Praga: la Ciudad Vieja y el barrio judío, del Reloj Astronómico al Golem

Un brazo momificado, veintisiete cruces en el suelo, la biblioteca de los jesuitas, el cementerio de las doce capas y la sinagoga del Golem: la Praga de Jan Hus, Rodolfo II y Kafka

Prague · 12 stops · 29 min audio · Generated

  1. 1. Iglesia de Santiago: el brazo del ladrón

    Malá Štupartská 635/6, 110 00 Praha 1, Czechia

    Empuja la puerta de esta iglesia de la calle Malá Štupartská y, antes de mirar hacia el altar, levanta la vista hacia la pared, a la derecha de la entrada. De una cadena cuelga algo oscuro, seco y retorcido... Sí, es exactamente lo que parece: un brazo humano momificado. Lleva ahí, según cuentan, unos cuatrocientos años.

    La leyenda dice que un ladrón se escondió dentro de la iglesia para robar las joyas de la estatua de la Virgen. Cuando alargó la mano hacia el collar, la Virgen le agarró la muñeca y ya no lo soltó. Por la mañana lo encontraron atrapado, y como nadie conseguía liberarlo, los carniceros del barrio, que tenían aquí su cofradía, lo resolvieron a su manera: le cortaron el brazo. Desde entonces cuelga a la vista de todos, como aviso para quien entre con malas intenciones.

    La iglesia es mucho más antigua que la leyenda. El rey Wenceslao I trajo a los frailes franciscanos menores en 1232, y la Ciudad Vieja fue creciendo alrededor de su convento. Tras el gran incendio de 1689 todo se rehízo en estilo barroco, y hoy es una de las iglesias más largas de Praga. Su órgano, de comienzos del siglo XVIII, es de los más queridos de la ciudad: si tienes la suerte de entrar durante un concierto, entenderás por qué.

    En la nave izquierda busca el enorme sepulcro de mármol del conde Jan Václav Vratislav de Mitrovice, canciller del reino, muerto en 1712. Lo diseñó Johann Bernhard Fischer von Erlach, el arquitecto favorito de los Habsburgo en Viena. Y aquí llega otra leyenda, más inquietante: dicen que el conde fue enterrado vivo, que días después se oyeron golpes dentro del sarcófago... y que al abrirlo encontraron el cuerpo en otra postura. Ningún documento lo confirma, pero los praguenses lo siguen contando con gusto.

    Al salir, cruza la calle y entra en el patio empedrado de enfrente: es Ungelt, el Týnský dvůr. En la Edad Media aquí se alojaban los mercaderes extranjeros, que pagaban un impuesto llamado precisamente ungelt antes de poder vender sus mercancías. Era aduana, posada y almacén al mismo tiempo. Atraviésalo, sal por el otro lado y rodea la iglesia que verás detrás: te espera la plaza más famosa de Praga.

  2. 2. Iglesia de Týn, Jan Hus y la Casa de la Campana de Piedra

    Staroměstské nám. 604, 110 00 Praha 1, Czechia

    Ahora estás en la Plaza de la Ciudad Vieja, y delante tienes la iglesia de Nuestra Señora de Týn: dos torres góticas de unos ochenta metros, erizadas de pináculos, que parecen sacadas de un cuento de brujas. Fíjate bien, porque no son iguales. La del sur, la de la derecha, es más gruesa que la otra. Los praguenses las llaman Adán y Eva.

    Durante dos siglos esta fue la gran iglesia husita de Praga. Entre las torres colgaba un enorme cáliz dorado, el símbolo de quienes exigían comulgar con el pan y también con el vino, como los sacerdotes. Después de la derrota de 1620, los Habsburgo católicos lo hicieron bajar y en su lugar pusieron una imagen de la Virgen. Se cuenta que el oro del cáliz se fundió para su aureola... la Contrarreforma escrita en lo alto de una fachada.

