Venecia del arte: Dorsoduro, las Zattere y el Tiepolo que murió en Madrid
De la Punta della Dogana a la Accademia, la casa de Peggy Guggenheim, un taller de góndolas, la iglesia del Veronés y los techos de Tiepolo: el barrio de los pintores de Venecia, a paso lento
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1. Punta della Dogana
Punta della Dogana, Dorsoduro 2, 30123 Venezia VE, Italy
Camina hasta el final, hasta donde ya no queda suelo: estás en la proa de Venecia. A tu izquierda, el Gran Canal; a tu derecha, el ancho canal de la Giudecca; enfrente, San Marcos y la isla de San Giorgio flotando en la luz. Pocas ciudades tienen un mirador como este, y encima es gratis.
El edificio que tienes detrás es la Dogana da Mar, la aduana del mar. Aquí atracaban los barcos y se inspeccionaban las mercancías antes de que entraran en la ciudad: especias, telas, vino, todo pasaba por estas manos. La forma triangular actual se levantó entre 1677 y 1682, según el proyecto de Giuseppe Benoni, que ganó el concurso nada menos que frente a Baldassare Longhena, el arquitecto de la iglesia de la Salute que tienes al lado.
Ahora mira arriba, a la torre: dos atlantes de bronce sostienen una gran bola dorada, el mundo, y sobre ella baila una figura con una vela entre las manos. Es la Fortuna, y gira con el viento. El mensaje para los marineros era claro: el mundo es de Venecia, pero la suerte cambia de dirección cuando quiere.
Durante décadas el edificio estuvo vacío y cerrado. Hasta que el coleccionista francés François Pinault encargó su restauración al arquitecto japonés Tadao Ando, que en 2009 lo abrió como museo de arte contemporáneo. Por dentro, el ladrillo y las vigas antiguas conviven con muros de hormigón pulido, liso como la seda. Viejos almacenes de aduana convertidos en salas para el arte de hoy... a Venecia no le cuesta reinventarse.
Desde aquí empezamos un paseo por el barrio de los pintores, de la luz, de las colecciones. Dorsoduro significa lomo duro: aquí el suelo era más firme que en el resto de la laguna. Camina hacia el oeste por las calles que pasan detrás de la gran cúpula de la Salute, hasta un palacio blanco que se quedó en un solo piso.
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2. Peggy Guggenheim y el palacio inacabado
Palazzo Venier dei Leoni, Dorsoduro 701, 30123 Venezia VE, Italy
Delante de ti hay un palacio extraño para el Gran Canal: blanco, bajo, de una sola planta, con un jardín verde detrás de una verja. Entre los grandes palacios de varios pisos, parece que alguien se olvidó de terminarlo. Y así fue.
Es el Palazzo Venier dei Leoni. La familia Venier empezó a construirlo en 1749 con planes grandiosos, pero el dinero se acabó tras la primera planta y la obra se quedó así para siempre. El nombre viene de las cabezas de león que asoman en la fachada sobre el agua, aunque la leyenda prefiere contar que los Venier tenían un león de verdad en el jardín.
En 1949 lo compró una millonaria neoyorquina que había vivido en París entre artistas: Peggy Guggenheim. Había reunido su colección comprando, se dice, una obra al día en los meses anteriores a la guerra, y había lanzado a un joven Jackson Pollock. Aquí vivió treinta años, abriendo su casa al público, y aquí está su colección: Pollock, Kandinsky, Magritte, Max Ernst, que fue su marido... y también Picasso y Dalí. Busca El poeta de Picasso y el Nacimiento de los deseos líquidos de Dalí: dos españoles en la casa más moderna de Venecia.
En la terraza sobre el canal hay una escultura de Marino Marini, un jinete desnudo a caballo con los brazos abiertos, tan entusiasmado que no deja dudas. Se cuenta que la parte más atrevida del jinete era desmontable, y que Peggy la desenroscaba cuando la visitaban religiosas.
Murió en 1979, y sus cenizas descansan en el jardín, junto a las tumbas de sus perros, a los que llamaba mis bebés. Una lápida pequeña, unos olivos, ruido de agua: así quiso quedarse. Sigue hacia el oeste por el Campo San Vio y las callejuelas paralelas al canal, hasta la gran plaza de la Accademia.
