Santa Maria del Carmine: la Virgen del Carmen en el Milán español

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Delante de ti, al fondo de la plaza, se alza una fachada de ladrillo de aire gótico, con su rosetón, sus arcos apuntados y sus pináculos. Es Santa Maria del Carmine, la iglesia de los carmelitas, y parece llevar aquí desde la Edad Media sin cambiar una piedra. Pues no del todo.

Key Facts

PlaceSanta Maria del Carmine: la Virgen del Carmen en el Milán español
AddressPiazza del Carmine 2, 20121 Milano MI, Italy
Geo Coordinates45.47040, 9.18600
Part of WalkBrera, el barrio del arte de Milán: Mantegna, Hayez y los canales de Marte
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Delante de ti, al fondo de la plaza, se alza una fachada de ladrillo de aire gótico, con su rosetón, sus arcos apuntados y sus pináculos. Es Santa Maria del Carmine, la iglesia de los carmelitas, y parece llevar aquí desde la Edad Media sin cambiar una piedra.

Pues no del todo. Los carmelitas llegaron a Milán en la Edad Media y levantaron aquí su iglesia, que se rehízo en el siglo XV en estilo gótico lombardo. Pero la fachada te engaña: es del siglo XIX. La terminó en 1880 Carlo Maciachini, el mismo arquitecto del Cimitero Monumentale, en una época en la que Milán se enamoró de la Edad Media y la reinventó un poco más medieval de lo que había sido.

Dentro, la nave es amplia y en penumbra, y de pronto se abre una capilla barroca dedicada a la Virgen del Carmen, cargada de mármoles, dorados y estucos. Es el gusto del siglo XVII, el de los españoles, y se nota: devoción, oro y un poco de teatro.

La Virgen del Carmen es, por cierto, una devoción muy querida en España, patrona de marineros en tantos puertos. Durante casi dos siglos, de 1535 a 1706, Milán fue una pieza clave de la monarquía hispánica en Italia. Desde aquí arrancaba el llamado Camino Español, la ruta por la que los tercios marchaban hacia Flandes. Los gobernadores vivían en el palacio ducal, junto al Duomo, y la ciudad se llenó de soldados, de impuestos... y de iglesias barrocas. Y fue también el siglo de la gran peste de 1630, la que describe Manzoni en Los novios.

Fíjate, al salir, en el trazado de las calles que rodean la plaza: estrechas, torcidas, con nombres de oficios y de conventos. Brera conserva una red de callejuelas que buena parte del centro perdió con los grandes derribos de los siglos XIX y XX. Ahora camina hacia el oeste, hasta Largo Greppi: vas a pasar del silencio de una iglesia al aplauso de un teatro.

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