    Dentro descansa un hombre que cambió la astronomía: Tycho Brahe, el danés de la nariz de metal, porque la suya la perdió en un duelo de juventud. Llegó a Praga en 1599, llamado por el emperador Rodolfo II. Y aquí aparece el hilo español: Rodolfo pasó ocho años de su adolescencia en la corte de su tío Felipe II. Volvió serio, vestido de negro a la española y enamorado de la ciencia, del arte y de lo oculto. Cuando Tycho murió en 1601 se habló de envenenamiento; en 2010 se abrió su tumba y los análisis no encontraron mercurio en dosis mortales.

    Ahora date la vuelta. El gran grupo de bronce oscuro en el centro de la plaza es el monumento a Jan Hus, el predicador quemado en Constanza en 1415 por exigir una Iglesia más pobre y más honesta. Se inauguró en 1915, quinientos años después de su muerte, en plena guerra y todavía bajo el imperio de los Habsburgo. En la base se leen palabras suyas: una llamada a amarse unos a otros y a desear la verdad para todos.

    Mira por último la casa gótica de piedra gris, a la izquierda de la iglesia, con una campana encajada en la esquina: la Casa de la Campana de Piedra. Durante generaciones estuvo escondida detrás de una fachada mucho más moderna, y nadie sospechaba lo que había debajo hasta que los restauradores la destaparon en la segunda mitad del siglo XX. Ahora cruza la plaza hacia la torre del ayuntamiento, donde la gente ya se agolpa frente al reloj.

  3. 3. Reloj Astronómico y las 27 cruces

    Staroměstské nám. 1, 110 00 Praha 1, Czechia

    Busca un hueco entre la multitud frente a la torre del ayuntamiento y espera la hora en punto. Un esqueleto, la Muerte, tira de una cuerda y toca la campana; a su lado el Avaro sacude su bolsa y la Vanidad se mira al espejo. Arriba se abren dos ventanitas y desfilan los apóstoles, y al final canta un gallo dorado. Dura menos de un minuto... y medio mundo aplaude.

    El reloj se instaló en 1410, y es el reloj astronómico más antiguo que sigue funcionando. Lo construyeron el relojero Mikuláš de Kadaň y el astrónomo Jan Šindel. Su gran esfera no solo da la hora: indica la posición del Sol y de la Luna en el zodiaco, las antiguas horas de Bohemia y la duración del día. Debajo, el calendario con los meses pintados como escenas del campo es obra del pintor Josef Mánes, del siglo XIX.

    La leyenda prefiere a otro autor: un tal maestro Hanuš, al que los concejales habrían dejado ciego para que nunca construyera un reloj igual en otra ciudad. Ciego y furioso, Hanuš subió a la torre, metió la mano entre los engranajes... y el reloj se detuvo durante años. Es pura leyenda, pero en Praga todavía se dice que, cuando el reloj se para, la ciudad corre peligro.

    Ahora baja la mirada al suelo, al pie de la torre. Hay veintisiete cruces blancas incrustadas en el adoquinado. El 21 de junio de 1621, aquí mismo, fueron ejecutados veintisiete líderes de la rebelión de los estados checos, vencidos el año anterior en la Montaña Blanca por el emperador Fernando II, al que la rama española de los Habsburgo había apoyado con tropas y dinero. La ejecución duró horas, y doce cabezas quedaron expuestas en la torre del puente durante diez años.

    Rodea la torre y verás que al norte falta un ala entera del ayuntamiento: hoy hay un pequeño jardín. El 8 de mayo de 1945, durante el levantamiento de Praga, las tropas alemanas incendiaron el edificio, y el reloj quedó muy dañado; no volvió a funcionar hasta 1948. Ahora sal por la esquina sur de la plaza, baja por la calle Husova, que lleva el nombre de nuestro predicador, y busca a la derecha una placita con una capilla blanca de dos tejados puntiagudos.

