San Telmo, Plaza Dorrego y cuna del tango: adoquines coloniales y bohemia

Del Parque Lezama y el Museo Histórico a Plaza Dorrego, el Mercado y el solar colonial

Buenos Aires · 12 stops · 29 min audio · Generated

  1. 1. Anfiteatro y Monumento a la Cordialidad en el sector sur del Parque Lezama

    Avenida Martín García y Avenida Paseo Colón, C1165 CABA, Argentina

    Bienvenidos al barrio más antiguo, adoquinado y bohemio de Buenos Aires comenzando en el sector sur del Parque Lezama, en la confluencia de las avenidas Paseo Colón y Martín García. Esta explanada verde escalonada sobre la barranca natural del Río de la Plata acoge el anfiteatro municipal al aire libre, un animado espacio cívico donde generaciones de vecinos y murgas porteñas se reúnen los fines de semana para celebrar corsos de carnaval, tocar guitarras criollas y compartir rondas de mate bajo las magnolias.

    En las inmediaciones de los senderos inferiores se alza el Monumento a la Cordialidad Internacional, una magnífica estructura de bronce y piedra donada a Buenos Aires en 1936 por el pueblo de Montevideo en ocasión del cuarto centenario de la primera fundación de la ciudad.

    La obra escultórica simboliza la hermandad indisoluble de las dos orillas del Río de la Plata: sobre una fuente escalonada de piedra se yergue una proa de galera con figuras alegóricas de navegantes y una mujer con alas que extiende una ofrenda pacífica sobre las aguas. Durante el siglo diecinueve, esta franja de terreno ribereña marcaba la línea exacta de la ribera fluvial antes de las sucesivas obras de rellenado portuario; las olas rompían directamente contra la base de estas lomas arcillosas. Por aquí ingresaban los carretones de bueyes que traían cueros y tasajo desde los saladeros del sur de la provincia hacia los fondeaderos naturales del Riachuelo. En la actualidad, el parque está tapizado por ejemplares centenarios de tipas, jacarandás, cedros del Líbano y gomeros gigantescos cuyas raíces monumentales abrazan los senderos adoquinados.

    La brisa que sube desde el río entre las copas sombreadas de los árboles evoca la atmósfera bucólica de las antiguas quintas suburbanas que poblaron estas lomas pampeanas.

    Ascendamos por las escalinatas de ladrillo hacia las terrazas altas del parque para contemplar el monumento a Don Pedro de Mendoza.

  2. 2. Monumento a Don Pedro de Mendoza y terrazas altas del Parque Lezama

    Defensa y Brasil, C1143 CABA, Argentina

    Nos situamos en la terraza superior del Parque Lezama, un enclave cargado de debates históricos apasionados. Frente a nosotros se eleva el monumento de bronce a Don Pedro de Mendoza, el primer adelantado español que zarpó de Sanlúcar de Barrameda con una flota de catorce naves para fundar en febrero de 1536 el primitivo Real de Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre.

    Diseñado por el afamado escultor uruguayo Juan Zorrilla de San Martín e inaugurado en 1936, el monumento presenta la figura imponente de Mendoza clavando su espada en el suelo, custodiado a sus espaldas por un colosal bajorrelieve en piedra que retrata la figura de un guerrero aborigen querandí observando a los recién llegados.

    Aunque los historiadores continúan debatiendo la localización exacta de aquel precario campamento inicial diezmado por el hambre y los ataques indígenas, la tradición porteña consagrada por el escritor Manuel Mujica Lainez en su libro Misteriosa Buenos Aires sitúa en estas mismas colinas el solar de aquella primera fundación fallida. Más tarde, a finales del siglo dieciocho, estos terrenos pasaron a manos de la Compañía de Guinea para el comercio de esclavizados, antes de ser adquiridos en 1857 por el acaudalado hacendado salteño José Gregorio Lezama. Don Gregorio transformó la finca en una de las quintas más lujosas de la comarca, introduciendo especies botánicas exóticas, estatuas de mármol importadas de Italia y elegantes avenidas para paseos en carruaje. Tras su muerte, su viuda Ángela Álzaga vendió la propiedad al municipio en 1894 con la condición expresa de que fuera conservada a perpetuidad como parque público bautizado con el nombre de su marido.

    Contemplar las sombras chinescas de los plátanos sobre la estatua del adelantado conecta con el misterio fundacional de una ciudad dos veces nacida.

