El Londres de Shakespeare: paseo literario por la orilla sur del Támesis

Del soneto de Wordsworth en el puente de Westminster al Globe y la tumba del hermano de Shakespeare: el niño Dickens, la poesía del Festival Hall, Marlowe en el Rose y el barco del pirata Drake en el South Bank de Londres

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  1. 1. Puente de Westminster y County Hall: el soneto de Wordsworth

    Westminster Bridge Road, London SE1 7PB, United Kingdom

    Quédate en el extremo sur del puente de Westminster, junto al gran león de piedra clara sobre su pedestal, y mira hacia la otra orilla: el Parlamento, la torre del reloj, el agua marrón corriendo debajo. Has visto esta postal mil veces. Pero hubo una mañana concreta en que alguien la convirtió en poesía.

    En el verano de 1802, William Wordsworth cruzó este puente en un coche de caballos, muy temprano, camino de Francia. La ciudad dormía, todavía sin humo, y escribió un soneto que dice, más o menos, que la tierra no tiene nada más hermoso que mostrar. Lo fechó el 3 de septiembre, y hoy es uno de los poemas más citados sobre Londres. El puente que pisas no es aquel: lo sustituyó en 1862 este de hierro, pintado de verde como los bancos de la Cámara de los Comunes.

    Ahora, el león. Lo llaman el South Bank Lion y está hecho de piedra de Coade, una cerámica tan dura que parece piedra, cuya fórmula perfeccionó en el siglo XVIII una empresaria, Eleanor Coade. Durante más de un siglo coronó una fábrica de cerveza a orillas del río. Cuando la derribaron en 1949 para el Festival de Gran Bretaña, se cuenta que fue el rey Jorge VI quien pidió que lo salvaran. Casi doscientos años después, apenas tiene arrugas.

    Detrás de ti, el enorme edificio curvo es County Hall. Durante gran parte del siglo XX fue el ayuntamiento de todo Londres, mirando de frente al Parlamento como un rival. En los años ochenta la rivalidad se volvió literal: el consejo colgaba en su fachada pancartas con las cifras del paro para que los diputados las leyeran desde la otra orilla. En 1986, el gobierno de Margaret Thatcher abolió el consejo.

    Hoy el edificio está lleno de hoteles y atracciones, y comparte orilla con un círculo gigante. Camina hacia el norte por el paseo del río, la Queen's Walk: la noria está a solo unos pasos.

  2. 2. London Eye: la noria temporal que se quedó

    Riverside Building, County Hall, London SE1 7PB, United Kingdom

    Sitúate bajo la gran rueda blanca, cerca del embarcadero, y fíjate en cómo gira: tan despacio que la gente sube y baja sin que se detenga. Una vuelta completa tarda una media hora. El London Eye mide 135 metros y lleva treinta y dos cápsulas de cristal, tantas como distritos tiene Londres.

    Las cápsulas van numeradas del 1 al 33, pero falta el 13, por superstición. La rueda la imaginó un matrimonio de arquitectos, David Marks y Julia Barfield, para un concurso de ideas sobre el nuevo milenio que, curiosamente, nadie ganó. Siguieron adelante por su cuenta, y la noria se inauguró oficialmente la noche del 31 de diciembre de 1999, aunque problemas técnicos retrasaron la llegada del público hasta marzo de 2000.

    Y lo mejor: tenía permiso para solo cinco años. Iba a ser una atracción temporal. Fue tan popular que se quedó, y hoy forma parte de la silueta de la ciudad tanto como el Big Ben. Para levantarla, la montaron tumbada sobre plataformas flotantes en el río y luego la alzaron poco a poco con grúas, como quien iza una vela gigante.

    Pero este es un paseo literario, así que mira hacia la orilla de enfrente, un poco a la derecha, donde el puente del tren llega a Charing Cross. Por allí, en 1824, un niño de doce años llamado Charles Dickens trabajaba diez horas al día pegando etiquetas en botes de betún, en un almacén ruinoso lleno de ratas, mientras su padre estaba en la cárcel por deudas. Casi nunca habló de aquello. Ese niño acabaría escribiendo Oliver Twist y David Copperfield, y llenando sus novelas de niños abandonados.

    Tan cerca de la noria y tan lejos de su luz. Sigue por la orilla hacia el este, pasa bajo el puente de Hungerford y verás un gran edificio claro de los años cincuenta, con mucho cristal mirando al río.

