Mangrove era mucho más que un restaurante. Era cocina, sala de reuniones, oficina de ayuda legal y punto de encuentro de músicos, escritores y activistas. Según cuentan los vecinos de la época, por sus mesas pasaron también estrellas como Bob Marley o Nina Simone. Era, en pocas palabras, el salón de estar de la comunidad caribeña de Notting Hill, un sitio donde se discutía de política con un plato de arroz con guisantes delante y nadie preguntaba de dónde venías.
Precisamente por eso la policía no lo dejaba en paz. Entre 1969 y 1970 lo registraron una docena de veces buscando drogas que nunca encontraron. En agosto de 1970, unas ciento cincuenta personas marcharon hacia las comisarías del barrio para protestar; hubo enfrentamientos, y nueve activistas fueron acusados, entre otras cosas, de incitar a un motín. Se les conoció como los Nueve del Mangrove.
El juicio, en el Old Bailey en 1971, duró casi dos meses y se convirtió en un acontecimiento. Dos de los acusados, Darcus Howe y Altheia Jones-LeCointe, se defendieron a sí mismos y reclamaron un jurado con personas negras. Al final, los nueve fueron absueltos del cargo principal, y el juez reconoció que el caso mostraba pruebas de odio racial por ambas partes, la primera vez que un tribunal británico admitía algo así en un caso con la Policía Metropolitana. En 2020, el director Steve McQueen llevó esta historia al cine con la película Mangrove.
El restaurante ya no existe, pero esta calle guarda el eco de una victoria lograda a base de dignidad y argumentos. Vuelve a Portobello Road y sigue hacia el sur: enseguida verás una fachada de cine antiguo, blanca, con su nombre en letras grandes.
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5. Electric Cinema: el cine de 1910 que sobrevivió a todo
191 Portobello Road, London W11 2ED, United Kingdom
Delante de ti, una fachada eduardiana de estuco blanco, con un pequeño frontón y el nombre del cine en letras grandes: Electric. Parece un decorado de época, pero no lo es. Es uno de los cines más antiguos de Gran Bretaña que siguen proyectando películas.
Se construyó en 1910 y abrió sus puertas a comienzos de 1911, cuando el cine era todavía una novedad de película muda con pianista en directo. Fue de los primeros edificios del país pensados desde el principio para proyectar películas, y no un teatro reconvertido. Su nombre presumía de modernidad: la electricidad era la magia de aquella época, y muchas casas del barrio todavía se alumbraban con gas. Imagina a los vecinos de 1911 sentados en la oscuridad, viendo por primera vez trenes, mares y ciudades lejanas moviéndose sobre una pared blanca.
Durante la Primera Guerra Mundial, se cuenta que una multitud atacó el cine porque corría el rumor de que su gerente, de origen alemán, hacía señales desde el tejado a los zepelines que bombardeaban Londres. No hay pruebas de que hiciera nada parecido, pero el miedo de aquellos años no necesitaba pruebas.
Después el Electric vivió de todo. En los años setenta fue un cine de arte y ensayo mítico, con sesiones nocturnas de películas de culto, y más tarde estuvo cerrado y a punto de desaparecer. Su protección como edificio histórico lo salvó. Al restaurarlo a principios de este siglo reaparecieron detalles originales, como el techo decorado y el arco sobre la pantalla, que hoy lucen sobre butacas de terciopelo.
Los sábados, a esta altura de Portobello Road, los puestos del mercado empiezan a apretarse y la gente avanza despacio entre frutas, ropa de segunda mano y música callejera. Déjate llevar por la corriente hacia el sur: más adelante, cerca del cruce con Westbourne Grove, empieza el tramo de las antigüedades y la historia de un nombre que viene del Caribe.
