Un volcán en la ciudad: Arthur's Seat y Holyrood Park, Edimburgo

Del Parlamento de un arquitecto barcelonés a la cima de un volcán apagado hace 350 millones de años: riscos, lagos, capillas en ruinas y una taberna medieval al pie de Edimburgo

Edinburgh · 11 stops · 25 min audio · Generated

  1. 1. Parlamento escocés: la obra de Enric Miralles

    Horse Wynd, Edinburgh EH99 1SP, UK

    Fíjate en lo que tienes delante, porque no se parece a ningún parlamento del mundo: muros de hormigón claro, paneles de madera como cañas atadas, ventanas que parecen marcos de cuadro torcidos y, por encima, unos tejados que desde el aire dibujan hojas... o barcas varadas boca abajo en una playa. Es el Parlamento de Escocia. Y lo dibujó un arquitecto de Barcelona.

    Enric Miralles nació en Barcelona en 1955 y en 1998 ganó el concurso junto a su socia y esposa, la italiana Benedetta Tagliabue. Su idea era casi poética: el edificio no debía plantarse delante de la montaña, sino brotar de ella, como si Arthur's Seat, esa colina que asoma detrás, bajara hasta la calle y se convirtiera en parlamento. Por eso los jardines suben hacia el parque y las formas se rompen en pedazos, como piedras de un río.

    Miralles nunca lo vio terminado. Murió en julio de 2000, con solo cuarenta y cinco años, cuando las obras apenas habían empezado, y su estudio lo acabó junto a los arquitectos escoceses de RMJM. Mientras tanto, el presupuesto se disparó: de unas pocas decenas de millones de libras a más de cuatrocientos. Hubo una investigación pública, titulares furiosos y mucha gente convencida de que aquello era un disparate carísimo. La reina Isabel II lo inauguró el 9 de octubre de 2004, y al año siguiente ganó el premio Stirling, el más importante de la arquitectura británica.

    Ahora mira las ventanas de los despachos de los diputados, en el lado del Canongate: cada una tiene un asiento empotrado y un perfil extraño. Se dice que su silueta nace de un cuadro famoso, el del reverendo Robert Walker patinando sobre el lago de Duddingston. Guarda ese nombre, porque esta ruta termina precisamente a orillas de ese lago. Y si conoces el mercado de Santa Caterina, en Barcelona, con su tejado ondulado de colores, estás viendo a un primo hermano: salió del mismo estudio.

    Escocia volvió a tener parlamento propio en 1999, después de casi trescientos años sin él, y este edificio es su casa. Ahora cruza Holyrood Road hacia la gran carpa blanca de enfrente, donde empieza la historia de verdad larga: la de las rocas.

  2. 2. Our Dynamic Earth y James Hutton

    112-116 Holyrood Road, Edinburgh EH8 8AS, UK

    Esa carpa blanca de picos tensos, como un campamento de nómadas posado a los pies de los riscos, es Our Dynamic Earth, un museo de ciencia abierto en 1999 para contar la historia del planeta. Pero el verdadero protagonista de este rincón no está dentro del museo: vivió justo al lado.

    Se llamaba James Hutton y nació en Edimburgo en 1726. Estudió medicina en París y en Leiden, pero casi nunca ejerció. Fue granjero en el sur de Escocia y ganó dinero con un negocio bastante poco romántico: fabricar sal amoníaco a partir de hollín. Con eso se pudo permitir lo que de verdad le gustaba: mirar piedras. Su casa estaba en St John's Hill, a pocos pasos de aquí, y hoy un pequeño jardín con rocas recuerda su nombre.

    En su época, mucha gente culta daba por buena una cuenta sacada de la Biblia: la Tierra tendría unos seis mil años. Hutton miró los ríos que arrastran arena al mar, la arena que se endurece en el fondo y las montañas que vuelven a levantarse, y llegó a una conclusión vertiginosa: ese ciclo era tan lento que la historia de la Tierra no cabía en seis mil años, ni en seis millones. Lo presentó en 1785 ante la Royal Society of Edinburgh. Hoy lo llamamos tiempo profundo, y es la base de toda la geología moderna... y también de la idea de evolución que llegaría después.

