La Boca, Caminito y el Riachuelo: conventillos de chapa, arte y pasión xeneize

De la Usina del Arte y La Bombonera a Caminito, la Fundación Proa y el Puente Transbordador

Buenos Aires · 12 stops · 29 min audio · Generated

  1. 1. Usina del Arte y arquitectura industrial florentina de 1916

    Agustín R. Caffarena 1, C1157 CABA, Argentina

    Bienvenidos al mítico barrio de La Boca comenzando frente a la silueta de castillo medieval florentino de la Usina del Arte, en la esquina de Caffarena y la avenida Don Pedro de Mendoza. Construida a partir de 1912 e inaugurada formalmente en 1916 como la gran central eléctrica de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, esta joya de la arquitectura industrial fabril fue proyectada por el insigne arquitecto italiano Juan Chiogna combinando ladrillo visto rojizo, arcos de medio punto y una torre almenada de cuarenta metros que emula las fortalezas renacentistas de la Toscana.

    Durante más de ochenta años, en sus naves colosales rugieron turbinas a vapor alimentadas con carbón de piedra para iluminar los tranvías, muelles portuarios y hogares de la creciente metrópoli rioplatense.

    Tras décadas de abandono industrial, el gobierno de la ciudad emprendió una restauración patrimonial ejemplar en 2012 que transformó las antiguas salas de calderas en un centro cultural multidisciplinario de referencia continental. El complejo alberga una sala sinfónica principal con capacidad para mil doscientos espectadores revestida íntegramente en madera de guatambú misionero, elogiada por directores de orquesta internacionales por su acústica perfecta de reverberación pura. La antigua nave de transformadores, llamada Sala de Cámara, acoge conciertos de tango de vanguardia, festivales de música electrónica y recitales de cámara. En sus patios adoquinados se realizan ferias gastronómicas que celebran la inmigración ligur que pobló este rincón marinero. Una monumental chimenea histórica de acero y las grúas puente originales permanecen como mudos testigos del pasado obrero.

    La combinación entre la fuerza titánica de la mampostería fabril y la pureza sonora de los violines convierte a la Usina del Arte en un umbral insustituible para comprender la pujanza de La Boca.

    Caminemos hacia el sur por la avenida Almirante Brown hasta llegar al solar histórico de Casa Amarilla.

  2. 2. Casa Amarilla y memoria naval del Almirante Guillermo Brown

    Avenida Almirante Brown y Blanes, C1157 CABA, Argentina

    Nos detenemos en el predio histórico de Casa Amarilla, donde se alza la réplica fiel de la señorial residencia de campo adquirida en 1812 por el almirante Guillermo Brown, prócer de origen irlandés y padre indiscutible de la Armada de la República Argentina. Ubicada en aquel entonces sobre la misma ribera del Riachuelo rodeada de cañaverales y pastizales pampeanos, la finca debe su nombre popular al tono amarillo ocre con el que Brown ordenó pintar sus muros exteriores de cal para que sirvieran de baliza náutica a las naves que remontaban la corriente.

    La mansión original fue levantada siguiendo las pautas de las casas de hacienda virreinales: paredes de adobe de sesenta centímetros de grosor, techo de tejas coloniales a dos aguas y un mirador vidriado en el ático provisto de un catalejo náutico de bronce.

    Desde ese mirador elevado, Brown divisaba la llegada de las escuadras enemigas antes de embarcarse en sus míticas goletas para defender la patria naciente en los combates navales de Martín García, Montevideo y el río Juncal. El solar fue testigo de veladas patrióticas memorables compartidas con Juan Manuel de Rosas y capitanes criollos, así como del dolor por el trágico naufragio de su futuro yerno Francis Drummond. Aunque la casona original fue demolida a principios del siglo veinte para dar paso a maniobras ferroviarias, en 1983 se inauguró esta reconstrucción histórica que hoy alberga el Departamento de Estudios Históricos Navales y el Instituto Browniano. El museo custodia uniformes navales originales, cartas autógrafas de Brown, maquetas navales de la fragata 25 de Mayo y cañones coloniales de avancarga.

    Estar frente a estos muros amarillos permite respirar el heroísmo marinero de los hombres que forjaron la soberanía naval argentina.

    Sigamos hacia el suroeste por la calle Villafañe para conocer la enigmática Torre del Fantasma.