    Caminemos hacia la señorial casona de estilo italiano que domina la loma para descubrir el Museo Histórico Nacional.

  3. 3. Museo Histórico Nacional en la señorial casona de la Quinta Lezama

    Defensa 1600, C1143 CABA, Argentina

    Llegamos ante la imponente fachada de ladrillo y estuco ocre del Museo Histórico Nacional, emplazado en la magnífica mansión de campo de estilo italianizante levantada por José Gregorio Lezama alrededor de 1860. Con su característica galería perimetral de arcadas de medio punto, sus balaustradas de terracota y su esbelta torre mirador octogonal desde donde los propietarios oteaban el atraque de los navíos en el Río de la Plata, esta casona es un tesoro arquitectónico por derecho propio.

    Fundado en 1889 por iniciativa del historiador Adolfo Carranza, el museo custodia la colección más sagrada y determinante de reliquias históricas de la emancipación sudamericana.

    Al recorrer sus salas silenciosas se accede a piezas de valor patriótico conmovedor: aquí se exhibe en una urna de cristal blindada el legendario sable corvo del general Don José de San Martín, el arma de combate que el Libertador adquirió en Londres en 1811 y que lo acompañó en las batallas de San Lorenzo, Chacabuco y Maipú antes de ser legada en su testamento a Juan Manuel de Rosas. El museo atesora también el dormitorio original de San Martín en Boulogne-sur-Mer, reproducido fielmente por su nieta Josefa Balcarce; el catre de campaña y el uniforme de gala del general Manuel Belgrano; óleos históricos de Cándido López que documentan los horrores de la guerra de la Triple Alianza; y las banderas patrias que ondearon en los campos de batalla de la independencia. En los patios umbríos florecen camelias y rosales antiguos que perfuman las galerías virreinales. En la sala de la Independencia se conserva el piano de mesa inglés de Mariquita Sánchez de Thompson, en cuyo salón patrio se entonaron por primera vez las estrofas del Himno Nacional Argentino en 1813.

    Estar frente al sable corvo de San Martín bajo los techos artesonados de cedro produce un escalofrío de reverencia cívica imposible de olvidar.

    Salgamos del parque hacia la calle Brasil para contemplar las singulares cúpulas celestes de la Iglesia Ortodoxa Rusa.

  4. 4. Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad y cúpulas bulbosas

    Brasil 315, C1154 CABA, Argentina

    Deténganse fascinados frente al número 315 de la calle Brasil, donde el paisaje urbano de Buenos Aires se transforma inesperadamente en una estampa de la Rusia de los zares. Frente a nosotros se alzan las cinco deslumbrantes cúpulas bulbosas de color azul cobalto salpicadas de estrellas doradas de la Iglesia Ortodoxa Rusa de la Santísima Trinidad, el primer templo de la Iglesia ortodoxa construido en toda América del Sur.

    Proyectada en San Petersburgo por el prestigioso arquitecto de la corte imperial rusa Mihail Preobrazensky y ejecutada en Buenos Aires por el maestro Alejandro Christophersen, la iglesia fue consagrada con solemnidad litúrgica en octubre de 1901.

    La construcción fue posible gracias al impulso tenaz del archipreste Constantino Izraztsov y a generosas donaciones personales del propio zar Nicolás II, de la emperatriz viuda María Fiódorovna y de familias aristocráticas rusas. El edificio es una joya deslumbrante del estilo neomoscovita del siglo diecisiete: su fachada de ladrillos policromados presenta un fastuoso mosaico de Venecia sobre el frontón triangular que representa a la Santísima Trinidad. Al ingresar, el visitante queda envuelto por el aroma a cera de abejas e incienso oriental, bajo un imponente iconostasio de madera dorada traído en barco desde San Petersburgo con iconos pintados por maestros de la Academia Imperial de Artes. Las pinturas murales al temple que cubren la nave central representan a santos guerreros eslavos y fueron ejecutadas con pigmentos naturales traídos directamente desde talleres artísticos de Moscú y San Petersburgo. Durante más de un siglo, este santuario brindó amparo espiritual a sucesivas oleadas de inmigrantes rusos, ucranianos, griegos y eslavos que huían de revoluciones, hambrunas y persecuciones bélicas europeas.

    La visión de sus cúpulas centelleando bajo el sol subtropical mientras el tañido de sus campanas orientales resuena sobre el Parque Lezama es una de las postales más poéticas y sorprendentes de San Telmo.