    Hutton formaba parte del corazón de la Ilustración escocesa. Con el químico Joseph Black y el economista Adam Smith fundó un club de cenas, el Oyster Club. Cuando Smith murió en 1790, Black y Hutton fueron sus albaceas y, cumpliendo su voluntad, quemaron casi todos sus manuscritos inéditos. Piénsalo... el hombre que descubrió la memoria del planeta ayudó a borrar la de su amigo.

    A Hutton no le hacía falta viajar lejos: su laboratorio era el acantilado que ves detrás de la carpa. Sal por Queen's Drive, la carretera del parque, y camina hacia el sureste, hasta el pie de esa gran pared de roca rojiza.

  3. 3. Salisbury Crags y la Radical Road

    Queen's Drive, Holyrood Park, Edinburgh EH8 8HG, UK

    Levanta la vista: una muralla de roca oscura, casi vertical, corta el cielo de lado a lado por encima de tu cabeza. Son los Salisbury Crags, y el camino que corre a sus pies, pegado a la pared, se llama Radical Road.

    Esa roca nació bajo tierra. Hace unos 340 millones de años, el magma se coló entre capas de arena y barro y se enfrió despacio, formando una lámina gruesa y durísima de dolerita. Después llegaron los glaciares, que barrieron las rocas blandas de alrededor y dejaron la lámina al aire, como el canto de un libro que asoma de la estantería. Los geólogos llaman sill a este tipo de lámina, y estos riscos son uno de los ejemplos más estudiados del mundo. Desde lo alto de los riscos tienes una de las mejores vistas de Edimburgo, aunque desde aquí abajo la sensación es otra: la de estar a los pies de una ola de piedra.

    En el siglo XVIII esta pared fue una cantera. Se cortaban bloques y se enviaban por mar para pavimentar calles, también en Londres. Los vecinos de Edimburgo veían cómo se comían su paisaje a mordiscos, y todavía se notan las cicatrices en la roca. Hizo falta un largo pleito para que, a comienzos de la década de 1830, se acabara la extracción.

    El camino tiene otra historia. En 1820, los tejedores del oeste de Escocia, arruinados por la caída de los salarios, se alzaron en lo que se llamó la Guerra Radical, y la revuelta fue aplastada. Para dar trabajo a tejedores en paro se les puso a construir este sendero, y se atribuye la idea a Walter Scott, que adoraba pasear por aquí. Por eso quedó el nombre: el camino de los radicales.

    Un aviso: tras un gran desprendimiento en 2018, la Radical Road ha pasado años cerrada, así que si ves vallas, respétalas; la montaña sigue viva. Ahora da media vuelta y sigue Queen's Drive hacia el noreste, hasta una casita de piedra medio escondida al pie de la ladera.

  4. 4. St Margaret's Well: el pozo que se mudó

    Queen's Drive, Holyrood Park, Edinburgh EH8 8HG, UK

    Busca junto al pie de la ladera una construcción diminuta de piedra: un tejadillo bajo, un arco apuntado y una reja que deja ver la oscuridad de dentro. Parece la entrada a una cripta, pero es un pozo... y además, un pozo que se mudó de casa.

    Es St Margaret's Well, una casa de pozo gótica del siglo XV. No nació aquí, sino en Restalrig, un antiguo pueblo al este de Edimburgo, sobre un manantial dedicado a santa Margarita. En el siglo XIX las obras del ferrocarril amenazaron con enterrarlo, y alrededor de 1860 lo desmontaron piedra a piedra y lo volvieron a levantar en este parque, sobre otro manantial. Un rescate victoriano, con su pizca de ironía: el progreso que lo echó de su sitio fue el mismo que lo salvó.

