Schreierstoren, la torre de las lloronas

Why is it significant?

Delante de ti se alza una torre achaparrada, redonda, con un tejado puntiagudo y muros gruesos de ladrillo que han visto pasar más de cinco siglos.

Key Facts

PlaceSchreierstoren, la torre de las lloronas
AddressPrins Hendrikkade 94-95, 1012 AE Amsterdam, Netherlands
Geo Coordinates52.37640, 4.90220
Part of WalkÁmsterdam medieval: del puerto al Dam, la ciudad que cambió de fe en una tarde
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Delante de ti se alza una torre achaparrada, redonda, con un tejado puntiagudo y muros gruesos de ladrillo que han visto pasar más de cinco siglos. Se construyó hacia 1480 como parte de la muralla que protegía la ciudad por el lado del agua, y es una de las pocas piezas de aquel cinturón defensivo que siguen en pie.

Su nombre, Schreierstoren, suena en neerlandés casi a la torre de los que lloran. La leyenda dice que desde aquí las mujeres de los marineros despedían a sus maridos, llorando mientras los barcos se alejaban por el IJ, sin saber si volverían. En la fachada hay una piedra de 1569 con una mujer que parece secarse las lágrimas. Los filólogos, más prosaicos, sospechan que el nombre viene de una palabra antigua para un ángulo agudo: la torre estaba justo en una esquina cerrada de la muralla. Elige tú la versión... la ciudad lleva siglos quedándose con la de las lágrimas.

Mira también la placa de bronce con un barco. En abril de 1609 salió de aquí el capitán inglés Henry Hudson, contratado por la Compañía de las Indias Orientales para encontrar un paso hacia Asia por el norte. El hielo le cerró el camino y Hudson, desobedeciendo sus órdenes, giró hacia el oeste. Acabó remontando un río de América del Norte que hoy lleva su nombre, y ese viaje abrió la puerta a una colonia holandesa llamada Nueva Ámsterdam... la futura Nueva York. La placa la colocaron en 1927 unos neoyorquinos agradecidos.

Pero antes de los viajes de Hudson, este muelle vivió años de hambre. Entre 1572 y 1578, mientras Ámsterdam seguía leal a Felipe II, los rebeldes holandeses que luchaban contra España bloquearon la ciudad por mar y por tierra. Los barcos dejaron de entrar, los almacenes se vaciaron y los comerciantes vieron cómo el negocio se iba a otros puertos. Fue esa asfixia, más que la teología, la que empujó a Ámsterdam a pactar con los rebeldes.

Ahora busca, justo detrás de la torre, el arranque de una calle estrecha y algo curva que se mete hacia el centro. Se llama Zeedijk, y su nombre lo dice todo: dique del mar. Entra por ella y fíjate, en la primera esquina, en una casa con fachada de madera oscura.

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