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3. Gallerie dell'Accademia
Campo della Carità, Dorsoduro 1050, 30123 Venezia VE, Italy
Estás en un campo abierto, con el Gran Canal a un lado y, enfrente, una fachada clásica de piedra blanca: la entrada de las Gallerie dell'Accademia. Detrás de esas puertas está la mejor colección de pintura veneciana del mundo, de los dorados góticos a los cielos del siglo dieciocho.
El edificio no nació como museo. Era un conjunto religioso, la iglesia de Santa Maria della Carità, su convento, en parte diseñado por Palladio, y la sede de una de las grandes cofradías de la ciudad. La Academia de Bellas Artes se fundó en 1750, y cuando Napoleón suprimió conventos y cofradías, cientos de cuadros huérfanos acabaron aquí. Las galerías se abrieron al público en 1817.
Dentro te espera una escena de tribunal. En 1573 el Veronés pintó una Última Cena gigantesca para un convento dominico, llena de bufones, soldados alemanes borrachos, un enano con un loro y un perro en primer plano. La Inquisición lo citó y le preguntó qué hacía toda esa gente junto a Cristo. El pintor respondió que los pintores se toman las mismas libertades que los poetas y los locos. Le ordenaron corregirlo... y él, en vez de repintar, cambió el título: Cena en casa de Leví. Problema resuelto.
Busca también La tempestad de Giorgione, un cuadro pequeño que nadie ha sabido explicar del todo: un soldado, una mujer amamantando, un rayo. Y la Piedad de Tiziano, su última obra, que dejó sin terminar al morir en 1576 durante la peste y que completó Palma el Joven. El museo guarda además el Hombre de Vitruvio de Leonardo, aunque casi nunca se expone, porque la luz daña el papel.
El puente de madera que tienes al lado es el famoso de la Accademia, pero hoy no lo cruzamos. Nuestro camino va hacia el sur. Toma la calle ancha, el Rio Terà Antonio Foscarini, que fue un canal rellenado, y síguela hasta que se abra ante ti el agua del canal de la Giudecca.
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4. Las Zattere y los Gesuati: el Tiepolo de Madrid
Fondamenta Zattere ai Gesuati, Dorsoduro, 30123 Venezia VE, Italy
De repente se acaban las calles y aparece el agua ancha: estás en las Zattere, un largo paseo de piedra al sol, frente a la isla de la Giudecca. Pasan barcos enormes, vaporetti, remeros, y en invierno la luz baja lo dora todo. A tu espalda, una iglesia blanca de fachada clásica: los Gesuati.
Zattere quiere decir balsas. Por aquí llegaban, flotando desde los bosques del interior, los troncos atados en balsas que Venecia necesitaba para todo: para los barcos, para las casas y para los millones de pilotes de madera clavados en el fango sobre los que se sostiene la ciudad. Sí, Venecia es, en buena parte, un bosque puesto del revés.
La iglesia de Santa Maria del Rosario, que todos llaman los Gesuati, la levantó Giorgio Massari en el siglo dieciocho para los dominicos. Entra y levanta la vista: entre 1737 y 1739 Giambattista Tiepolo pintó en el techo la Institución del Rosario, con una escalinata que sube hacia un cielo abierto, figuras que parecen caerse del marco y una luz que solo Tiepolo sabía fabricar.
Y ahora el hilo que nos lleva a España. En 1762, ya mayor y famosísimo, Tiepolo aceptó la invitación de Carlos III y viajó a Madrid con sus hijos Giandomenico y Lorenzo. Allí pintó el techo del Salón del Trono del Palacio Real, una apoteosis de la monarquía española con todas las provincias del imperio. Ya no volvió: murió en Madrid el 27 de marzo de 1770. Fue enterrado en una iglesia madrileña que después se derribó, y su tumba se perdió.
