Peggy Guggenheim y el palacio inacabado

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Delante de ti hay un palacio extraño para el Gran Canal: blanco, bajo, de una sola planta, con un jardín verde detrás de una verja. Entre los grandes palacios de varios pisos, parece que alguien se olvidó de terminarlo. Y así fue. Es el Palazzo Venier dei Leoni.

Key Facts

PlacePeggy Guggenheim y el palacio inacabado
AddressPalazzo Venier dei Leoni, Dorsoduro 701, 30123 Venezia VE, Italy
Geo Coordinates45.43080, 12.33150
Part of WalkVenecia del arte: Dorsoduro, las Zattere y el Tiepolo que murió en Madrid
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Delante de ti hay un palacio extraño para el Gran Canal: blanco, bajo, de una sola planta, con un jardín verde detrás de una verja. Entre los grandes palacios de varios pisos, parece que alguien se olvidó de terminarlo. Y así fue.

Es el Palazzo Venier dei Leoni. La familia Venier empezó a construirlo en 1749 con planes grandiosos, pero el dinero se acabó tras la primera planta y la obra se quedó así para siempre. El nombre viene de las cabezas de león que asoman en la fachada sobre el agua, aunque la leyenda prefiere contar que los Venier tenían un león de verdad en el jardín.

En 1949 lo compró una millonaria neoyorquina que había vivido en París entre artistas: Peggy Guggenheim. Había reunido su colección comprando, se dice, una obra al día en los meses anteriores a la guerra, y había lanzado a un joven Jackson Pollock. Aquí vivió treinta años, abriendo su casa al público, y aquí está su colección: Pollock, Kandinsky, Magritte, Max Ernst, que fue su marido... y también Picasso y Dalí. Busca El poeta de Picasso y el Nacimiento de los deseos líquidos de Dalí: dos españoles en la casa más moderna de Venecia.

En la terraza sobre el canal hay una escultura de Marino Marini, un jinete desnudo a caballo con los brazos abiertos, tan entusiasmado que no deja dudas. Se cuenta que la parte más atrevida del jinete era desmontable, y que Peggy la desenroscaba cuando la visitaban religiosas.

Murió en 1979, y sus cenizas descansan en el jardín, junto a las tumbas de sus perros, a los que llamaba mis bebés. Una lápida pequeña, unos olivos, ruido de agua: así quiso quedarse. Sigue hacia el oeste por el Campo San Vio y las callejuelas paralelas al canal, hasta la gran plaza de la Accademia.

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