  3. 3. Torre del Fantasma y leyendas modernistas de la calle Villafañe

    Wenceslao Villafañe y Almirante Brown, C1157 CABA, Argentina

    Alzamos la mirada hacia la cúspide sinuosa del edificio situado en la esquina de Wenceslao Villafañe y la avenida Almirante Brown, conocido popularmente en las crónicas porteñas como la Torre del Fantasma. Construido hacia 1910 por encargo de la acaudalada propietaria María Luisa Auvert Arnaud y diseñado por el arquitecto Guillermo Álvarez, este inmueble de tres plantas rematado por una esbelta torre mirador circular constituye uno de los ejemplos más ricos del Art Nouveau modernista catalán y catalán en el sur porteño.

    La fachada cautiva por su ornamentación orgánica: ménsulas de hierro curvado, balcones de herrería floral ondulada y guirnaldas de hojas talladas en piedra parís que contrastan con las líneas populares del vecindario.

    La leyenda urbana más célebre de La Boca comenzó cuando la señora Auvert alquiló las habitaciones de la torre superior a Clementina, una talentosa pintora bohemia que instaló allí su taller de pintura. Según el relato popular transmitido de generación en generación, una conocida crítica de arte visitó el estudio y fotografió las telas de Clementina; al revelar las placas fotográficas en su laboratorio, descubrió horrorizada diminutas criaturas fantasmales y duendes transparentes escondidos entre las pinceladas. Poco tiempo después, la joven artista se precipitó misteriosamente al vacío desde el balcón de la torre. Desde entonces, vecinos de la cuadra aseguran escuchar melodías nocturnas de piano desafinado, susurros y sombras inquietas que recorren los ventanales de la torre bajo la luna llena. El edificio sobrevive hoy con viviendas particulares y comercios en la planta baja. Los pisos superiores conservan carpinterías de cedro talladas a mano y vitrales florales que tiñen de rojo y verde los rellanos de la escalera cuando el sol poniente ilumina la torre.

    Mito o sugestión popular, la Torre del Fantasma encarna la fecunda imaginación poética que habita en las esquinas secretas de Buenos Aires.

    Caminemos por la calle Brandsen hacia el oeste para llegar a las puertas sagradas de La Bombonera.

  4. 4. Estadio Alberto J. Armando y pasión xeneize en La Bombonera

    Brandsen 805, C1159 CABA, Argentina

    Nos situamos ante el templo de la pasión deportiva más vibrante y universal del fútbol mundial: el Estadio Alberto J. Armando, consagrado en todos los continentes con el entrañable apodo de La Bombonera. Hogar secular del Club Atlético Boca Juniors fundado el 3 de abril de 1905 por cinco jóvenes hijos de inmigrantes genoveses en la vecina plaza Solís, el estadio fue inaugurado el 25 de mayo de 1940 con un proyecto audaz del arquitecto esloveno Viktor Sulčič junto al ingeniero José Luis Delpini.

    ¿Por qué su nombre Bombonera? Sulčič recibió como regalo de cumpleaños una caja de bombones de chocolate; al mirar la forma compacta con una bandeja plana y tres laterales elevados, exclamó que era idéntica a los planos del estadio que acababa de dibujar.

    Debido a las estrechas dimensiones del terreno encajonado entre vías férreas y casas vecinales, los arquitectos idearon tres bandejas superpuestas con una pendiente vertiginosa y una pared vertical de palcos vip, logrando una acústica ensordecedora donde el aliento de cincuenta y cuatro mil espectadores reverbera como un trueno sobre el césped. La frase popular afirma con verdad física que La Bombonera no tiembla, late: las tribunas oscilan rítmicamente al unísono cuando la hinchada salta cantando sus himnos. Sobre este césped deslumbraron dioses del balón como Diego Armando Maradona, Juan Román Riquelme y Martín Palermo. En la fachada exterior lucen murales gigantescos de Pérez Celis y Quinquela Martín pintados con los sagrados colores azul y oro, inspirados en la bandera del primer barco sueco que fondeó en el puerto en 1907. El Museo de la Pasión Boquense exhibe trofeos de Copa Libertadores y camisetas históricas.