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6. Portobello Road: una calle con nombre de batalla en Panamá
Portobello Road, London W11 2QB, United Kingdom
Estás en el corazón de Portobello Road, la calle de mercado más famosa de Londres: casas pintadas de rosa, azul y amarillo, tiendas de antigüedades, puestos de plata vieja, cámaras antiguas y mapas amarillentos. Pero antes de mirar escaparates, hazte una pregunta: ¿por qué una calle de Londres lleva el nombre de un puerto de Panamá?
Hasta mediados del siglo XIX aquí no había ciudad, sino campos y un camino rural que llevaba a una granja. La granja se llamaba Porto Bello, y el nombre recordaba una noticia que en 1739 desató la euforia en Inglaterra: el almirante Edward Vernon había tomado Portobelo, el puerto fortificado español del istmo de Panamá, por donde pasaba la plata de América, con solo seis navíos. Fue al comienzo de la guerra que los ingleses llamaron de la oreja de Jenkins, y Londres lo celebró con fuegos artificiales, medallas y calles bautizadas en honor del almirante.
Pero la historia no termina ahí, y desde el lado español se cuenta de otra manera. En 1741 Vernon volvió con una de las mayores flotas reunidas hasta entonces, más de ciento ochenta barcos, para conquistar Cartagena de Indias. Enfrente tenía a Blas de Lezo, un marino guipuzcoano al que le faltaban una pierna y un ojo y que tenía inutilizado un brazo. Con muchos menos hombres y barcos, la defensa resistió semanas, y Vernon tuvo que retirarse.
Lo más irónico es que en Inglaterra, dando la victoria por hecha, ya habían acuñado medallas que mostraban a Blas de Lezo arrodillado ante Vernon. Medallas de un triunfo que nunca ocurrió. Lezo, por su parte, murió pocos meses después, probablemente por una epidemia, sin llegar a disfrutar de su fama.
Piensa en los miles de visitantes que cada sábado pasean por aquí sin saber que el nombre celebra el capítulo previo a una gran derrota inglesa. Sigue Portobello Road hacia el sur, cuesta arriba, entre las casas de colores; casi al final, en el número 22, busca una placa azul junto a una puerta.
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7. 22 Portobello Road: Orwell antes de España
22 Portobello Road, London W11 3DH, United Kingdom
Fíjate en esta casa estrecha y en la placa azul redonda junto a la ventana. Dice que aquí vivió George Orwell, novelista y ensayista. Fue en 1927, mucho antes de 1984 y de Rebelión en la granja, cuando todavía se llamaba Eric Blair y nadie sabía quién era.
Acababa de volver de Birmania, donde había servido cinco años como policía del Imperio británico. Volvió asqueado de lo que había visto y decidido a ser escritor, sin dinero ni contactos. Una conocida de la familia, la poeta Ruth Pitter, le encontró una habitación en esta casa, y años después recordaba que en invierno hacía tanto frío que el joven se calentaba las manos sobre una vela para poder escribir.
Desde aquí salía vestido de vagabundo hacia el East End para vivir entre los más pobres de Londres. De esas experiencias nacería su primer libro, Sin blanca en París y Londres. Era su manera de entender la injusticia: no desde la teoría, sino durmiendo en albergues y pasando hambre.
Y aquí está el vínculo que nos toca de cerca. En diciembre de 1936, Orwell llegó a España para luchar contra el fascismo en la Guerra Civil. Se alistó en las milicias del POUM, combatió en el frente de Aragón y en mayo de 1937, cerca de Huesca, una bala le atravesó el cuello. Sobrevivió de milagro, vivió la persecución del POUM en Barcelona y escapó a Francia con su mujer, Eileen. En 1938 publicó Homenaje a Cataluña, uno de los libros más honestos que se han escrito sobre aquella guerra.
Mucho de lo que luego escribió sobre la mentira política y el poder lo aprendió en España, y todo empezó con un muchacho tiritando junto a una vela en esta calle. Sigue hasta el final de Portobello Road y continúa por Pembridge Road: pronto desembocarás en la gran avenida de Notting Hill Gate.
