Ámsterdam medieval: del puerto al Dam, la ciudad que cambió de fe en una tarde

De la Estación Central al Begijnhof: la torre de las lloronas, la iglesia más antigua, un templo católico escondido en un desván, el ayuntamiento que celebró la paz con España y la plaza donde nació Ámsterdam

Amsterdam · 11 stops · 28 min audio · Generated

  1. 1. Estación Central de Ámsterdam

    Stationsplein, 1012 AB Amsterdam, Netherlands

    Ponte frente a la fachada de ladrillo rojo, con el agua del puerto a tu espalda, y mira las dos torres: en una hay un reloj, en la otra una esfera que no marca la hora, sino la dirección del viento. En una ciudad que vivió del mar durante siglos, saber de dónde soplaba el viento era casi tan importante como saber qué hora era.

    La Estación Central se inauguró en 1889 y su arquitecto fue Pierre Cuypers, el mismo que unos años antes había terminado el Rijksmuseum. Cuypers era un católico del sur del país, amante del gótico, y a muchos protestantes de Ámsterdam su estilo les parecía demasiado eclesiástico, casi una catedral para trenes. Pero la crítica más dura fue otra: el edificio levantó un muro entre la ciudad y su puerto. Durante trescientos años, Ámsterdam había mirado al agua... y de pronto se encontró de espaldas a ella.

    Lo que no se ve es todavía más asombroso. Toda la estación se apoya sobre tres islas artificiales construidas en el IJ, y bajo ellas hay más de ocho mil pilotes de madera clavados en el barro. Así está construida casi toda la ciudad antigua: sobre un bosque invertido de troncos que llegan hasta una capa de arena firme, muchos metros más abajo. Mientras los pilotes sigan bajo el agua, sin aire, la madera no se pudre.

    Hace quinientos años, la ciudad que vas a recorrer cabía en unas pocas calles alrededor de un dique sobre el río Amstel. Era una ciudad católica, de peregrinos y comerciantes de arenque, cerveza y grano, y fue fiel al rey Felipe II mucho más tiempo que sus vecinas. Cuando casi toda Holanda se rebeló contra España en 1572, Ámsterdam siguió del lado del rey durante seis años más. Este paseo cuenta cómo esa ciudad cambió de bando y de fe en 1578, sin una gota de sangre, y qué escondió después en sus desvanes.

    Ahora gira hacia el este, cruza con cuidado las vías del tranvía y camina por Prins Hendrikkade, a la orilla del agua. Busca una torre redonda, baja y de ladrillo oscuro que parece haberse quedado sola. Es lo que queda de la muralla medieval.

  2. 2. Schreierstoren, la torre de las lloronas

    Prins Hendrikkade 94-95, 1012 AE Amsterdam, Netherlands

    Delante de ti se alza una torre achaparrada, redonda, con un tejado puntiagudo y muros gruesos de ladrillo que han visto pasar más de cinco siglos. Se construyó hacia 1480 como parte de la muralla que protegía la ciudad por el lado del agua, y es una de las pocas piezas de aquel cinturón defensivo que siguen en pie.

    Su nombre, Schreierstoren, suena en neerlandés casi a la torre de los que lloran. La leyenda dice que desde aquí las mujeres de los marineros despedían a sus maridos, llorando mientras los barcos se alejaban por el IJ, sin saber si volverían. En la fachada hay una piedra de 1569 con una mujer que parece secarse las lágrimas. Los filólogos, más prosaicos, sospechan que el nombre viene de una palabra antigua para un ángulo agudo: la torre estaba justo en una esquina cerrada de la muralla. Elige tú la versión... la ciudad lleva siglos quedándose con la de las lágrimas.

    Mira también la placa de bronce con un barco. En abril de 1609 salió de aquí el capitán inglés Henry Hudson, contratado por la Compañía de las Indias Orientales para encontrar un paso hacia Asia por el norte. El hielo le cerró el camino y Hudson, desobedeciendo sus órdenes, giró hacia el oeste. Acabó remontando un río de América del Norte que hoy lleva su nombre, y ese viaje abrió la puerta a una colonia holandesa llamada Nueva Ámsterdam... la futura Nueva York. La placa la colocaron en 1927 unos neoyorquinos agradecidos.