    Sentir la energía telúrica que emana de este coloso de cemento es comprender por qué el fútbol en Argentina no es un pasatiempo, sino una religión cívica de masas.

    Doblemos hacia el sureste por el Pasaje Garibaldi cruzando las históricas vías férreas del puerto.

  5. 5. Pasaje Garibaldi y vías históricas del ferrocarril de cargas portuario

    Garibaldi y Rocha, C1160 CABA, Argentina

    Caminamos sobre los viejos durmientes de quebracho y los rieles de acero incrustados en los adoquines del Pasaje Garibaldi, una arteria ferroviaria y peatonal que atesora la memoria del trabajo rudo portuario de La Boca. Construida a finales del siglo diecinueve como ramal de cargas del Ferrocarril Buenos Aires y Puerto de Ensenada, esta vía férrea comunicaba directamente las dársenas del Riachuelo con las terminales de granos y las estaciones centrales de la provincia pampeana.

    Observen las fachadas de las viviendas que flanquean las vías: casas construidas con chapas acanaladas de zinc galvanizado clavadas sobre armazones de madera de pino tea, sobreelevadas sobre zócalos de mampostería de hasta dos metros de altura para ponerse a salvo de las periódicas sudestadas e inundaciones del río.

    El nombre del pasaje conmemora la figura del general Giuseppe Garibaldi, héroe de la unificación italiana que combatió en las guerras del Río de la Plata en la década de 1840 al mando de la escuadra fluvial defensora de Montevideo. La población de La Boca estaba compuesta mayoritariamente por familias llegadas de la provincia marítima de Génova, conocidos popularmente en lunfardo como xeneizes—deformación dialectal del ligur zeneize. En estas esquinas se fundaron las primeras mutuales obreras, la Sociedad de Bomberos Voluntarios de La Boca en 1884—la primera de toda la república—y los talleres de fileteadores que decoraban los carros de panaderos con firuletes de esmalte brillante. En la actualidad, artesanos locales exhiben esculturas de hierro forjado, óleos costeros y recuerdos tangueros a lo largo del sendero peatonal.

    Cruzar estas vías mientras el sol de la tarde ilumina las chapas multicolores es entrar en un cuadro vivo de la vida obrera decimonónica.

    Sigamos hacia el sur por Garibaldi hasta alcanzar la orilla fluvial donde se erige el Teatro de la Ribera.

  6. 6. Teatro de la Ribera y murales costeros donados por Quinquela Martín

    Avenida Pedro de Mendoza 1821, C1169 CABA, Argentina

    Llegamos ante la fachada policromada del Teatro de la Ribera, situado en el número 1821 de la avenida Pedro de Mendoza, frente a las aguas del Riachuelo. Este coliseo escénico, inaugurado el 8 de marzo de 1971, nació gracias a la generosidad filantrópica infinita del gran pintor boquense Benito Quinquela Martín, quien donó los terrenos particulares de su propiedad y financió parte sustancial de la obra civil con el sueño de regalarle a los trabajadores de su barrio un teatro popular accesible y digno.

    El teatro forma parte del Complejo Cultural de la Ribera concebido por Quinquela, que incluyó también una escuela primaria pública, un jardín de infantes, un lactario infantil y el museo de arte, levantados sobre parcelas que el artista compró y donó al Estado.

    Al franquear el vestíbulo y la sala principal con capacidad para seiscientas cincuenta butacas tapizadas en pana azul, la mirada queda cautivada por ocho murales monumentales pintados al óleo sobre paneles de madera por el propio Quinquela Martín. Las obras retratan con vigor expresionista el pulso de la comunidad ribereña: estibadores hercúleos descargando carbón con sus espaldas encorvadas, la procesión fluvial de la Virgen de los Navegantes con decenas de barcas engalanadas, el izamiento de la bandera patria y el desfile de las fragatas coloniales. Administrado hoy por el prestigioso Complejo Teatral de Buenos Aires, el escenario está consagrado prioritariamente al tango, el teatro musical argentino y clásicos de la dramaturgia costumbrista criolla. El telón de boca original reproduce también una marina nocturna del maestro boquense con reflejos dorados sobre el río.

    Este teatro encarna la convicción de que la belleza del arte y la alta cultura deben pertenecerle por entero a la clase trabajadora que construye el país con sus manos.

