Frauenkirche: la huella del diablo y el emperador
Why is it significant?
Entra en la Frauenkirche y quédate en la penumbra bajo el órgano, sobre las losas del suelo: ahí, marcada en la piedra, hay una huella de pie con una especie de espolón en el talón. Los muniqueses la llaman Teufelstritt, el paso del diablo.
Key Facts
| Place | Frauenkirche: la huella del diablo y el emperador |
|---|---|
| Address | Frauenplatz 12, 80331 München, Germany |
| Geo Coordinates | 48.13860, 11.57360 |
| Part of Walk | Múnich de los Wittelsbach: del Stachus a la Residencia y la Feldherrnhalle |
| Generated | Generated |
Entra en la Frauenkirche y quédate en la penumbra bajo el órgano, sobre las losas del suelo: ahí, marcada en la piedra, hay una huella de pie con una especie de espolón en el talón. Los muniqueses la llaman Teufelstritt, el paso del diablo.
La leyenda cuenta que el maestro de obras hizo un trato con el diablo: él le ayudaría a terminar la iglesia si el templo no tenía ni una sola ventana. Cuando el diablo entró a comprobarlo, se detuvo exactamente aquí, y desde este punto las columnas tapan todas las ventanas. Satisfecho, soltó una carcajada... hasta que dio un paso más y vio la luz entrando por todas partes. Pateó el suelo con tanta rabia que dejó su huella para siempre. Otra versión dice que salió hecho viento, y que por eso sopla tanto alrededor de las torres.
La realidad es casi igual de asombrosa. Jörg von Halsbach levantó esta enorme iglesia de ladrillo entre 1468 y 1488, en apenas veinte años, una velocidad increíble para la época. Las cúpulas de las torres, que hoy son el símbolo de Múnich, se añadieron después, hacia 1525, y se suele decir que imitan las cúpulas orientales que los peregrinos describían en Jerusalén. Las torres rozan los cien metros, y en 2004 los muniqueses votaron en referéndum que ningún edificio nuevo del centro las supere.
Para un paseo sobre reyes, lo importante está cerca de la entrada: un gran monumento oscuro de mármol y bronce, el cenotafio del emperador Luis IV, Luis el Bávaro. Fue el primer Wittelsbach coronado emperador, en Roma, en 1328, y lo hizo enfrentado al papa, que lo excomulgó. El monumento lo encargó casi tres siglos después Maximiliano I, el hijo de Guillermo V, que necesitaba recordar a todo el mundo que su familia ya había llevado la corona imperial. Bajo el coro, en la cripta, descansan otros miembros de la casa.
Desde 1821 este templo es catedral, sede del arzobispo de Múnich y Frisinga. Sal por donde entraste y camina hacia el sureste: en dos minutos se abre la plaza más famosa de la ciudad, con un ayuntamiento que parece una catedral y un reloj que baila.