Torre de Sant Sebastià y el teleférico del puerto

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Levanta la vista: sobre ti se alza una torre de acero de casi ochenta metros, rematada por una plataforma, y de ella parten unos cables que cruzan el puerto entero hacia la montaña de Montjuïc. De vez en cuando, una cabina se desliza por ellos, colgada sobre los barcos como una gota a punto de caer.

Key Facts

PlaceTorre de Sant Sebastià y el teleférico del puerto
AddressPasseig de Joan de Borbó 88, 08039 Barcelona, Spain
Geo Coordinates41.37310, 2.18790
Part of WalkLa Barceloneta y el mar: pescadores, arroces y la bomba de Barcelona
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Levanta la vista: sobre ti se alza una torre de acero de casi ochenta metros, rematada por una plataforma, y de ella parten unos cables que cruzan el puerto entero hacia la montaña de Montjuïc. De vez en cuando, una cabina se desliza por ellos, colgada sobre los barcos como una gota a punto de caer.

Es el Transbordador Aeri del Port, el teleférico del puerto. Se proyectó para la Exposición Internacional de 1929, la que transformó Montjuïc, pero las obras se alargaron y no se inauguró hasta 1931, cuando la exposición ya había cerrado sus puertas. La línea tiene tres estaciones: esta Torre de Sant Sebastià; la Torre de Jaume I, que se levanta en mitad del puerto y supera los cien metros; y la estación de Miramar, en la ladera de la montaña.

Imagina lo que suponía, en aquellos años, cruzar el puerto por el aire, dentro de una cabina suspendida de un cable, con los barcos de vapor a tus pies. Era la Barcelona que quería parecer moderna, de acero y electricidad, la ciudad de las exposiciones universales que se miraba en París y en Nueva York.

Luego llegó la Guerra Civil, y el teleférico dejó de funcionar. Pasó años parado, y no volvió a dar servicio hasta los años sesenta. Hoy el trayecto dura unos minutos, y probablemente es la mejor manera de entender la geografía de la ciudad: la montaña, el puerto, la playa y, en medio, la cuadrícula de la Barceloneta, tan ordenada que parece dibujada con regla... porque lo fue.

Desde aquí arriba, los pescadores de la Barceloneta parecían figuritas, y las barcas que acabas de ver, juguetes. Pero el barrio todavía tiene una punta más. Mira al final del paseo: una vela gigante de cristal brilla al sol. Camina hacia ella, siguiendo el borde del agua, hasta el último extremo de la Barceloneta.

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