La Varsovia de Chopin: del órgano de las Visitandinas a los jardines Łazienki

Por la Ruta Real hacia el sur, tras los pasos de Fryderyk Chopin: las casas de su juventud, su corazón en la Santa Cruz, el piano arrojado por la ventana, el museo y el monumento bajo el sauce

Warsaw · 12 stops · 28 min audio · Generated

  1. 1. Iglesia de las Visitandinas, el órgano del joven Chopin

    Krakowskie Przedmieście 34, 00-325 Warszawa, Poland

    Delante de ti, una fachada barroca clara y ondulada, con columnas y estatuas, que se asoma a la calle Krakowskie Przedmieście con una elegancia casi coqueta. Es la iglesia de las Visitandinas, y aquí empieza nuestro paseo musical, con un adolescente de quince años sentado ante un órgano.

    Ese adolescente se llamaba Fryderyk Chopin. A mediados de la década de 1820 estudiaba en el Liceo de Varsovia, a pocos pasos de aquí, y los domingos los alumnos asistían a misa en esta iglesia. Fryderyk era el organista de esas misas escolares. Se cuenta que, cuando se aburría del repertorio previsto, se ponía a improvisar... y que más de un fiel se quedaba en el banco al final, escuchando.

    Lo extraordinario es que esta iglesia sigue siendo prácticamente la misma que él conoció. Varsovia perdió en la Segunda Guerra Mundial casi todos sus templos históricos, pero este salió casi intacto, con su interior barroco original. Si entras, busca el púlpito: tiene forma de barca, con proa y todo, como si el predicador navegara sobre los fieles. Es una de las piezas más curiosas de la ciudad.

    Las monjas visitandinas llegaron a Varsovia en el siglo diecisiete, traídas por una reina de origen italo-francés, Luisa María Gonzaga, y la iglesia actual se terminó en el siglo dieciocho. Durante siglos, la clausura de las monjas estuvo justo detrás de estos muros, en pleno centro, mientras por delante pasaban carrozas, desfiles y revoluciones.

    Quédate con esta imagen: un chico delgado, de nariz pronunciada, con las manos sobre el teclado de un órgano barroco, que todavía no sabe que va a ser uno de los compositores más queridos del mundo. Ahora cruza la calle y camina hacia la gran verja de la universidad, unos pasos al sur, por la misma acera por la que él volvía cada día a casa.

  2. 2. Palacio Kazimierzowski, la casa de la infancia

    Krakowskie Przedmieście 26/28, 00-927 Warszawa, Poland

    Cruza la gran verja de hierro con el escudo del águila y entra en el patio de la Universidad de Varsovia. Al fondo, entre árboles, un palacio clásico de color claro: el Palacio Kazimierzowski, sede del rectorado. A los lados, edificios más modestos. Fíjate en el de la derecha, porque ahí está la casa de la infancia de Chopin.

    El palacio nació en el siglo diecisiete como villa real, y tomó su nombre del rey Juan Casimiro, Jan Kazimierz en polaco. Después fue escuela de cadetes, donde estudió Tadeusz Kościuszko, el héroe que luego luchó en la independencia de Estados Unidos, y desde 1816 es la sede de la universidad.

    En 1817 se instaló aquí también el Liceo de Varsovia, un colegio de élite donde el padre de Fryderyk, Nicolas Chopin, un francés de Lorena que se había hecho más polaco que nadie, enseñaba lengua francesa. La familia vivió diez años en el edificio lateral, de 1817 a 1827. El niño creció entre los internos del colegio, que eran como hermanos mayores, y a los siete años ya había publicado su primera polonesa. A los ocho tocó en un concierto benéfico y la prensa de Varsovia empezó a compararlo con Mozart.

    Pero aquí también llegó la primera gran pena. En 1827 murió de tuberculosis su hermana pequeña, Emilia, con solo catorce años. La enfermedad que se llevó a Emilia acompañaría a Fryderyk toda su vida, y probablemente fue la que lo mató en París, veintidós años después. Poco después de aquella muerte, la familia dejó este edificio y se mudó al otro lado de la calle.