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8. Notting Hill Gate y el Coronet: del peaje romano a la gran pantalla
103 Notting Hill Gate, London W11 3LB, United Kingdom
Estás en Notting Hill Gate, una avenida ancha y ruidosa, y delante tienes un edificio con fachada de teatro de otra época y su nombre en lo alto: The Coronet. Entre tiendas de cadena y bloques de posguerra, parece un superviviente.
Lo es. Se inauguró en 1898 como teatro, diseñado por W. G. R. Sprague, uno de los grandes arquitectos teatrales de su tiempo. Según cuentan las crónicas, por su escenario pasaron estrellas como Ellen Terry. A principios del siglo XX se convirtió en cine y durante casi cien años fue la sala de barrio de Notting Hill. En la película Notting Hill, de 1999, el librero que interpreta Hugh Grant entra aquí a ver una película de la estrella que encarna Julia Roberts. Hoy el edificio ha vuelto a sus orígenes y es de nuevo un teatro.
El nombre de la avenida también guarda historia. Por aquí pasaba una calzada romana hacia el oeste, y siglos después un camino de peaje hacia Uxbridge y Oxford. Gate significa puerta o barrera: aquí estaba la barrera donde se cobraba el peaje, que no desapareció hasta 1864. El origen de Notting es más misterioso; probablemente viene de un antiguo nombre de familia o de lugar de época sajona.
Durante siglos todo esto fue campo, con granjas, vaquerías y hornos de ladrillo. El gran cambio llegó con la especulación del siglo XIX, que llenó la colina de casas elegantes, y después con el metro. En los años cincuenta y sesenta buena parte de la avenida se demolió para ensancharla, y eso explica su aspecto algo gris al lado del encanto de las calles vecinas.
Lo mejor del barrio está detrás de las fachadas, en jardines que no se ven desde la calle. Cruza la avenida, camina un poco hacia el oeste y gira a la derecha por Kensington Park Road: a pocos pasos verás, a tu izquierda, una larga verja tras la que se esconde un parque secreto.
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9. Ladbroke Square: los jardines secretos de Notting Hill
Ladbroke Square, London W11 3NB, United Kingdom
Detrás de esa verja de hierro y de los setos se extiende una enorme pradera arbolada de casi tres hectáreas, con senderos, bancos y árboles centenarios... y no puedes entrar. Es Ladbroke Square, uno de los mayores jardines privados de Londres, y solo tienen llave los vecinos de las casas que lo rodean.
Todo esto fue la gran apuesta de la familia Ladbroke, propietaria de estos campos. En el siglo XIX, los arquitectos y constructores del Ladbroke Estate perfeccionaron una fórmula que hoy define Notting Hill: casas en hilera cuyos jardines traseros no terminan en un muro, sino en un gran parque compartido. Abres la puerta de atrás del salón y estás en un bosque privado. Hay más de una docena de jardines así en el barrio, escondidos detrás de las fachadas.
El negocio, sin embargo, empezó fatal. A mediados del siglo XIX estalló la burbuja, muchos constructores quebraron y durante años hubo casas a medio construir, abandonadas a la intemperie. Y muy cerca, en Notting Dale, había alfarerías, hornos de ladrillo y criaderos de cerdos, con un olor que no encajaba nada con la elegancia que se prometía a los compradores.
Hoy estos jardines son el secreto mejor guardado del barrio, y el cine los hizo famosos. En la película Notting Hill, los protagonistas saltan de noche la verja de uno de ellos, entre risas, para colarse en un jardín ajeno. Es la fantasía de muchos visitantes... aunque mejor no intentarlo: los vecinos vigilan sus llaves con celo muy británico.
Fíjate en las casas de estuco blanco que asoman al otro lado, con sus balcones y columnas: se pensaron para mirar al verde, no a la calle. Sigue hacia el oeste por las calles que bordean el jardín y sube hacia la cima de la colina: allí te espera una iglesia levantada en el lugar más curioso del barrio, el centro de un antiguo hipódromo.
