Castello secreto en Venecia: Vivaldi, Carpaccio y los leones del Arsenal

De la Virgen de Bellini en San Zaccaria a la vieja catedral de San Pietro di Castello: huérfanas músicas, runas vikingas, ecos de Lepanto y Cervantes en la Venecia de los marineros

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  1. 1. San Zaccaria: la Virgen de Bellini y la cripta inundada

    Campo San Zaccaria, Castello, 30122 Venezia VE, Italy

    Estás en un campo tranquilo, a solo dos minutos del gentío de San Marco, y delante de ti se levanta una fachada blanca que parece una tarta de varios pisos: abajo, formas góticas; arriba, conchas, columnas y ventanas redondas del Renacimiento. Es la iglesia de San Zaccaria, y esa mezcla no es un capricho... es la huella de dos arquitectos y de décadas de obras.

    La construcción empezó en 1444 con Antonio Gambello, que todavía pensaba en gótico, y la terminó Mauro Codussi, que ya soñaba en clásico. El dinero venía de un convento de monjas benedictinas, hijas de las familias más ricas de Venecia. Tan importante era aquel convento que el dux venía en procesión cada Pascua, y la tradición cuenta que fueron estas monjas quienes regalaron a un dux el primer corno, el gorro ducal con forma de cuerno.

    Entra y busca, en la nave izquierda, el gran retablo de Giovanni Bellini, firmado en 1505, cuando el pintor era ya un anciano. La Virgen está sentada en un trono, rodeada de santos que no se miran entre sí, y sin embargo todo el cuadro parece respirar. Fíjate en el ángel músico a sus pies, con su viola, y en la luz, que entra en la pintura desde la izquierda, como la luz real de la iglesia. Napoleón se lo llevó a París en 1797; volvió a casa tras la caída del emperador.

    Si está abierta, baja a la cripta. Es una sala de casi mil años, sostenida por columnitas bajas, y muchas veces tiene el suelo cubierto por unos centímetros de agua de la laguna, que refleja las bóvedas como un espejo negro. Allí abajo descansan varios de los primeros dux. Y no todos murieron en la cama: en 864 el dux Pietro Tradonico fue asesinado a la salida de vísperas, junto a esta misma iglesia.

    Las monjas de San Zaccaria, por cierto, no siempre fueron un modelo de clausura. En el siglo XVIII su locutorio era casi un salón mundano, con visitas, máscaras y conversaciones a través de la reja; un cuadro de la época, atribuido a Francesco Guardi, lo muestra lleno de gente elegante. Sal ahora del campo por el sotoportego que lleva al agua, gira a la izquierda por el muelle y, tras cruzar un puente, verás una iglesia blanca dedicada a la música.

  2. 2. La Pietà: las huérfanas músicas de Vivaldi

    Riva degli Schiavoni, Castello, 30122 Venezia VE, Italy

    Delante de ti, frente al agua, tienes una fachada clásica de piedra blanca, con columnas gigantes y un frontón triangular: la iglesia de Santa Maria della Pietà, la Pietà para todo el mundo. Detrás de esa piedra tan tranquila se esconde una de las historias más conmovedoras de Venecia... y una de las orquestas más famosas de la Europa del siglo XVIII.

    La Pietà era un ospedale, un hospicio para niños abandonados. En el muro había una pequeña abertura, la scaffetta, donde de noche una madre desesperada podía dejar a su bebé sin ser vista. Cuentan que algunas dejaban con el niño media medalla o medio naipe, y se guardaban la otra mitad para reconocerlo algún día. Muy pocas volvieron. En una calle lateral todavía se conserva una lápida del siglo XVI que amenaza con la maldición divina a quien abandone aquí a un hijo pudiendo criarlo.

    A las niñas con talento se les enseñaba música, y así nacieron las figlie di coro, las hijas del coro, que cantaban y tocaban detrás de una celosía, invisibles para el público. Desde 1703 su maestro de violín fue un joven sacerdote pelirrojo llamado Antonio Vivaldi. Para ellas escribió una cantidad asombrosa de conciertos, para violín, para oboe, para instrumentos rarísimos. Viajeros de toda Europa venían a escucharlas, y algunas, como la violinista Anna Maria, se hicieron célebres sin que nadie viera su rostro.

    Ahora, un detalle que casi nadie cuenta: esta iglesia no es la que conoció Vivaldi. La actual se empezó a construir pocos años después de su muerte, con proyecto de Giorgio Massari, y su interior ovalado se pensó casi como una sala de conciertos, con tribunas para las muchachas. En el techo, Giambattista Tiepolo pintó la coronación de la Virgen rodeada de ángeles que tocan instrumentos. Vivaldi, mientras tanto, había muerto en Viena en 1741, pobre y casi olvidado.