    Caminemos hacia el norte por la calle Defensa y doblemos en San Juan para visitar el Museo de Arte Moderno.

  5. 5. Museo de Arte Moderno de Buenos Aires en la antigua fábrica tabacalera

    Avenida San Juan 350, C1147 CABA, Argentina

    Llegamos ante la imponente mole de ladrillo rojo y estética industrial británica del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, conocido en todo el circuito cultural como el Moderno. Construido en 1918 para albergar los depósitos y plantas de procesamiento de la tabacalera Piccardo—fabricante de los populares cigarrillos 43—, este edificio industrial fue reconvertido magistralmente a partir de 1989 para alojar las colecciones de arte contemporáneo de la ciudad.

    Observen la pureza de sus líneas arquitectónicas: muros de carga de ladrillo visto con juntas rehundidas, robustos ventanales fabriles de fundición de hierro y un imponente portón de madera lustrada enmarcado por una escalera helicoidal de hormigón a la vista premiada por su audacia estructural.

    El Moderno fue fundado en 1956 por el visionario crítico de arte Rafael Squirru, quien proclamó que el museo debía ser una casa de puertas abiertas para las corrientes más rupturistas y experimentales de la época. Su patrimonio custodia más de siete mil obras que recorren desde las vanguardias geométricas y concretas de los años cuarenta—con piezas maestras de Tomás Maldonado y Gyula Kosice—hasta las audacias del pop art del Instituto Di Tella en los años sesenta, encabezadas por Marta Minujín, León Ferrari y Alberto Greco. Tras una colosal ampliación finalizada en 2018 que unificó los dos bloques fabriles, el museo cuenta con más de cuatro mil metros cuadrados de salas diáfanas donde conviven instalaciones inmersivas, pintura expresionista y laboratorios educativos públicos para la comunidad. La biblioteca y centro de documentación del museo conserva catálogos históricos, manifiestos de vanguardia y cartas mecanografiadas de artistas del grupo Madí que revolucionaron el arte geométrico sudamericano en 1946.

    La combinación entre la memoria fabril del trabajo tabacalero y la vitalidad irreverente del arte moderno argentino convierte a este espacio en un faro cultural ineludible.

    Regresemos hacia la calle Humberto Primo para descubrir la parroquia colonial de San Pedro Telmo.

  6. 6. Iglesia de San Pedro González Telmo y claustros jesuíticos de 1734

    Humberto 1º 340, C1103 CABA, Argentina

    Se alza ante nosotros la venerable Iglesia de Nuestra Señora de Belén y San Pedro González Telmo, el templo colonial que dio su nombre definitivo al barrio entero. Iniciada en 1734 bajo la advocación jesuita de Nuestra Señora de Belén según planos del afamado arquitecto Andrés Blanqui, la iglesia debió ser completada por la orden de los padres betlemitas tras la expulsión de los jesuitas en 1767, consagrándose a San Pedro González Telmo, patrono secular de los navegantes y navegantes fluviales.

    Miren la fachada ecléctica: sus dos esbeltas torres campanario gemelas, revestidas con relucientes azulejos de mayólica blanca y azul traídos en barco desde la comarca de Pas de Calais en Francia, fueron añadidas en 1858 por el alarife José María Ruiz.

    Este templo fue testigo de gestas dramáticas durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807: los padres betlemitas convirtieron los claustros del convento en un hospital de sangre de emergencia donde atendieron indistintamente a soldados criollos y británicos heridos en los combates callejeros. Más tarde, durante la aterradora epidemia de fiebre amarilla de 1871 que diezmó a ocho mil vecinos de San Telmo provocando el éxodo masivo de las familias adineradas hacia los barrios del norte como Recoleta, los sacerdotes de San Telmo murieron asistiendo a los enfermos en sus lechos. En el claustro anexo funciona el Museo Penitenciario Antonio Ballvé, conservando las antiguas celdas, cepos de castigo y rejas de hierro de cuando el recinto sirvió de prisión de mujeres. En el altar mayor barroco resalta la imagen procesional de San Telmo portando un barco velero en su mano derecha.

    La pátina de sus muros encalados y el repique centenario de sus campanas guardan el pulso espiritual más íntimo del sur porteño.

    Sigamos hacia la esquina de Humberto Primo y Defensa para ingresar a la mítica Plaza Dorrego.

