Gràcia, el pueblo dentro de Barcelona: plazas, la Casa Vicens y la Plaça del Diamant

De la Casa Fuster a la torre del reloj: la primera casa de Gaudí, el convento que bautizó el barrio, la plaza de Colometa y una villa rebelde que nunca quiso ser solo un barrio de Barcelona

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  1. 1. Casa Fuster: el palacio blanco a las puertas de Gràcia

    Passeig de Gràcia 132, 08008 Barcelona, Spain

    Ponte en la acera de enfrente y mira el edificio blanco que hace esquina como la proa de un barco: columnas esbeltas, balcones curvos, ventanales que se abren a tres fachadas y, en lo alto de la esquina, una torre redonda. Detrás de ti termina el Passeig de Gràcia; delante empieza otro mundo.

    Ese otro mundo se llama Gràcia. Hasta 1897 fue un municipio independiente, una villa con su propio ayuntamiento, sus fábricas y sus fiestas, y el Passeig de Gràcia era, en su origen, el camino que llevaba desde Barcelona hasta ella. Por eso esta casa parece una puerta monumental: marca el punto donde la gran avenida burguesa se convierte en calle de pueblo.

    La levantó Lluís Domènech i Montaner, el arquitecto del Palau de la Música, entre 1908 y 1911, y fue su última gran obra en Barcelona. El encargo vino de Mariano Fuster, un rico mallorquín que quería regalarle una casa a su esposa, Consol Fabra. No reparó en gastos: mármol blanco, piedra noble, tres fachadas de lujo. Se dice que fue la casa más cara construida en la Barcelona de su tiempo.

    Fíjate en cómo resuelve la esquina: no la corta, la redondea, y en ese cilindro coloca la torre, como un mirador sobre los dos lados del cruce. Es un modernismo ya tardío, más contenido, casi clásico, el de un arquitecto que había pasado por todos los excesos y ahora buscaba elegancia. Hoy es un hotel, y mucha gente pasa por delante sin saber que mira la despedida de uno de los grandes maestros del modernismo catalán.

    Ahora deja atrás la avenida y entra en la villa. Sube por Gran de Gràcia, la antigua calle mayor, y al poco gira a la izquierda hacia la Plaça de la Llibertat. Antes, echa un vistazo a los Jardinets de Gràcia, el pequeño jardín alargado entre las dos calzadas: es el último respiro verde del Passeig antes de entrar en la villa. Busca un mercado con un esqueleto de hierro y deja que el olor a fruta te guíe.

  2. 2. Mercat de la Llibertat: hierro, fruta y una plaza llamada Libertad

    Plaça de la Llibertat 27, 08012 Barcelona, Spain

    Párate delante del mercado y fíjate en su esqueleto: columnas y arcos de hierro, grandes cristaleras, un tejado que parece flotar sobre los puestos. Dentro huele a fruta, a pescado y a pan, y se oye catalán, castellano y una docena de idiomas más. Es el mercado de barrio por excelencia.

    El edificio de hierro se levantó a finales del siglo XIX, cuando Gràcia todavía era una villa independiente y crecía a toda velocidad. En su diseño participó Francesc Berenguer, un arquitecto criado en Gràcia que fue durante años la mano derecha de Gaudí. Berenguer firmó poco con su nombre, porque nunca llegó a obtener el título de arquitecto, pero dejó su huella en buena parte de los edificios públicos de la villa. Al final del paseo verás otro de ellos, el antiguo ayuntamiento de Gràcia.

    Y fíjate en el nombre: Llibertat, libertad. Muy cerca hay calles que se llaman Fraternitat y Progrés. En el siglo XIX Gràcia era una villa de obreros, artesanos y pequeños fabricantes, con cooperativas, ateneos, periódicos y una tradición republicana muy viva. Sus vecinos bautizaron las calles con las palabras que soñaban, y el callejero acabó pareciendo un manifiesto político.

