Via Fiori Chiari: flores claras, flores oscuras y El beso

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Baja despacio por esta calle estrecha y empedrada, entre fachadas ocres, macetas en los balcones y mesitas que se adueñan de la acera. Es Via Fiori Chiari, la calle de las flores claras; al otro lado de Via Brera la continúa su gemela, Via Fiori Oscuri, la de las flores oscuras.

Key Facts

PlaceVia Fiori Chiari: flores claras, flores oscuras y El beso
AddressVia Fiori Chiari, 20121 Milano MI, Italy
Geo Coordinates45.47200, 9.18590
Part of WalkBrera, el barrio del arte de Milán: Mantegna, Hayez y los canales de Marte
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Baja despacio por esta calle estrecha y empedrada, entre fachadas ocres, macetas en los balcones y mesitas que se adueñan de la acera. Es Via Fiori Chiari, la calle de las flores claras; al otro lado de Via Brera la continúa su gemela, Via Fiori Oscuri, la de las flores oscuras.

Sobre esos nombres circula una leyenda muy milanesa. Se cuenta que las flores claras eran las muchachas decentes, y las oscuras... las que trabajaban de noche en las casas de citas de la zona. Los historiadores son más prudentes y hablan de viejos nombres de casas o de jardines. Pero Brera fue durante mucho tiempo un barrio pobre, de artistas, de tabernas y de vida nocturna, y la leyenda le sienta como un guante.

Ahora, la historia prometida. Francesco Hayez, un veneciano que enseñó durante años en la Academia de Brera, pintó en 1859 El beso: un joven con capa y sombrero besa a una muchacha vestida de seda azul clara, con un pie ya apoyado en el escalón, como si tuviera que marcharse enseguida. Parece una escena de amor medieval. Pero se presentó en Brera pocos meses después de que las tropas francesas y piamontesas entraran en Milán y echaran a los austriacos. Y muchos leyeron en sus colores un mensaje: el voluntario que se despide para ir a luchar por Italia.

En el siglo XX, el barrio vivió su gran época bohemia. Alrededor de la Academia se reunían pintores, poetas, periodistas y modelos, y en los años cincuenta y sesenta por los bares de Brera pasaba un artista que no tenía nada que ver con el novelista, aunque se llamaba igual: Piero Manzoni. En 1961 enlató su propia... digamos, producción personal, en noventa latas numeradas, con el título Mierda de artista. Hoy esas latas están en grandes museos, y alguna se ha subastado por cifras que harían llorar a Hayez.

Brera sigue teniendo algo de aquello: estudiantes con carpetas enormes, galerías, alguna echadora de cartas en la calle y, algunos domingos, puestos de antigüedades. Al final de Via Fiori Chiari, tuerce hacia el sur por las callejuelas hasta una plaza tranquila, dominada por una gran iglesia de ladrillo.

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