    Y la fachada que tienes enfrente es todavía más joven: no se completó hasta 1906, siguiendo el diseño original. Ahora deja el muelle y toma la calle que corre junto a la iglesia, la Calle de la Pietà, hacia el interior del barrio. A pocos pasos te espera el campo donde aquel niño pelirrojo fue bautizado.

  3. 3. San Giovanni in Bragora y Campo Bandiera e Moro: el bautizo de Vivaldi

    Campo Bandiera e Moro, Castello, 30122 Venezia VE, Italy

    Te encuentras en un campo recogido, con un palacio gótico de ventanas apuntadas a un lado y, al fondo, una iglesia de ladrillo sencilla, casi humilde, con la fachada rematada en curvas. Es San Giovanni in Bragora, y aunque no lo parezca, aquí empezó la vida de uno de los músicos más famosos del mundo.

    El nombre es un pequeño misterio. Bragora podría venir de una palabra antigua para el fango, o de bragolare, que en el viejo dialecto significaba pescar, o de la mezcla de dos términos griegos. Nadie lo sabe con certeza, y a los venecianos les encanta discutirlo. Lo seguro es que la parroquia es antiquísima y que la iglesia se reconstruyó a finales del siglo XV, la época de la fachada que tienes delante.

    Antonio Vivaldi nació en marzo de 1678, tan débil que la comadrona lo bautizó en casa por miedo a que no sobreviviera. Dos meses después, en mayo, lo trajeron aquí para completar la ceremonia, y dentro todavía se conserva la pila bautismal. Su padre, Giovanni Battista, era barbero y violinista en la basílica de San Marco, y fue él quien le puso el violín en las manos. Imagina a ese niño enfermizo, con asma toda su vida, corriendo por este mismo campo.

    Si la puerta está abierta, busca sobre el altar mayor el Bautismo de Cristo de Cima da Conegliano, pintado hacia 1494. Detrás de Cristo no hay un paisaje de Palestina, sino colinas del Véneto, con castillos y caminos como los que el pintor veía en su tierra. Es uno de los grandes cuadros venecianos donde el paisaje empieza a respirar por su cuenta.

    El campo tiene un nombre que es una historia de rebeldía: Bandiera e Moro. Los hermanos Attilio y Emilio Bandiera, oficiales venecianos de la marina austríaca, y su compañero Domenico Moro desertaron para luchar por una Italia unida. En 1844 desembarcaron en Calabria, fueron capturados y fusilados. Sigue ahora hacia el norte por las callejuelas, cruzando un canal, hasta una pequeña casa de cofradía con fachada de piedra blanca.

  4. 4. Scuola di San Giorgio degli Schiavoni: los lienzos de Carpaccio

    Calle dei Furlani 3259/A, Castello, 30122 Venezia VE, Italy

    Delante de ti, junto a un canal estrecho, hay una fachada pequeña de piedra de Istria con un relieve: un caballero a caballo clavando su lanza en un dragón. Es la Scuola di San Giorgio degli Schiavoni, y dentro guarda una de las salas más mágicas de Venecia, no mucho más grande que un salón de casa.

    Schiavoni era el nombre que los venecianos daban a los dálmatas, los eslavos de la otra orilla del Adriático. Eran marineros, comerciantes y soldados, muy numerosos en esta parte de la ciudad, y en 1451 fundaron aquí su cofradía, su scuola, para ayudarse en la enfermedad, en la pobreza y en la muerte. De ellos toma el nombre el gran muelle que acabas de pisar, la Riva degli Schiavoni.

    A principios del siglo XVI encargaron a Vittore Carpaccio una serie de lienzos sobre sus santos protectores: san Jorge, san Trifón y san Jerónimo. Mira el combate de san Jorge: el suelo está sembrado de restos de las víctimas del dragón, medio devoradas, pintadas con un detalle casi macabro. Y en la escena de san Jerónimo, cuando el santo entra en el monasterio con su león manso, los monjes huyen despavoridos con los hábitos al viento... una de las escenas más cómicas del Renacimiento.

    Pero el cuadro que enamora a todos es el de san Agustín en su estudio. Está escribiendo una carta a san Jerónimo cuando una luz entra por la ventana; según la leyenda, en ese instante sabe que Jerónimo acaba de morir. Todo está en silencio: los libros, los instrumentos, las partituras abiertas... y en el suelo, un perrito blanco, sentado, que mira la luz con la misma sorpresa que su amo.