    Los mercados municipales de Barcelona forman una red única: hay decenas repartidos por todos los barrios, de modo que casi nadie vive lejos de uno. A principios de este siglo el de la Llibertat se renovó a fondo, conservando su estructura de hierro, y sigue funcionando como siempre: los vendedores conocen a sus clientes por el nombre y saben quién quiere el pescado limpio y quién lo prefiere entero.

    Si tienes hambre, es buen momento para comprar algo de fruta para el camino, y de paso mirar cómo se compra aquí: sin prisa, con conversación y con el turno bien vigilado. Luego sube hacia el norte por las calles estrechas de la villa hasta Carrer de les Carolines. A media calle verás una casa que parece un tablero de ajedrez cubierto de flores amarillas.

  3. 3. Casa Vicens: la primera casa de Gaudí

    Carrer de les Carolines 20-26, 08012 Barcelona, Spain

    Mira la casa que asoma entre los muros de la calle: ladrillo rojizo, franjas de azulejos verdes y blancos como un tablero de ajedrez, y una cenefa de flores amarillas que se repite por toda la fachada. Torrecillas, miradores, rejas de hierro... parece un palacio de cuento oriental encajado en una calle de Gràcia.

    Es la Casa Vicens, la primera casa que diseñó Antoni Gaudí. El encargo llegó en 1883: Manuel Vicens, un agente de bolsa, quería una casa de veraneo. En aquella época Gràcia era el lugar al que los barceloneses acomodados escapaban del calor y del humo de la ciudad. Gaudí tenía poco más de treinta años y casi ninguna obra importante a sus espaldas. Aquí ensayó, por primera vez, mucho de lo que vendría después.

    Cuenta la historia que, cuando Gaudí visitó el solar, lo encontró cubierto de pequeñas flores amarillas, claveles moros, y con una palmera. No desperdició nada: las flores acabaron convertidas en azulejos, y las hojas de palmito, en la famosa reja de hierro fundido. El paisaje del terreno se quedó pegado a la casa para siempre.

    Por dentro es todavía más sorprendente: techos de madera policromada, paredes pintadas con pájaros y ramas, y un fumadero de inspiración árabe con un techo que imita los mocárabes de la Alhambra. Durante más de un siglo fue una vivienda privada, y los barceloneses solo podían verla desde la calle. En 2005 entró en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco, junto a otras obras de Gaudí, y en 2017 abrió por fin sus puertas como museo.

    Fíjate también en que la casa original era más pequeña. En los años veinte otro arquitecto la amplió, con el visto bueno de Gaudí, y el jardín, que entonces llegaba mucho más lejos, se fue reduciendo a medida que el barrio crecía a su alrededor. Ahora sigue hacia el norte, hasta la gran Plaça de Lesseps, donde una iglesia de piedra explica el nombre de todo el barrio.

  4. 4. Els Josepets y la Plaça de Lesseps: el convento que bautizó Gràcia

    Plaça de Lesseps, 08023 Barcelona, Spain

    En medio del tráfico de la plaza, busca una iglesia de piedra de aspecto antiguo, plantada como si no se hubiera enterado de que a su alrededor pasan ahora autobuses, coches y motos a todas horas. Ese edificio es más viejo que casi todo lo que vas a ver hoy en Gràcia.

    Es la iglesia de los Josepets, como la llama todo el mundo. En 1626 los carmelitas descalzos fundaron aquí, en pleno campo, un convento dedicado a la Virgen de Gràcia y a san José. Entonces no había barrio: solo masías, viñas, huertos y caminos de carro que subían desde Barcelona. Por su devoción a san José, los barceloneses apodaron con cariño a los frailes los Josepets. Y la explicación más aceptada del nombre del barrio es justamente esta: en torno al convento de Gràcia fue naciendo, poco a poco, la villa de Gràcia.