  7. 7. Plaza Dorrego y mesas al aire libre de la Feria de Antigüedades

    Humberto 1º y Defensa, C1103 CABA, Argentina

    Nos encontramos en el centro adoquinado de la Plaza Dorrego, el corazón vibrante, romántico y bohemio de San Telmo. Trazada a comienzos del siglo dieciocho como parada obligatoria de carretas y carruajes que ingresaban a la ciudad desde el sur, esta explanada fue conocida históricamente como el Alto de las Carretas y rebautizada en 1900 en memoria del coronel y gobernador patriota Manuel Dorrego.

    En septiembre de 1816, en este mismo suelo de tierra, los vecinos porteños se congregaron formalmente para jurar lealtad pública a la Declaración de la Independencia proclamada semanas antes por el Congreso de Tucumán.

    Cada domingo desde 1970, la plaza se transforma en un bullicioso mercado de maravillas con la afamada Feria de Antigüedades de San Telmo, concebida por el arquitecto José María Peña. Más de doscientos setenta puestos autorizados despliegan sobre mesas de paño sifones de vidrio tallado de colores, vajillas de plata colonial, sombreros de copa, gramófonos de manivela, candelabros de bronce y viejos discos de pasta de Carlos Gardel. Al caer la tarde, los cafés históricos que rodean la plaza—como el Bar Plaza Dorrego con sus mesas de madera gastadas y botellas polvorientas de licor aperitivo—sacan sus mesas a la calle mientras parejas de bailarines profesionales de tango ejecutan ochos, voleos y cortes al compás de la orquesta de Juan D'Arienzo o Astor Piazzolla, recogiendo aplausos entusiastas bajo la sombra de los gomeros centenarios. Los músicos ambulantes despliegan estuches abiertos de bandoneón sobre los adoquines, mientras turistas de todo el planeta aplauden las improvisaciones tangueras que se suceden entre las mesas bajo los árboles.

    Sentarse en una de sus sillas de mimbre con un café cortado o un vaso de vermut mientras un bandoneón gime a pocos metros es la quintaesencia del alma porteña.

    Crucemos hacia la esquina de Defensa y Carlos Calvo para adentrarnos en las naves del Mercado de San Telmo.

  8. 8. Mercado de San Telmo y cúpula de hierro forjado de Juan Antonio Buschiazzo

    Defensa 963, C1065 CABA, Argentina

    Franqueamos el portal de ladrillos del Mercado de San Telmo para adentrarnos en una de las catedrales del comercio popular más fascinantes de la ciudad. Inaugurado en febrero de 1897 para abastecer de víveres frescos a la creciente marea de inmigrantes europeos que poblaban los conventillos vecinos, el edificio fue concebido por el genial arquitecto italo-argentino Juan Antonio Buschiazzo, el gran transformador urbanístico de Buenos Aires a finales del siglo diecinueve.

    Levanten la vista hacia la imponente cubierta metálica: la nave central está sostenida por una colosal estructura de vigas, tirantes y columnas de hierro fundido fabricadas en talleres europeos, coronada por una airosa cúpula vidriada octogonal que baña de luz cenital los puestos interiores.

    Durante más de un siglo, carnicerías familiares, verdulerías con cajones de madera, pescaderías con hielo picado y fiambrerías donde cuelgan jamones crudos y quesos artesanales han abastecido la mesa cotidiana de San Telmo. En las últimas décadas, el mercado ha experimentado un renacimiento cosmopolita irresistible: entre los puestos tradicionales de viandas se intercalan anticuarios repletos de juguetes de hojalata, cámaras de fuelle, carteles publicitarios de esmalte de la década de 1930 y cafeterías de especialidad donde baristas tuestan granos selectos a la vista del público. En sus tabernas gastronómicas se sirven empanadas tucumanas al horno de barro, sándwiches de chorizo criollo a la parrilla y cazuelas de locro humeante acompañadas de copas de vino Malbec servidas en barra. Los carteles de fileteado porteño pintados con flores estilizadas, cintas patrias y espirales barrocas adornan las esquinas de los puestos, celebrando este arte gráfico popular declarado Patrimonio Cultural Inmaterial.

    El aroma a café recién molido mezclado con el cuero de los anticuarios y el bullicio de los puesteros crea una sinfonía sensorial que reconcilia la tradición popular con la modernidad.