    Lo más sorprendente es que esta sala sigue perteneciendo a la misma cofradía, viva desde hace más de cinco siglos, que nunca dejó que los cuadros se dispersaran. Cuando reconstruyeron el edificio, a mediados del siglo XVI, las pinturas bajaron del piso superior a esta sala, y aquí siguen. Al salir, camina hacia el noreste: el campanario altísimo que asoma entre las casas te guiará hasta la siguiente iglesia.

  5. 5. San Francesco della Vigna: el viñedo, el ángel y la fachada de Palladio

    Campo San Francesco della Vigna, Castello, 30122 Venezia VE, Italy

    Llegas a un campo apartado, casi desierto, y te encuentras con una fachada que parece un templo romano trasplantado a la laguna: columnas gigantes, frontones que se superponen, piedra blanquísima. Es San Francesco della Vigna, y la firma de esa fachada es nada menos que la de Andrea Palladio.

    La vigna del nombre era de verdad. En 1253 un patricio, Marco Ziani, dejó a los franciscanos un viñedo en este rincón de la ciudad. Y la leyenda va más lejos: dice que fue aquí donde, siglos antes, san Marcos se refugió de una tormenta con su barca y un ángel le saludó con las palabras Pax tibi Marce, evangelista meus, paz a ti, Marcos, mi evangelista. Son las mismas palabras que lleva el libro abierto del león de Venecia.

    La iglesia tiene dos padres que no siempre se entendieron. El cuerpo lo diseñó Jacopo Sansovino a partir de 1534. Pero un fraile sabio de la casa, Francesco Zorzi, escribió un memorial lleno de armonías musicales y números perfectos para corregir sus proporciones, y la discusión llegó a consultarse con artistas de la ciudad. Casi treinta años después llegó Palladio y le puso esta fachada, su primer trabajo para una iglesia en Venecia.

    Dentro, busca una Virgen pequeña que adora al Niño en medio de un jardín de frutas, flores y pájaros, tan cargado de detalles que parece un tapiz. La pintó hacia 1470 Antonio da Negroponte, un artista del que apenas sabemos nada más. En la misma iglesia hay una Virgen de Giovanni Bellini, y el dux Andrea Gritti, que gobernó Venecia en tiempos de Carlos V, descansa en el presbiterio.

    Mira también el campanario: alto, esbelto, con su punta piramidal, recuerda al de San Marco y es uno de los más altos de la ciudad. Muy cerca de aquí empieza la muralla de ladrillo más famosa de Venecia, la que durante siglos guardó el gran secreto industrial de la República. Baja hacia el sur por las calles del barrio hasta un pequeño campo junto a un canal, donde te esperan una gran puerta de piedra y una fila de leones.

  6. 6. La Porta Magna del Arsenal: leones con runas vikingas

    Campo de l'Arsenal, Castello, 30122 Venezia VE, Italy

    Frente a ti, al otro lado de un pequeño puente, se alza una puerta triunfal de piedra con columnas, un león alado en lo alto y, delante, una fila de leones de mármol que parecen montar guardia. Es la Porta Magna del Arsenal, de 1460, considerada a menudo la primera obra del Renacimiento en Venecia... construida, curiosamente, para una fábrica.

    Porque eso era el Arsenal: la mayor fábrica de Europa antes de la revolución industrial. Detrás de estos muros, miles de obreros, los arsenalotti, construían galeras casi en cadena, con piezas que pasaban de un taller a otro. Dante lo vio y lo metió en su Infierno, con la brea hirviendo en invierno para calafatear los barcos. Y se cuenta que en 1574, para impresionar al rey Enrique III de Francia, montaron una galera completa mientras él estaba sentado a la mesa.

    Ahora acércate al león más grande, el que está sentado. Vino de Atenas: vigilaba el puerto del Pireo, y lo trajo como botín Francesco Morosini en 1687, durante la guerra contra los otomanos. Fue la misma campaña en la que una bomba veneciana hizo estallar la pólvora que los turcos guardaban en el Partenón.

    Fíjate en sus hombros y en sus costados: hay unas líneas curvas, como serpientes, muy gastadas. Son runas. Según los estudiosos, las grabaron guerreros escandinavos de la Guardia Varega, los mercenarios nórdicos al servicio de Bizancio, hacia el siglo XI, cuando pasaron por Atenas. Durante siglos nadie supo qué eran, hasta que un erudito danés las identificó en el siglo XIX. Un vikingo firmando un león griego que acabó custodiando una fábrica veneciana... difícil encontrar un objeto más viajero.

