Karlsplatz (Stachus) y el Karlstor: el príncipe al que nadie quiso
Why is it significant?
Ponte de espaldas al tráfico y al surtidor de la fuente, y mira la puerta de piedra con sus dos torres redondas: es el Karlstor, la entrada occidental del viejo Múnich.
Key Facts
| Place | Karlsplatz (Stachus) y el Karlstor: el príncipe al que nadie quiso |
|---|---|
| Address | Karlsplatz, 80335 München, Germany |
| Geo Coordinates | 48.13930, 11.56600 |
| Part of Walk | Múnich de los Wittelsbach: del Stachus a la Residencia y la Feldherrnhalle |
| Generated | Generated |
Ponte de espaldas al tráfico y al surtidor de la fuente, y mira la puerta de piedra con sus dos torres redondas: es el Karlstor, la entrada occidental del viejo Múnich. Por ese arco pasaban los carros que llegaban de Augsburgo, y al otro lado empieza la calle peatonal que te va a llevar, paso a paso, al corazón de una dinastía.
La puerta es medieval. Formaba parte de la segunda muralla de la ciudad, levantada hacia 1300, y durante siglos se llamó Neuhauser Tor. Su nombre actual se lo debe a un príncipe elector que llegó en 1777 desde el Palatinado, Carlos Teodoro. Él mandó derribar buena parte de las fortificaciones, abrir esta plaza y bautizarla con su propio nombre en 1791. Un gesto de ciudad moderna... y también un gesto de vanidad.
El problema es que los muniqueses no lo querían. Carlos Teodoro heredó Baviera por una carambola dinástica, cuando se extinguió la rama bávara de los Wittelsbach, y nunca disimuló que echaba de menos su corte de Mannheim. Peor todavía: negoció con los Habsburgo cambiar Baviera entera por los Países Bajos austriacos, más o menos la Bélgica de hoy. Así que la ciudad se vengó a su manera. Nadie dice Karlsplatz. Todo el mundo dice Stachus, y la explicación más repetida es que el nombre viene de una taberna con jardín que regentaba por aquí un tal Eustaquio Föderl. Dos siglos después, el tabernero le sigue ganando al príncipe.
La puerta tampoco se libró de los sustos. En el siglo diecinueve una explosión de pólvora destrozó la torre central que la coronaba, y lo que ves hoy es en buena parte una reconstrucción de aire neogótico. Y bajo tus pies hay otra ciudad: en los años setenta, con la llegada del metro y del tren de cercanías, se excavó debajo de la plaza un laberinto de pasillos, tiendas y andenes.
Cruza ahora la puerta. Al otro lado empieza la Neuhauser Straße, parte de la antigua ruta de la sal que atravesaba Múnich de oeste a este, y que hizo rica a la ciudad. A pocos pasos, a tu izquierda, verás una fachada blanca cubierta de estatuas de duques y emperadores. Ahí empieza de verdad la historia de esta familia.