  3. 3. Royal Festival Hall: poesía sobre el río

    Belvedere Road, London SE1 8XX, United Kingdom

    Delante tienes el Royal Festival Hall, un edificio de líneas limpias, grandes ventanales y terrazas abiertas al río. Hoy parece normal, incluso sobrio. En 1951 parecía llegado del futuro.

    Lo construyeron para el Festival de Gran Bretaña, una gran exposición pensada para animar a un país agotado por la guerra, con el racionamiento todavía en vigor. Toda esta orilla, entonces llena de almacenes y escombros, se convirtió en una feria de arquitectura moderna, con pabellones, una cúpula y una torre de acero que parecía flotar. Cuando terminó el festival, el nuevo gobierno de Churchill lo desmontó casi todo. Solo quedó en pie esta sala.

    Su diseño se describe a menudo como un huevo dentro de una caja: el auditorio, en el centro, está envuelto por vestíbulos y pasillos que lo aíslan del ruido de los trenes que pasan justo al lado. Lo abrió el rey Jorge VI en mayo de 1951, y fue el primer edificio de la posguerra en recibir la máxima protección patrimonial en Inglaterra.

    Y ahora, la sorpresa para quien ama los libros. En una de las plantas altas de este edificio vive la National Poetry Library, la biblioteca nacional de poesía, fundada en 1953. Guarda una colección enorme de poesía moderna: libros, revistas, carteles, grabaciones de poetas leyendo su propia obra. Cualquiera puede subir a leer. Muy pocos de los que se toman algo en la terraza saben que encima de sus cabezas duermen tantos versos juntos.

    Es un lugar curioso para la poesía: entre trenes, skaters y gente corriendo junto al río. Quizá por eso funciona. En 1951, junto a esta sala se alzaba el Skylon, una aguja de acero que parecía flotar en el aire; los londinenses bromeaban con que, como la economía del país, no tenía medios visibles de sustento. Sigue por el paseo hacia el este. Justo debajo del siguiente puente, el de Waterloo, encontrarás mesas largas cubiertas de libros de segunda mano.

  4. 4. Puente de Waterloo: libros bajo los arcos

    Queen's Walk, London SE1 8XT, United Kingdom

    Bajo el puente de Waterloo, a cubierto de la lluvia, se alinean mesas llenas de libros usados: clásicos de bolsillo, mapas viejos, novelas policiacas con las tapas gastadas. Pasa los dedos por los lomos sin prisa. Es uno de los pocos mercadillos de libros al aire libre de Londres, y probablemente el más bonito.

    El nombre del puente guarda un recuerdo que en España se conoce bien. Waterloo es la batalla de 1815 en la que Wellington y los prusianos derrotaron a Napoleón. Y Wellington llegó a ella después de años de guerra en la península ibérica, en la Guerra de la Independencia, con victorias como Arapiles o Vitoria, junto a tropas españolas y portuguesas. El primer puente, de granito, se inauguró en 1817, en el segundo aniversario de la batalla.

    Aquel puente fascinó a Claude Monet. Entre 1899 y 1901, desde la ventana de un hotel en la otra orilla, lo pintó decenas de veces: con niebla, con sol, con humo, persiguiendo la luz de Londres. El puente actual es otro, de hormigón claro, levantado durante la Segunda Guerra Mundial. Como muchos hombres estaban en el frente, buena parte de la obra la hicieron mujeres, y por eso hay londinenses que lo llaman el Puente de las Damas.

    Y para los amantes de la música: desde lo alto de este puente se ve la puesta de sol que inspiró a Ray Davies una de las canciones más hermosas sobre la ciudad, Waterloo Sunset, de los Kinks, en 1967. Tantas maneras de contar el mismo río: un soneto, un cuadro, una canción... y estas mesas, donde cualquiera puede llevarse otra historia a casa.

    Si encuentras un libro con una dedicatoria escrita a mano, léela: es literatura de la que nunca se publica. Sigue unos pasos más hacia el este. Ese bloque de hormigón con terrazas superpuestas, tan amado como odiado, es el teatro nacional.

  5. 5. National Theatre: el brutalismo que quería ser ciudad

    Upper Ground, London SE1 9PX, United Kingdom

    Mira el National Theatre de frente: terrazas horizontales de hormigón visto, torres de escenario como cajas grises, ni un solo adorno. Acércate y toca la superficie: el hormigón conserva las vetas de los tablones de madera de los encofrados, como si fuera madera convertida en piedra.

    No todo el mundo lo quiere. En 1988, el entonces príncipe Carlos lo describió como una forma astuta de construir una central nuclear en pleno Londres sin que nadie protestara. Otros lo consideran la obra maestra del brutalismo británico. Su arquitecto, Denys Lasdun, quería que el edificio funcionara como una pequeña ciudad, con terrazas y vestíbulos abiertos donde la gente pudiera quedarse aunque no fuera a ver ninguna función.