    Busca la placa que recuerda a los Chopin en la fachada del edificio lateral. Los estudiantes pasan por delante cada día con prisa y auriculares, sin mirarla. Y sin embargo, en estas habitaciones un niño aprendió a escuchar el mundo. Vuelve ahora a la calle, crúzala y busca un palacio retirado tras un patio, casi enfrente de la verja.

  3. 3. Palacio Czapski, el salón de los Chopin

    Krakowskie Przedmieście 5, 00-068 Warszawa, Poland

    Entra en el patio de honor y mira el palacio del fondo, con su frontón y su aire señorial: hoy es la Academia de Bellas Artes, y no es raro ver estudiantes fumando en la escalera con las manos manchadas de pintura. Pero tu objetivo está a la izquierda, en el edificio lateral, en el segundo piso.

    En 1827, después de la muerte de Emilia, los Chopin se mudaron aquí, a un piso en ese anexo del palacio. Es el último hogar de Fryderyk en Polonia. Tenía diecisiete años, había terminado el liceo y estudiaba composición en la Escuela Superior de Música con Józef Elsner, que escribió en su informe unas palabras famosas: capacidad extraordinaria, genio musical.

    En ese piso, los Chopin tenían un salón donde se reunían artistas, poetas y profesores. Allí Fryderyk tocaba, discutía y escribía. En estos años compuso sus dos conciertos para piano y orquesta, y los estrenó en Varsovia en 1830. El salón se reconstruyó después de la guerra a partir de un dibujo de la época, y hoy se puede visitar: es pequeño, íntimo, con un piano y retratos de familia.

    El 2 de noviembre de 1830 Fryderyk se despidió de su familia y partió hacia Viena. Tenía veinte años. Pocas semanas después, el 29 de noviembre, estalló en Varsovia el Levantamiento de Noviembre contra el dominio ruso. Él se enteró lejos, y nunca volvió. La leyenda dice que sus amigos le regalaron al partir una copa de plata con tierra polaca... la historia se ha contado tantas veces que ya forma parte de su mito.

    Imagínate a ese joven bajando por última vez estas escaleras, con la cabeza llena de melodías que todavía no había escrito. Todo lo que compuso después, las mazurcas, las polonesas, las baladas, lo escribió con esta ciudad en la memoria. Sal del patio y gira a la derecha: a pocos pasos, una gran iglesia barroca con dos torres guarda la parte más íntima de su historia.

  4. 4. Iglesia de la Santa Cruz, el corazón de Chopin

    Krakowskie Przedmieście 3, 00-047 Warszawa, Poland

    Sube la escalinata, entre la estatua de Cristo cargando la cruz y las dos torres de la fachada, y entra en la nave. Avanza por la izquierda y busca un pilar con una lápida y un retrato en relieve. Detrás de esa piedra está el corazón de Fryderyk Chopin.

    Chopin murió en París el 17 de octubre de 1849, a los treinta y nueve años, probablemente de tuberculosis. Lo enterraron en el cementerio del Père-Lachaise. Pero, según se cuenta, había pedido que le sacaran el corazón después de muerto, y que lo llevaran a Polonia. Su hermana mayor, Ludwika, cumplió el deseo: trajo el corazón a Varsovia en un frasco con alcohol, cruzando fronteras en una época en que Polonia estaba bajo el dominio ruso.

    Durante años el frasco estuvo guardado en la familia y en la iglesia, y en 1880 se colocó dentro de este pilar. Lee la inscripción, tomada del Evangelio: donde está tu tesoro, allí está tu corazón. Es probablemente el epitafio más exacto de toda la historia de la música.

    En 1944, durante el Levantamiento, la iglesia fue escenario de combates y el corazón fue sacado de aquí. Pasó el final de la guerra fuera de Varsovia, y en 1945, el día del aniversario de su muerte, volvió a este pilar en una ceremonia a la que acudió una multitud entre las ruinas. Para una ciudad destruida, recuperar el corazón de Chopin era recuperar una parte de sí misma.

    Y un detalle que casi nadie conoce: en el pilar de enfrente hay otro corazón, el del escritor Władysław Reymont, premio Nobel de Literatura en 1924. Dos corazones en una misma nave. Al salir, mira enfrente: la estatua de Copérnico ante el Palacio Staszic. Y a la izquierda, en la esquina con la calle Nowy Świat, un palacio donde, en 1863, un piano voló por una ventana.

