Palazzo Citterio: medio siglo de espera

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Estás en Via Brera, delante de un palacio del siglo XVIII de fachada discreta, de esos que en Milán pasan desapercibidos entre portales y patios. Es el Palazzo Citterio, y su historia es la de una paciencia casi infinita.

Key Facts

PlacePalazzo Citterio: medio siglo de espera
AddressVia Brera 12, 20121 Milano MI, Italy
Geo Coordinates45.47040, 9.18790
Part of WalkBrera, el barrio del arte de Milán: Mantegna, Hayez y los canales de Marte
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Estás en Via Brera, delante de un palacio del siglo XVIII de fachada discreta, de esos que en Milán pasan desapercibidos entre portales y patios. Es el Palazzo Citterio, y su historia es la de una paciencia casi infinita. Por cierto, el nombre del barrio viene de braida, una vieja palabra lombarda de origen germánico que significa campo, prado: hace siglos, todo esto eran huertos a las puertas de la ciudad.

El Estado italiano compró el palacio en 1972 con una idea sencilla: la Pinacoteca de Brera, a doscientos metros, se había quedado pequeña y necesitaba crecer. Así nació el proyecto de la Grande Brera. Lo que vino después fueron décadas de proyectos, excavaciones, obras paradas, cambios de arquitecto y de ministro. Generaciones de milaneses crecieron oyendo que el palacio iba a abrir pronto... y nunca abría.

Hasta diciembre de 2024. Entonces, por fin, el Palazzo Citterio abrió sus salas como parte del museo de Brera, dedicadas al arte del siglo XX. Aquí se exponen colecciones donadas a Brera, como la de Emilio y Maria Jesi, con nombres como Boccioni, Modigliani, Morandi o Picasso. El contraste con su hermano mayor es delicioso: la Pinacoteca te habla de santos y madonas; este palacio, de motores, de multitudes y de botellas silenciosas sobre una mesa.

Si entras, busca un cuadro de Umberto Boccioni de 1910, Riña en la Galería. Muestra a una multitud que se arremolina bajo la luz eléctrica, delante de un café de la Galleria Vittorio Emanuele, mientras dos mujeres se pelean. Los futuristas querían pintar la velocidad, el ruido y la ciudad moderna, y Milán era su laboratorio. Boccioni murió joven, en 1916, al caer de un caballo durante un entrenamiento militar en plena Primera Guerra Mundial.

Medio siglo de espera para un palacio a dos pasos de su museo: en una ciudad que presume de ir siempre deprisa, es casi una ironía. Pero en Brera las cosas buenas llegan tarde y se quedan mucho tiempo. Ahora rodea el gran palacio de Brera por su lado sur, por Via Fiori Oscuri, hasta la verja de un jardín escondido.

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