Museo Storico Navale: Lepanto, don Juan de Austria y Cervantes

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Ahora estás frente a un edificio robusto de piedra que mira a la laguna, junto a la pequeña iglesia de San Biasio.

Key Facts

PlaceMuseo Storico Navale: Lepanto, don Juan de Austria y Cervantes
AddressRiva San Biasio, Castello 2148, 30122 Venezia VE, Italy
Geo Coordinates45.43270, 12.35020
Part of WalkCastello secreto en Venecia: Vivaldi, Carpaccio y los leones del Arsenal
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Ahora estás frente a un edificio robusto de piedra que mira a la laguna, junto a la pequeña iglesia de San Biasio. Fue un granero de la República; hoy es el Museo Storico Navale, el museo naval de Venecia, y guarda la memoria de siglos de barcos... incluida la batalla que en España se estudia en el colegio.

El 7 de octubre de 1571, en el golfo de Lepanto, frente a Grecia, la flota de la Liga Santa, con España, Venecia y el Papado, se enfrentó a la armada otomana. El mando supremo era de un joven de veinticuatro años, don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II. A su lado combatía el veneciano Sebastiano Venier, un anciano de más de setenta años con un carácter terrible, que pocos años después sería elegido dux.

Venecia aportó más galeras que nadie y un arma decisiva: seis galeazas, enormes barcos de remo cargados de cañones por todos sus costados, construidos aquí, en el Arsenal. Colocadas delante de la línea, abrieron brechas en la formación turca antes del choque. Murieron decenas de miles de hombres, y entre los venecianos cayó el comandante Agostino Barbarigo, alcanzado por una flecha en el ojo.

En una de las galeras, la Marquesa, había un soldado español de veinticuatro años, enfermo de fiebre, que se negó a quedarse bajo cubierta. Recibió dos arcabuzazos en el pecho y otro en la mano izquierda, que le quedó inútil para siempre. Se llamaba Miguel de Cervantes. Toda su vida presumió de aquella herida y llamó a la batalla la más alta ocasión que vieron los siglos. Por eso le llaman el manco de Lepanto... aunque nunca perdió la mano.

Dentro del museo hay maquetas de galeras y galeazas, y un modelo del Bucintoro, la galera dorada del dux. El último Bucintoro lo destruyeron los franceses en 1798 para quedarse con el oro de sus tallas. Al salir, camina hacia el este por la orilla y entra en la primera calle ancha a la izquierda: es tan ancha que no parece veneciana.

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