  5. 5. Palacio Zamoyski, el piano arrojado a la calle

    Nowy Świat 67, 00-042 Warszawa, Poland

    Detente ante este imponente palacio de tres plantas y columnas sobrias que domina el arranque de la calle Nowy Świat. Hoy alberga departamentos universitarios y sociedades científicas, pero sus muros guardan uno de los momentos más dramáticos y simbólicos de la historia musical de Varsovia.

    En septiembre de 1863, durante el Levantamiento de Enero contra el Imperio ruso, un grupo de insurgentes polacos lanzó bombas desde las ventanas de este palacio contra el carruaje del gobernador militar zarista, el general Berg. El general sobrevivió casi ileso, pero la represalia fue inmediata y feroz: las tropas rusas ocuparon el edificio, saquearon cada vivienda y expulsaron a sus habitantes.

    En una de esas viviendas vivía Izabela Barcińska, la hermana menor de Fryderyk Chopin. Allí guardaba con devoción los recuerdos más preciados del músico, entre ellos su antiguo piano de juventud, cartas y manuscritos originales. Los soldados enfurecidos arrastraron los muebles a los balcones y arrojaron el piano de Chopin al empedrado del patio y la calle, donde quedó destrozado en astillas mientras los soldados prendían fuego a las partituras.

    Aquella escena de barbarie conmovió profundamente a Polonia y al mundo entero. El gran poeta romántico Cyprian Kamil Norwid, que vivía en el exilio en París, escribió entonces uno de los poemas más célebres de la literatura polaca: El piano de Chopin. En sus versos describió cómo el ideal del arte se estrellaba contra los adoquines de Varsovia, convirtiendo el instrumento roto en el símbolo eterno de una nación que no se rinde ante la tiranía.

    Fíjate en el patio interior si el portal está abierto: cuesta imaginar que en este rincón sereno ardieron las notas del compositor más querido del país. Ahora gira a la izquierda por la calle Świętokrzyska o baja suavemente por Ordynacka hacia el escarpe del río, donde un palacio barroco custodia el legado vivo de Chopin.

  6. 6. Palacio Ostrogski y Museo Fryderyk Chopin

    ul. Okólnik 1, 00-368 Warszawa, Poland

    Mira cómo este refinado palacete barroco se alza sobre un alto basamento de ladrillo al borde del escarpe de Tamka, como si vigilara el valle del Vístula. Es el Palacio Ostrogski, y en su interior late la mayor colección del mundo dedicada a Fryderyk Chopin.

    Mucho antes de la música, este lugar ya estaba rodeado de misterio popular. Una famosa leyenda de Varsovia dice que en las bodegas inundadas del antiguo castillo vivía la Złota Kaczka, el Pato de Oro, una princesa encantada que concedía tesoros fabulosos a quien pudiera gastar cien ducados en un solo día sin compartirlos con nadie. Un zapatero lo intentó, pero al final dio una moneda a un mendigo ciego y el hechizo se rompió, demostrando que la generosidad vale más que todo el oro del mundo.

    Pero la verdadera magia de este palacio es histórica. Aquí se conserva el último piano del compositor, un Pleyel traído de París con el que tocó en sus últimos meses, además de rizos de su cabello, su diario íntimo y manuscritos originales llenos de correcciones nerviosas. Y entre esos recuerdos hay uno muy cercano a España: el invierno de 1838 a 1839 que pasó en Mallorca junto a la escritora George Sand.

    Chopin buscaba el clima templado del Mediterráneo para aliviar su delicada salud pulmonar, y se refugiaron en la Cartuja de Valldemossa. Allí, en una celda húmeda bajo la lluvia incesante de la sierra de Tramuntana, esperó con ansiedad durante semanas la llegada de su querido piano Pleyel enviado desde París por mar. George Sand relataría aquellos meses difíciles en su libro Un invierno en Mallorca, y fue entre aquellos muros de piedra donde Chopin completó su monumental ciclo de los veinticuatro Preludios, incluido el célebre Preludio de la gota de agua, uniendo para siempre la isla balear con la melancolía polaca.

    Tras recorrer estas salas deslumbrantes, sal de nuevo al aire libre. Sube la cuesta de Tamka de regreso hacia el oeste para incorporarte a la avenida principal de Varsovia, camino de su confitería más legendaria.

