Pasaje de la Defensa y residencia señorial de dos plantas de los Ezeiza
Why is it significant?
Traspasen el portón de madera del número 1179 de la calle Defensa para ingresar al Pasaje de la Defensa, conocido históricamente como la Casa de los Ezeiza.
Key Facts
| Place | Pasaje de la Defensa y residencia señorial de dos plantas de los Ezeiza |
|---|---|
| Address | Defensa 1179, C1143 CABA, Argentina |
| Geo Coordinates | -34.61920, -58.37080 |
| Part of Walk | San Telmo, Plaza Dorrego y cuna del tango: adoquines coloniales y bohemia |
| Generated | Generated |
Traspasen el portón de madera del número 1179 de la calle Defensa para ingresar al Pasaje de la Defensa, conocido históricamente como la Casa de los Ezeiza. Construida hacia 1876 como residencia particular de la distinguida familia patricia de Don José María Ezeiza, esta suntuosa vivienda señorial de dos plantas encarna a la perfección la evolución social y demográfica de San Telmo.
Observen la disposición tradicional de la arquitectura colonial y postcolonial de la ciudad: la casa se estructura en torno a tres patios sucesivos adoquinados con baldosas criollas, conectados por galerías altas con barandas de hierro forjado, zócalos de azulejos sevillanos y una cisterna de agua de lluvia en el patio central.
La historia de esta mansión resume el destino trágico de todo el vecindario: durante la pavorosa epidemia de fiebre amarilla de 1871, la familia Ezeiza, como la mayoría de las élites terratenientes porteñas, huyó aterrorizada hacia el norte de la ciudad abandonando su palacete. A finales del siglo diecinueve, con la llegada masiva de millones de inmigrantes italianos, españoles y judíos, la señorial casona fue fraccionada en un populoso conventillo donde llegaron a hacinarse más de treinta familias humildes, cada una viviendo en una sola habitación y compartiendo el patio común para lavar la ropa en piletas colectivas. En la década de 1980, el edificio fue rescatado de la ruina y restaurado minuciosamente como galería comercial de arte, platería criolla, tejidos de telar y antigüedades selectas. En el segundo patio crecen frondosos helechos bajo un gomero trepador centenario. En las antiguas caballerizas traseras funcionan hoy locales de anticuarios donde se exponen candelabros de plata colonial, aperos gauchescos de cuero crudo y mates de calabaza finamente cincelados.
Caminar por sus galerías de madera crujiente permite vislumbrar tanto el lujo aristocrático decimonónico como el sudor esperanzado de las familias obreras que forjaron la identidad cosmopolita de la urbe.
Doblemos hacia el Pasaje San Lorenzo para situarnos ante la diminuta fachada de la Casa Mínima.