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10. St John's Notting Hill: la iglesia en el centro de un hipódromo
Lansdowne Crescent, London W11 2NN, United Kingdom
Has llegado a lo más alto de la colina de Notting Hill. En la cima se alza una iglesia de piedra con aguja gótica, rodeada de césped y de calles que la abrazan en curva. Es St John's Notting Hill, consagrada en 1845, y está justo donde unos años antes la gente subía a ver carreras de caballos.
En junio de 1837, el mismo mes en que una jovencísima Victoria subía al trono, el empresario John Whyte abrió en estos terrenos alquilados el Hippodrome, un hipódromo que aspiraba a ser el gran circuito de Londres, con una pista que rodeaba la colina. Esta cumbre era el mirador natural: desde aquí los espectadores seguían a los caballos en toda la vuelta. Durante unos años llegaron aristócratas en carruaje y hubo carreras lisas y de obstáculos.
Pero el proyecto tenía dos enemigos. El primero era el suelo: la arcilla pesada de la zona se convertía en barro, y los jinetes se quejaban de la pista. El segundo eran los vecinos de Notting Dale, que defendían un antiguo camino público que atravesaba el recinto y se colaban por él sin pagar, con muy poca pinta de aristócratas. Hacia 1842, el Hippodrome cerró para siempre.
Entonces llegaron los promotores y trazaron calles sobre la antigua pista. Por eso algunas, como Lansdowne Crescent o Stanley Crescent, describen curvas tan elegantes alrededor de la colina; según la tradición local, siguen más o menos el trazado del viejo circuito. La iglesia se levantó en la cima como corona del nuevo barrio, y fue una de las primeras de la zona.
Párate un momento y mira cómo se curvan las calles: estás dentro de un hipódromo fantasma. Rodea la iglesia y toma Lansdowne Crescent, la media luna de casas blancas que se curva hacia el oeste: allí termina el paseo, con una historia de música y de despedida.
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11. Lansdowne Crescent: la última noche de Jimi Hendrix
22 Lansdowne Crescent, London W11 2NS, United Kingdom
Esta media luna de casas de estuco blanco, con columnas en la entrada y jardines delanteros, es una de las calles más elegantes y silenciosas de Notting Hill. Camina despacio: en el número 22 funcionaba en 1970 un pequeño hotel llamado Samarkand.
Allí, en la madrugada del 18 de septiembre de 1970, murió Jimi Hendrix, a los veintisiete años. Había pasado la noche con su amiga Monika Dannemann, que se alojaba en el hotel. Tomó varias de las pastillas para dormir de ella, muchas más de las recomendadas, y se ahogó mientras dormía. Las circunstancias exactas de aquella noche se han discutido durante décadas, y el forense dejó un veredicto abierto.
Hendrix tenía una relación especial con Londres. Llegó en 1966 como un guitarrista casi desconocido de Seattle y en pocos meses dejó boquiabiertos a Eric Clapton y a medio mundo del rock. Fue Londres, y no Estados Unidos, la ciudad que lo convirtió en estrella. Y menos de tres semanas antes de morir había tocado en el festival de la isla de Wight ante una multitud inmensa. Dos noches antes del final subió por última vez a un escenario, en un club de jazz del Soho, para improvisar unos temas con la banda de su amigo Eric Burdon.
Piensa en el contraste. Colina abajo están el carnaval, los sound systems, el Mangrove y la Westway; aquí, entre columnas blancas, reina un silencio casi aristocrático. Notting Hill siempre ha sido así: dos barrios en uno, con la música corriendo entre ellos.
Así termina este paseo por el Notting Hill que no sale en las postales. Empezaste a los pies de una torre de hormigón, oíste hablar portugués y árabe en Golborne Road, recordaste a Claudia Jones y a los Nueve del Mangrove, descubriste que Portobello lleva el nombre de una batalla en Panamá y caminaste sobre un hipódromo fantasma. Si te quedan fuerzas, baja hacia Portobello Road, a pocos minutos, y busca un café donde descansar.