    Salgamos por la salida de la calle Defensa hacia el número 1179 para descubrir el señorial Pasaje de la Defensa.

  9. 9. Pasaje de la Defensa y residencia señorial de dos plantas de los Ezeiza

    Defensa 1179, C1143 CABA, Argentina

    Traspasen el portón de madera del número 1179 de la calle Defensa para ingresar al Pasaje de la Defensa, conocido históricamente como la Casa de los Ezeiza. Construida hacia 1876 como residencia particular de la distinguida familia patricia de Don José María Ezeiza, esta suntuosa vivienda señorial de dos plantas encarna a la perfección la evolución social y demográfica de San Telmo.

    Observen la disposición tradicional de la arquitectura colonial y postcolonial de la ciudad: la casa se estructura en torno a tres patios sucesivos adoquinados con baldosas criollas, conectados por galerías altas con barandas de hierro forjado, zócalos de azulejos sevillanos y una cisterna de agua de lluvia en el patio central.

    La historia de esta mansión resume el destino trágico de todo el vecindario: durante la pavorosa epidemia de fiebre amarilla de 1871, la familia Ezeiza, como la mayoría de las élites terratenientes porteñas, huyó aterrorizada hacia el norte de la ciudad abandonando su palacete. A finales del siglo diecinueve, con la llegada masiva de millones de inmigrantes italianos, españoles y judíos, la señorial casona fue fraccionada en un populoso conventillo donde llegaron a hacinarse más de treinta familias humildes, cada una viviendo en una sola habitación y compartiendo el patio común para lavar la ropa en piletas colectivas. En la década de 1980, el edificio fue rescatado de la ruina y restaurado minuciosamente como galería comercial de arte, platería criolla, tejidos de telar y antigüedades selectas. En el segundo patio crecen frondosos helechos bajo un gomero trepador centenario. En las antiguas caballerizas traseras funcionan hoy locales de anticuarios donde se exponen candelabros de plata colonial, aperos gauchescos de cuero crudo y mates de calabaza finamente cincelados.

    Caminar por sus galerías de madera crujiente permite vislumbrar tanto el lujo aristocrático decimonónico como el sudor esperanzado de las familias obreras que forjaron la identidad cosmopolita de la urbe.

    Doblemos hacia el Pasaje San Lorenzo para situarnos ante la diminuta fachada de la Casa Mínima.

  10. 10. Casa Mínima y Pasaje San Lorenzo en el antiguo cauce del Zanjón de Granados

    Pasaje San Lorenzo 380, C1064 CABA, Argentina

    Nos detenemos en el pintoresco y adoquinado Pasaje San Lorenzo frente a una de las curiosidades arquitectónicas más célebres y fotografiadas de Buenos Aires: la Casa Mínima, en el número 380. Con apenas dos metros y medio de ancho de fachada y trece metros de profundidad, esta pintoresca construcción de dos plantas ostenta el récord indiscutible de ser la vivienda unifamiliar más estrecha y compacta de toda la metrópoli porteña.

    Miren su encantadora fachada blanca: en la planta baja se abre una puerta de dos hojas de madera maciza, mientras que en la planta alta asoma un diminuto balcón con baranda de hierro forjado enrejada bajo un tejadillo colonial con tejas de barro cocido.

    La leyenda urbana más difundida y romántica afirma que la casa fue construida a comienzos del siglo diecinueve por un acaudalado amo terrateniente para su esclavo liberto tras la sanción de la Libertad de Vientres de 1813 y la abolición de la esclavitud, aprovechando un sobrante residual entre dos terrenos mayores. Sin embargo, investigaciones arqueológicas e históricas recientes llevadas a cabo por el proyecto patrimonial de El Zanjón de Granados demostraron que la vivienda formaba parte de una propiedad mayor que fue sucesivamente subdividida en lotes minúsculos en la década de 1870 para alquilarla como vivienda precaria de inquilinato obrero. Justo debajo del adoquinado del pasaje discurría el cauce subterráneo del arroyo Tercero del Sur o Zanjón de Granados, que desaguaba las aguas de lluvia pampeanas en el Río de la Plata y hoy alberga fascinantes galerías arqueológicas subterráneas con restos coloniales de cerámica, pipas de caolín y botellas de ginebra del siglo dieciocho.

    Su diminuta figura desafía el paso del tiempo, recordando la memoria de los trabajadores anónimos y artesanos que poblaron estas callejuelas.