    Avancemos unos pasos hacia el Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín en el edificio contiguo.

  7. 7. Museo de Bellas Artes Benito Quinquela Martín y Escuela de la Ribera

    Avenida Pedro de Mendoza 1835, C1169 CABA, Argentina

    Nos detenemos ante el monumental edificio de cuatro plantas de la Escuela Pedro de Mendoza y Museo de Bellas Artes de La Boca de Artistas Argentinos Benito Quinquela Martín. Nacido en marzo de 1890 como expósito abandonado en la Casa Cuna de Buenos Aires y adoptado a los siete años por los carboneros Manuel Chinchella y Justina Molina, Quinquela se formó como pintor autodidacta mientras cargaba bolsas de carbón de sesenta kilos en los muelles del Riachuelo desde el amanecer.

    Cuando alcanzó el éxito internacional exhibiendo sus lienzos en París, Londres y Nueva York, no compró palacetes en París: invirtió cada centavo de sus ventas en su amada Boca, donando en 1936 el terreno y el edificio completo de la escuela para que los hijos de los obreros estudiaran rodeados de obras de arte.

    En la tercera planta del edificio funcionaba la vivienda particular y taller de Quinquela, conservada tal como él la habitó: su cama de hierro, sus paletas con restos de pintura al óleo, su ropa de trabajo y sus ventanales panorámicos orientados hacia el meandro del río. El museo alberga la mayor colección de obras del maestro, célebre por sus empastes gruesos aplicados con espátula que capturan el fuego de las fundiciones navales, las grúas de vapor y los barcos mercantes entre volutas de humo negro. Además, el museo custodia la colección de mascarones de proa de madera tallada más grande de América Latina: más de treinta mascarones del siglo diecinueve rescatados de veleros náufragos que miran al visitante con ojos hieráticos. En la terraza de esculturas al aire libre dialogan piezas de bronce de grandes escultores argentinos con la vista abierta al puerto.

    Quinquela Martín no solo pintó su aldea natal: le dio sus colores definitivos, su escuela comunitaria y su inmortalidad pictórica.

    Caminemos hacia la esquina de Pedro de Mendoza y Caminito para ingresar al callejón más famoso de Argentina.

  8. 8. Calle Museo Caminito y conventillos de madera y chapa de zinc policromada

    Caminito y Pedro de Mendoza, C1169 CABA, Argentina

    Ingresamos en la sinuosa curva peatonal de Caminito, el museo a cielo abierto más icónico, fotografiado y alegre de la República Argentina. Este tramo empedrado de apenas ciento cincuenta metros de longitud formaba parte originalmente del lecho natural del arroyo Puntín y posteriormente de un ramal de maniobras del ferrocarril de cargas portuario inaugurado en 1866. Cuando la vía férrea fue clausurada en 1928, el callejón se convirtió en un basural pantanoso y desolado conocido tristemente como La Curva.

    En la década de 1950, Benito Quinquela Martín y un grupo entusiasta de vecinos rescataron el pasaje del abandono: limpiaron los escombros, empedraron el suelo y pintaron las fachadas de los conventillos de chapa con alegres colores primarios—amarillo, rojo, verde y azul marino—, bautizándolo como Caminito en honor al célebre tango de 1926 compuesto por Juan de Dios Filiberto y Gabino Coria Peñaloza.

    Quinquela concibió este espacio como un escenario teatral al aire libre sin puertas ni cerrojos donde la gente común pudiera disfrutar de esculturas y relieves de destacados artistas plásticos. ¿Por qué las casas de chapa de La Boca son multicolores? La razón es profundamente obrera: los inmigrantes genoveses pedían las sobras de pintura que quedaban en las bodegas de los barcos mercantes del puerto; como la pintura no alcanzaba para cubrir una casa entera, pintaban una pared de rojo, otra de verde y la ventana de amarillo con lo que tenían a mano. Entre los balcones de chapa y madera asoman hoy figuras esculpidas de Diego Maradona, Evita Perón y Carlos Gardel, mientras parejas de bailarines de tango bailan sobre el adoquinado y artistas plásticos venden acuarelas luminosas.

    La explosión cromática de sus chapas bajo el sol porteño es un himno triunfal a la dignidad de la vida humilde de los conventillos.

    Sigamos hacia la avenida Pedro de Mendoza para conocer la sede de la Fundación Proa.

