Begijnhof, el patio de las beguinas
Why is it significant?
Cruza la puerta del arco y escucha: el ruido de la ciudad desaparece de golpe. Ante ti, un césped verde rodeado de casas altas y estrechas, una iglesia de ladrillo en el centro y un silencio que parece de otro siglo. Te pido que hables bajito: aquí sigue viviendo gente.
Key Facts
| Place | Begijnhof, el patio de las beguinas |
|---|---|
| Address | Begijnhof 30, 1012 WT Amsterdam, Netherlands |
| Geo Coordinates | 52.36930, 4.89010 |
| Part of Walk | Ámsterdam medieval: del puerto al Dam, la ciudad que cambió de fe en una tarde |
| Generated | Generated |
Cruza la puerta del arco y escucha: el ruido de la ciudad desaparece de golpe. Ante ti, un césped verde rodeado de casas altas y estrechas, una iglesia de ladrillo en el centro y un silencio que parece de otro siglo. Te pido que hables bajito: aquí sigue viviendo gente.
Esto es el Begijnhof, el patio de las beguinas. Desde el siglo XIV vivieron aquí mujeres solteras o viudas que dedicaban su vida a la oración y al cuidado de enfermos y pobres, pero sin hacer votos de monja. Podían irse cuando quisieran, conservaban su dinero y vivían cada una en su casa. Era una forma de independencia femenina muy rara en la Europa medieval.
En 1578 llegó la Alteración, y el ayuntamiento protestante confiscó todos los conventos e iglesias católicas. Pero las beguinas tenían un argumento imbatible: sus casas eran de su propiedad. Se quedaron. Perdieron su iglesia, la del centro, que en 1607 se cedió a los protestantes ingleses y escoceses y todavía hoy se llama la Iglesia Inglesa. Así que en 1671 las beguinas convirtieron dos casas de enfrente en una capilla escondida, otra iglesia clandestina como la del desván. La historia más conmovedora es la de Cornelia Arents, una beguina que murió en 1654 y que, según cuenta la tradición, pidió que no la enterraran dentro de la iglesia perdida, sino en la tierra de fuera. Una lápida en el césped recuerda su deseo.
Busca la casa número 34, con su fachada negra de madera. Se levantó hacia 1528 y es una de las casas más antiguas de Ámsterdam. Su gemela la viste al principio del paseo, en el arranque de Zeedijk: son las dos únicas fachadas de madera que han sobrevivido a los incendios y a la prohibición del siglo XVI. La última beguina, la hermana Antonia, murió en 1971, y hoy las casas las ocupan mujeres solas, fieles al espíritu del lugar.
Has empezado el paseo frente a una estación de 1889 y lo terminas en un patio medieval. Entre medias, has visto una ciudad que fue fiel a Felipe II, cambió de fe en una tarde sin derramar sangre, escondió a sus católicos en los desvanes y acabó celebrando la paz con España con el edificio más grande de su historia. Al salir, el Spui te devuelve el bullicio... y Ámsterdam sigue igual de tolerante, igual de práctica, igual de pegada al agua.