Palacio Zamoyski, el piano arrojado a la calle

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Detente ante este imponente palacio de tres plantas y columnas sobrias que domina el arranque de la calle Nowy Świat. Hoy alberga departamentos universitarios y sociedades científicas, pero sus muros guardan uno de los momentos más dramáticos y simbólicos de la historia musical de Varsovia.

Key Facts

PlacePalacio Zamoyski, el piano arrojado a la calle
AddressNowy Świat 67, 00-042 Warszawa, Poland
Geo Coordinates52.23770, 21.01750
Part of WalkLa Varsovia de Chopin: del órgano de las Visitandinas a los jardines Łazienki
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Detente ante este imponente palacio de tres plantas y columnas sobrias que domina el arranque de la calle Nowy Świat. Hoy alberga departamentos universitarios y sociedades científicas, pero sus muros guardan uno de los momentos más dramáticos y simbólicos de la historia musical de Varsovia.

En septiembre de 1863, durante el Levantamiento de Enero contra el Imperio ruso, un grupo de insurgentes polacos lanzó bombas desde las ventanas de este palacio contra el carruaje del gobernador militar zarista, el general Berg. El general sobrevivió casi ileso, pero la represalia fue inmediata y feroz: las tropas rusas ocuparon el edificio, saquearon cada vivienda y expulsaron a sus habitantes.

En una de esas viviendas vivía Izabela Barcińska, la hermana menor de Fryderyk Chopin. Allí guardaba con devoción los recuerdos más preciados del músico, entre ellos su antiguo piano de juventud, cartas y manuscritos originales. Los soldados enfurecidos arrastraron los muebles a los balcones y arrojaron el piano de Chopin al empedrado del patio y la calle, donde quedó destrozado en astillas mientras los soldados prendían fuego a las partituras.

Aquella escena de barbarie conmovió profundamente a Polonia y al mundo entero. El gran poeta romántico Cyprian Kamil Norwid, que vivía en el exilio en París, escribió entonces uno de los poemas más célebres de la literatura polaca: El piano de Chopin. En sus versos describió cómo el ideal del arte se estrellaba contra los adoquines de Varsovia, convirtiendo el instrumento roto en el símbolo eterno de una nación que no se rinde ante la tiranía.

Fíjate en el patio interior si el portal está abierto: cuesta imaginar que en este rincón sereno ardieron las notas del compositor más querido del país. Ahora gira a la izquierda por la calle Świętokrzyska o baja suavemente por Ordynacka hacia el escarpe del río, donde un palacio barroco custodia el legado vivo de Chopin.

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