    La idea de un teatro nacional se discutió durante más de cien años. La compañía nació por fin en 1963, dirigida por Laurence Olivier, y actuó durante más de una década en el Old Vic, un teatro histórico a pocas calles de aquí, mientras este edificio se construía. La reina Isabel II lo inauguró oficialmente en octubre de 1976. Tiene tres salas, y la mayor lleva el nombre de Olivier.

    De sus escenarios han salido obras que dieron la vuelta al mundo. War Horse, con caballos de tamaño real hechos con marionetas y manejados por varios actores a la vez, se estrenó aquí en 2007, llegó a Broadway e inspiró la película de Spielberg. Y aquí se representa una y otra vez a Shakespeare, el hombre que te espera al final de este paseo.

    Hay algo hermoso en esta orilla: hace cuatro siglos muchos teatros buscaron refugio en el sur del río, lejos de las autoridades de la City, y hoy el teatro de la nación está en esa misma orilla. Sigue el paseo hacia el este. Dejarás atrás un rincón de casetas de colores y verás una torre de ladrillo con unas ventanas muy curiosas.

  6. 6. OXO Tower: el anuncio que fingía ser ventana

    Barge House Street, London SE1 9PH, United Kingdom

    Levanta la vista hacia lo alto de la torre de ladrillo: en sus caras, unas ventanas dibujan tres letras, una O, una X y otra O. De noche se iluminan de rojo. Parece un anuncio. Y lo es... aunque oficialmente nunca lo fue.

    El edificio había sido una pequeña central eléctrica que, a finales de los años veinte, compró la empresa fabricante del famoso caldo en cubitos OXO. La reconstruyó como almacén frigorífico y quiso poner en la torre un letrero luminoso gigante. Pero las normas lo prohibían: nada de publicidad en la orilla del río. ¿La solución? Diseñar las ventanas con forma de letras. Si alguien se quejaba, la respuesta era sencilla: son ventanas.

    Durante décadas, el edificio fue decayendo. A finales de los setenta, toda esta orilla estaba llena de almacenes vacíos y había planes para cubrirla de oficinas. Los vecinos se organizaron en una de las campañas vecinales más famosas de Londres, y en 1984 su cooperativa, Coin Street Community Builders, compró los terrenos. Hoy hay viviendas asequibles, talleres de artesanos y el paseo que estás pisando. En las plantas bajas de la propia torre trabajan hoy diseñadores, joyeros y pequeños talleres, y desde lo alto se abre una de las mejores vistas del río.

    Esas casetas de colores que acabas de dejar atrás, Gabriel's Wharf, también nacieron de aquel empeño vecinal. Es una lección que cualquier novelista entendería: una ciudad no la escriben solo los poetas, a veces la escriben vecinos con pancartas y paciencia. Y esta orilla, que siempre fue la del margen, la de los teatros y los muelles, volvió a ser de quien la vivía.

    Ahora te espera el tramo más largo del paseo. Sigue la orilla bajo el puente de Blackfriars, donde el río se ve más ancho, hasta una enorme fábrica de ladrillo con una chimenea altísima.

  7. 7. Tate Modern y el Millennium Bridge

    Bankside, London SE1 9TG, United Kingdom

    Delante de ti, una catedral industrial de ladrillo, con una chimenea central de casi cien metros. Era la central eléctrica de Bankside, y hoy es la Tate Modern, uno de los museos de arte moderno más visitados del mundo.

    La central la diseñó Giles Gilbert Scott, el mismo hombre que dibujó la cabina telefónica roja de Londres. Se construyó por fases después de la guerra y quemaba petróleo para dar luz a la ciudad. La chimenea se mantuvo a propósito por debajo de la cúpula de San Pablo, que tienes enfrente, al otro lado del río, como un gesto de respeto. Cerró en 1981 y se quedó vacía casi veinte años.

    En el año 2000, los arquitectos suizos Herzog y de Meuron la transformaron en museo. Dentro, la antigua sala de turbinas es un espacio gigantesco donde los artistas crean obras a escala de edificio. En 2007, la artista colombiana Doris Salcedo abrió en su suelo una grieta de 167 metros, Shibboleth, que la atravesaba como una herida: una obra sobre las fronteras y la exclusión. Después la rellenaron, pero la cicatriz sigue visible en el suelo.