    ¿Y quién era Margarita? Una princesa de la casa real inglesa de Wessex, nacida en el exilio en Hungría, que se casó hacia 1070 con el rey Malcolm III de Escocia. Fue reina, reformadora de la Iglesia y famosa por su piedad. Murió en 1093 en el castillo de Edimburgo, pocos días después de que su marido y su hijo mayor cayeran en batalla, y fue canonizada en 1250. La pequeña capilla que lleva su nombre, en lo alto del castillo, es el edificio más antiguo de la ciudad.

    Durante siglos la gente creyó que el agua de los pozos santos curaba los ojos, la piel o la tristeza. Restalrig, de hecho, fue lugar de peregrinación en la Edad Media: allí se veneraba también a santa Triduana, a la que acudían quienes tenían males de la vista. Hoy la reja está cerrada y nadie bebe de aquí, pero acércate en silencio: a veces todavía se oye el agua moverse en la oscuridad.

    Desde aquí empieza lo verde de verdad. Sigue Queen's Drive hacia el este, con la colina a tu derecha, hasta que veas brillar el agua de un lago lleno de cisnes.

  5. 5. St Margaret's Loch

    Queen's Drive, Holyrood Park, Edinburgh EH8 8HG, UK

    Delante de ti se abre un lago quieto, con cisnes blancos deslizándose sin prisa y patos peleando por la orilla. Y arriba, en la ladera, recortado contra el cielo, el muro roto de una capilla en ruinas. Es una postal casi demasiado perfecta.

    Y tiene truco: este lago no es antiguo. St Margaret's Loch se creó en la década de 1850, dentro de las mejoras que impulsó el príncipe Alberto, el marido de la reina Victoria. Alberto quería ordenar el parque real: se drenaron zonas pantanosas, se trazó la carretera que da la vuelta a la colina, Queen's Drive, y se crearon lagos donde antes había barro. Lo que parece naturaleza salvaje es, en parte, paisajismo del siglo XIX.

    Aun así, piensa en la escala. Holyrood Park tiene unas 260 hectáreas de colinas, riscos, pantanos y lagos dentro de una capital europea. Fue coto de caza de los reyes de Escocia desde la Edad Media, y en el siglo XVI Jacobo V lo rodeó con un muro. Por eso nunca se construyó encima: la ciudad creció a su alrededor como el agua alrededor de una roca. Y no es un jardín de césped recortado: es roca, tojo, brezo y hierba áspera, protegido hoy como monumento histórico, con restos de fuertes, terrazas y capillas. Pocas ciudades tienen un pedazo de Tierras Altas a diez minutos a pie del centro.

    Los cisnes que ves son cisnes mudos, los más comunes en Gran Bretaña. Si traes pan, mejor guárdalo: el pan blanco les sienta fatal, y en el parque piden que no se lo des. En las mañanas de invierno, con niebla sobre el agua, este rincón parece salido de una balada antigua... y en un momento vas a oír una.

    Toca subir un poco. Toma el sendero que trepa por la ladera, a tu derecha, hasta la capilla en ruinas. Es corto pero empinado, así que ve a tu ritmo y deja que el lago se haga pequeño a tus espaldas. Arriba te espera una ruina que nadie ha sabido explicar del todo.

  6. 6. St Anthony's Chapel: la ruina de la ladera

    Holyrood Park, Edinburgh EH8 8HG, UK

    Recupera el aliento junto a estos muros: un hastial de piedra con un hueco donde hubo una ventana, unas pocas hileras de sillares, la hierba entrando por todas partes y el viento colándose por el marco vacío. Abajo, el lago de los cisnes; a lo lejos, el estuario del Forth.

    Esto es St Anthony's Chapel, una capilla del siglo XV, y lo más honesto que se puede decir de ella es que nadie sabe con certeza quién la construyó ni para qué. Una teoría la relaciona con la orden de San Antonio, que tenía un hospital en Leith, el puerto de Edimburgo. Otra cuenta que una luz encendida aquí arriba servía de guía a los barcos. Junto a ella quedan restos de lo que pudo ser la celda de un ermitaño, y los grabados antiguos la muestran bastante más entera de lo que la ves hoy: la piedra de las ruinas también acabó en otras paredes.