  7. 7. Nowy Świat y la confitería Blikle

    Nowy Świat 33, 00-029 Warszawa, Poland

    Pasea por las aceras anchas de Nowy Świat, entre terrazas animadas, farolas de estilo decimonónico y fachadas proporcionadas de dos y tres plantas. Esta calle, cuyo nombre significa literalmente Nuevo Mundo, es desde hace dos siglos el escaparate comercial y social más refinado de Varsovia.

    En el número 33 se encuentra una auténtica institución de la ciudad: la confitería A. Blikle. Fue fundada el 11 de septiembre de 1869 por Antoni Kazimierz Blikle, un maestro pastelero de origen suizo-alemán plenamente integrado en la vida polaca. En una ciudad que ha visto caer dinastías, imperios y regímenes, el aroma a bollería recién horneada de este local ha permanecido inalterable durante más de un siglo y medio.

    La gran especialidad de la casa son los pączki, los buñuelos tradicionales polacos rellenos de mermelada de pétalos de rosa silvestre y cubiertos con una capa brillante de glaseado de naranja. Durante el Jueves Lardero, el Tłusty Czwartek que precede a la Cuaresma, los varsovianos forman colas pacíficas que dan la vuelta a la manzana con tal de llevarse a casa una caja de estos dulces dorados.

    En las mesas de mármol de Blikle y en los salones vecinos se daban cita escritores insignes como Bolesław Prus y Henryk Sienkiewicz, además de artistas y políticos que debatían sobre el destino de la patria. Incluso un joven capitán francés llamado Charles de Gaulle, destinado en Varsovia como asesor militar en 1919, era cliente habitual de estos dulces durante sus paseos vespertinos por la avenida. Durante la ocupación y el posterior Levantamiento de 1944 casi todos los edificios fueron incendiados sistemáticamente, pero en los años cincuenta los arquitectos devolvieron a la calle su armonía neoclásica temprana que recuperó la atmósfera del siglo diecinueve.

    Deja atrás los escaparates y continúa caminando hacia el sur en línea recta. En pocos minutos la avenida se abrirá de repente en una amplia plaza circular presidida por una iglesia que parece un templo romano.

  8. 8. Plaza de las Tres Cruces e Iglesia de San Alejandro

    Plac Trzech Krzyży, 00-498 Warszawa, Poland

    Contempla la elegante rotonda blanca que se alza en mitad de la plaza: un pórtico clásico con columnas corintias, frontón triangular y una cúpula baja y serena. Es la iglesia de San Alejandro, y su arquitectura bebe directamente de uno de los monumentos más admirados de la Antigüedad: el Panteón de Roma.

    El templo fue diseñado por Chrystian Piotr Aigner y construido entre 1818 y 1825 para conmemorar la visita del zar Alejandro I, a quien el Congreso de Viena había nombrado rey constitucional de Polonia tras las guerras napoleónicas. A finales del siglo diecinueve fue ampliada de forma descomunal con dos altas torres neorrenacentistas, pero tras ser arrasada por los bombardeos de 1944, los reconstructores decidieron devolverle su pureza neoclásica original.

    La plaza debe su nombre a una curiosa aritmética urbana: la Plaza de las Tres Cruces. Si miras con atención, verás dos cruces doradas sobre sendas columnas de piedra erigidas en el siglo dieciocho por orden del rey Augusto el Fuerte para marcar el inicio de un Vía Crucis real hacia el sur. ¿Dónde está la tercera cruz? La sostiene en sus manos la estatua de San Juan Nepomuceno, levantada en 1752 para celebrar el primer pavimento de piedra en las calles de la ciudad.

    Por este transitado cruce pasaba el joven Chopin en sus largos paseos hacia las afueras meridionales de Varsovia, cuando los campos abiertos y las alamedas señoriales comenzaban justo al terminar esta plaza. Cuentan sus biógrafos que a menudo caminaba absorto en sus propios pensamientos, tarareando melodías populares que había escuchado a los campesinos en las ferias rurales de Mazovia. Aquí concluía la ciudad bulliciosa de piedra y ladrillo y empezaba el camino arbolado y tranquilo hacia los palacios campestres.

    Cruza hacia el extremo sur de la plaza y adéntrate en las majestuosas Aleje Ujazdowskie, la avenida de los tilos, embajadas y palacetes que conduce al gran cinturón verde de la capital.