  9. 9. Fundación Proa y mirador vanguardista sobre el Riachuelo

    Avenida Pedro de Mendoza 1929, C1169 CABA, Argentina

    Llegamos ante la deslumbrante fachada de vidrio traslúcido y acero que dialoga con los muros de ladrillo de la Fundación Proa, en el número 1929 de la avenida Pedro de Mendoza. Fundada en 1996 como un centro privado de arte contemporáneo independiente, Proa ocupa una señorial casona de finales del siglo diecinueve completamente remodelada en 2008 por el prestigioso estudio milanés Caruso-Torricella, logrando una simbiosis magistral entre el patrimonio histórico portuario y la arquitectura de vanguardia.

    Deténganse ante su fachada transparente: durante el día el vidrio refleja las aguas y las barcazas del Riachuelo, mientras por la noche el edificio se enciende como una linterna resplandeciente que ilumina el meandro fluvial de Vuelta de Rocha.

    A lo largo de sus casi tres décadas de trayectoria, Proa ha sido el puente insustituible que conectó a Buenos Aires con las figuras más gravitantes del arte internacional: aquí se exhibieron las primeras grandes retrospectivas en América del Sur de titanes como Louise Bourgeois con su colosal araña de bronce Maman instalada en la vereda ribereña, Marcel Duchamp, Ai Weiwei, Alberto Giacometti y Alexander Calder. Sus cuatro salas expositivas cuentan con tecnología de climatización e iluminación museográfica de última generación. En el último piso, un elegante café restaurante y librería especializada remata en una terraza panorámica al aire libre desde donde se contempla una de las vistas más imponentes y melancólicas de todo el puerto: el recodo del río, las viejas grúas de descarga inmóviles y la estructura hercúlea del Puente Transbordador recortándose contra el cielo del atardecer.

    Proa demuestra con audacia que el diálogo entre la memoria obrera popular y el arte conceptual contemporáneo es una fuente inagotable de vitalidad creadora.

    Acerquémonos a la orilla del agua para apreciar la ensenada histórica de Vuelta de Rocha.

  10. 10. Vuelta de Rocha y meandro fluvial del antiguo fondeadero genovés

    Avenida Pedro de Mendoza y Del Valle Iberlucea, C1169 CABA, Argentina

    Nos asomamos a la barandilla de piedra de la Vuelta de Rocha, el meandro fluvial más legendario y decisivo de toda la geografía portuaria porteña. Esta pronunciada curva del Riachuelo debe su nombre al hacendado Don Antonio Rocha, quien adquirió estas tierras ribereñas a comienzos del siglo dieciocho para instalar corrales de hacienda y saladeros de carne vacuna.

    La curvatura natural del río frenaba de forma milagrosa la violencia de las corrientes pampeanas, creando una ensenada de aguas calmas que los marineros coloniales bautizaron como el Fondeadero de los Navíos, el puerto natural más protegido de toda la costa de Buenos Aires.

    Fue exactamente en este recodo donde el almirante Guillermo Brown estableció en 1814 los primitivos arsenales de la marina de guerra patriota durante las batallas navales de la emancipación. A finales del siglo diecinueve, con la llegada masiva de los marineros y carpinteros de ribera llegados de Génova, la Vuelta de Rocha se convirtió en una colmena frenética de astilleros artesanales de madera, varaderos navales, talleres de calafateo y botaderos de lanchas. En sus aguas flotaban cientos de goletas mercantes, remolcadores a vapor y falúas cargadas de naranjas y maderas procedentes del delta del río Paraná. En 1882, en una taberna frente a este meandro, un grupo de marineros genoveses enardecidos por conflictos laborales llegó a izar la bandera de Génova y proclamar la efímera República Independiente de La Boca, teniendo que intervenir personalmente el presidente Julio Argentino Roca para dialogar con los huelguistas y arriar la enseña extranjera con diplomacia.

    El olor a río, a brea y a maderas húmedas que asciende de estas aguas pardas evoca cuatro siglos de navegación incansable en el corazón del Río de la Plata.

    Caminemos hacia la plazoleta contigua para descubrir el mástil cívico de los Suspiros.