    Pero antes de los viajes de Hudson, este muelle vivió años de hambre. Entre 1572 y 1578, mientras Ámsterdam seguía leal a Felipe II, los rebeldes holandeses que luchaban contra España bloquearon la ciudad por mar y por tierra. Los barcos dejaron de entrar, los almacenes se vaciaron y los comerciantes vieron cómo el negocio se iba a otros puertos. Fue esa asfixia, más que la teología, la que empujó a Ámsterdam a pactar con los rebeldes.

    Ahora busca, justo detrás de la torre, el arranque de una calle estrecha y algo curva que se mete hacia el centro. Se llama Zeedijk, y su nombre lo dice todo: dique del mar. Entra por ella y fíjate, en la primera esquina, en una casa con fachada de madera oscura.

  3. 3. Zeedijk y la casa de madera

    Zeedijk 106-118, 1012 BB Amsterdam, Netherlands

    Camina despacio y nota cómo la calle se curva y sube apenas: estás encima de un dique. Zeedijk significa dique del mar, y en la Edad Media esta lengua de tierra era la barrera que separaba las casas del agua salada del IJ.

    La casa de fachada de madera que viste al entrar, en el número 1, es una rareza absoluta. Se levantó hacia mediados del siglo XVI y es una de las dos únicas casas con fachada de madera que conserva Ámsterdam. La ciudad medieval era casi toda de madera, y por eso ardía con una facilidad terrible: grandes incendios en el siglo XV arrasaron barrios enteros. En el siglo XVI se prohibió construir nuevas fachadas de madera, y el ladrillo se convirtió en la piel de Ámsterdam.

    Aquella casa se conoce como In 't Aepjen, en el monito, y la historia que se cuenta es deliciosa. Dicen que los marineros que volvían de Asia sin dinero pagaban su alojamiento con monos traídos en el barco. Los animales tenían pulgas, los huéspedes se rascaban toda la noche, y de ahí vendría una expresión neerlandesa que todavía se usa: estar alojado en el mono, es decir, haberse metido en un buen lío. Es una leyenda, claro... pero muy amsterdamesa.

    Zeedijk fue siempre la calle de los recién llegados del mar: posadas, tabernas, músicos y marineros de medio mundo. En los años setenta y ochenta del siglo XX vivió su época más oscura, convertida en el centro del tráfico de heroína de la ciudad, y muchos vecinos se marcharon. En la esquina con el puerto, en mayo de 1988, murió el trompetista Chet Baker al caer de la ventana de un hotel; una placa lo recuerda. Desde los años noventa, vecinos y ayuntamiento recuperaron la calle casa por casa.

    Hoy Zeedijk es el corazón del barrio chino de Ámsterdam, y tienes la prueba delante: un templo budista con tejados curvos, inaugurado en el año 2000 y construido en el estilo de los palacios chinos. Una calle medieval holandesa con un templo chino encima de un dique... eso es Ámsterdam. Sigue Zeedijk hasta el final, donde la calle se abre a una plaza dominada por un pequeño castillo con torres.

  4. 4. Nieuwmarkt y la Waag

    Nieuwmarkt 4, 1012 CR Amsterdam, Netherlands

    Frente a ti, en medio de la plaza, se levanta un edificio que parece salido de un cuento: torres redondas, tejados de pizarra, ventanas pequeñas. Es la Waag, y aunque hoy parezca un castillo de juguete, nació como algo muy serio: una puerta de la muralla de la ciudad.

    Se construyó en 1488 y se llamaba Sint Antoniespoort, la puerta de San Antonio. Por aquí salía el camino hacia el este, y cada noche las puertas se cerraban. Pero Ámsterdam creció tan rápido a finales del siglo XVI que la muralla quedó dentro de la ciudad, inútil. En lugar de derribar la puerta, en 1617 los amsterdameses, prácticos como siempre, la convirtieron en casa de pesaje. Abajo se pesaban mercancías pesadas, como anclas y cañones, y el foso que la rodeaba se rellenó para hacer esta plaza de mercado, la Nieuwmarkt.

    Arriba, en los pisos superiores, se instalaron los gremios. El más famoso fue el de los cirujanos, que desde 1691 tuvo aquí su teatro anatómico, bajo la cúpula de la torre central. Allí se diseccionaban los cuerpos de ejecutados delante de un público que pagaba entrada, normalmente en invierno, cuando el frío ayudaba a conservar el cadáver. El mismo gremio había encargado décadas antes a un joven Rembrandt su célebre Lección de anatomía del doctor Tulp, de 1632, y sus retratos de grupo colgaron después en estas salas.