  9. 9. Parque Ujazdowski y las gestas napoleónicas

    Aleje Ujazdowskie, 00-583 Warszawa, Poland

    Cruza la cancela de hierro forjado y déjate envolver por la serenidad de este rincón botánico: senderos curvos que serpentean entre sauces y robles centenarios, un estanque con un puente de piedra y el murmullo de las fuentes. Es el Parque Ujazdowski, diseñado en la década de 1890 por el insigne jardinero mayor de Varsovia, Franciszek Szanior.

    A lo largo de esta avenida arbolada, las grandes familias nobles construyeron a finales del siglo diecinueve elegantes palacetes y villas que hoy alojan embajadas diplomáticas de todo el mundo. Pero antes de los diplomáticos, estas mismas calzadas vieron desfilar a las tropas polacas de la era napoleónica, una época en la que el destino de Varsovia y el de España quedaron dramáticamente entrelazados.

    El 30 de noviembre de 1808, durante la Guerra de la Independencia española, el regimiento de caballería ligera polaca de la Guardia Imperial de Napoleón recibió una orden que parecía imposible: conquistar a la carrera el puerto de Somosierra, un paso escarpado en la sierra de Guadarrama defendido por cuatro baterías sucesivas y dieciséis cañones españoles. Mientras el propio emperador Napoleón observaba la garganta con su anteojo desde el pie del puerto, el escuadrón comandado por Jan Kozietulski se lanzó al galope monte arriba entre la niebla y la metralla. En una carga fulgurante de apenas ocho minutos tomaron todas las baterías, abriendo para el ejército imperial el paso despejado hacia la capital española.

    Aquellos soldados lucharon en tierras españolas con la esperanza vana de que el emperador devolviera la independencia completa a Polonia. Muchos de los supervivientes de Somosierra regresaron a Varsovia convertidos en héroes de leyenda, y sus historias de España formaban parte de las conversaciones cotidianas en los salones donde creció el joven Chopin.

    Respira el aire fresco bajo las copas de los árboles y sigue el sendero hacia la salida sur del parque. Al cruzar la calle te espera el histórico promontorio de Jazdów y la antigua fortaleza residencial de los duques y reyes.

  10. 10. Castillo de Ujazdów y el Jardín Botánico

    ul. Jazdów 2, 00-467 Warszawa, Poland

    Mira la silueta cuadrangular del Castillo de Ujazdów, con sus torres en las esquinas y su patio interior empedrado, asomado con orgullo sobre el escarpe verde del Vístula. Antes de que existieran los grandes pabellones de recreo del parque vecino, este promontorio ya era el centro del poder regio en las afueras de Varsovia.

    El castillo tiene raíces en los asentamientos medievales de los duques de Mazovia, pero adquirió su aspecto señorial bajo los reyes de la dinastía Vasa en el siglo diecisiete. Durante las invasiones suecas del Diluvio el edificio sufrió graves saqueos, pero resurgió de sus cenizas como residencia real de verano. Más tarde, el último monarca polaco, Estanislao Augusto Poniatowski, lo remodeló con esmero antes de volcar su pasión en la creación de los jardines vecinos de Łazienki. A principios del siglo diecinueve se convirtió en hospital militar, y tras ser devastado en la guerra fue reconstruido con paciencia en los años setenta para acoger hoy el Centro de Arte Contemporáneo.

    Justo al lado del castillo se extiende el histórico Jardín Botánico de la Universidad de Varsovia, fundado en 1818. Pasear por sus senderos es adentrarse en una colección viva de miles de especies vegetales, árboles centenarios y antiguos invernaderos. En los años en que Chopin estudiaba en la capital, este jardín botánico era una de las excursiones favoritas de científicos y amantes de la naturaleza que huían del humo de la ciudad.

    Desde la terraza del castillo se contempla una perspectiva espectacular hacia el este: el Canal Real, un eje de agua recto trazado en el siglo dieciocho que se pierde hacia el río. Es una de las mejores muestras de urbanismo barroco que se conservan en Europa central.

    Desciende ahora con calma por la pendiente verde hacia el sur para cruzar una de las verjas doradas más famosas de Polonia: la entrada a los jardines reales de Łazienki.

