Ladbroke Square: los jardines secretos de Notting Hill

Why is it significant?

Detrás de esa verja de hierro y de los setos se extiende una enorme pradera arbolada de casi tres hectáreas, con senderos, bancos y árboles centenarios... y no puedes entrar.

Key Facts

PlaceLadbroke Square: los jardines secretos de Notting Hill
AddressLadbroke Square, London W11 3NB, United Kingdom
Geo Coordinates51.51060, -0.20260
Part of WalkNotting Hill secreto: Portobello Road, el carnaval y la torre de Goldfinger en Londres
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Detrás de esa verja de hierro y de los setos se extiende una enorme pradera arbolada de casi tres hectáreas, con senderos, bancos y árboles centenarios... y no puedes entrar. Es Ladbroke Square, uno de los mayores jardines privados de Londres, y solo tienen llave los vecinos de las casas que lo rodean.

Todo esto fue la gran apuesta de la familia Ladbroke, propietaria de estos campos. En el siglo XIX, los arquitectos y constructores del Ladbroke Estate perfeccionaron una fórmula que hoy define Notting Hill: casas en hilera cuyos jardines traseros no terminan en un muro, sino en un gran parque compartido. Abres la puerta de atrás del salón y estás en un bosque privado. Hay más de una docena de jardines así en el barrio, escondidos detrás de las fachadas.

El negocio, sin embargo, empezó fatal. A mediados del siglo XIX estalló la burbuja, muchos constructores quebraron y durante años hubo casas a medio construir, abandonadas a la intemperie. Y muy cerca, en Notting Dale, había alfarerías, hornos de ladrillo y criaderos de cerdos, con un olor que no encajaba nada con la elegancia que se prometía a los compradores.

Hoy estos jardines son el secreto mejor guardado del barrio, y el cine los hizo famosos. En la película Notting Hill, los protagonistas saltan de noche la verja de uno de ellos, entre risas, para colarse en un jardín ajeno. Es la fantasía de muchos visitantes... aunque mejor no intentarlo: los vecinos vigilan sus llaves con celo muy británico.

Fíjate en las casas de estuco blanco que asoman al otro lado, con sus balcones y columnas: se pensaron para mirar al verde, no a la calle. Sigue hacia el oeste por las calles que bordean el jardín y sube hacia la cima de la colina: allí te espera una iglesia levantada en el lugar más curioso del barrio, el centro de un antiguo hipódromo.

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