    De este recinto salió buena parte de la flota que en 1571 se enfrentaría a los otomanos en Lepanto, en alianza con España y el Papa. Esa historia, con un joven soldado español llamado Miguel de Cervantes, te espera a pocos pasos. Sigue la orilla del canal del Arsenal hacia la laguna, hasta el edificio de piedra que da al agua, junto a la iglesia de San Biasio.

  7. 7. Museo Storico Navale: Lepanto, don Juan de Austria y Cervantes

    Riva San Biasio, Castello 2148, 30122 Venezia VE, Italy

    Ahora estás frente a un edificio robusto de piedra que mira a la laguna, junto a la pequeña iglesia de San Biasio. Fue un granero de la República; hoy es el Museo Storico Navale, el museo naval de Venecia, y guarda la memoria de siglos de barcos... incluida la batalla que en España se estudia en el colegio.

    El 7 de octubre de 1571, en el golfo de Lepanto, frente a Grecia, la flota de la Liga Santa, con España, Venecia y el Papado, se enfrentó a la armada otomana. El mando supremo era de un joven de veinticuatro años, don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. A su lado combatía el veneciano Sebastiano Venier, un anciano de más de setenta años con un carácter terrible, que pocos años después sería elegido dux.

    Venecia aportó más galeras que nadie y un arma decisiva: seis galeazas, enormes barcos de remo cargados de cañones por todos sus costados, construidos aquí, en el Arsenal. Colocadas delante de la línea, abrieron brechas en la formación turca antes del choque. Murieron decenas de miles de hombres, y entre los venecianos cayó el comandante Agostino Barbarigo, alcanzado por una flecha en el ojo.

    En una de las galeras, la Marquesa, había un soldado español de veinticuatro años, enfermo de fiebre, que se negó a quedarse bajo cubierta. Recibió dos arcabuzazos en el pecho y otro en la mano izquierda, que le quedó inútil para siempre. Se llamaba Miguel de Cervantes. Toda su vida presumió de aquella herida y llamó a la batalla la más alta ocasión que vieron los siglos. Por eso le llaman el manco de Lepanto... aunque nunca perdió la mano.

    Dentro del museo hay maquetas de galeras y galeazas, y un modelo del Bucintoro, la galera dorada del dux. El último Bucintoro lo destruyeron los franceses en 1798 para quedarse con el oro de sus tallas. Al salir, camina hacia el este por la orilla y entra en la primera calle ancha a la izquierda: es tan ancha que no parece veneciana.

  8. 8. Via Garibaldi: el canal que se convirtió en calle

    Via Giuseppe Garibaldi, Castello, 30122 Venezia VE, Italy

    Estás en la calle más ancha de Venecia, la Via Garibaldi: ropa tendida entre las ventanas, vecinos charlando en la puerta de las tiendas, abuelos en los bancos. Aquí apenas hay turistas, y es fácil olvidar que estás a un cuarto de hora de San Marco. Pero esta calle esconde un secreto bajo tus pies... era un canal.

    En 1807, bajo el dominio de Napoleón, los franceses rellenaron el rio de Sant'Anna para abrir una avenida al estilo de las ciudades de tierra firme. Al principio la llamaron Via Eugenia, en honor de Eugenio de Beauharnais, el hijastro del emperador. Después de 1866, cuando Venecia se unió a Italia, la rebautizaron con el nombre de Garibaldi. Si caminas hasta el fondo, verás que el canal sigue ahí, con agua y barcas: la calle se lo comió solo a medias.

    Busca, en la fachada de una de las casas, una lápida que recuerda que aquí vivieron Giovanni Caboto y su hijo Sebastiano. Giovanni, un navegante italiano convertido en ciudadano veneciano, cruzó el Atlántico en 1497 al servicio del rey de Inglaterra y llegó a las costas de Norteamérica; los ingleses lo llaman John Cabot. Su hijo Sebastiano trabajó después para la Corona española como piloto mayor en Sevilla, examinando a los pilotos que partían hacia las Indias.

    Este era el barrio de los arsenalotti, los obreros del Arsenal. Vivían cerca de su trabajo y formaban una especie de aristocracia obrera: eran ellos quienes llevaban al nuevo dux a hombros por la plaza de San Marco el día de su elección, y tenían el privilegio de remar en el Bucintoro. Ese orgullo de barrio sobrevive en Castello, donde muchos vecinos todavía hablan un veneciano cerrado.

