L'Estel Ferit: la memoria de los chiringuitos
Why is it significant?
Ahí la tienes, clavada en la arena: una columna torcida de cuatro cubos de hierro oxidado y cristal, uno encima de otro, ligeramente desplazados, como si fueran a caerse con la próxima ráfaga de viento. Los niños la rodean, los turistas la fotografían, y casi nadie sabe qué está recordando.
Key Facts
| Place | L'Estel Ferit: la memoria de los chiringuitos |
|---|---|
| Address | Passeig Marítim de la Barceloneta, 08003 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.37650, 2.19110 |
| Part of Walk | La Barceloneta y el mar: pescadores, arroces y la bomba de Barcelona |
| Generated | Generated |
Ahí la tienes, clavada en la arena: una columna torcida de cuatro cubos de hierro oxidado y cristal, uno encima de otro, ligeramente desplazados, como si fueran a caerse con la próxima ráfaga de viento. Los niños la rodean, los turistas la fotografían, y casi nadie sabe qué está recordando.
Se llama L'Estel Ferit, la estrella herida, y es obra de la artista alemana Rebecca Horn, que la instaló en 1992, el año de los Juegos Olímpicos. Muchos la llaman simplemente los cubos. Horn la concibió como un homenaje a la vida de esta playa antes de la gran transformación, y en particular a algo que ya no existe.
Durante décadas, toda esta orilla estuvo ocupada por chiringuitos: casetas de madera y ladrillo plantadas sobre la arena, con mesas al aire libre, donde las familias de Barcelona comían paella y pescado frito con los pies casi en el agua. Eran ruidosos, improvisados, muchos sin un permiso claro... y adorados. En 1991, en plena preparación olímpica y con la ley de costas en la mano, fueron derribados.
Fíjate en los cubos: cada uno parece una pequeña habitación, una caseta de playa apilada sobre otra. Es como si la artista hubiera recogido aquellos comedores desaparecidos y los hubiera puesto en pie, uno sobre otro, para que la playa no los olvidara. Hay quien sigue echando de menos el olor a sofrito que salía de ellos los domingos, y quien recuerda una playa sucia, con vertidos que llegaban al agua. Las dos memorias son verdad.
Los Juegos dieron a Barcelona estas playas limpias y abiertas que hoy parecen de toda la vida. Pero se llevaron por delante un pedazo de memoria, y el arte lo guarda. Ahora deja la arena y entra en el barrio por una de las calles perpendiculares, hasta Carrer de Sant Carles, para ver cómo vivía de verdad la gente de la Barceloneta.