    Ahora gira hacia el río. El puente peatonal de acero que sale hacia San Pablo es el Millennium Bridge. Se abrió en junio de 2000 y a los dos días hubo que cerrarlo: se balanceaba tanto con los pasos de la gente que lo bautizaron como el puente tambaleante. Tardaron casi dos años en estabilizarlo. Y los lectores de Harry Potter lo reconocerán: en la sexta película, los mortífagos lo retuercen hasta partirlo en dos.

    Desde aquí, la cúpula de Wren y la chimenea de Scott se miran a través del agua: la iglesia y la fábrica, el siglo XVII y el XX. Camina unos pasos hacia el este por la orilla: verás un edificio redondo de madera blanca con tejado de paja, algo casi imposible en el Londres moderno.

  8. 8. Shakespeare's Globe: el teatro de madera

    21 New Globe Walk, London SE1 9DT, United Kingdom

    Frente a ti, un teatro redondo de roble y yeso blanco, con tejado de paja. Es la reconstrucción del Globe, el teatro de Shakespeare, y tiene un privilegio raro: desde el Gran Incendio de 1666 los techos de paja estaban prohibidos en Londres, y este fue el primero en recibir permiso.

    El Globe original se levantó en 1599, a unos doscientos metros de aquí, y nació de una jugada digna de comedia. La compañía de Shakespeare tenía un teatro al norte de la ciudad, pero el dueño del terreno quería quedárselo. Así que, en pleno invierno, los actores desmontaron el edificio, cruzaron el río con las vigas y lo levantaron de nuevo en esta orilla, lejos de las autoridades de la City.

    Aquí vio el público por primera vez obras como Julio César y, muy probablemente, Hamlet. En 1613, durante una función de Enrique VIII, la obra en la que Catalina de Aragón aparece como personaje, un cañonazo de efectos especiales prendió el tejado de paja, y el teatro ardió en menos de una hora. Cuentan que el único herido fue un hombre al que se le incendiaron los pantalones, y que lo apagaron con una jarra de cerveza.

    Y ahora, una conexión que en España se celebra cada abril. Shakespeare y Cervantes murieron en 1616 con pocos días de diferencia, y por eso el 23 de abril es el Día del Libro. Pero hay más: en 1613, la compañía de Shakespeare representó una obra llamada Cardenio, probablemente escrita con John Fletcher e inspirada en un episodio del Quijote. El texto se perdió. Es quizá la obra perdida más buscada de la literatura inglesa.

    El Globe que ves lo impulsó un actor estadounidense, Sam Wanamaker, que luchó por él durante más de veinte años y murió en 1993, sin llegar a verlo terminado. Se inauguró en 1997. Ahora sube por New Globe Walk hasta Park Street y busca una puerta discreta: debajo hay un teatro todavía más antiguo.

  9. 9. The Rose: el teatro de Marlowe

    56 Park Street, London SE1 9AR, United Kingdom

    Si la puerta está abierta, entra en la sala oscura bajo el edificio de oficinas y asómate a la barandilla. Abajo, bajo una lámina de agua, una línea de luces rojas dibuja en el suelo la forma de un polígono. Eso es todo lo que se ve del Rose, el primer teatro de esta orilla del Támesis... y emociona más de lo que parece.

    El Rose lo abrió en 1587 Philip Henslowe, un hombre de negocios que hacía de todo: prestamista, propietario de casas y, más tarde, socio de un foso de osos. Llegó doce años antes que el Globe. Henslowe anotaba en un cuaderno cada gasto, cada préstamo y cada función, y ese diario, que ha sobrevivido, es hoy uno de los documentos más valiosos sobre el teatro de la época de Isabel I.

    Aquí triunfó Christopher Marlowe, la gran estrella antes de Shakespeare, con Tamerlán, El judío de Malta y Doctor Fausto. Y aquí, según el diario de Henslowe, se representó una y otra vez La tragedia española, de Thomas Kyd: una historia de venganza ambientada en la corte de España, con un protagonista, Jerónimo, enloquecido por el asesinato de su hijo. En el mismo diario aparece una obra sobre Enrique VI que muchos atribuyen al joven Shakespeare.

    Durante siglos nadie supo exactamente dónde estaba. En 1989, al excavar para este edificio, aparecieron los cimientos. Hubo una campaña enorme para salvarlos, con actores célebres como Peggy Ashcroft a la cabeza, y el edificio se rediseñó para quedar suspendido sobre las ruinas. Entre los hallazgos había cáscaras de avellana, restos de lo que comía el público, y huchas de barro que se rompían para sacar el dinero de las entradas.