  11. 11. Plazoleta de los Suspiros y mástil cívico de la República de La Boca

    Pedro de Mendoza y Palacios, C1169 CABA, Argentina

    Hacemos un alto en la Plazoleta de los Suspiros, un rincón de serena poesía costera ubicado frente a la curva de la Vuelta de Rocha. Cuenta la tradición marinera de La Boca que este muelle empedrado recibió su nostálgico nombre porque aquí se congregaban las novias, esposas y madres de los tripulantes para agitar pañuelos blancos y despedir entre suspiros de amor y lágrimas a los marineros que zarpaban en fragatas de vela hacia travesías inciertas de varios meses por el océano Atlántico.

    En el centro de la plazoleta se destaca un monumental mástil náutico de madera con cofas y jarcias, donado en 1937 por la comunidad vecinal para servir de punto de encuentro ceremonial de las instituciones cívicas y mutualistas del barrio.

    A espaldas de la plaza se abren legendarias cantinas populares donde se servían copas de ginebra de pipa y embutidos con pan casero a los estibadores que terminaban sus agotadoras jornadas de descarga en los pontones del muelle. En este solar funcionaron también las redacciones de combativos periódicos barriales en lengua genovesa como Il Mattatoio y El Faro de La Boca, que reclamaban mejoras sanitarias y educación laica para los recién llegados de Europa. Frente a la plazoleta descansan dos pesadas anclas coloniales de hierro forjado y cañones navales oxidados rescatados de los fondos fangosos del río. Desde este punto se observa de frente la formidable silueta de celosía de acero del Puente Transbordador, emblema máximo de la ingeniería ferroviaria de la metrópoli. En las tardes de domingo, poetas populares recitan décimas criollas y parejas de ancianos se sientan en los bancos de madera a compartir mates amargos mientras contemplan las siluetas de las gaviotas sobre el agua.

    La brisa del atardecer mece las banderas del mástil mientras los bandoneones de Caminito flotan sobre el murmullo de las aguas del Riachuelo.

    Acerquémonos a la base monumental del Puente Transbordador Nicolás Avellaneda.

  12. 12. Puente Transbordador Nicolás Avellaneda y monumento de acero de 1914

    Avenida Pedro de Mendoza y Rocha, C1169 CABA, Argentina

    Concluimos nuestro recorrido a través del arte, la historia obrera y la pasión de La Boca al pie de la estructura titánica del Puente Transbordador Nicolás Avellaneda. Construido entre 1908 e inaugurado solemnemente el 31 de mayo de 1914 por la compañía de ferrocarriles británica Ferrocarril del Sud, este gigante de hierro remachado en caliente es una de las mayores proezas de la ingeniería del transporte del siglo veinte y uno de los únicos ocho puentes transbordadores que sobreviven en pie en todo el planeta.

    ¿Cómo funcionaba esta maravilla mecánica? Como el tráfico marítimo de buques de gran calado por el Riachuelo era incesante, no se podía tender un puente fijo bajo; en su lugar, se construyó una estructura de cincuenta metros de altura de la que cuelga una colosal barquilla colgante que se desplazaba sobre rieles aéreos movida por motores eléctricos, transportando carretas, tranvías y hasta cuatrocientos peatones de una orilla a la otra en solo cuatro minutos.

    Las piezas de acero fueron forjadas en los talleres siderúrgicos de Earl of Dudley en el Reino Unido y ensambladas en Buenos Aires con miles de remaches al rojo vivo. Durante medio siglo, hasta su clausura en 1960 por la competencia de los puentes carreteros modernos, el transbordador trasladó diariamente a decenas de miles de obreros que cruzaban desde la provincia de Buenos Aires para trabajar en los frigoríficos y saladeros de la capital. Estuvo a punto de ser dinamitado y vendido como chatarra en 1993, pero la movilización heroica de los vecinos y defensores del patrimonio logró salvarlo y declararlo Monumento Histórico Nacional. Tras una restauración técnica exhaustiva en 2017, la barquilla volvió a funcionar con fines turísticos y patrimoniales.

    Contemplar su silueta de encaje de acero elevándose sobre el Riachuelo es rendir homenaje a la epopeya obrera y creadora que convirtió a La Boca en leyenda universal.

    Disfruten de la brisa ribereña bajo el gigante de acero o degusten una tradicional porción de pizza fugazzeta con fainá.