  4. 4. Capilla de Belén: el púlpito de Jan Hus

    Betlémské nám. 255/4, 110 00 Praha 1, Czechia

    Al fondo de esta placita tranquila tienes una capilla blanca con dos tejados altos y puntiagudos, uno junto al otro. Parece antiquísima, y en parte lo es. Pero casi todo lo que ves se volvió a levantar en los años cincuenta del siglo XX, y la razón es una de las mayores ironías de la historia de Praga.

    La Capilla de Belén se fundó en 1391 con una idea revolucionaria para su tiempo: predicar en checo, en la lengua de la gente, y no en latín. Desde 1402 el predicador fue Jan Hus, profesor y más tarde rector de la universidad. Se dice que aquí cabían hasta tres mil personas: artesanos, estudiantes, mercaderes... y hasta la reina Sofía venía a escucharle. Hus hablaba contra la venta de indulgencias y contra los clérigos ricos, y Praga entera se llenaba para oírle.

    A Hus se le atribuye también un tratado que simplificó la escritura del checo con signos sobre las letras. Esos ganchitos que ves por todas partes en Praga, la š, la č y la famosa ř que nadie de fuera consigue pronunciar, tienen su origen lejano en aquella reforma. Este hombre no solo cambió la manera de rezar de su país; también cambió la manera de escribirlo.

    En 1412 Hus tuvo que abandonar Praga, y en 1415 lo quemaron en Constanza. La capilla pasó después a los jesuitas, y en 1786 se derribó casi por completo: quedaron unos trozos de muro y el viejo pozo. Y entonces llegó la paradoja. A partir de 1950, el régimen comunista, oficialmente ateo, decidió reconstruirla con todo detalle. Para los nuevos dirigentes, Hus era un héroe nacional, un rebelde contra la Iglesia y contra los poderosos... casi un precursor de su propia revolución.

    Si está abierta, entra y busca en las paredes los textos pintados en checo antiguo: son fragmentos de los escritos de Hus. Hoy la capilla pertenece a la Universidad Técnica Checa, que celebra en ella sus actos solemnes. Ahora camina hacia el norte, por la calle Husova o por las callejuelas paralelas, hasta un enorme complejo que ocupa una manzana entera: el Clementinum de los jesuitas.

  5. 5. Clementinum: la ciudadela de los jesuitas

    Mariánské nám. 5, 110 00 Praha 1, Czechia

    Cruza la entrada y piérdete un momento por los patios del Clementinum. Lo que te rodea es el segundo conjunto de edificios más grande de Praga después del castillo: patios, iglesias, capillas, una biblioteca y un observatorio. Una pequeña ciudad amurallada dentro de la Ciudad Vieja.

    Aquí el hilo español es directo. Los jesuitas, la orden fundada por el vasco Ignacio de Loyola, llegaron a Praga en 1556, llamados por Fernando I de Habsburgo, un rey nacido en Alcalá de Henares y criado en Castilla. Su misión era devolver al catolicismo una ciudad que llevaba más de un siglo de mayoría husita. Se instalaron en un antiguo convento dominico dedicado a San Clemente, de ahí el nombre, y durante dos siglos este fue su cuartel general: colegio, imprenta, universidad y motor de la Contrarreforma.

    La joya está dentro: la Sala Barroca de la biblioteca, terminada hacia 1722, con estanterías de madera tallada, una fila de globos terráqueos y un techo cubierto de frescos. Es tan delicada que los visitantes solo pueden contemplarla desde la puerta, sin pisarla. Hoy el complejo alberga la Biblioteca Nacional de la República Checa, y aquí estudiantes de todo el país vienen a leer bajo bóvedas de trescientos años.

    Busca ahora la Torre Astronómica, coronada por una estatua de Atlas que sostiene el mundo sobre los hombros. Desde 1775 aquí se anotan la temperatura y el tiempo cada día, una de las series meteorológicas continuas más largas del planeta. Y durante décadas, a mediodía, un astrónomo subía a lo alto con una bandera: cuando el Sol cruzaba el meridiano, la agitaba, y desde el castillo se disparaba un cañonazo para que toda Praga pusiera el reloj en hora.