    Marlowe no vivió para ver el Globe: murió apuñalado en 1593, en una casa de Deptford, en una pelea por la cuenta, según la versión oficial... aunque muchos sospechan que trabajaba como espía. Vuelve a Park Street, baja hacia el río por los callejones y sigue por Clink Street, una calle estrecha entre almacenes altos.

  10. 10. Golden Hinde: el barco del pirata Drake

    St Mary Overie Dock, Cathedral Street, London SE1 9DE, United Kingdom

    Al final de Clink Street, encajado en un pequeño muelle, flota un galeón de madera pintado de rojo, negro y dorado. Parece de juguete al lado de los edificios. Es una réplica a tamaño real del Golden Hind, el barco con el que Francis Drake dio la vuelta al mundo... y al que en España conocían demasiado bien.

    Para los ingleses, Drake es un héroe nacional. Para los españoles de su tiempo era el Draque: pirata, hereje y terror de las costas de América. Entre 1577 y 1580 dio la vuelta al mundo asaltando puertos y barcos españoles. En 1579, frente a las costas del actual Ecuador, alcanzó el galeón Nuestra Señora de la Concepción, al que los marineros llamaban el Cacafuego, y se llevó un botín enorme de plata y oro.

    El botín fue tan grande que la reina Isabel I, que había invertido en la expedición, recibió una parte, y se dice que con ella saldó buena parte de la deuda exterior de la Corona. En 1581, a bordo de este mismo barco, Drake fue armado caballero. Felipe II exigía castigo y devolución. Recibió lo contrario: un pirata convertido en sir.

    Lo que vino después lo conoce cualquier estudiante español. En 1587 atacó Cádiz y quemó decenas de barcos que se preparaban para la Armada, lo que él llamó chamuscar la barba del rey de España. Al año siguiente fue uno de los comandantes ingleses contra la Gran Armada. Pero en 1589 su contraataque contra La Coruña fracasó, frenado, entre otros, por María Pita, y en 1596 murió de disentería frente a Portobelo, en Panamá, tras otro ataque fallido. Lo enterraron en el mar, en un ataúd de plomo.

    Fíjate en lo pequeño que es: unos treinta y siete metros, para una tripulación de unos ochenta hombres durante casi tres años. Y la calle por la que has llegado tiene su propia historia: debe su nombre al Clink, la cárcel del obispo de Winchester, tan famosa que en inglés estar en el clink sigue queriendo decir estar preso. Gira a la derecha y verás la torre de una catedral.

  11. 11. Catedral de Southwark: la iglesia de los poetas

    London Bridge, London SE1 9DA, United Kingdom

    Entra en la catedral de Southwark y recorre la nave lateral sur hasta encontrar una figura de alabastro tumbada: un hombre recostado, con la cabeza apoyada en la mano, soñando. Es Shakespeare, en un monumento de 1912, y sobre él una vidriera llena de sus personajes.

    No es casualidad que esté aquí. Esta era la iglesia parroquial del barrio de los teatros, y Shakespeare la conocía bien. En diciembre de 1607 enterraron aquí a su hermano menor, Edmund, actor también, de veintisiete años. Los registros cuentan que el funeral se celebró con el toque de la campana grande, el más caro, y es fácil imaginar quién lo pagó.

    Esta iglesia es un pequeño museo de la literatura inglesa. Aquí reposa John Gower, poeta y amigo de Chaucer, en una tumba pintada de colores con la cabeza apoyada sobre tres de sus libros. Aquí está enterrado Lancelot Andrewes, uno de los principales traductores de la Biblia del rey Jacobo. Y una capilla recuerda a John Harvard, bautizado aquí en 1607, que emigró a América y dejó su biblioteca a un colegio que hoy lleva su nombre.

    También hay páginas oscuras, y una nos devuelve a España. En 1555, durante el reinado de María I, esposa de Felipe, se reunió en esta iglesia el tribunal que juzgó por herejía a varios clérigos protestantes. Algunos, como John Rogers y John Hooper, acabaron en la hoguera. Para muchos ingleses, aquella persecución quedó asociada para siempre a la boda española.

    Sal por la puerta y escucha: el ruido de los trenes sobre el viaducto, el olor del río, las voces del barrio. Esta orilla fue durante siglos la de los marginados, la de los teatros, los osos y las cárceles, fuera del control de la City. Y de ese desorden salió la literatura más grande en lengua inglesa. Has caminado desde un soneto de Wordsworth hasta la tumba del hermano de Shakespeare. El puente de Londres está a tu lado... y la historia sigue.