    Escucha un momento a tu alrededor: las conversaciones de una ventana a otra, las campanas, el ruido de un carrito de la compra sobre la piedra. Esto también es Venecia, la de todos los días. Sigue la calle hasta el final y continúa por el paseo arbolado de la derecha, junto al monumento a Garibaldi, que te lleva directamente a los jardines.

  9. 9. Giardini della Biennale: el parque de Napoleón y la Bienal

    Viale Trieste, Castello, 30122 Venezia VE, Italy

    Delante de ti se abren árboles altos, avenidas de grava y, entre la vegetación, pabellones de estilos muy distintos: uno parece un templo, otro una casa moderna, otro un búnker. Estás en los Giardini, el mayor parque de Venecia y el corazón de la Bienal de Arte.

    Este parque nació de una demolición. En 1807 Napoleón decidió que Venecia necesitaba jardines públicos, y el arquitecto Giannantonio Selva derribó para conseguirlos una parte entera de Castello, con iglesias, conventos y casas. Los vecinos perdieron sus parroquias; la ciudad ganó sombra y una vista abierta a la laguna. Durante décadas fue simplemente el paseo de los venecianos, con la isla de San Giorgio al fondo.

    En 1895 la ciudad organizó aquí una exposición internacional de arte, y fue tal el éxito que se convirtió en la Bienal, una de las citas artísticas más importantes del mundo. Desde 1907 los países empezaron a construir sus propios pabellones; el primero fue el de Bélgica. España tiene el suyo desde los años veinte, y en cada edición sus artistas lo transforman por completo.

    Muchos de esos pabellones son obras de grandes arquitectos. Carlo Scarpa, veneciano, dejó aquí espacios llenos de luz y de agua, y el de Finlandia lo proyectó Alvar Aalto en madera, casi como una cabaña desmontable. Pasea entre ellos y juega a adivinar el país por la arquitectura: a veces aciertas a la primera, y a veces el edificio dice más de su época que de su nación. Fuera de los meses de exposición, el recinto se cierra y los pabellones duermen entre los árboles, como un pueblo fantasma de la vanguardia.

    Pero en los paseos que rodean el recinto la vida sigue: gatos, ancianos con el periódico, niños en bicicleta, la Venecia de los vecinos, que la Bienal no ha logrado echar. Ahora sal hacia el norte, cruza el canal de Sant'Isepo y atraviesa el barrio entre casas humildes, buscando un puente que lleva a una isla con un campanario blanco e inclinado.

  10. 10. San Pietro di Castello: la vieja catedral de Venecia

    Campo San Pietro, Castello, 30122 Venezia VE, Italy

    Cruzas el puente y llegas a una isla verde y silenciosa: un campo de hierba, una iglesia de fachada clásica y, aparte, un campanario de piedra blanca que se inclina a simple vista, como si estuviera cansado. Es San Pietro di Castello, y aunque parezca el fin del mundo, durante más de mil años fue el centro religioso de Venecia.

    Esta isla, antes llamada Olivolo, fue uno de los primeros lugares habitados de la laguna. Aquí tuvo su sede el obispo de Venecia, y hasta 1807 esta fue la catedral de la ciudad. La basílica de San Marco, tan famosa, no era la catedral: era la capilla del dux. La República quería al obispo lejos del poder, literalmente en la otra punta de la ciudad.

    Entra si puedes y busca un trono de piedra: la llamada cátedra de San Pedro. La tradición dice que el apóstol la usó en Antioquía. En realidad, el respaldo está hecho con una antigua lápida funeraria islámica, decorada con versículos del Corán en caracteres árabes. Un trono cristiano con palabras del islam, en la vieja catedral de Venecia: la ciudad del comercio siempre fue así de mezclada.

    El campanario lo construyó Mauro Codussi a finales del siglo XV, el mismo arquitecto que terminó San Zaccaria, donde empezaste este paseo. Su piedra blanca de Istria brilla con el sol, y su inclinación es de las más visibles de la ciudad. La fachada de la iglesia, en cambio, sigue un diseño de Palladio, levantado después de su muerte.

    Cuenta la leyenda que en el siglo X unos piratas raptaron aquí a un grupo de novias venecianas el día de sus bodas, y que los venecianos las rescataron en la laguna. De ahí nació la Festa delle Marie, que todavía se celebra en carnaval. Siéntate en la hierba un momento: has recorrido el Castello que no sale en las postales, de Bellini a Vivaldi y de los vikingos a Lepanto. El vaporetto más cercano está a pocos minutos, al otro lado del puente.