    La plaza también tiene memoria reciente. En 1975, el ayuntamiento quiso derribar manzanas enteras del barrio para construir el metro y una gran avenida. Los vecinos se opusieron, hubo enfrentamientos muy duros con la policía, y la ciudad acabó renunciando a la avenida. El metro se construyó, pero las casas que hoy ves alrededor se levantaron como vivienda para la gente del barrio. Si algún día bajas a la estación Nieuwmarkt, verás en sus paredes el recuerdo de aquellas protestas.

    Ahora sal de la plaza por el lado oeste, por cualquiera de las callejuelas que van hacia los canales. Cruza el Kloveniersburgwal y sigue recto hasta ver una torre alta y esbelta, rodeada de casas estrechas. Es la iglesia más antigua de la ciudad.

  5. 5. Oude Kerk, la iglesia más antigua

    Oudekerksplein 23, 1012 GX Amsterdam, Netherlands

    Rodea despacio la mole de piedra y ladrillo que tienes delante: capillas, contrafuertes, pequeñas casas pegadas a sus muros como percebes a una roca. La Oude Kerk, la Iglesia Vieja, es el edificio más antiguo de Ámsterdam, y fue consagrada a principios del siglo XIV a San Nicolás, patrón de los marineros.

    Cuando entres, si puedes, baja la vista. Todo el suelo es un tablero de lápidas: unas dos mil quinientas tumbas, donde se enterró a miles de personas a lo largo de los siglos. Entre ellas está Saskia van Uylenburgh, la esposa de Rembrandt, enterrada aquí en 1642. Y luego levanta los ojos: la bóveda es de madera, una de las mayores bóvedas medievales de madera que se conservan en Europa. Los amsterdameses cuentan, medio en broma, que los ricos enterrados bajo el suelo olían tan mal en verano que de ahí viene un insulto neerlandés para los ricachones: apestosos ricos.

    En agosto de 1566 llegó la tormenta iconoclasta: grupos de calvinistas entraron en las iglesias de los Países Bajos y destrozaron imágenes y altares. La Oude Kerk sufrió, pero siguió siendo católica, porque Ámsterdam era fiel al rey de España. Todo cambió en mayo de 1578. En lo que se llamó la Alteración, los partidarios de la rebelión tomaron el poder sin disparar un tiro, metieron a los concejales católicos y a los frailes franciscanos en un barco y los dejaron en un dique fuera de la ciudad. Desde entonces, la iglesia es protestante, y sus paredes desnudas cuentan esa historia.

    A tu alrededor está el barrio que el mundo conoce por sus ventanas iluminadas en rojo. La prostitución en el puerto es tan antigua como el puerto mismo, y la iglesia y los burdeles llevan siete siglos siendo vecinos. Junto a la iglesia, desde 2007, una pequeña estatua de bronce llamada Belle está dedicada a las trabajadoras sexuales de todo el mundo. Recuerda que estas calles son el lugar de trabajo de personas reales: aquí no se hacen fotos a nadie.

    Ahora camina hacia el norte, a lo largo del canal Oudezijds Voorburgwal, apenas unas decenas de pasos. Busca el número 38, una casa de canal aparentemente normal. Lo que esconde arriba es uno de los secretos mejor guardados de la ciudad.

  6. 6. Ons' Lieve Heer op Solder, la iglesia del desván

    Oudezijds Voorburgwal 38, 1012 GD Amsterdam, Netherlands

    Fíjate en la fachada: una casa de canal estrecha, de ladrillo, con su gancho para subir muebles en lo alto y ventanas como las de cualquier vecino. Nada, absolutamente nada, delata que en el último piso hay una iglesia con altar, galerías y órgano.

    Después de la Alteración de 1578, la misa católica quedó prohibida en público en Ámsterdam. Pero una buena parte de la ciudad seguía siendo católica, y las autoridades llegaron a un arreglo muy holandés: se podía rezar, siempre que no se viera desde la calle. Nacieron así las iglesias clandestinas, escondidas en patios, almacenes y desvanes. Todo el mundo sabía dónde estaban. Simplemente, nadie hablaba de ellas.