    La vida del convento no fue tranquila. En 1835, con las revueltas anticlericales y las leyes contra las órdenes religiosas, los frailes tuvieron que marcharse y el convento se perdió. La iglesia sobrevivió convertida en parroquia, y ha resistido guerras y reformas urbanas hasta quedar en medio de esta plaza llena de tráfico.

    ¿Y por qué Lesseps? Ferdinand de Lesseps, el hombre que años después impulsaría el canal de Suez, inaugurado en 1869, fue cónsul de Francia en Barcelona. En 1842 el general Espartero mandó bombardear la ciudad desde el castillo de Montjuïc para sofocar una revuelta, y Lesseps se dedicó a proteger y evacuar a todos los que pudo, barceloneses y extranjeros por igual. La ciudad se lo agradeció poniendo su nombre a esta plaza.

    Desde aquí el barrio cambia de cara: más cuesta, más silencio, calles que suben hacia el Park Güell. Pero tú vas a volver hacia el corazón de la villa. Avanza unos pasos por la Travessera de Dalt y toma Carrer de Verdi, una calle larga y estrecha que atraviesa Gràcia de norte a sur.

  5. 5. Carrer de Verdi: la calle que se disfraza en agosto

    Carrer de Verdi 100, 08012 Barcelona, Spain

    Camina despacio por esta calle estrecha y mira hacia arriba: balcones con macetas y ropa tendida, persianas de madera, alguna bandera, cables que cruzan de un lado a otro. Ahora imagínala en agosto, con el cielo tapado por completo por un techo de colores, peces gigantes, una selva de cartón o un fondo marino hecho con botellas de plástico.

    Eso es la Festa Major de Gràcia, la gran fiesta del barrio, que se celebra cada año a mediados de agosto, alrededor del día 15. Durante una semana, decenas de calles y plazas compiten por tener la decoración más espectacular, y Verdi suele estar entre las que se engalanan. Cada calle elige un tema y lo convierte en un escenario: un barco pirata, un cuento, una ciudad imaginaria.

    Lo extraordinario es cómo se hace. No hay grandes empresas detrás: son los propios vecinos, organizados en comisiones de calle, los que pasan meses reuniendo materiales, muchas veces reciclados, y fabricando los adornos en locales, patios y azoteas. Las primeras noticias de calles engalanadas se remontan al siglo XIX, y la tradición ha pasado de padres a hijos.

    Durante esa semana Gràcia recibe a cientos de miles de visitantes. Hay conciertos en las plazas, castellers levantando torres humanas, correfocs con diablos y petardos, gigantes, y comidas populares en mesas largas en medio de la calle. Y al final llega la parte que casi nadie ve: los mismos vecinos lo desmontan todo, barren y devuelven la calle a la normalidad, como si nada hubiera pasado.

    Fuera de agosto, Verdi es otra cosa: una de las calles más vivas de Gràcia, con tiendas pequeñas, bares y vecinos que se saludan por su nombre. Su nombre, por cierto, homenajea al compositor Giuseppe Verdi. Ahora toma alguna de las calles que van hacia el este y busca una plaza tranquila donde un hombre de bronce está sentado en un banco, contemplando un plano.

  6. 6. Plaça de Rovira i Trias: el arquitecto que perdió el Eixample

    Plaça de Rovira i Trias, 08024 Barcelona, Spain

    Acércate al banco de la plaza: sentado en él, tamaño natural, con aire de paciencia infinita, hay un hombre de bronce. A sus pies, grabado en el suelo, aparece un plano de Barcelona... pero no el que conoces. Siéntate a su lado si quieres: está acostumbrado a la compañía.

    Es Antoni Rovira i Trias, arquitecto municipal de Barcelona en el siglo XIX. En 1859, cuando la ciudad por fin pudo crecer más allá de sus murallas, el Ayuntamiento convocó un concurso para diseñar el ensanche. Rovira lo ganó con un proyecto precioso: una ciudad en forma de abanico, con avenidas que se abrían como radios desde el casco antiguo y conectaban con los pueblos del llano, Gràcia incluida.