    Debajo de la capilla brota un pequeño manantial, y hay una vieja canción escocesa, O Waly Waly, en la que una mujer abandonada se lamenta: dice que Arthur's Seat será su cama y que beberá del pozo de San Antonio. Una cama de roca y un trago de agua fría... así se imaginaba el desamor en Escocia hace siglos.

    Walter Scott también subió por aquí con la imaginación. En su novela El corazón de Midlothian, de 1818, la heroína, Jeanie Deans, acude de noche a una cita al pie de estas laderas, junto a un montón de piedras llamado Muschat's Cairn. Ese mojón recordaba un crimen real: en 1720, un hombre llamado Nicol Muschat asesinó a su esposa en este parque. Scott sabía que a sus lectores les bastaba el nombre para sentir un escalofrío.

    Ahora la ruta se adentra en la montaña. Baja hacia el suroeste, hacia el valle largo y verde que se abre entre los riscos y la colina: es Hunter's Bog, y desde allí sale la subida a la cima.

  7. 7. Hunter's Bog: el valle escondido

    Holyrood Park, Edinburgh EH8 8HG, UK

    Estás en el fondo de un valle verde y cerrado. A un lado se levanta la espalda de los Salisbury Crags; al otro, las laderas cada vez más empinadas de Arthur's Seat. Y, de golpe, la ciudad ha desaparecido: ni coches, ni campanas, solo viento, hierba y algún pájaro.

    El nombre, Hunter's Bog, significa algo así como la ciénaga del cazador, y lo explica todo. Esto era un terreno encharcado dentro del coto de caza de los reyes de Escocia, que durante siglos persiguieron ciervos por estas lomas. Con el tiempo se drenó, pero cuando llueve mucho el suelo te recuerda enseguida lo que fue.

    En el siglo XIX el valle tuvo un uso mucho menos bucólico: sirvió de campo de tiro para soldados y voluntarios, porque sus paredes naturales frenaban las balas perdidas. Imagínate el eco de los disparos rebotando entre los riscos, en el mismo sitio donde hoy la gente pasea al perro.

    Ahora mira hacia la cima. Desde el oeste de Edimburgo, Arthur's Seat tiene la silueta de un león tumbado, y los propios nombres lo dicen: la cumbre es la cabeza del león, y la mole rocosa que tienes encima, el lomo o la grupa, el Lion's Haunch. Muchos lo comparan también con un dragón dormido. Sea león o dragón, estás caminando justo entre sus patas. Y un apunte literario: en la novela de James Hogg Confesiones de un pecador justificado, de 1824, hay una escena inquietante en lo alto de Arthur's Seat, con una figura gigantesca que surge de la niebla. Hogg conocía bien el efecto que esta montaña produce cuando se cierra la bruma.

    Y ahora, la subida. Desde el fondo del valle, los senderos trepan hacia la cabeza del león: hay tramos con escalones de piedra y otros de roca desnuda, y la pendiente se nota en las piernas. Ve despacio, para cuando lo necesites y mira atrás de vez en cuando. Arriba te esperan 251 metros de altura, mucho viento y la mejor vista de toda Escocia central.

  8. 8. La cima de Arthur's Seat: 251 metros sobre un volcán

    Arthur's Seat, Holyrood Park, Edinburgh EH8 8HG, UK

    Lo has conseguido: estás de pie sobre la roca pulida por millones de suelas en la cima de Arthur's Seat, a 251 metros sobre el mar, y el viento te empuja como si quisiera echarte de aquí. Agárrate bien el gorro y date una vuelta completa, despacio.