    Esta la construyó Jan Hartman, un rico comerciante católico de medias, que compró la casa en 1661. Unió los desvanes de su casa y de las dos casas de atrás, y allí arriba levantó una iglesia completa, consagrada en 1663. Para llegar hay que subir por escaleras estrechas, pasar por salones del siglo XVII y por una cocina, hasta que de pronto el techo se abre y aparece una nave con dos pisos de galerías, capaz de acoger a unas ciento cincuenta personas. Sobre el altar cuelga un cuadro de Jacob de Wit, pintado en el siglo XVIII. Su nombre popular es una pequeña broma: Nuestro Señor en el Desván.

    Piensa en lo que significa. Los abuelos de quienes subían aquí a escondidas habían sido los dueños de la ciudad, los que gobernaban el ayuntamiento y llenaban la Oude Kerk. En una sola generación pasaron a rezar entre vigas, pagando a veces discretas sumas para que las autoridades miraran hacia otro lado. Esa tolerancia sin reconocimiento oficial, mezcla de pragmatismo y de hipocresía, es una de las raíces de la manera holandesa de convivir.

    La iglesia se usó durante más de dos siglos, y en 1888 se abrió como museo, lo que lo convierte en uno de los más antiguos de la ciudad. Ahora continúa por el canal y gira a la izquierda por cualquiera de las callejuelas que llevan al Damrak, la gran avenida que baja hacia la plaza Dam. Te espera un enorme edificio de ladrillo con una torre cuadrada y un reloj.

  7. 7. Damrak y la Beurs van Berlage

    Damrak 243, 1012 ZJ Amsterdam, Netherlands

    Ante ti se extiende un edificio larguísimo de ladrillo rojo oscuro, con una torre cuadrada y un reloj, casi sin adornos, como si alguien hubiera decidido que la verdad de los materiales bastaba. Es la Beurs van Berlage, la antigua bolsa, y la avenida por la que pasan los tranvías es el Damrak.

    Hasta finales del siglo XIX, el Damrak no era una calle sino agua: el último tramo del río Amstel, el puerto interior donde los barcos descargaban casi a los pies de la plaza Dam. Cuando se rellenó buena parte de ese brazo de agua, la ciudad aprovechó el terreno para una nueva bolsa. Ámsterdam sabía de bolsas: en 1602 se fundó aquí la Compañía de las Indias Orientales, cuyas acciones se compraban y vendían libremente, y en 1611 la ciudad levantó, muy cerca de este lugar, uno de los primeros edificios del mundo construidos expresamente para comerciar con valores.

    El arquitecto Hendrik Petrus Berlage la construyó entre 1898 y 1903 y rompió con todo lo anterior. Nada de columnas griegas ni de cúpulas falsas: ladrillo visto, hierro, vidrio y una estructura que se muestra tal como es. Muchos historiadores lo consideran el punto de partida de la arquitectura moderna holandesa. En la torre hay una inscripción que es casi un consejo para inversores: Beidt uw tijd, espera tu momento.

    Y hay un detalle que a quien habla español le toca de cerca. El 2 de febrero de 2002, en una de estas grandes salas, se celebró la boda civil del entonces príncipe Guillermo Alejandro con una economista argentina, Máxima Zorreguieta. Hoy es la reina de los Países Bajos, una de las figuras más populares de la familia real, y habla un neerlandés impecable. La ceremonia religiosa se celebró ese mismo día en una iglesia que verás dentro de poco, al otro lado de la plaza.

    Ahora baja por el Damrak hacia el sur, con la bolsa a tu derecha, hasta que la avenida se abra en una gran plaza. A tu izquierda verás un obelisco blanco de piedra, con escalones a su alrededor donde siempre hay gente sentada. Acércate a él.

  8. 8. Plaza Dam y Monumento Nacional

    Dam, 1012 JS Amsterdam, Netherlands

    Estás en el lugar exacto donde nació la ciudad. Bajo tus pies, hacia el siglo XIII, unos pescadores y campesinos construyeron una presa sobre el río Amstel para protegerse de las mareas, y alrededor de ese dique se formó un pueblo: Amstel-dam, la presa del Amstel.