    Pero el Gobierno de Madrid tenía otros planes. Ya había autorizado los estudios del ingeniero Ildefons Cerdà, y en 1860 impuso su proyecto: la gran cuadrícula de manzanas con las esquinas cortadas que hoy llamamos el Eixample, pensada para que el aire y la luz entraran en todas las casas. En Barcelona muchos lo vivieron como una imposición, y durante años se habló de aquella decisión con rencor. Rovira se quedó con el premio... y sin su ciudad.

    Ironías de la historia: hoy el Eixample de Cerdà se estudia en todo el mundo como un modelo de urbanismo, y el plano de Rovira solo existe aquí, a los pies de una estatua. Pero Rovira no se fue con las manos vacías. Diseñó mercados como el de Sant Antoni y, en Gràcia, la torre del reloj que verás al final del paseo.

    Fíjate en el detalle: Gràcia, la villa que no quería ser absorbida por Barcelona, le dedicó un rincón tranquilo al arquitecto que había imaginado una Barcelona que respetaba a sus pueblos. Antes de irte, busca en el plano del suelo el casco antiguo: verás cómo todas sus avenidas nacían de él, como si la ciudad vieja fuera el corazón de un abanico. Cuando te levantes del banco, baja hacia el sur por las calles del barrio hasta una plaza peatonal presidida por una iglesia de piedra con un campanario.

  7. 7. Plaça de la Virreina: la virreina y la Perricholi

    Plaça de la Virreina, 08024 Barcelona, Spain

    Busca un banco a la sombra y mira la iglesia que preside la plaza: piedra, un campanario esbelto, una fachada que mezcla el gótico con algo más difícil de clasificar. A su alrededor juegan niños, los vecinos toman el vermut en las terrazas y las palomas hacen su ronda. Es una de las plazas más queridas de Gràcia.

    La iglesia es Sant Joan de Gràcia, levantada a finales del siglo XIX, y en su diseño participó Francesc Berenguer, el colaborador de Gaudí del que te hablé en el mercado. Pero el nombre de la plaza nos lleva mucho más lejos, hasta Lima. La tradición lo relaciona con la virreina, la esposa de Manuel d'Amat, un militar catalán que fue virrey del Perú entre 1761 y 1776.

    Y aquí viene el escándalo. En Lima, el virrey Amat, ya maduro, vivió un romance muy comentado con una joven actriz, Micaela Villegas, a la que todos llamaban la Perricholi. La historia dio la vuelta al mundo: inspiró una obra de teatro de Prosper Mérimée, una opereta de Offenbach y hasta una película de Jean Renoir. Según se contaba, medio Lima hablaba de la carroza que el virrey le regaló, y la Perricholi acabó convertida en uno de los personajes más célebres del Perú colonial.

    Cuando Amat volvió a Barcelona, ya anciano, se casó con una joven de la nobleza barcelonesa, Maria Francesca de Fiveller, y se hizo construir un palacio en La Rambla, el Palau de la Virreina. Murió pocos años después, y ella vivió mucho tiempo como la virreina viuda. Así que la virreina de este nombre no es la actriz de las leyendas de Lima, sino la esposa barcelonesa que heredó el título.

    Hoy la Virreina es más tranquila que cualquier palacio: una plaza peatonal donde Gràcia sale a charlar. Desde aquí, baja unos pasos hacia el suroeste por las callejuelas, hasta una plaza pequeña con nombre de joya: la Plaça del Diamant.

  8. 8. Plaça del Diamant: la plaza de Colometa

    Plaça del Diamant, 08012 Barcelona, Spain

    Busca en la plaza una escultura de bronce: una figura de mujer rodeada de palomas que parecen echar a volar. Alrededor, casas modestas, unos árboles, niños jugando a la pelota. A primera vista no tiene nada especial, y sin embargo esta es una de las plazas más famosas de la literatura catalana.