    La historia tiene un final irónico: en 1773 el papa disolvió la Compañía de Jesús, y los jesuitas tuvieron que abandonar su propia ciudadela. Sus libros e instrumentos pasaron al Estado. Ahora sal por el lado norte, hacia la calle Platnéřská, sigue por la calle 17. listopadu y gira a la derecha por Široká: entras en Josefov, el antiguo barrio judío. Busca una sinagoga discreta pegada al muro de un cementerio.

  6. 6. Sinagoga Pinkas: los nombres en las paredes

    Široká 23/3, 110 00 Praha 1, Czechia

    Entra en la Sinagoga Pinkas y quédate un momento en silencio. Las paredes, de arriba abajo, están cubiertas de letras pequeñas, rojas y negras: nombres, fechas de nacimiento, fechas de muerte. Casi ochenta mil nombres. Son los judíos de Bohemia y Moravia asesinados en el Holocausto.

    El memorial lo pintaron a mano, letra a letra, dos artistas, Václav Boštík y Jiří John, a finales de los años cincuenta. Los nombres están ordenados por localidades, desde Praga hasta el pueblo más pequeño, y dentro de cada una por familias. Lee algunos en voz baja: muchos apellidos se repiten tres, cuatro, diez veces seguidas... padres, hijos y abuelos que subieron juntos al mismo tren.

    El edificio es mucho más antiguo que el memorial. Lo terminó en 1535 una familia rica del barrio, los Horowitz, como sinagoga privada, y es la segunda más antigua que se conserva en Josefov. Por estar tan cerca del río se inundaba una y otra vez, y bajo su suelo los arqueólogos encontraron un antiguo baño ritual y restos de casas medievales.

    Y aquí hay otra herida. En 1968 el régimen comunista cerró la sinagoga alegando problemas de humedad, y en los años siguientes los nombres desaparecieron de las paredes. Solo tras la caída del comunismo se pudieron volver a escribir, uno por uno, durante los años noventa. Estos nombres se borraron dos veces... y dos veces se escribieron.

    En el piso de arriba hay algo que nadie olvida: dibujos de niños del gueto de Terezín. La pintora Friedl Dicker-Brandeis les daba clases de dibujo como una forma de seguir siendo niños, y antes de ser deportada a Auschwitz dejó escondidas dos maletas con miles de dibujos. Al salir por detrás entrarás en el Antiguo Cementerio Judío: recórrelo despacio, sin prisa, hasta la salida junto a un edificio de piedra con aire de pequeño castillo. Desde allí, camina un minuto hacia el río, hasta la plaza que se abre frente a un gran palacio de columnas.

  7. 7. Rudolfinum: el otro Rodolfo

    Alšovo nábř. 79/12, 110 00 Praha 1, Czechia

    Respira hondo después del cementerio. Frente a ti, junto al Moldava, se levanta el Rudolfinum: escalinata, columnas, y en la balaustrada del tejado una fila de estatuas de compositores que miran al cielo. La plaza que tienes delante lleva el nombre de Jan Palach, el estudiante que se inmoló en 1969; su facultad está justo enfrente.

    Primera trampa: el nombre. No viene de Rodolfo II, el emperador de los alquimistas, sino de otro Rodolfo, el príncipe heredero de Austria, hijo de Francisco José, al que se dedicó el edificio cuando se inauguró en 1885. Es el mismo Rodolfo que murió cuatro años después en Mayerling, en una tragedia que todavía hoy se discute. Lo diseñaron Josef Zítek y Josef Schulz, los mismos arquitectos del Teatro Nacional, como casa de la música y de las artes.

    En enero de 1896 la Filarmónica Checa dio aquí su primer concierto, y en el podio estaba Antonín Dvořák dirigiendo su propia música. La orquesta sigue teniendo aquí su sede, y la Sala Dvořák es una de las más hermosas de Europa central. Entre las dos guerras, en cambio, el edificio sirvió de parlamento a la joven Checoslovaquia: los diputados debatían donde antes sonaban sinfonías.

