Mercat de la Llibertat: hierro, fruta y una plaza llamada Libertad

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Párate delante del mercado y fíjate en su esqueleto: columnas y arcos de hierro, grandes cristaleras, un tejado que parece flotar sobre los puestos. Dentro huele a fruta, a pescado y a pan, y se oye catalán, castellano y una docena de idiomas más. Es el mercado de barrio por excelencia.

Key Facts

PlaceMercat de la Llibertat: hierro, fruta y una plaza llamada Libertad
AddressPlaça de la Llibertat 27, 08012 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.39990, 2.15350
Part of WalkGràcia, el pueblo dentro de Barcelona: plazas, la Casa Vicens y la Plaça del Diamant
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Párate delante del mercado y fíjate en su esqueleto: columnas y arcos de hierro, grandes cristaleras, un tejado que parece flotar sobre los puestos. Dentro huele a fruta, a pescado y a pan, y se oye catalán, castellano y una docena de idiomas más. Es el mercado de barrio por excelencia.

El edificio de hierro se levantó a finales del siglo XIX, cuando Gràcia todavía era una villa independiente y crecía a toda velocidad. En su diseño participó Francesc Berenguer, un arquitecto criado en Gràcia que fue durante años la mano derecha de Gaudí. Berenguer firmó poco con su nombre, porque nunca llegó a obtener el título de arquitecto, pero dejó su huella en buena parte de los edificios públicos de la villa. Al final del paseo verás otro de ellos, el antiguo ayuntamiento de Gràcia.

Y fíjate en el nombre: Llibertat, libertad. Muy cerca hay calles que se llaman Fraternitat y Progrés. En el siglo XIX Gràcia era una villa de obreros, artesanos y pequeños fabricantes, con cooperativas, ateneos, periódicos y una tradición republicana muy viva. Sus vecinos bautizaron las calles con las palabras que soñaban, y el callejero acabó pareciendo un manifiesto político.

Los mercados municipales de Barcelona forman una red única: hay decenas repartidos por todos los barrios, de modo que casi nadie vive lejos de uno. A principios de este siglo el de la Llibertat se renovó a fondo, conservando su estructura de hierro, y sigue funcionando como siempre: los vendedores conocen a sus clientes por el nombre y saben quién quiere el pescado limpio y quién lo prefiere entero.

Si tienes hambre, es buen momento para comprar algo de fruta para el camino, y de paso mirar cómo se compra aquí: sin prisa, con conversación y con el turno bien vigilado. Luego sube hacia el norte por las calles estrechas de la villa hasta Carrer de les Carolines. A media calle verás una casa que parece un tablero de ajedrez cubierto de flores amarillas.

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