    La culpa es de Mercè Rodoreda. En 1962, desde el exilio, publicó La plaça del Diamant, una novela que empieza justo aquí, en un baile de la Festa Major. Natàlia, una joven dependienta de pastelería, conoce esa noche a Quimet, que la llama Colometa, palomita, y que poco a poco va decidiendo por ella. Rodoreda la escribió en Ginebra, lejos de la ciudad que describe con tanto detalle. A través de su voz, Rodoreda cuenta la República, la guerra y la posguerra desde la mirada de una mujer corriente.

    La novela se ha traducido a más de treinta idiomas y se considera una de las grandes obras de la literatura catalana del siglo XX. Gabriel García Márquez llegó a elogiarla como la novela más bella publicada en España después de la guerra. Y su final, que no te voy a contar entero, vuelve a esta misma plaza, con un grito que Colometa lleva dentro desde hace años.

    Bajo tus pies hay otra huella de aquellos años. Durante la Guerra Civil, los vecinos excavaron bajo la plaza un refugio antiaéreo, una red de túneles para protegerse de los bombardeos que sufría la ciudad. Quedó olvidado durante décadas, hasta que unas obras lo redescubrieron a principios de los años noventa. Es el subsuelo real de la época que vive Colometa en la novela.

    Fíjate en los nombres de las calles cercanas: Topazi, Perla, Or... Este rincón de Gràcia está bautizado con joyas, y la plaza es su diamante. Ahora sigue hacia el sureste, cruza Carrer de Verdi por su parte baja y busca una plaza alargada, con árboles y bancos, cuyo nombre es una fecha.

  9. 9. Plaça de la Revolució de Setembre de 1868: la villa rebelde

    Plaça de la Revolució de Setembre de 1868, 08012 Barcelona, Spain

    Lee la placa con el nombre de esta plaza, porque es uno de los más largos de toda Barcelona: Plaça de la Revolució de Setembre de 1868. Alrededor, árboles, bancos, terrazas, niños en bicicleta... Una plaza de lo más pacífica para un nombre tan solemne.

    La fecha se refiere a la Gloriosa, la revolución de septiembre de 1868. Un grupo de militares, con los generales Prim y Serrano a la cabeza, se sublevó contra Isabel II, y la reina tuvo que exiliarse en Francia. Se abrió entonces un periodo de seis años de experimentos políticos: una nueva constitución, un rey traído de Italia, Amadeo de Saboya, y en 1873 la Primera República.

    En Gràcia aquella revolución se vivió con entusiasmo. La villa era un hervidero de obreros textiles, artesanos y pequeños comerciantes, con asociaciones, cooperativas y periódicos, donde las ideas republicanas y federales tenían muchos seguidores. No es casualidad que los vecinos quisieran dejar aquella fecha escrita en una plaza: era su manera de decir lo que pensaban.

    Esa independencia de carácter iba también en serio en lo político. Gràcia defendía con uñas y dientes ser un municipio propio, y cuando en 1897 un decreto la anexionó a Barcelona, junto con otros pueblos del llano, muchos vecinos lo vivieron como una derrota. El mismo decreto se tragó de golpe a Sants, Les Corts, Sant Gervasi, Sant Andreu y Sant Martí, pueblos que hoy son simples nombres de barrio en el mapa del metro. Todavía hoy, más de un siglo después, hay vecinos de toda la vida que dicen que bajan a Barcelona cuando van al centro.

    Esta plaza es un buen termómetro del barrio: familias por la tarde, gente joven al caer la noche, conversaciones en catalán, castellano e inglés en las mismas mesas. Por las tardes, los bancos se convierten en una tertulia permanente de los mayores del barrio, que lo han visto cambiar todo menos el carácter. Ahora camina unos pasos hacia el suroeste, por las callejuelas, hasta la plaza más animada de las noches de Gràcia.