Mientras tanto, en la corte soplaban nuevos vientos, el neoclasicismo de Mengs, y su pintura empezó a parecer anticuada. Así que este techo veneciano es, en cierto modo, el hermano mayor de los de Madrid. Camina por las Zattere hacia el oeste y, justo antes del puente sobre el Rio di San Trovaso, gira a la derecha por la orilla del canal: mira hacia la otra orilla.
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5. Squero di San Trovaso: donde nacen las góndolas
Squero di San Trovaso, Fondamenta Nani, Dorsoduro 1097, 30123 Venezia VE, Italy
Al otro lado del canal ves algo que no encaja con el resto de Venecia: unas casas de madera, con balcones floridos y tejados de montaña, y delante una rampa inclinada donde descansan, panza arriba, unas góndolas negras. Desde esta orilla se ve todo; el taller es un lugar de trabajo, así que míralo con respeto, sin cruzar.
Es el squero di San Trovaso, uno de los pocos astilleros de góndolas que siguen activos, y funciona desde el siglo diecisiete. ¿Y por qué parece una casa alpina? Porque los carpinteros de ribera venían muchas veces de las montañas del Cadore, en los Dolomitas, de donde bajaba también la madera, y construían como en su tierra.
Una góndola mide unos once metros y se hace con unas doscientas ochenta piezas de ocho maderas distintas: roble, olmo, alerce, abeto, cerezo, nogal... Y tiene un secreto: es asimétrica. El lado izquierdo es más ancho que el derecho, y el casco está ligeramente torcido. Así compensa el peso del gondolero, que rema de pie, con un solo remo, siempre por el mismo lado. Si fuera simétrica, iría dando vueltas en círculo.
¿Y el negro? La tradición dice que, para frenar el derroche de los nobles, que competían con góndolas cubiertas de oro y sedas, las leyes suntuarias de la República impusieron el negro para todas. Se dice que hubo miles de góndolas en otros siglos; hoy quedan unas cuatrocientas, y fabricar una nueva lleva meses de trabajo a mano.
A la izquierda verás la iglesia de San Trovaso, que tiene dos fachadas casi iguales, una hacia cada campo. La tradición dice que era terreno neutral entre los dos bandos rivales de la ciudad, que podían entrar sin cruzarse. Vuelve ahora a las Zattere y sigue hacia el oeste junto al agua, hasta casi el final; luego sube por el Rio di San Sebastiano hasta una iglesia escondida en un campo tranquilo.
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6. San Sebastiano, la iglesia del Veronés
Campo San Sebastiano, Dorsoduro 1687, 30123 Venezia VE, Italy
La fachada no te dirá gran cosa: piedra clara, un frontón, un campo apartado donde casi nunca hay cola. Pero esta iglesia es, para muchos venecianos, la capilla Sixtina de su ciudad. Entra, deja que los ojos se acostumbren, y levanta la vista.
Paolo Caliari, llamado el Veronés porque había nacido en Verona, llegó a Venecia joven, a principios de la década de 1550. El prior de este convento era, como él, de Verona, y le dio una oportunidad. Desde 1555 y durante cerca de quince años, el Veronés pintó aquí casi todo: el techo, los muros, las puertas del órgano, la sacristía.
En el techo de la nave cuenta la historia de la reina Ester, una heroína bíblica, con escorzos tan atrevidos que los caballos parecen caerse sobre ti. Es la primera gran obra en la que el Veronés se muestra como es: colores luminosos, sedas, plata, arquitecturas, y una alegría que llenaría luego los palacios de toda Venecia. Aquí está también su martirio de san Sebastián, el santo de las flechas, al que se rezaba contra la peste.
Fíjate en las puertas del órgano: por fuera y por dentro hay escenas pintadas, y cuando se abrían para la música, la iglesia cambiaba de imagen. Era casi un espectáculo, y el Veronés lo sabía. Para un joven de provincias, esta iglesia fue su carta de presentación ante la ciudad más rica del Mediterráneo.
El Veronés murió en 1588, y pidió ser enterrado aquí, entre sus pinturas. Su lápida está en el suelo, cerca del órgano, y encima hay un busto suyo. Pocos sitios en el mundo permiten ver a un gran pintor rodeado de su propia obra para siempre. Sal al campo y camina hacia el nordeste, por el Campo dei Carmini, hasta un edificio con una gran fachada de piedra y el escudo de una cofradía.
