Iglesia de las Visitandinas, el órgano del joven Chopin

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Delante de ti, una fachada barroca clara y ondulada, con columnas y estatuas, que se asoma a la calle Krakowskie Przedmieście con una elegancia casi coqueta. Es la iglesia de las Visitandinas, y aquí empieza nuestro paseo musical, con un adolescente de quince años sentado ante un órgano.

Key Facts

PlaceIglesia de las Visitandinas, el órgano del joven Chopin
AddressKrakowskie Przedmieście 34, 00-325 Warszawa, Poland
Geo Coordinates52.24120, 21.01730
Part of WalkLa Varsovia de Chopin: del órgano de las Visitandinas a los jardines Łazienki
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Delante de ti, una fachada barroca clara y ondulada, con columnas y estatuas, que se asoma a la calle Krakowskie Przedmieście con una elegancia casi coqueta. Es la iglesia de las Visitandinas, y aquí empieza nuestro paseo musical, con un adolescente de quince años sentado ante un órgano.

Ese adolescente se llamaba Fryderyk Chopin. A mediados de la década de 1820 estudiaba en el Liceo de Varsovia, a pocos pasos de aquí, y los domingos los alumnos asistían a misa en esta iglesia. Fryderyk era el organista de esas misas escolares. Se cuenta que, cuando se aburría del repertorio previsto, se ponía a improvisar... y que más de un fiel se quedaba en el banco al final, escuchando.

Lo extraordinario es que esta iglesia sigue siendo prácticamente la misma que él conoció. Varsovia perdió en la Segunda Guerra Mundial casi todos sus templos históricos, pero este salió casi intacto, con su interior barroco original. Si entras, busca el púlpito: tiene forma de barca, con proa y todo, como si el predicador navegara sobre los fieles. Es una de las piezas más curiosas de la ciudad.

Las monjas visitandinas llegaron a Varsovia en el siglo diecisiete, traídas por una reina de origen italo-francés, Luisa María Gonzaga, y la iglesia actual se terminó en el siglo dieciocho. Durante siglos, la clausura de las monjas estuvo justo detrás de estos muros, en pleno centro, mientras por delante pasaban carrozas, desfiles y revoluciones.

Quédate con esta imagen: un chico delgado, de nariz pronunciada, con las manos sobre el teclado de un órgano barroco, que todavía no sabe que va a ser uno de los compositores más queridos del mundo. Ahora cruza la calle y camina hacia la gran verja de la universidad, unos pasos al sur, por la misma acera por la que él volvía cada día a casa.

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