Trellick Tower: el gigante brutalista de Goldfinger
Why is it significant?
Levanta la cabeza: ante ti se alza una torre de hormigón de treinta y un pisos y, a su lado, separada por una rendija de aire, otra torre estrecha que la acompaña como una columna vertebral, unida al bloque principal por pasarelas cada tres plantas.
Key Facts
| Place | Trellick Tower: el gigante brutalista de Goldfinger |
|---|---|
| Address | Golborne Road, London W10 5PA, United Kingdom |
| Geo Coordinates | 51.52360, -0.20540 |
| Part of Walk | Notting Hill secreto: Portobello Road, el carnaval y la torre de Goldfinger en Londres |
| Generated | Generated |
Levanta la cabeza: ante ti se alza una torre de hormigón de treinta y un pisos y, a su lado, separada por una rendija de aire, otra torre estrecha que la acompaña como una columna vertebral, unida al bloque principal por pasarelas cada tres plantas. Arriba del todo, una especie de cabeza cuadrada con ranuras. Es la Trellick Tower, y la quieras o la odies, es imposible no mirarla.
La diseñó Ernő Goldfinger, un arquitecto húngaro afincado en Londres, y se terminó en 1972 como vivienda social. La torre estrecha concentra ascensores, escaleras y calderas, de modo que los ascensores solo paran cada tres pisos y los vecinos llegan a sus casas, muchas de ellas en dos niveles, por pasillos interiores. La idea era alejar el ruido de las viviendas y dar a cada familia luz por los dos lados.
Goldfinger tenía fama de genio difícil, y su apellido tiene historia propia. Se dice que a Ian Fleming, el autor de James Bond, le irritaban los edificios modernos que el arquitecto levantaba en Hampstead, y en 1959 bautizó con ese apellido a uno de los villanos más famosos de la saga. Cuenta la anécdota que Goldfinger amenazó con demandarlo, y que Fleming propuso cambiar el nombre por otro bastante más grosero. El arquitecto se lo pensó mejor.
Durante los años setenta y ochenta la torre se ganó una pésima reputación, con ascensores rotos y robos, y hubo quien la llamó la torre del terror. Pero la mirada cambió. En 1998 fue protegida como monumento histórico, y hoy sus pisos se buscan como joyas del brutalismo, mientras muchas familias siguen viviendo aquí en alquiler social. Es uno de esos raros edificios que pasaron de símbolo del fracaso a icono sin moverse un centímetro.
Date la vuelta y camina hacia el oeste por Golborne Road, la calle que pasa a los pies de la torre. Pronto olerá a café portugués y a té con menta: estás entrando en otro país.