    El primer documento que menciona el lugar es de 1275. El conde Floris V de Holanda concedió a sus habitantes una exención de peajes, y en ese pergamino aparece por primera vez el nombre de la ciudad. Desde entonces, la plaza fue mercado de pescado, lugar de pesaje y escenario de ejecuciones. Aquí también se contaba otra historia, la del Milagro de 1345: según la tradición, una hostia consagrada arrojada al fuego en una casa cercana apareció intacta entre las brasas. Ámsterdam se convirtió en ciudad de peregrinación, y entre los peregrinos estuvo Maximiliano de Austria, padre de Felipe el Hermoso y abuelo del emperador Carlos V. En 1489 Maximiliano concedió a la ciudad el derecho a llevar la corona imperial en su escudo, y ahí sigue.

    El obelisco blanco que tienes delante es el Monumento Nacional, inaugurado el 4 de mayo de 1956 en memoria de las víctimas de la Segunda Guerra Mundial. Lo diseñaron el arquitecto J. J. P. Oud y el escultor John Rädecker, y mide veintidós metros. En su interior hay urnas con tierra de los lugares de ejecución y de los cementerios de guerra de todas las provincias neerlandesas y de las antiguas Indias Orientales.

    Cada 4 de mayo, a las ocho de la tarde, el país entero guarda dos minutos de silencio, y el rey deposita aquí una corona. Los tranvías se detienen, los coches se paran, y esta plaza enorme, normalmente ruidosa, se queda tan callada que se oyen las gaviotas. Muy cerca, el 7 de mayo de 1945, cuando la multitud celebraba la liberación, soldados alemanes dispararon desde un edificio de la plaza y mataron a más de veinte personas.

    Ahora cruza la plaza hacia el oeste, hacia el enorme edificio clásico de piedra clara que ocupa todo ese lado del Dam. Busca en lo alto una figura de bronce que carga el mundo sobre los hombros.

  9. 9. Palacio Real, el ayuntamiento de la paz

    Dam 1, 1012 RJ Amsterdam, Netherlands

    Retrocede unos pasos para abarcarlo entero: una fachada clásica de piedra clara, larguísima, con un frontón lleno de figuras y, en lo alto, el titán Atlas cargando un globo terráqueo de bronce. Hoy lo llaman Palacio Real, pero se construyó como ayuntamiento, y fue la declaración de orgullo más grande que se ha permitido nunca esta ciudad.

    Fíjate en la fecha en que se empezó: 1648. Ese mismo año, en la ciudad alemana de Münster, la España de Felipe IV firmó la paz con las Provincias Unidas y reconoció su independencia, después de ochenta años de guerra. Ámsterdam, que setenta años antes había sido la ciudad más fiel al rey de España, era ahora el puerto más rico del mundo, y quiso un ayuntamiento a la altura. El arquitecto Jacob van Campen diseñó un palacio digno de la antigua Roma, y sus contemporáneos lo llamaron la octava maravilla del mundo.

    Como todo en Ámsterdam, se sostiene sobre madera: trece mil seiscientos cincuenta y nueve pilotes, una cifra que cualquier escolar holandés acaba aprendiendo. Dentro, en el gran Salón de los Ciudadanos, el suelo de mármol tiene incrustados mapas de los dos hemisferios y del cielo estrellado. La idea era clara: Ámsterdam se veía a sí misma como el centro del mundo, y caminabas literalmente sobre él.

    Y busca la puerta principal... no hay ninguna grande. Solo siete arcos pequeños, uno por cada provincia, se dice. La otra explicación que circula es menos poética: unas entradas estrechas eran más fáciles de defender si la multitud se amotinaba. En la planta baja estaba el tribunal donde se pronunciaban las sentencias de muerte, y las ejecuciones se hacían en un cadalso montado delante, en la plaza.

    En 1808, Luis Bonaparte, hermano de Napoleón, a quien este había hecho rey de Holanda, convirtió el ayuntamiento en su palacio, y la familia real lo sigue usando para recepciones de Estado. Ahora, sin alejarte, mira a la derecha del palacio: pegada a él hay una iglesia gótica enorme, sin torre. Allí lloró una reina.

  10. 10. Nieuwe Kerk, la iglesia de los reyes

    Dam 12, 1012 NP Amsterdam, Netherlands

    Mira la fachada gótica que asoma junto al palacio y busca su campanario... verás solo una aguja fina sobre el tejado, nada más. La Nieuwe Kerk, la Iglesia Nueva, se quedó sin la gran torre que le correspondía, y esa ausencia cuenta mucho sobre Ámsterdam.

