Karolinenplatz: el obelisco de los treinta mil
Why is it significant?
Llega a la rotonda de Karolinenplatz y alza la vista hacia el obelisco oscuro que se clava en el cielo, casi treinta metros de altura revestidos de bronce. Alrededor, coches dando vueltas, palacetes elegantes y el tráfico de la Brienner Straße.
Key Facts
| Place | Karolinenplatz: el obelisco de los treinta mil |
|---|---|
| Address | Karolinenplatz, 80333 München, Germany |
| Geo Coordinates | 48.14440, 11.56940 |
| Part of Walk | Múnich, la Atenas del Isar: Königsplatz, el Jinete Azul y las Pinacotecas |
| Generated | Generated |
Llega a la rotonda de Karolinenplatz y alza la vista hacia el obelisco oscuro que se clava en el cielo, casi treinta metros de altura revestidos de bronce. Alrededor, coches dando vueltas, palacetes elegantes y el tráfico de la Brienner Straße.
La plaza se trazó a comienzos del siglo diecinueve, cuando Múnich empezó a crecer fuera de sus murallas, y lleva el nombre de la reina Carolina, esposa del primer rey de Baviera. Un detalle que dice mucho: Carolina era protestante, en una corte católica hasta la médula, y llegó a Múnich con su propio pastor. Con ella se celebraron los primeros cultos protestantes en una ciudad que llevaba siglos sin tolerarlos.
El obelisco lo diseñó Leo von Klenze y se inauguró en 1833. Recuerda a unos treinta mil soldados bávaros que murieron en la campaña de Rusia de 1812, cuando Baviera luchaba del lado de Napoleón. Muy pocos volvieron de la nieve. Y aquí está la paradoja: un año después, Baviera cambió de bando. Por eso una de las inscripciones intenta reconciliar lo irreconciliable, y dice, más o menos, que también ellos murieron por la liberación de la patria.
Fíjate en el diseño. Klenze, que firmó medio barrio, eligió una forma egipcia, de faraones, para honrar a soldados corrientes en una ciudad que soñaba con ser griega. Desde aquí el obelisco hace de bisagra: mira a la Atenas de Königsplatz por un lado, y a la vieja ciudad y la Residencia por el otro, al fondo de la Brienner Straße.
Las fachadas de alrededor guardan otras historias. Uno de los edificios de la plaza es el Amerikahaus, abierto después de la guerra para acercar la cultura estadounidense a los muniqueses. Ahora toma hacia el norte la Barer Straße y gira a la izquierda en la Gabelsbergerstraße: busca un muro de hormigón altísimo con una rampa que se hunde en la tierra.