    Vuelve a mirar las estatuas del tejado. En la novela de Jiří Weil, Mendelssohn está en el tejado, inspirada en un hecho real de la ocupación nazi, un oficial ordena retirar la estatua de Felix Mendelssohn, compositor de origen judío. Los obreros no saben cuál es, y deciden quitar la de la nariz más grande... y empiezan a bajar la de Richard Wagner, el ídolo de Hitler. Es humor negro, pero detrás hay una época en la que hasta las estatuas tenían que demostrar su origen.

    Pero no olvides dónde estás: a un paso de Josefov, hogar durante siglos de una de las comunidades judías más importantes de Europa, y del cementerio que acabas de recorrer. Vuelve a cruzar la calle 17. listopadu y entra en la calle U Starého hřbitova: a la derecha, junto a la salida del cementerio, te espera la Sala Ceremonial.

  8. 8. Antiguo Cementerio Judío y Sala Ceremonial

    U Starého hřbitova 243/3a, 110 00 Praha 1, Czechia

    Detente junto a la Sala Ceremonial y asómate otra vez al Antiguo Cementerio Judío que acabas de recorrer: es el paisaje más extraño de Praga. Miles de lápidas grises, torcidas, apoyadas unas sobre otras como si se empujaran, bajo las ramas de los saúcos.

    La explicación es sencilla y triste. Desde el siglo XV hasta 1787, este fue el único terreno donde la comunidad judía podía enterrar a sus muertos, y el barrio no podía crecer. La ley judía no permite retirar los restos de una tumba, así que, cuando faltaba espacio, se echaba tierra encima y se volvía a enterrar, subiendo las lápidas antiguas. Se habla de hasta doce capas en algunos puntos. Hoy se ven unas doce mil lápidas, y la más antigua, la del poeta Avigdor Kara, es de 1439.

    Entre ellas está la del rabino Judá Loew, el Maharal, muerto en 1609: verás encima piedrecitas y papelitos con deseos. Está también la de Mordejai Maisel, el hombre más rico de la Praga de su tiempo, banquero de Rodolfo II, que pagó calles empedradas, baños y un hospital para el barrio. Y no lejos descansa David Gans, astrónomo e historiador que trabajó con Tycho Brahe y con Kepler; en su lápida hay una estrella de David y un ganso, porque Gans significa ganso en alemán.

    El edificio de piedra que tienes al lado es la Sala Ceremonial, construida en 1911 y 1912 para la Jevrá Kadishá, la hermandad funeraria que lavaba, velaba y enterraba a los difuntos. Dentro hay una exposición sobre las costumbres judías ante la enfermedad y la muerte, con una serie de cuadros que muestran el trabajo de la hermandad paso a paso. Es un lugar dedicado a algo muy concreto: cuidar de los muertos con dignidad.

    Justo al lado se alza la Sinagoga Klausen, la más grande del antiguo gueto. Ahora sigue por la calle U Starého hřbitova hacia el este; al final verás aparecer un edificio gótico de tejado altísimo, con un frontón de ladrillo dentado. Es la sinagoga más antigua de Europa que sigue en uso.

  9. 9. Sinagoga Vieja-Nueva y la leyenda del Golem

    Červená 2, 110 00 Praha 1, Czechia

    Delante tienes la Sinagoga Vieja-Nueva, un edificio gótico de piedra y ladrillo con un frontón escalonado que parece una sierra. Se levantó hacia 1270 y es la sinagoga en activo más antigua de Europa: más de siete siglos de oraciones, interrumpidas solo durante la ocupación nazi.

    El nombre tiene truco. Se llamó Nueva cuando se construyó, y Vieja cuando aparecieron otras más nuevas. Pero hay una leyenda preciosa: los ángeles habrían traído piedras del Templo de Jerusalén para sus cimientos, al tnai, a condición de devolverlas cuando el Templo se reconstruya. Y en hebreo al tnai suena casi como Altneu, su nombre alemán. Dentro, las bóvedas tienen cinco nervios en lugar de cuatro, según se cuenta para que no dibujaran una cruz.