  10. 10. Plaça del Sol: el salón de Gràcia

    Plaça del Sol, 08012 Barcelona, Spain

    Sal al centro de la plaza y mira alrededor: un gran espacio abierto de piedra, rodeado de casas de cuatro o cinco pisos con balcones y terrazas en los bajos. De día es tranquila, casi soñolienta; en las noches de verano se llena de gente sentada en el suelo, charlando hasta muy tarde.

    La Plaça del Sol es el salón de estar de Gràcia. Aquí no hay grandes monumentos que ver: lo que se viene a ver es a la gente. En un barrio de calles estrechas y pisos pequeños, la vida siempre se ha hecho en las plazas, y Gràcia tiene muchas, más que casi cualquier otro rincón de Barcelona.

    La plaza que ves es hija de una época muy concreta. En los años ochenta, con los primeros ayuntamientos democráticos, Barcelona se lanzó a recuperar el espacio público con plazas nuevas o rehechas, muchas de ellas plazas duras, de piedra y casi sin jardín; era la época en que el arquitecto Oriol Bohigas dirigía el urbanismo de la ciudad. Bajo esta se construyó un aparcamiento, y su diseño despertó polémica: hubo quien la encontró fría y desnuda. Con los años, los vecinos se la han apropiado por completo.

    Esa vida tiene su cara menos amable. Para quien vive en los balcones de alrededor, el murmullo de cientos de personas hasta la madrugada es un problema serio, y el equilibrio entre la fiesta y el descanso es un debate eterno en Gràcia. Por eso, si vienes de noche, recuerda que por encima de tu cabeza hay gente intentando dormir.

    En agosto, durante la Festa Major, esta plaza suele convertirse en uno de los grandes escenarios de conciertos del barrio. Y si buscas su cara más amable, ven un domingo por la mañana, cuando la plaza es de los niños, de los perros y de los vecinos que bajan a por el pan. Ahora te queda la última parada. Baja por las calles hacia el sur, hasta una plaza presidida por una torre con un reloj: el lugar donde Gràcia, literalmente, tocó a rebato.

  11. 11. Plaça de la Vila de Gràcia: la torre que tocó a rebato

    Plaça de la Vila de Gràcia, 08012 Barcelona, Spain

    Colócate junto a la torre que se alza en medio de la plaza y levanta la vista: una columna alta y esbelta, con relojes en lo alto y, arriba del todo, una campana. Al fondo, el edificio del antiguo ayuntamiento de la villa, hoy sede del distrito. Esta era la plaza mayor de Gràcia cuando Gràcia era un pueblo con alcalde propio.

    La torre la diseñó Antoni Rovira i Trias, el arquitecto del banco de bronce que viste antes, y se construyó a principios de la década de 1860. Mide más de treinta metros y durante mucho tiempo fue el punto de referencia de toda la villa, visible desde sus campos y sus calles. Pero su fama no viene de la arquitectura, sino del sonido de su campana.

    En abril de 1870 el Gobierno ordenó una nueva leva de soldados, las quintas, que se llevaba a los hijos de las familias pobres, mientras los ricos podían pagar para librarse. Gràcia se levantó. Hubo barricadas, y muchas mujeres encabezaron las protestas. La campana de esta torre tocó a rebato durante días para llamar a los vecinos a resistir, y el ejército acabó bombardeando la villa para sofocar la revuelta.

    Aquella campana se hizo tan famosa que dio nombre a un semanario satírico, La Campana de Gràcia, fundado ese mismo año y publicado durante décadas, con caricaturas feroces contra los poderosos. Y otro detalle: durante muchos años la plaza llevó el nombre de Rius i Taulet, un alcalde de Barcelona, hasta que en 2009 recuperó el de Plaça de la Vila de Gràcia.

    Aquí termina el paseo, en el centro de la villa que no quería ser barrio: del palacio blanco de la frontera a la casa de flores de Gaudí, de la plaza de Colometa a la torre que tocó a rebato. Busca una terraza, pide algo fresco y escucha... con un poco de suerte oirás la campana, que hoy solo da la hora.