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7. Scuola Grande dei Carmini
Campo dei Carmini, Dorsoduro 2617, 30123 Venezia VE, Italy
Delante de ti hay una fachada barroca de piedra, con columnas, ventanas con frontones y, si te fijas, el emblema de una cofradía. Al lado está la iglesia del Carmen, los Carmini, y su campanile. Nada hace sospechar lo que hay en el primer piso.
Esta es la Scuola Grande dei Carmini, la sede de una cofradía dedicada a la Virgen del Carmen. Sus hermanos, hombres y mujeres, llevaban el escapulario, ese pequeño trozo de tela que los devotos del Carmen siguen llevando hoy, también en España. La fachada se atribuye al taller de Baldassare Longhena, a finales del siglo diecisiete.
Sube la escalera de estucos y entra en la sala del primer piso. En el techo, Giambattista Tiepolo pintó en la década de 1740 una serie de lienzos, y en el centro, la Virgen del Carmen entrega el escapulario a san Simón Stock entre ángeles que vuelan. Los venecianos estaban tan orgullosos que, según se cuenta, Tiepolo fue nombrado miembro de la cofradía. Quédate un rato bajo él: con la luz de la tarde, los ángeles parecen moverse de verdad.
Piensa en el viaje de esa devoción: nació entre ermitaños del monte Carmelo, pasó por Inglaterra con Simón Stock, llegó a Venecia, y en España se volvió la patrona de los marineros, con procesiones en barca cada 16 de julio en tantos puertos. Una ciudad de marinos, Venecia, rezando a la misma Virgen que los pescadores de Cádiz o de Málaga. Y si te queda tiempo, entra en la iglesia vecina: guarda un San Nicolás en gloria de Lorenzo Lotto, con un paisaje marino pintado a sus pies.
La cofradía sobrevivió a casi todo y la sala conserva sus bancos, sus maderas y ese olor a cera y a madera vieja de los lugares que siguen vivos. Sal y gira a la derecha: en pocos pasos se abre un campo largo y animado, el salón de estar de los estudiantes de Venecia.
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8. Campo Santa Margherita
Campo Santa Margherita, Dorsoduro, 30123 Venezia VE, Italy
Este campo es largo, irregular, lleno de vida: puestos de pescado y verdura por la mañana, bancos con estudiantes y bicicletas de niños por la tarde, terrazas llenas por la noche. En el medio, como un barco varado, se alza un pequeño edificio aislado.
Ese edificio solitario era la sede del gremio de los varoteri, los peleteros, construido en el siglo dieciocho. En Venecia cada oficio tenía su cofradía, su altar y su sede, y desde aquí los peleteros controlaban quién podía trabajar y a qué precio. Era una ciudad donde había reglas para todo, y gremios para vigilarlas.
Ahora busca, al fondo del campo, los restos de un campanile cortado. En la base verás un relieve de un dragón. Pertenece a santa Margarita, la patrona de la antigua iglesia, que según la leyenda fue tragada por un dragón y salió de su vientre... abriéndolo con una cruz. La iglesia ya no es iglesia: hoy es un auditorio de la Universidad Ca' Foscari.
Porque este es el campo de los estudiantes. La universidad está a dos pasos y aquí se viene a discutir, a ligar, a celebrar una tesis. Cuando alguien se licencia en Venecia, sus amigos lo coronan de laurel y le hacen leer en voz alta un cartel lleno de bromas sobre su vida, y no es raro que la fiesta acabe aquí, entre aplausos y algún que otro chapuzón de espumoso.
Fíjate cómo los venecianos usan los campos como salones: se sientan en los bordes de los pozos, los niños juegan a la pelota contra las paredes de las iglesias. Es la Venecia que vive, no la que se visita. Sal por el extremo sur del campo, por la calle ancha del Rio Terà Canal, hasta un pequeño puente sobre un canal donde suele estar amarrada una barca de fruta.