    Y ahora, el Golem. Cuenta la leyenda que el rabino Loew modeló una figura con barro del Moldava y le dio vida con un nombre divino escrito en un papel, el shem, que le metió en la boca. El Golem protegía el barrio, hasta que un viernes el rabino olvidó quitarle el shem antes del sábado y la criatura enloqueció. Loew logró detenerlo y guardó sus restos en el desván, justo encima de ti. Fíjate en la fachada: la escalera de hierro empieza a varios metros del suelo.

    Lo que sí es historia es esto: el 23 de febrero de 1592, el emperador Rodolfo II recibió al rabino Loew en el castillo. Lo dejó anotado David Gans, el astrónomo de la lápida del ganso. De qué hablaron, nadie lo sabe. Imagina la escena: el emperador educado en la corte de Felipe II, rodeado de alquimistas y astrónomos, frente al sabio más famoso del gueto.

    Al lado está el Ayuntamiento Judío, con su torrecilla y un reloj de letras hebreas cuyas agujas giran al revés, de derecha a izquierda, como se lee el hebreo. Y dentro de la sinagoga cuelga una bandera roja con la estrella de David, privilegio concedido a la comunidad por su papel en la defensa de Praga contra los suecos en 1648. Ahora baja por la calle Maiselova hacia el sur, hasta la esquina junto a una gran iglesia barroca: allí nació Franz Kafka.

  10. 10. Casa natal de Franz Kafka

    nám. Franze Kafky 24/3, 110 00 Praha 1, Czechia

    En esta esquina, entre la calle Maiselova y la gran iglesia barroca de San Nicolás, verás en la fachada un busto de un hombre delgado, de orejas grandes y mirada inquieta. Aquí, el 3 de julio de 1883, nació Franz Kafka. La casa se reconstruyó más tarde y del edificio original apenas queda el portal de piedra.

    Kafka fue un praguense de los pies a la cabeza y, al mismo tiempo, un extraño en su propia ciudad: judío en una ciudad católica, de lengua alemana en una ciudad cada vez más checa. Escribía en alemán, hablaba checo, trabajaba de día como abogado en un instituto de seguros de accidentes laborales y escribía de noche. Uno de sus profesores contó que, una vez, Kafka le señaló desde una ventana de la plaza su escuela, la universidad y su oficina, y le dijo que toda su vida cabía en aquel pequeño círculo.

    Kafka murió de tuberculosis en 1924, en un sanatorio cerca de Viena, con cuarenta años. Le había pedido a su amigo Max Brod que quemara todos sus manuscritos sin leerlos. Brod no le hizo caso... y gracias a esa desobediencia existen El proceso y El castillo. En marzo de 1939, Brod huyó de Praga en uno de los últimos trenes antes de la llegada de los nazis, con los papeles de Kafka en la maleta.

    Las tres hermanas de Kafka, Elli, Valli y Ottla, fueron asesinadas en el Holocausto. Después llegó otro silencio: el régimen comunista lo consideraba un autor decadente y apenas se publicaba. En 1963, un congreso de escritores en el castillo de Liblice lo reivindicó, y muchos historiadores ven en aquel encuentro uno de los primeros pasos hacia la Primavera de Praga.

    Hoy Praga vende a Kafka en tazas y camisetas, algo que a él seguramente le habría parecido... kafkiano. Echa un vistazo a la iglesia de San Nicolás, obra de Kilián Ignác Dientzenhofer, y luego toma la calle Dušní hacia el norte. Al final te espera un edificio que parece salido de la Alhambra... y un hombrecito montado sobre los hombros de un traje vacío.