    Lo de nueva es relativo: la iglesia se construyó a principios del siglo XV, cuando la Oude Kerk ya no daba abasto para una ciudad en crecimiento. Ardió varias veces, la última en 1645, y tras ese incendio se planeó por fin una torre monumental. Se empezaron los cimientos, pero al lado se estaba levantando el nuevo ayuntamiento, y la ciudad decidió que el poder civil iba primero. El dinero se fue al ayuntamiento, la torre nunca se terminó, y la iglesia quedó para siempre a la sombra de su vecino.

    Desde 1814, todos los monarcas de los Países Bajos han sido investidos aquí. No se les corona: la corona descansa sobre un cojín, junto al cetro, y el rey jura la Constitución ante el Parlamento. Así lo hizo Guillermo Alejandro el 30 de abril de 2013. Y aquí, en 2002, después de la boda civil en la bolsa, se celebró su boda religiosa con Máxima. En un momento de la ceremonia, un bandoneonista tocó Adiós Nonino, de Astor Piazzolla, y la novia no pudo contener las lágrimas, delante de millones de espectadores. Su padre no estaba: no asistió a la boda por su cargo en el gobierno de la dictadura argentina.

    Dentro descansan grandes nombres del país: el poeta Joost van den Vondel y el almirante Michiel de Ruyter, el héroe naval más venerado de la historia holandesa. Y aquí viene la paradoja: De Ruyter, hijo de un país nacido de la guerra contra España, murió en 1676 frente a las costas de Sicilia combatiendo junto a la flota española, como aliados, contra Francia. Medio siglo antes eso habría sido impensable.

    Ahora sal hacia el sur y baja por Kalverstraat, la vieja calle comercial por la que pasaban los peregrinos del Milagro. En unos siete minutos llegarás a la plaza del Spui; busca en uno de sus lados una puerta pequeña y discreta con un arco. Detrás se esconde un silencio de seis siglos.

  11. 11. Begijnhof, el patio de las beguinas

    Begijnhof 30, 1012 WT Amsterdam, Netherlands

    Cruza la puerta del arco y escucha: el ruido de la ciudad desaparece de golpe. Ante ti, un césped verde rodeado de casas altas y estrechas, una iglesia de ladrillo en el centro y un silencio que parece de otro siglo. Te pido que hables bajito: aquí sigue viviendo gente.

    Esto es el Begijnhof, el patio de las beguinas. Desde el siglo XIV vivieron aquí mujeres solteras o viudas que dedicaban su vida a la oración y al cuidado de enfermos y pobres, pero sin hacer votos de monja. Podían irse cuando quisieran, conservaban su dinero y vivían cada una en su casa. Era una forma de independencia femenina muy rara en la Europa medieval.

    En 1578 llegó la Alteración, y el ayuntamiento protestante confiscó todos los conventos e iglesias católicas. Pero las beguinas tenían un argumento imbatible: sus casas eran de su propiedad. Se quedaron. Perdieron su iglesia, la del centro, que en 1607 se cedió a los protestantes ingleses y escoceses y todavía hoy se llama la Iglesia Inglesa. Así que en 1671 las beguinas convirtieron dos casas de enfrente en una capilla escondida, otra iglesia clandestina como la del desván. La historia más conmovedora es la de Cornelia Arents, una beguina que murió en 1654 y que, según cuenta la tradición, pidió que no la enterraran dentro de la iglesia perdida, sino en la tierra de fuera. Una lápida en el césped recuerda su deseo.

    Busca la casa número 34, con su fachada negra de madera. Se levantó hacia 1528 y es una de las casas más antiguas de Ámsterdam. Su gemela la viste al principio del paseo, en el arranque de Zeedijk: son las dos únicas fachadas de madera que han sobrevivido a los incendios y a la prohibición del siglo XVI. La última beguina, la hermana Antonia, murió en 1971, y hoy las casas las ocupan mujeres solas, fieles al espíritu del lugar.

    Has empezado el paseo frente a una estación de 1889 y lo terminas en un patio medieval. Entre medias, has visto una ciudad que fue fiel a Felipe II, cambió de fe en una tarde sin derramar sangre, escondió a sus católicos en los desvanes y acabó celebrando la paz con España con el edificio más grande de su historia. Al salir, el Spui te devuelve el bullicio... y Ámsterdam sigue igual de tolerante, igual de práctica, igual de pegada al agua.