    Sigamos hacia la calle Balcarce para llegar al mítico rincón tanguero de El Viejo Almacén.

  11. 11. El Viejo Almacén y mítica esquina tanguera de Balcarce con Independencia

    Balcarce y Avenida Independencia, C1064 CABA, Argentina

    Llegamos a la legendaria esquina de Balcarce y Avenida Independencia ante la fachada encalada de El Viejo Almacén, uno de los templos mayores del tango y la música ciudadana de Buenos Aires. Levantada originalmente en 1798 como almacén de campaña y pulpería de campaña durante la época virreinal, esta humilde construcción de una sola planta con techos bajos y vigas de quebracho sirvió a lo largo de dos siglos como hospital británico, aduana de mercancías y despacho de bebidas alcohólicas para marineros y cocheros de plaza.

    En mayo de 1969, el inolvidable cantor y compositor Edmundo Rivero—poseedor de una voz de bajo profundo inconfundible y maestro de la guitarra criolla—adquirió la ruinosa edificación para fundar una tanguería mítica consagrada a preservar el género sin concesiones comerciales.

    Rivero bautizó el local inspirándose en el tango Sentimiento gaucho de 1924, cuyos versos inmortales dicen: En un viejo almacén del Paseo Colón, donde van los que tienen perdida la fe... Por este escenario íntimo de madera pasaron las mayores luminarias de la historia del dos por cuatro: la orquesta de Aníbal Troilo con el fueye compadrito de Pichuco, el piano revolucionario de Osvaldo Pugliese, el violín virtuoso de Enrique Mario Francini y la presencia electrizante de Horacio Salgán. Presidentes extranjeros, reyes, poetas y viajeros de los cinco continentes han ocupado sus mesas en penumbra para escuchar tangos arrabaleros entonados con lunfardo porteño, acompañados de una copa de buen vino tinto. En la vereda de enfrente, un monumento de bronce rinde homenaje al propio Edmundo Rivero abrazando su guitarra. Las paredes de la tanguería están tapizadas de fotos históricas dedicadas por celebridades internacionales como Aristóteles Onassis, el actor Marcello Mastroianni y escritores que rindieron homenaje al duende tanguero porteño.

    Estar frente a esta esquina colonial al encenderse los faroles de gas es escuchar el eco del bandoneón desgarrando la noche porteña con su queja eterna.

    Sigamos hacia el norte por la calle Balcarce hasta la imponente Basílica de Santo Domingo.

  12. 12. Basílica de Santo Domingo y Mausoleo del General Manuel Belgrano

    Defensa 422, C1065 CABA, Argentina

    Concluimos nuestro recorrido a través de la historia, las antigüedades y el tango porteño ante la imponente fachada de la Basílica de Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo. Construido a partir de 1751 según proyecto del arquitecto turinés Antonio Masella, este colosal templo colonial es uno de los monumentos más solemnes y venerados de la República Argentina.

    Observen con detenimiento la torre izquierda del templo: sobre la mampostería blanca se aprecian empotrados varios tacos de madera que señalan el impacto de los cañonazos disparados durante la heroica Reconquista de Buenos Aires en julio de 1807, cuando las tropas británicas del general John Whitelocke se atrincheraron en este convento antes de capitular ante las milicias criollas.

    En el interior de la basílica, en el camarín de la Virgen del Rosario, se conservan intactas las banderas y estandartes militares del regimiento británico Green Hunters tomados como trofeo de guerra por el virrey Santiago de Liniers. En el atrio exterior, dominando el centro del patio empedrado, se alza el monumental Mausoleo del General Manuel Belgrano, prócer de la patria y creador de la bandera nacional celeste y blanca. Belgrano nació a escasos cien metros de aquí en 1770 y falleció en la absoluta pobreza en junio de 1820. El monumento de bronce y granito rojo de Carrara, esculpido en 1903 por el artista italiano Ettore Ximenes, sostiene un sarcófago elevado coronado por cuatro estatuas que representan a la Libertad y el Pensamiento. Belgrano fue sepultado según su deseo amortajado con el hábito humilde de terciopelo de la orden dominica.

    La serenidad monacal del claustro y el recuerdo de los héroes independentistas despiden nuestro viaje por San Telmo con una profunda emoción patriótica.

    San Telmo guarda en sus adoquines gastados el pulso inmortal del tango y las raíces fundacionales de la gran Buenos Aires.