  11. 11. Sinagoga Española y la estatua de Kafka

    Vězeňská 141/1, 110 00 Praha 1, Czechia

    Detente frente a la Sinagoga Española y mira su fachada: arcos de herradura, franjas de colores, celosías y ornamentos geométricos. Si vienes de Granada o de Córdoba, te vas a sentir en casa. Y sin embargo, ningún judío sefardí la levantó y ningún arquitecto español la diseñó.

    Se inauguró en 1868 en estilo neomorisco, inspirado en la Alhambra, cuando lo oriental estaba de moda en las sinagogas de toda Europa central. El nombre de Española le viene de ese estilo, no de sus fieles. Ocupa el lugar de la Escuela Vieja, la sinagoga más antigua de Praga según la tradición, y aquí rezaba la comunidad reformista, con órgano y sermones en alemán y, más tarde, en checo.

    Entra si puedes: el interior es un estallido de dorados, verdes y rojos, con estucos que cubren cada centímetro de paredes y cúpula. Y una curiosidad musical: František Škroup, el compositor de Kde domov můj, la canción que se convirtió en himno nacional checo, fue durante años organista de la Escuela Vieja, la sinagoga que se alzaba en este mismo solar.

    Ahora fíjate en la escultura de la esquina: un hombrecito con sombrero sentado sobre los hombros de un traje enorme y vacío, sin cabeza ni manos. Es Franz Kafka, obra de Jaroslav Róna, instalada en 2003. Está inspirada en uno de sus primeros relatos, Descripción de una lucha, en el que el narrador cabalga sobre los hombros de un conocido por las calles de Praga. Es la imagen perfecta de Kafka: llevado por algo que no tiene cara.

    Durante la ocupación, los nazis usaron la sinagoga como almacén de bienes confiscados a los judíos. Hoy forma parte del Museo Judío de Praga y cuenta la historia de la comunidad en los siglos XIX y XX. Para la última parada, sigue hacia el norte y luego hacia el este por calles cada vez más tranquilas, cerca ya del Moldava, hasta un convento gótico de muros blancos.

  12. 12. Convento de Santa Inés de Bohemia

    U Milosrdných 17, 110 00 Praha 1, Czechia

    Has llegado al Convento de Santa Inés de Bohemia: muros blancos y ladrillo gótico en el rincón más silencioso de la Ciudad Vieja, casi a orillas del Moldava. Aquí no hay multitudes ni recuerdos de plástico. Y sin embargo, este lugar guarda una de las historias más sorprendentes de Praga.

    Inés, Anežka en checo, era hija del rey Otakar I de Bohemia. De niña la prometieron a varios príncipes, entre ellos al emperador Federico II, pero ella dijo que no a todos. Hacia 1231 fundó aquí un hospital y un convento de clarisas, de los primeros al norte de los Alpes, y entró en él como monja. Se carteaba con Clara de Asís, y se conservan cuatro cartas que la santa italiana le escribió.

    Inés murió en 1282, y durante siglos los checos la veneraron sin que Roma la proclamara santa. Así nació una profecía popular: el día en que Inés sea canonizada, a Bohemia le llegarán tiempos buenos. Pues bien: el papa Juan Pablo II la canonizó en Roma el 12 de noviembre de 1989, ante miles de peregrinos checos que, por primera vez en décadas, pudieron viajar en masa al Vaticano.

    Cinco días después, el 17 de noviembre, los estudiantes salieron a la calle en Praga, la policía los golpeó, y en pocas semanas el régimen comunista se derrumbó. A finales de diciembre, Václav Havel era presidente. Los praguenses no creen demasiado en profecías... pero esta la cuentan siempre con una sonrisa.

    Hoy el convento alberga la colección de arte medieval de la Galería Nacional, con tablas góticas de Bohemia y de Europa central, en salas que fueron claustro y capilla. Es el final perfecto para este paseo: empezaste con un brazo colgado de una cadena y terminas con una princesa que le dijo que no a un emperador. Entre medias, los Habsburgo españoles, Jan Hus, el Golem y Kafka. Praga es así... cada esquina guarda una historia, y ninguna es del todo sencilla.