    Hacia el oeste, la espina dorsal de la Old Town baja desde el castillo, que desde aquí parece una maqueta. Hacia el norte, el puerto de Leith y el ancho estuario del Forth, con la costa de Fife al otro lado. Hacia el sur, las colinas Pentland, y en los días muy claros, al este, el cono solitario de North Berwick Law junto al mar. Y bajo tus pies, una ciudad entera que ha crecido alrededor de un volcán.

    Porque eso es Arthur's Seat: lo que queda de un volcán que estuvo activo hace unos 350 millones de años, cuando esta parte del mundo estaba cerca del ecuador. Lo que pisas son restos de su chimenea y de sus coladas, endurecidos, inclinados y luego esculpidos por el hielo de las glaciaciones. ¿Y el nombre? La leyenda lo une al rey Arturo y a Camelot; otra teoría lo deriva del gaélico y habla de una altura de flechas. Nadie lo sabe con certeza, y eso forma parte del encanto.

    La gente sube aquí desde hace milenios. En las laderas quedan restos de murallas de fuertes de la Edad del Hierro. Y hay una costumbre que sobrevive: al amanecer del primero de mayo, muchos suben a lavarse la cara con el rocío, que según la tradición da belleza durante todo el año. Si vienes un primero de mayo, verás a gente frotándose la cara contra la hierba con toda la seriedad del mundo.

    Ahora toca bajar, y aquí arriba la roca resbala, sobre todo si está mojada: pisa con calma. Toma el sendero que desciende hacia el este, hacia la carretera y un pequeño lago redondo al pie de una colina con forma de pirámide.

  9. 9. Dunsapie Loch y Dunsapie Hill

    Queen's Drive, Holyrood Park, Edinburgh EH8 8HG, UK

    Al llegar a la carretera, verás un lago pequeño y casi redondo que refleja una colina con forma de pirámide roma. Es Dunsapie Loch, y es uno de esos sitios donde la gente se sienta en un banco solo para mirar el agua y recuperar las piernas después de la cima.

    Como el lago de los cisnes, también este es artificial, hijo de las reformas victorianas que dieron al parque su forma actual: para el gusto romántico del siglo XIX, un paisaje mejorado era el que parecía todavía más salvaje, y un lago al pie de una colina quedaba perfecto. Pero la colina que lo vigila, Dunsapie Hill, guarda algo mucho más antiguo: en su cumbre hubo un fuerte de la Edad del Hierro, con murallas de tierra y piedra de las que aún se adivinan las huellas. Desde allí se dominaba la llanura costera y el mar, y quien vivía arriba veía venir a cualquiera.

    Fíjate ahora en las laderas orientales de Arthur's Seat, sobre todo con el sol bajo de la tarde: aparecen escalones paralelos en la hierba, como las gradas de un estadio gigante. Son terrazas de cultivo antiguas. Hubo gente que labró estas pendientes, quizá en la prehistoria, quizá en la Edad Media, y el arado dejó su firma en la montaña.

    En septiembre de 1745 este paisaje vio pasar un ejército. Las tropas jacobitas de Carlos Eduardo Estuardo, al que los escoceses llaman Bonnie Prince Charlie, acamparon en los campos de Duddingston, justo debajo de ti. Desde allí partieron hacia Prestonpans, donde el 21 de septiembre derrotaron en pocos minutos a las tropas del gobierno. Fue la gran victoria de una aventura que terminaría en desastre en Culloden, siete meses después.

    Ahora deja la carretera y busca el sendero que baja hacia el sur por la ladera, hacia el lago grande que brilla entre los árboles: Duddingston Loch. Es cuesta abajo, así que esta vez las rodillas trabajan más que los pulmones.

  10. 10. Duddingston Loch: espadas, patines y garzas

    Duddingston Low Road, Edinburgh EH15 3PX, UK

    Entre los juncos se abre un lago ancho y tranquilo, con garzas inmóviles en la orilla y, al fondo, la torre cuadrada de una iglesia sobre un montículo. Es Duddingston Loch, el único lago natural de todo el parque: los demás los hizo el hombre, este lo hizo la naturaleza.