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9. Ponte dei Pugni: el puente de los puñetazos
Ponte dei Pugni, Rio di San Barnaba, Dorsoduro, 30123 Venezia VE, Italy
Sube a este pequeño puente sobre el Rio di San Barnaba y mira al suelo, en las esquinas de la parte alta: verás unas huellas de pies grabadas en piedra blanca. No son decoración. Son la línea de salida de una pelea.
Durante siglos, Venecia estuvo dividida en dos bandos rivales: los castellani, del este de la ciudad, y los nicolotti, del oeste, de San Nicolò dei Mendicoli. Eran sobre todo trabajadores, pescadores, gente del Arsenal, y se odiaban con cariño: se cuenta que unos se reconocían por el gorro rojo y los otros por el negro. En días señalados se citaban en puentes como este, sin barandillas entonces, para la guerra de los puños, la battagliola.
Las reglas eran sencillas: cada campeón ponía el pie en su huella, y a partir de ahí había que conquistar el puente a puñetazos. Quien caía al canal, perdía, y caían muchos. Miles de espectadores animaban desde las ventanas, los barcos y las fondamente, y los nobles apostaban fuerte. Era fiesta, deporte y ajuste de cuentas, todo junto. Imagina el estruendo: gritos, chapuzones, barcas recogiendo a los caídos, y al final el bando vencedor celebrándolo por sus calles hasta la madrugada.
Pero no siempre acababa en risa. Hubo heridos y muertos, y cuando en 1705 una de estas batallas degeneró en una pelea con cuchillos, la República prohibió definitivamente las luchas en los puentes. Las huellas de mármol quedaron como recuerdo, y las dos facciones siguieron rivalizando de otras formas, en las regatas, por ejemplo.
Junto al puente suele estar amarrada una barca que vende fruta y verdura, una de las últimas verdulerías flotantes de la ciudad. Y al otro lado verás el Campo San Barnaba, cuya iglesia salió en una película de Indiana Jones como entrada a una biblioteca. Atraviesa el campo y sigue hacia el Gran Canal por la Fondamenta Rezzonico, hasta un palacio enorme de piedra blanca.
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10. Ca' Rezzonico: el siglo dieciocho veneciano
Fondamenta Rezzonico, Dorsoduro 3136, 30123 Venezia VE, Italy
Ante ti tienes la fachada lateral de un palacio colosal, y si te asomas al Gran Canal verás su frente de piedra blanca, con columnas, máscaras y balcones. Es Ca' Rezzonico, y por dentro es como entrar en una fiesta del siglo dieciocho a la que llegas con doscientos años de retraso.
Lo empezó Baldassare Longhena en 1649 para la familia Bon, que se arruinó antes de terminarlo. Lo compraron los Rezzonico, una familia de comerciantes venida de Lombardía que había comprado su título nobiliario, y lo terminó Giorgio Massari en la década de 1750. En 1758 un Rezzonico fue elegido papa, Clemente XIII, y ese mismo año otro se casó con una Savorgnan. La familia lo tenía todo.
Para esa boda, Giambattista Tiepolo pintó en un techo la Alegoría nupcial: los novios llegan en un carro tirado por caballos blancos, entre nubes y dioses. Pocos años después, Tiepolo se iría a Madrid para no volver. Y en otras salas verás los frescos de su hijo Giandomenico, arrancados de la villa familiar y traídos aquí: pulcinelas, payasos enmascarados, y una multitud de espaldas mirando una atracción de feria, el Mondo Novo.
Es el museo del Settecento veneciano, el último siglo de la República. Muebles lacados, salones de baile, las escenas cotidianas de Pietro Longhi, con damas, rinocerontes y charlatanes. Era la Venecia del carnaval que duraba meses, de los casinos y de Casanova... una ciudad bellísima bailando al borde del precipicio, porque en 1797 la República dejaría de existir.
En este palacio murió el poeta inglés Robert Browning, en 1889: su hijo era el propietario. Hay una lápida en la fachada que lo recuerda. Y se cuenta que, en los años veinte, Cole Porter alquiló el palacio y llenó sus salones de fiestas y de jazz. Ahora sigue hacia el norte por las calles paralelas al canal y busca la entrada de un palacio gótico enorme, hoy lleno de estudiantes.
