Ca' Rezzonico: el siglo dieciocho veneciano

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Ante ti tienes la fachada lateral de un palacio colosal, y si te asomas al Gran Canal verás su frente de piedra blanca, con columnas, máscaras y balcones. Es Ca' Rezzonico, y por dentro es como entrar en una fiesta del siglo dieciocho a la que llegas con doscientos años de retraso.

Key Facts

PlaceCa' Rezzonico: el siglo dieciocho veneciano
AddressFondamenta Rezzonico, Dorsoduro 3136, 30123 Venezia VE, Italy
Geo Coordinates45.43350, 12.32680
Part of WalkVenecia del arte: Dorsoduro, las Zattere y el Tiepolo que murió en Madrid
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Ante ti tienes la fachada lateral de un palacio colosal, y si te asomas al Gran Canal verás su frente de piedra blanca, con columnas, máscaras y balcones. Es Ca' Rezzonico, y por dentro es como entrar en una fiesta del siglo dieciocho a la que llegas con doscientos años de retraso.

Lo empezó Baldassare Longhena en 1649 para la familia Bon, que se arruinó antes de terminarlo. Lo compraron los Rezzonico, una familia de comerciantes venida de Lombardía que había comprado su título nobiliario, y lo terminó Giorgio Massari en la década de 1750. En 1758 un Rezzonico fue elegido papa, Clemente XIII, y ese mismo año otro se casó con una Savorgnan. La familia lo tenía todo.

Para esa boda, Giambattista Tiepolo pintó en un techo la Alegoría nupcial: los novios llegan en un carro tirado por caballos blancos, entre nubes y dioses. Pocos años después, Tiepolo se iría a Madrid para no volver. Y en otras salas verás los frescos de su hijo Giandomenico, arrancados de la villa familiar y traídos aquí: pulcinelas, payasos enmascarados, y una multitud de espaldas mirando una atracción de feria, el Mondo Novo.

Es el museo del Settecento veneciano, el último siglo de la República. Muebles lacados, salones de baile, las escenas cotidianas de Pietro Longhi, con damas, rinocerontes y charlatanes. Era la Venecia del carnaval que duraba meses, de los casinos y de Casanova... una ciudad bellísima bailando al borde del precipicio, porque en 1797 la República dejaría de existir.

En este palacio murió el poeta inglés Robert Browning, en 1889: su hijo era el propietario. Hay una lápida en la fachada que lo recuerda. Y se cuenta que, en los años veinte, Cole Porter alquiló el palacio y llenó sus salones de fiestas y de jazz. Ahora sigue hacia el norte por las calles paralelas al canal y busca la entrada de un palacio gótico enorme, hoy lleno de estudiantes.

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