    En 1778, unos trabajadores que dragaban el fondo sacaron del barro algo inesperado: un montón de armas de bronce, espadas y puntas de lanza, de unos tres mil años de antigüedad. Muchos arqueólogos creen que no se perdieron por accidente, sino que fueron arrojadas al agua a propósito, como ofrendas. Imagina la escena hace treinta siglos: alguien de pie en esta misma orilla, lanzando al agua una espada que valía una fortuna, en un rito del que no sabemos casi nada. Parte de aquel tesoro se conserva hoy en el Museo Nacional de Escocia.

    Y en invierno, cuando el lago se helaba, Duddingston se convertía en la pista de Edimburgo. Aquí se patinaba y aquí se jugaba al curling, ese deporte de piedras pulidas y escobas que ves en los Juegos de Invierno. La Duddingston Curling Society se fundó en 1795, y sus reglas escritas, de 1804, figuran entre las más antiguas de ese deporte. Escocia exportó el curling al mundo, y una de sus primeras pizarras de reglas salió de esta orilla.

    ¿Te acuerdas del cuadro del Parlamento? Aquí está su escenario. El reverendo Robert Walker, pastor del Canongate, aparece patinando sobre este lago, con su sombrero negro y los brazos cruzados, en una de las pinturas más queridas de Escocia, atribuida a Henry Raeburn. Hoy el lago casi nunca hiela lo bastante como para pisarlo, así que ese señor patinando es también una postal del clima de otra época.

    Desde la década de 1920 el lago es reserva de aves: garzas, somormujos y bandadas de patos que llegan en invierno. Habla bajito y quizá veas alguna. Ahora sigue la carretera hacia el este, a lo largo de la orilla, hasta la iglesia del montículo y el pueblo de Duddingston.

  11. 11. Duddingston Kirk y el Sheep Heid Inn

    Old Church Lane, Edinburgh EH15 3PX, UK

    Sube los escalones hasta la pequeña iglesia de piedra con torre cuadrada que vigila el lago. Junto a la verja verás tres cosas curiosas: un collar de hierro colgado del muro, un bloque de piedra con escalones y, a la entrada del cementerio, una torrecilla de dos plantas que parece una garita.

    Duddingston Kirk nació en el siglo XII y es una de las iglesias más antiguas de Edimburgo que siguen en uso. Busca la puerta del muro sur, hoy tapiada, con su arco románico decorado con zigzags: lleva unos ochocientos años ahí, mirando el mismo lago.

    El collar de hierro son las jougs: ahí se encadenaba por el cuello a quien la parroquia consideraba pecador, para exponerlo a la vergüenza pública. El bloque de piedra servía para montar a caballo. Y la torrecilla de la entrada se levantó en la década de 1820 por un miedo muy real: los ladrones de cadáveres, que desenterraban a los recién enterrados para venderlos a las escuelas de anatomía. Eran los años de Burke y Hare, que en 1828 llegaron a asesinar para vender cuerpos. Las familias pagaban guardias que pasaban la noche aquí, vigilando las tumbas.

    Para quitarse ese mal sabor, el pueblo tiene remedio a pocos pasos, en la calle The Causeway: el Sheep Heid Inn, que presume de servir bebida desde 1360 y de ser una de las tabernas más antiguas de Escocia. Dentro conserva una bolera de bolos del siglo XIX, y la leyenda cuenta que el rey Jacobo VI regaló una caja de rapé con forma de cabeza de carnero, de ahí el nombre. Leyenda o no, la cabeza de carnero sigue en el cartel.

    Y aquí termina tu paseo. Empezaste ante un parlamento del siglo XXI dibujado en Barcelona, subiste a un volcán de 350 millones de años y has bajado a una iglesia del siglo XII... todo a pie, sin salir de Edimburgo. Si te quedan fuerzas, el lago está ahí abajo. Si no, ya sabes dónde hay una buena silla.