Moll de Pescadors: barcas, lonja y suquet
Why is it significant?
A tu derecha, amarradas en fila, están las barcas de pesca de Barcelona: cascos pintados, redes amontonadas sobre el muelle, cajas apiladas y gaviotas atentas a cualquier descuido. Por encima de todas asoma una torre esbelta de piedra con un reloj.
Key Facts
| Place | Moll de Pescadors: barcas, lonja y suquet |
|---|---|
| Address | Moll de Pescadors, 08039 Barcelona, Spain |
| Geo Coordinates | 41.37560, 2.18610 |
| Part of Walk | La Barceloneta y el mar: pescadores, arroces y la bomba de Barcelona |
| Generated | Generated |
A tu derecha, amarradas en fila, están las barcas de pesca de Barcelona: cascos pintados, redes amontonadas sobre el muelle, cajas apiladas y gaviotas atentas a cualquier descuido. Por encima de todas asoma una torre esbelta de piedra con un reloj. Es la Torre del Rellotge, y antes de dar la hora, daba luz.
Se levantó en el siglo XVIII como faro del puerto, cuando este punto marcaba el extremo del muelle. Pero el puerto siguió creciendo mar adentro, el faro se quedó tierra adentro, y en lugar de derribarlo le pusieron un reloj. La torre siguió sirviendo a los marineros, solo que de otra manera: antes les decía dónde estaba el puerto, ahora les dice si llegan tarde.
Este es el Moll de Pescadors, y sigue trabajando. Cuando las barcas de arrastre vuelven por la tarde, el pescado pasa a la lonja del muelle, donde se subasta a los compradores que lo llevarán a mercados y cocinas de toda la ciudad. Gambas, salmonetes, merluza, rape... parte de lo que se come esta noche en Barcelona ha pasado por aquí hace unas horas.
Pero la cocina de la Barceloneta no nació del pescado caro, sino del que nadie quería comprar. Los pescadores vendían las mejores piezas y se quedaban con la morralla: pescado de roca pequeño, lleno de espinas, perfecto para el caldo. Con él hacían el suquet, un guiso cuyo nombre viene de suc, jugo en catalán, con patata, ajo y lo que hubiera traído la red. La misma lógica está detrás del arroz a banda, plato de pescadores de toda la costa mediterránea: el arroz se cuece en ese caldo, y el pescado se sirve aparte, a banda.
Hay una ironía deliciosa en todo esto: los platos que hoy se piden con mantel blanco en el paseo empezaron como comida de pobres, cocinada en la cubierta de una barca o en una cocina minúscula. Sigue ahora el Passeig de Joan de Borbó hasta casi el final, hacia una torre de acero altísima de la que salen unos cables que cruzan el puerto.