  11. 11. Monumento a Fryderyk Chopin en el Parque Łazienki

    Aleje Ujazdowskie, 00-460 Warszawa, Poland

    Acércate a la orilla del estanque circular y levanta la mirada hacia la estatua de bronce más icónica de Polonia: un joven sentado con el cuerpo inclinado, una mano suspendida y la cabeza vuelta hacia el cielo. Por encima de él se arquea un sauce llorón azotado por una ráfaga de viento invisible. Es Fryderyk Chopin, y no está tocando ningún teclado... está escuchando la música de la naturaleza.

    La obra fue concebida a principios del siglo veinte por el escultor modernista Wacław Szymanowski. En lugar de colocar al músico con levita rígida frente a un piano burgués, Szymanowski lo fundió con el paisaje campestre de Mazovia, con esos sauces desmochados que bordean los caminos de la llanura polaca. Tras años de polémicas artísticas y el retraso de la Primera Guerra Mundial, el monumento se inauguró solemnemente en 1926.

    Pero su valor simbólico lo convirtió en un objetivo de odio para los invasores nazis. El 31 de mayo de 1940, los ocupantes alemanes volaron el monumento con dinamita y lo despedazaron para fundir el bronce como chatarra bélica. Los nazis habían prohibido interpretar la música de Chopin bajo severas penas de cárcel, conscientes de que sus polonesas encarnaban el alma irreductible de la nación. Por fortuna, el molde original sobrevivió oculto y en 1958 una nueva fundición idéntica volvió a ocupar su pedestal.

    Desde 1959, cada domingo de verano de mayo a septiembre se celebra aquí una de las tradiciones culturales más bellas y emocionantes del mundo: dos conciertos gratuitos al aire libre en los que pianistas de renombre internacional tocan las obras de Chopin ante miles de personas sentadas en el césped y bajo los árboles. Muchos asistentes traen ramos de rosas rojas y las depositan en silencio al pie del pedestal de bronce al terminar cada recital.

    Rodéate de los jardines floridos y sigue el camino bordeado de tilos hacia el corazón del parque, donde el agua y la piedra clásica se encuentran.

  12. 12. Palacio de la Isla en los Jardines Łazienki

    ul. Agrykola 1, 00-460 Warszawa, Poland

    Contempla cómo este palacio neoclásico parece flotar sobre las aguas cristalinas del lago, conectado a las orillas por dos puentes con columnatas jónicas. Es el Pałac na Wyspie, el Palacio de la Isla, la joya más exquisita de Łazienki y el gran sueño ilustrado del último monarca polaco, Estanislao Augusto Poniatowski.

    En su origen, este edificio fue una casa de baños barroca levantada en el siglo diecisiete por el noble Stanisław Herakliusz Lubomirski, de donde proviene el nombre del parque, Łazienki, que significa baños en polaco. A finales del siglo dieciocho el arquitecto Domenico Merlini lo transformó en una deslumbrante villa neoclásica donde el rey organizaba sus famosos almuerzos de los jueves, tertulias en las que filósofos, poetas y científicos debatían las reformas del país.

    En diciembre de 1944, tras el aplastamiento del Levantamiento de Varsovia, los alemanes perforaron cientos de agujeros en sus muros de estuco para dinamitarlo. Prendieron fuego a los interiores, destruyendo pinturas y muebles invaluables, pero milagrosamente la estructura sobrevivió a las explosiones planeadas. La restauración meticulosa tras la guerra devolvió a sus salas el esplendor original, desde la rotonda con estatuas de reyes polacos hasta la rica galería de pinturas.

    Mira a tu alrededor: pavos reales reales despliegan sus colas iridiscentes por los senderos, ardillas rojas bajan de los árboles buscando nueces y los cisnes blancos navegan junto a las columnas reflejadas en el agua. En este paisaje de armonía entre arte y naturaleza se resume el espíritu de la ciudad que forjó la sensibilidad de Chopin antes de su partida.

    Has recorrido la vida entera del compositor, desde el órgano de su juventud y el dolor de su corazón en la Santa Cruz hasta las terrazas de Blikle, la memoria de Mallorca y este lago real. Varsovia fue destruida y renacida, pero la música de Chopin sigue flotando viva en cada rincón de estos jardines.