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11. Ca' Foscari, en la curva del Gran Canal
Ca' Foscari, Dorsoduro 3246, 30123 Venezia VE, Italy
Entra en el patio, si está abierto, y busca la vista sobre el agua: este palacio gótico, con sus ventanas en arco lobulado, ocupa la volta de canal, la curva donde el Gran Canal gira y se puede ver, a izquierda y derecha, buena parte de su recorrido. Es quizá el mejor sitio de toda la ciudad para un palacio.
Lo mandó levantar a mediados del siglo quince Francesco Foscari, el dux que más tiempo gobernó Venecia: treinta y cuatro años, de 1423 a 1457. Bajo su mando, Venecia se extendió por tierra firme hasta Brescia y Bérgamo, a costa de guerras interminables contra Milán. Quería una casa a la altura de su poder, y la consiguió. Pero su historia acabó mal.
Su hijo Jacopo fue acusado varias veces de corrupción y de traición, torturado y desterrado, y murió en el exilio. El viejo dux tuvo que firmar las condenas de su propio hijo. En 1457, el Consejo de los Diez obligó a Francesco a abdicar, y murió pocos días después. La tragedia era tan perfecta que Lord Byron escribió un drama sobre ella, y Verdi una ópera, I due Foscari.
Desde 1868 el palacio es la sede de la universidad que lleva su nombre, nacida como escuela superior de comercio: por eso has visto tantos estudiantes desde el Campo Santa Margherita. Y cada primer domingo de septiembre, durante la Regata Histórica, frente a esta fachada se coloca la machina, la gran tribuna flotante donde se entregan los premios a los vencedores.
Imagina este patio lleno de gente rica y temerosa en 1457, el dux viejo saliendo derrotado, y hoy, en las mismas escaleras, chicos con mochila repasando apuntes. Venecia recicla sus palacios igual que sus historias. Sal por la Calle Larga Foscari hacia el oeste, hasta un campo con una iglesia sin fachada, de ladrillo desnudo. Es la última parada.
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12. San Pantalon: el techo más grande
Campo San Pantalon, Dorsoduro, 30123 Venezia VE, Italy
Por fuera, nada: una fachada de ladrillo desnudo, sin terminar, como tantas en Venecia, en un campo pequeño junto a un canal. Empuja la puerta, da unos pasos hacia el centro y, antes de nada, mira hacia arriba. Despacio... que el techo se te viene encima.
El techo entero de la iglesia de San Pantalon es una sola visión: columnas, arcos y cornisas pintadas que continúan las paredes reales, y más allá, un cielo abierto donde el santo sube a la gloria entre una multitud de figuras. Son decenas de lienzos ensamblados, y forman uno de los mayores techos pintados sobre tela del mundo. Lo pintó Gian Antonio Fumiani entre 1680 y 1704: casi un cuarto de siglo mirando hacia arriba.
Y de ahí nace la leyenda. Se cuenta que, al terminar, Fumiani se cayó del andamio y murió, como si la obra se lo hubiera llevado. Probablemente no es cierto, pero está enterrado aquí, bajo su propio cielo, y la historia se repite en cada visita. Lo que sí es seguro es que pasó media vida trabajando con el cuello torcido.
San Pantaleón era un médico del siglo cuarto, por eso en un altar lateral verás un cuadro del Veronés, de 1587, en el que el santo cura a un niño. Es una de sus últimas obras, pintada un año antes de morir. Y si aún tienes ganas, busca la capilla del Santo Chiodo, con una Coronación de la Virgen gótica de Antonio Vivarini y Giovanni d'Alemagna, pequeña y dorada.
Mira hacia atrás todo lo que has recorrido: la Fortuna sobre la aduana, la casa de Peggy, el Veronés interrogado y el Veronés enterrado, el Tiepolo que se fue a Madrid, las góndolas que nacen torcidas y los puños sobre un puente. Dorsoduro es el barrio donde Venecia guarda su pintura, y la guarda a la vista de cualquiera que se asome a una iglesia. Muy cerca tienes los Frari y el camino hacia Rialto, pero aquí termina nuestro paseo... con la cabeza en las nubes.